Renovando Tu Mente | El exilio
Ezequiel
26 mayo, 2019
Jeremías
12 mayo, 2019

Recibe programas y guías de estudio por email

Suscríbete para recibir notificaciones por correo electrónico cada vez que salga un nuevo programa y para recibir la guía de estudio de la serie en curso.

Transcripción

Cuando vemos la historia del Antiguo Testamento, nos damos cuenta que el tiempo que está documentado en la Biblia no es el de un caudal ininterrumpido de paz, unidad y estabilidad, sino que hay grandes crisis que se presentan, y hay, de tiempo en tiempo, en que vemos una pausa en la secuencia de esa historia.

Lo más significativo, por supuesto, es el exilio. De hecho, cuando examinamos la historia del Antiguo Testamento tendemos a dividirla en sus diversas partes y hablamos del período pre-exílico y el período post-exílico; de modo que en cierto sentido nuestra comprensión de la historia del Antiguo Testamento se define en el contexto del exilio.

Hemos visto que el reino del norte cayó en el año 722, cuando fue conquistado por los asirios; y el reino del sur no cae por completo sino hasta el año 586 a.C. Ahora bien, entre el año 722 y el año 586 hay un período de volatilidad extrema.

Ahora, recuerden que cuando empezamos nuestro panorama general del Antiguo Testamento hablamos sobre la importancia geopolítica estratégica de Palestina, que ahí, a la orilla del mar Mediterráneo en la “Media Luna Fértil” está esta pequeña nación que funcionaba como un puente de tierra entre tres continentes, Asia, Europa y África.

Y el diminuto Israel se convirtió en un balón de fútbol político en esos siglos, los siglos VIII y VII a.C. porque las grandes potencias mundiales de la época estaban luchando entre sí por el dominio.  Y esas potencias mundiales incluían a los asirios, los sirios, los egipcios, más tarde a los babilonios, y más tarde aún a los persas.

Entonces tenemos todas estas naciones que compiten entre sí por el dominio del mundo y justo en medio de ellos está esta pequeña tierra de Palestina. Después que el reino del norte cae, dejando solo a Judá por sí mismo, ahora Judá queda expuesta al poder de Asiria, porque la zona de contención del reino del norte de Israel había sido conquistada y ahora las fronteras del dominio asirio vienen directamente contra Judá.

No solo eso, sino que en el mismo período, los asirios conquistan a los sirios, por lo que Judá no podía ver a los sirios como sus aliados. Y ya para el año 705, Senaquerib, de Asiria (y si no puedes recordar su nombre, uno de mis estudiantes solía llamarlo “cena quiero”). Senaquerib se embarcó en una marcha para conquistar las ciudades de Judá; y él, de hecho, conquistó muchas de las ciudades y pueblos de Judá y puso sitio a Jerusalén.

Esto fue en el 705, lo que es un tiempo muy corto después de la caída del reino del norte. Podríamos decir que si no fuera por la gracia de Dios, en la providencia de la intervención de Dios, el reino del sur habría caído rápidamente justo después de la caída del reino del norte; porque el pueblo judío en sí mismo y por ellos mismos no tenían el poder militar para resistir la invasión de las fuerzas de Senaquerib.  (4:28)

De hecho, si alguna vez tienes la oportunidad de leer Las guerras de los judíos de Josefo, que narra la invasión de Israel siglos después por los romanos, llevando a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., verás en detalle, cómo los poderes conquistadores vendrían a la tierra y sistemáticamente destruirían ciudad tras ciudad, cobrando impulso, reuniendo fuerzas antes de iniciar el asedio a los grandes centros de población. (5:15) Es como si Senaquerib se estuviera adelantando a la invasión posterior de los romanos que culminó con la destrucción de Jerusalén en el 70 d.C.

Cuando pienso lo que sucedió en el 586, cuando Jerusalén cayó finalmente, me refiero a eso (los historiadores no lo hacen) pero me refiero a eso como el primer Holocausto. La destrucción de la ciudad judía de Jerusalén. Yo llamaría el segundo Holocausto a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Pero Dios intervino y, bajo el rey Ezequías, Jerusalén no cayó ante las fuerzas de Senaquerib; y el rey Ezequías introdujo reformas espirituales a la nación.

Como ya he dicho, este período fue un período volátil; Israel era como un subibaja en esta época. Más de una reforma importante se llevaría a cabo en el pueblo entre el 722 y el 586, pero estas reformas, o avivamientos, o despertares cuando Dios visitó a su pueblo, fueron en cada caso de corta duración.

No duraron y las personas volvieron una y otra vez a la clase de impiedad que provocó el juicio de Dios sobre ellos en primer lugar. Por ejemplo, cuando vemos al rey Ezequías, él introduce una reforma y hay esta renovación espiritual, pero al mismo tiempo hizo un acuerdo, pacto con el rey de Babilonia, de modo que Babilonia estuviera comprometida a la defensa de Judea, o los judíos, Judá, contra la amenaza de la invasión de los asirios.

Otra vez, si lees el libro de 2 Reyes y Crónicas, verás cuán tenuemente  Dios vio estas actividades, porque lo que ocurrió es, en primer lugar, que Dios rescata a su pueblo cuando lo buscaba, pero ni bien los rescata ellos corren a hacer tratados y alianzas militares.

Tenían su OTAN, UNESCO y todas esas distintas alianzas con las naciones paganas y en vez de confiar en Dios, trataron de crear vínculos con sus vecinos paganos con el fin de garantizar su propia seguridad.

Y los profetas, Jeremías, Isaías y los otros que profetizaron en esos días, hablaron la palabra del Señor, de su juicio y condena por poner su confianza en el poder de las alianzas militares y políticas. Entonces la reforma de Ezequías no duró mucho tiempo y le sucedió su hijo, Manasés, quien fue, durante su reinado, uno de los reyes más malvados en el reino del sur. No solo erigió imágenes paganas en todos los pueblos y zonas de Judá, sino que tuvo la audacia de poner una imagen pagana en el mismo templo de Jerusalén.

Ahora, un comentario interesante sobre Manasés es que en su vejez, este malvado rey fue movido al arrepentimiento. Eso es algo que no suele verse entre los reyes del reino dividido. Pero su hijo, Amón, que llegó al poder después de que Manasés murió, fue tan malvado como su padre había sido antes de su arrepentimiento y no duró mucho tiempo antes de que fuera asesinado.

Luego en el 637 (mientras seguimos con la cuenta regresiva hasta llegar al 586), Josías llega al trono. El reinado de Josías sobre Judá está marcado por el más grande período de reforma que llegó a la tierra en todo el tiempo del reino dividido.

Y quisiera leer una porción de 2 Reyes que nos dice un poco sobre el reinado de Josías. El capítulo 22 de 2 Reyes empieza con la siguiente nota: » Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén”.

Y se nos dice en el versículo 2 que: «hizo lo recto ante los ojos del Señor y anduvo en todo el camino de su padre David; no se apartó ni a la derecha ni a la izquierda”.

Y sucedió que: “en el año dieciocho del rey Josías, el rey envió al escriba Safán, hijo de Azalía, de Mesulam, a la casa del Señor, diciendo: Ve al sumo sacerdote Hilcías” (el sumo sacerdote) para que cuente el dinero traído a la casa del Señor, que los guardianes del umbral han recogido del pueblo, y que lo pongan en mano de los obreros encargados de supervisar la casa del Señor, y que ellos lo den a los obreros que están asignados en la casa del Señor para reparar los daños de la casa».

¿Ven lo que está pasando aquí? Que el templo había sido dañado por el asedio y la guerra que soportaron anteriormente, así que ahora, bajo el reinado de Josías, se da este esfuerzo para reconstruir y restaurar el templo; y mientras los trabajadores se dedican a su tarea, encuentran un rollo, un rollo pequeño, el cual no está identificado en la Biblia, pero la mayoría de los historiadores y estudiosos creen que era un rollo olvidado del libro de Deuteronomio.

Todo lo que la Biblia nos dice es que bajo el reinado de Josías se encontró un libro de la ley entre los escombros de una sección del templo que estaba en reparación. Y así, quienes lo encuentran se lo dan al sumo sacerdote, quien se lo que se lo da al escriba y así sucesivamente, y finalmente, el libro es llevado al rey.

Y leemos en el versículo 11 del capítulo 22: «Y sucedió que cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestidos. Entonces el rey ordenó al sacerdote Hilcías, a Ahicam, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Micaías, al escriba Safán y a Asaías, siervo del rey, diciendo: Id, consultad al Señor por mí, por el pueblo y por todo Judá acerca de las palabras de este libro que se ha encontrado; porque grande es la ira del Señor que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no han escuchado las palabras de este libro, haciendo conforme a todo lo que está escrito de nosotros».

Ahora, Josías se siente tan conmovido al leer otra vez los términos del antiguo pacto que presenta la palabra de Dios y la ley, de nuevo, a la vista del pueblo, y el elemento principal de la reforma que él instituye según la instrucción del libro de la ley, tiene que ver con la adoración.

Esto nos puede parecer extraño hoy en día, pero como vemos en el Antiguo Testamento, desde los días de Abraham hasta la entrega de la ley a Moisés, y durante toda la crónica que hemos visto hasta ahora, que Dios es celoso y celosamente preocupado por la pureza de la adoración; y que el paganismo que corrompió al pueblo de Dios en el Antiguo Testamento siempre empezó con corrupción en la adoración.

Ahora vemos la invasión de la moral y valores seculares en la iglesia, y la influencia del llamado secularismo en la moralidad de los creyentes cristianos en nuestros días. Pero en un sentido muy real, el colapso o la degeneración de la conducta, de la moral, se desprende de un colapso anterior de la verdadera adoración.

Y dudo, francamente, si la iglesia de Cristo alguna vez ha sido más arrogante acerca de la dimensión solemne de la adoración correcta en la presencia de Dios de lo que es hoy.  Y eso me aterroriza, porque el patrón de la historia bíblica, una y otra vez, es que cuando la gente juega con la forma en que se comportan en la presencia de Dios, en su adoración, en su reverencia y en la ofrenda de los sacrificios de alabanza es que la iglesia se hace añicos; y ahora la renovación de la fe empieza aquí con una renovación de la adoración.

Pero lamentablemente, incluso esta gran reforma bajo Josías es de corta duración y solo representa una especie de retraso, le da un poco de tiempo al pueblo. Ahora, hay algunas otras fechas aquí que quiero ver a fin de que aprendamos algunas cosas.

En el año 637, como ya he dicho, Josías llega al trono. En el 608 se lleva a cabo una batalla que se llama la batalla de Meguido. Algunas personas han visto esto como algo que precede a la Batalla de Armagedón, debido a la similitud de los nombres.

La batalla de Meguido se refiere a una batalla que tuvo lugar en un paso de extrema importancia militar, de manera  estratégica. Y muchos, muchos, muchos enfrentamientos importantes se han librado en esa zona; en lo que incluso es el Meguido actual; pero allí en el 608, hay una batalla en la que Josías se levanta contra el rey egipcio Necao o el faraón Necao, donde resultó muerto Josías.

Echemos un vistazo al registro de esto. En 2 Crónicas capítulo 35: leemos:  «Después de todo esto, cuando Josías había reparado el templo, Necao, rey de Egipto, subió para combatir en Carquemis junto al Eufrates, y Josías salió para enfrentarse a él. Pero él le envió mensajeros, diciendo: “¿Qué tenemos que ver el uno con el otro, oh rey de Judá? No vengo hoy contra ti, sino contra la casa con la que estoy en guerra, y Dios me ha ordenado que me apresure. Por tu propio bien, deja de oponerte a Dios, que está conmigo, para que El no te destruya».

Aquí está el faraón egipcio diciéndole a Josías: ‘Dios me dijo que no pelee contra ti. ¿Por qué estás aquí? Sal del camino. Solo estoy pasando.’

“Sin embargo, Josías no quiso retirarse de él, sino que se disfrazó para combatir contra él; tampoco escuchó las palabras de Necao que venían de boca de Dios, sino que vino a entablar batalla en la llanura de Meguido.

Y los arqueros hirieron al rey Josías, y el rey dijo a sus siervos: Llévenme, porque estoy gravemente herido. Sus siervos lo sacaron del carro y lo llevaron en el segundo carro que él tenía, y lo trajeron a Jerusalén donde murió, y fue sepultado en los sepulcros de sus padres.  Y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías.”

Y escucha esto, Jeremías también se lamentó por Josías. Tenemos que poner esto bajo su punto de vista. Jeremías estaba encantado de ver al menos la breve reforma que ocurrió durante su ministerio profético bajo el liderazgo de Josías, pero ahora, Josías muere y su reino se supone que su reinado pasará a Joacaz, pero este faraón conquistador Necao depone a Joacaz y lo sustituye con Joacim. Y Joacim es malo.

De hecho, él se destaca por quemar uno de los rollos de Jeremías para mostrar su desprecio por los juicios proféticos traídos por Jeremías.  En el 605, (estoy quedándome sin espacio en la pizarra y voy a tener que poner el 586 un poco más abajo). En el 605 tenemos lo que se llama la batalla de Carquemis.

Esta es una batalla entre los babilonios, bajo Nabucodonosor, y los egipcios, bajo el faraón Necao. Y en esta batalla, que se lleva a cabo en lo que al menos había sido suelo judío, se ve la victoria de Nabucodonosor; y los babilonios, como parte del botín de su victoria sobre los egipcios, los toman como esclavos así como a algunos del pueblo judío.

Y en el 605 se da la primera etapa, por así decirlo, del exilio; puesto que ahora algunos de los judíos capturados son llevados a Babilonia. Y entre los que son llevados en esta primera deportación había un joven llamado Daniel y escucharemos sobre Daniel más adelante.

Luego, en el 597, (vayamos al 597, Joaquín, a diferencia de Joacim, fue deportado junto con los nobles, artesanos, y un gran grupo de la élite. Y eso fue lo que sucedió en el exilio, que la gente pobre y los campesinos se quedaron atrás, pero la crema y nata del pueblo judío fue llevada a la cautividad.

Y en esa deportación en el 597 fue incluido el profeta Ezequiel. Así que ahora, en el 597, Daniel y Ezequiel están cautivos en Babilonia. Finalmente, el Rey Sedequías llega al trono y él es el último rey y gobierna básicamente como un rey vasallo de Nabucodonosor y de los babilonios.

Esta era la costumbre en aquellos días cuando un rey conquistaba una nación, se llevaba el botín y todo lo que quería, y luego él dejaría que el monarca que había sobrevivido fuera su rey vasallo.

Y mientras el hombre se comportara y pagara el tributo y siguiera las reglas, podría seguir existiendo como el rey. Y este fue el caso de Sedequías hasta que Sedequías empieza a sentirse confiado y se levanta en rebelión contra el rey.

Y así, Nabucodonosor marcha contra Jerusalén y esto nos queda registrado en el capítulo 25 del 2 libro de Reyes: «Y aconteció que en el noveno año de su reinado, en el décimo mes, el día diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, él y todo su ejército contra Jerusalén, acampó contra ella y construyó un muro de asedio alrededor de ella”.

Verso 4: “Y al ser abierta una brecha en la ciudad, todos los hombres de guerra huyeron de noche por el camino de la puerta entre las dos murallas,” y luego, el rey se fue “por el camino del Arabá. Pero el ejército de los caldeos persiguió al rey y lo alcanzó en los llanos de Jericó”.

“Entonces capturaron al rey y lo trajeron al rey de Babilonia en Ribla, y éste lo sentenció. Y degollaron a los hijos de Sedequías en su presencia, y a Sedequías le sacó los ojos, lo ató con cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia».

Y así, el último rey sobreviviente de Judá, después de que lo último que vieron sus ojos fue el asesinato de su familia, ahora es llevado en cadenas, ciego, como el prisionero del rey de Babilonia y Jerusalén; Jerusalén ha caído.

Desde el 586 al 536, los judíos permanecieron en el exilio, cautivos en Babilonia, y no volverían hasta que los babilonios fueran derrotados por los persas. Y bajo un decreto del rey Ciro, 50.000 judíos en el año 536 regresaron para reconstruir su país.