Renovando Tu Mente | Josué y la conquista de Canaán
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Transcripción

Por tradición llamamos a los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, de Génesis a Deuteronomio, el Pentateuco. A menudo también se le conoce, en especial entre los judíos, como la Torá o el Libro de la Ley. Pero se le llama el Pentateuco debido al prefijo penta que, por supuesto, significa cinco, como el pentágono. Pero algunos han argumentado que, originalmente, el antiguo testamento fue organizado distinto y que los primeros seis libros del antiguo testamento estuvieron agrupados juntos y por lo tanto se les llamó, no el Pentateuco, sino el Hexateuco, nombre que significa los primeros seis libros de la Biblia incluyendo el libro de Josué.

Ahora, creo que el peso de la evidencia dice lo contrario y que hay una línea clara de demarcación entre el libro de Deuteronomio que finaliza con el Pentateuco y el libro de Josué. Pero solo menciono ese pequeño detalle de manera casual para llamar la atención sobre la idea de que a pesar de que Josué empieza con una nueva dimensión de la historia del antiguo testamento, todavía se ve la gran continuidad que existe entre el período de Moisés y el final del Pentateuco con el inicio del libro de Josué, ya que el libro de Josué registra los datos de la conquista de Canaán.

Es la historia de la entrega que Dios hace en manos de Israel de sus enemigos y la primera dimensión del cumplimiento de las promesas de una tierra prometida a los patriarcas. Y aquí vemos la transición de vagar en el desierto a la conquista y el establecimiento en la tierra de Canaán.

Pero como dije, hay una cierta continuidad que existe entre el Pentateuco y este capítulo nuevo en la historia redentora de la conquista de Canaán. Josué es un personaje cuya aparición es prominente en el Pentateuco. Él se desempeña como el ayudante de Moisés y recordamos a Josué por ser uno de los dos espías fieles que habían sido enviados para espiar la tierra prometida, el resto de los espías regresaron y dijeron: “Oh, hay gigantes en la tierra y la tierra es difícil y si intentamos ir, seremos aniquilados” y así por el estilo, y estaban muertos de temor ante los obstáculos que se interponían en su camino para poseer esta tierra;

En cambio, lo único que Caleb y Josué ven es la oportunidad y regresan y dicen: “Es una tierra donde mana leche y miel” y trajeron muestras de los frutos que encontraron en ella. Y recordamos que después de todos estos años de vagar por el desierto, esta poderosa hueste de judíos, o israelitas, quienes habían sido redimidos por el Éxodo, mueren todos en el desierto sin poseer la tierra prometida e incluso a Moisés se le prohíbe entrar a Canaán por golpear la piedra con su vara.

Ahora, Dios le da la oportunidad de pararse en la montaña y contemplar la tierra prometida. Moisés tiene una visión para el futuro de su gente, pero a él mismo no se le permite entrar. Y los únicos sobrevivientes del núcleo original que pueden ingresar a la tierra prometida son Caleb y Josué.

Así que, una de las cosas que vemos al final del Pentateuco es un registro de la renovación del pacto que Dios había hecho con Moisés en el momento de la muerte inminente de Moisés, y hay una dinámica que se desarrolla aquí la cual tiene un nombre en teología, se llama la sucesión dinámica.

Disculpen, no se llama una sucesión dinámica, sino dinástica (fue dinámica también) pero sucesión dinástica es el tipo de cosas que se ve en las monarquías donde la autoridad real se pasa de padre a hijo o de madre a hijo o de padre a hija, en donde la corona es un asunto de herencia biológica.

Y hablamos de las distintas dinastías que han surgido en las naciones a lo largo de la historia. Lo vimos con la casa de Omri en la monarquía de Israel. Lo vemos con la casa de David donde el reino se transfiere a su hijo Salomón y luego al hijo de este y así sucesivamente. A esto es lo que llamamos sucesión dinástica.

Ahora, esto pasa en el antiguo testamento, no solo con respecto a los reyes, sino también con respecto a la sucesión del personaje principal que está en autoridad. Y el principio de la sucesión dinástica se lleva a cabo al final del Pentateuco cuando Moisés está a punto de morir y él reúne a la gente y le hace jurar a todo el pueblo lealtad para con su sucesor y su sucesor es Josué.

Sé que esto es una exageración y que pocos lo han visto pero, se puede argumentar que nuestro Señor mismo, en el aposento alto, la noche anterior a su muerte, celebró la renovación del pacto (muy similar a la que ocurrió en Moab y luego en Siquem en el antiguo testamento) donde reúne a sus discípulos y da el discurso más largo que haya dado en su vida (que sepamos) sobre el ministerio del Espíritu Santo; reúne a sus amigos y dice: “Un poco más, y ya no me veréis”; y “adonde yo voy, vosotros no podéis ir”, pero no los dejaré solos. Les enviaré otro consolador, el Espíritu Santo.

Y creo que en cierto sentido, cada vez que celebramos la Cena del Señor, celebramos, entre otras cosas, la presencia del Espíritu Santo como representante de Cristo en medio nuestro; Y cada vez que nos sentamos y celebramos la Cena del Señor, renovamos las promesas del pacto.

De modo que todo este principio de renovación y continuidad fluye como un hilo a lo largo del antiguo testamento. El libro de Josué trata sobre el sucesor de Moisés al cual ahora Dios ha ordenado y designado para guiar al pueblo desde el desierto hacia la tierra prometida. Y se nos da una pista de lo que sucederá en el primer capítulo del libro de Josué cuando el capítulo uno empieza con estas palabras: “Sucedió después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, que el Señor habló a Josué, hijo de Nun, y ayudante de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Todo lugar que pise la planta de vuestro pie os he dado, tal como dije a Moisés.”

Y luego en el verso cinco: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo.”

Una vez más, en la bendición patriarcal, regresa hasta Abraham y luego a Isaac y después a Jacob, una parte integral de esa promesa patriarcal era el juramento solemne de Dios de que Él estaría con ellos. Y se lo prometió a Moisés, y ahora esa bendición patriarcal está pasando a Josué con la promesa de que Dios estará con él. ‘No te dejaré ni te desampararé. Se fuerte y valiente para este pueblo a quien dividirás, como herencia, la tierra que juré a sus padres que se las daría’. “Solamente sé fuerte y muy valiente; cuídate de cumplir toda la ley que Moisés mi siervo te mandó”.

Y así, con este solemne pedido, Josué recibe la promesa de victoria, la promesa de la presencia de Dios, la promesa de que Dios continuará ejerciendo su papel como el guerrero divino que lucha por su pueblo y que va delante de su pueblo para asegurar la victoria y asegurar la conquista contra este país extranjero; Pero con esa promesa de bendición siempre viene el llamado a la responsabilidad de guardar los términos del pacto, a guardar las leyes que Dios había hablado al pueblo a través de Moisés.

Ahora, el libro de Josué se lee como una historia militar porque eso es lo que es y es emocionante. Tiene el interés y el drama de una novela cuando leemos todos estos episodios tan vibrantes que se desarrollan en la conquista.

Uno de mis capítulos favoritos es el capítulo cinco, donde en el quinto capítulo de Josué, Josué se está preparando para la batalla, y de repente, sin previo aviso y de la nada, este guerrero increíble aparece en el camino de Josué.

Josué lo mira y solo con mirarlo puede darse cuenta de que es un guerrero formidable, y Josué no sabe si es uno de sus propios hombres o si es uno de los enemigos.

Entonces Josué se le acerca y le dice: “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?” Ahora, esta es una conjunción disyuntiva. Él dice: ‘O tú estás luchando por ellos o tú estás luchando por nosotros. Es lo uno o lo otro. Ahora, ¿estás por nosotros o contra nosotros?”

Y, por su puesto, este guerrero mira a Josué y le dice: “No”. Espera un minuto, ¿“No”? Pero tiene que ser uno o el otro. Él dijo: “Yo vengo ahora como capitán del ejército del Señor”.

Entonces, ¿cuál es el significado de este encuentro? Josué se encuentra con el capitán del Señor de los Ejércitos. Cuando él dice: “¿Estás con ellos o estás con nosotros? La respuesta es No. Lo que está diciendo es ninguna de las dos Josué. La pregunta no es si estoy contigo sino más bien si tú estás conmigo, puesto que yo estoy a cargo.

Recordándole a Josué que todo el poder de esta conquista estará en manos de Dios y no en manos de Josué; que Josué, aunque es el general sobre todo el ejército y que ahora tiene la autoridad investida en él durante el traspaso de Moisés, sin embargo, él está luchando para el Señor y es el capitán del Señor de los Ejércitos el que lleva la nación a la batalla.

Ahora, algunos eruditos creen que el capitán del Señor de los Ejércitos era simplemente un ángel que le estaba hablando la Palabra de Dios a Josué, pero otros ven el título de “capitán del Señor de los Ejércitos” como que no se refiere simplemente a un arcángel, sino al capitán supremo del Señor de los Ejércitos, Cristo mismo.

Y muchos ven en este texto lo que llamamos una cristofanía, una manifestación del Cristo pre-encarnado en el antiguo testamento. En lo personal, yo estoy a favor de esa interpretación de este evento.

Bien, luego leemos la historia de la conquista y la victoria poderosa que Dios le concede al pueblo de Israel en la batalla de Jericó. La batalla de Jericó tiene la historia de Rahab, quien esconde a los espías y se gana un lugar en la conocida lista de héroes en el libro de Hebreos y la manera cómo Dios se impone sobre esta ciudad, demuestra otra vez su poder. La ciudad de Jericó cae, no por el poder del ejército israelita; sino, por el poder de Dios. Pero luego leemos ese capítulo triste de la derrota de los israelitas en la ciudad de Hai. ¿No había prometido Dios que todos los enemigos que estaban contra ellos serían vencidos? ¿Cómo podían perder? ¿Por qué perdieron?

Por culpa del pecado de Acán que fue registrado ahí, en donde vemos que después de la batalla de Jericó, él robó parte del botín de la conquista y escondió estos artículos valiosos en su tienda y violó las leyes de Dios en cuanto a la conquista, y como resultado de eso Dios retuvo su favor y dejó que su pueblo perdiera.

Ahora, toda la historia de la conquista de Canaán ha sido objeto de gran controversia. Recuerdo haber leído un plan de estudios escrito para muchachos de secundaria en una denominación ‘x’, hace varios años y el directorio de la iglesia que me invitó me pidió que revisara el sílabo para ver cómo estaba.

Y mientras leía las secciones del antiguo testamento del sílabo, encontré que este tema se repetía una y otra vez: que la literatura del antiguo testamento no revela el carácter de Dios en su amor y gracia, sino que es el registro de un pueblo primitivo, quienes, desde su perspectiva arcaica, atribuyeron a Dios la fuerza causal de su propia mentalidad guerrera sedienta de sangre.

Y específicamente, lo que se menciona es la conquista de Canaán como ejemplo de una actividad en la que Dios no podría haber estado involucrado; y el sílabo continuaba diciendo que “A la luz de nuestra comprensión de Dios, deducida del nuevo testamento, sabemos que Dios nunca autorizaría una conquista tan sangrienta como lo hace aquí,” en la cual Él instituye esta práctica, la más ofensiva de todas.

Esta práctica a la que se le llama el herem o la prohibición, donde Dios llama al pueblo judío en esta conquista no solo a capturar la tierra y destruir las ciudades, sino también a matar a todos los habitantes: hombres, mujeres y niños. Parece, una vez más, completamente despiadado.

¿Cómo podía llamarse a esa guerra, Guerra Santa cuando era tan brutal? Esa fue la objeción planteada en ese plan de estudios y es planteada por muchas personas hoy en día porque simplemente no pueden entender lo que está sucediendo aquí en el libro de Josué y cómo algo como esto podría llamarse Santo.

Bueno, recordamos de nuestro estudio del Éxodo que una y otra vez Dios le dice a su pueblo: ‘Mi gracia es derramada sobre ti, no porque te lo mereces, no porque seas mejor que esos pueblos que están entregados al paganismo, a la idolatría, a la inmoralidad y a la máxima impiedad’.

Los habitantes de Canaán eran todos igual de malos y se oponían a las cosas de Dios, y Dios dijo: ‘Voy a darte esta tierra que prometí a Abraham, no porque tú eres mejor que ellos, pero para que recibas mi gracia y aprendas de mí’. Anteriormente Dios había manifestado su juicio de una manera más brutal, cuando eliminó a todo el mundo con el diluvio.

Y Él deja claro a lo largo de las Escrituras que llegará un día de juicio donde su ira se derrame contra toda forma de paganismo y toda forma de impiedad. Y lo que él está diciendo aquí es: “Josué, vas a ser un instrumento de mi justicia contra los cananeos.

Los cananeos van a recibir justicia. Tú vas a recibir misericordia y voy a limpiar esta tierra porque es un lugar profano y esta es una Guerra Santa para recuperar mi gloria por medio de la exterminación de todos los principios y poderes de contaminación ya existentes. Y cuando entres allí, quiero que destruyas ese lugar, porque estoy construyendo una nueva nación, un pueblo santo y no quiero que esta nación esté contaminada por el paganismo y la impiedad existentes allí.”

Y recuerdas que Josué y sus soldados no obedecieron, en su totalidad, con estos requisitos de Dios, puesto que hicieron alianzas impías y demás tratos con la gente de allí.

Ahora, hay una razón por la que todo esto se lleva a cabo con tanto detalle y es para proteger a Israel quizás de la enfermedad más aterradora que les pudiera afectar a lo largo de toda su historia, y ese fue el problema del sincretismo. En un sentido, la historia de Israel del antiguo testamento es la historia del sincretismo. Y, ¿qué es el sincretismo? El sincretismo implica una mezcla o mezclas de elementos dispares de distintas fuentes. Tan pronto como el pueblo judío ocupó la Tierra Prometida, empezaron a incorporar en sus propias prácticas religiosas, elementos paganos.

Pensamos en las disputas que se dan entre los profetas y Acab y Jezabel, y todo eso, porque incluso el rey estaba involucrado en el establecimiento de altares paganos y adoración a Baal; y todas esas disputas que continúan en el antiguo testamento están diseñadas para detener el ingreso de elementos paganos (magia, hechicería, idolatría y ese tipo de cosas) en la nación de Israel.

Israel debe practicar la separación étnica para que no se mezclen con otras culturas y se contaminen, porque serán luz para las naciones. Pero, una vez más, la historia de Israel es el fracaso de Israel para llevar al herem a su plenitud.

En cambio, hacen amistad con los paganos y empiezan a construir puentes que llevan hacia los paganos y es un camino de doble sentido. Y muy pronto el paganismo se estaría moviendo más fuertemente a través del puente hacia Israel, entonces la luz de Dios se está moviendo a través del puente hacia las naciones antiguas.

Es así que la Guerra Santa se diseñó para minimizar la influencia del paganismo en Israel. Al final del libro de Josué hay una recapitulación fantástica, una vez más, de las promesas del pacto que se habían hecho.

Otra sucesión dinástica se realiza, en la que Josué reúne a todo el pueblo para renovar el pacto que Dios había hecho con sus padres una vez más, por ahora Josué es viejo y está a punto de morir. Y es en esa ocasión que él le dice al pueblo de Israel: “Escoged hoy a quién habéis de servir”. Si Dios es Dios, entonces servidle, y continúa diciendo: “pero yo y mi casa, serviremos al Señor.”

Y el libro termina en este contexto, donde todas las personas que se reúnen allí, que ahora poseen la Tierra Prometida, dicen ante Dios y sus testigos en presencia de Josué: “Serviremos al Señor”. Y juran y juran guardar las ordenanzas de Dios y los mandamientos de su pacto. Y Josué dice algo siniestro para ellos que presagia el resto de la historia del antiguo testamento.

Después que estas personas juraron públicamente que cumplirían la ley de Moisés y que cumplirían los términos del pacto, Josué les dijo: ‘No puedes cumplir este pacto porque Dios es santo.

No puedes hacer estas cosas porque Dios es santo”, alertándonos de este mensaje que llega a todas las páginas del antiguo testamento: que no importa cuánto logre la carne, no importa cuánto hagan estos seres humanos, nadie, ni Moisés, ni David, ni José, ni Abraham, ni nadie hace todas las cosas contenidas en la ley de Dios porque es santa.

Y de nuevo, preparándonos para la venida del Santo de Israel, quien es nuestro archegos, nuestro campeón, el capitán del Señor de los ejércitos, quien es el único que guarda las leyes del pacto.