
¿Cómo puedo ser una madre piadosa?
3 febrero, 2026¿Por qué debería ir a la iglesia?
Este es el undécimo artículo de la colección de artículos: Los fundamentos del discipulado cristiano
1. Porque la Biblia lo ordena
La primera respuesta a esa pregunta es la más simple y básica: ¡porque la Biblia nos lo dice! En Hebreos 10, el autor les habla a sus lectores del gran privilegio que poseen. Gracias a la obra de Cristo, ellos —y nosotros— tenemos el asombroso privilegio de entrar en el Lugar Santo. Él se refiere al Antiguo Testamento, donde solo el sumo sacerdote tenía permitido entrar en el Lugar Santísimo del templo de Dios, y solo una vez al año. La asombrosa verdad es que nosotros, como creyentes en Cristo, podemos acercarnos al Dios Santo gracias a la muerte de Jesús. El velo ha sido rasgado y nuestro Gran Sumo Sacerdote ha abierto el camino para que nos acerquemos a Él.
El autor de Hebreos luego presenta tres aplicaciones, todas las cuales comienzan con «acerquémonos». Ten en cuenta que ellas están dirigidas colectivamente al pueblo de Dios:
- «Acerquémonos» (Heb 10:22). Ven y sé limpiado por Cristo y sé perdonado.
- «Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar» (Heb 10:23). Mantente fuerte, no te rindas, sigue creyendo en este mensaje de esperanza.
- «Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras» (Heb. 10:24). No puedes ni debes vivir la vida cristiana por tu cuenta. Al asistir a la iglesia, enfócate en los demás.
El autor entonces emite el mandato: «No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca» (Heb 10:25).
El autor de la carta a los Hebreos sitúa nuestra asistencia a la iglesia en el contexto de vivir la vida cristiana; es simplemente lo que los cristianos hacen. Vamos a la iglesia porque es para nuestro propio bien y el bien de los demás. Reunirnos es la manera en que seguimos adelante como cristianos en un mundo que fácilmente puede hacernos perder la esperanza. El peligro para los cristianos hebreos y para nosotros es descuidar el identificarnos con el cuerpo de Cristo y participar en él. En el Nuevo Testamento era impensable que un cristiano no asistiera a la iglesia.
2. Porque fuimos creados para adorar a Dios
Sin embargo, hay una razón más profunda para que vayamos a la iglesia que simplemente porque la Biblia nos lo ordena. Vamos a la iglesia debido a la naturaleza de quién es Dios. Él es digno de nuestra adoración y nuestro culto. La razón por la que existimos es «glorificarlo y disfrutar de Él». Dios es nuestro Creador, Sustentador y Redentor.
En palabras del Catecismo Menor de Westminster, Dios es «infinito, eterno e inmutable, en su ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad» (P&R 4). Aquellos que han sido llevados a una relación con este Dios no pueden sino desear reunirse con otros para alabarlo. Fuimos creados para adorarle.
Vamos a la iglesia por quién es Dios, pero también por lo que Él ha hecho por nosotros. El apóstol Pedro nos dice: «Ustedes en otro tiempo no eran pueblo, pero ahora son el pueblo de Dios; no habían recibido misericordia, pero ahora han recibido misericordia» (1 P 2:10). El Señor está llamando a un pueblo, «una gran multitud… de todas las naciones» (Ap 7:9). Ha sido una señal del pueblo de Dios a lo largo de la historia que se reúnan para invocar Su nombre y adorar juntos. De esto se nos habla por primera vez al final de Génesis 4: «Por ese tiempo comenzaron los hombres a invocar el nombre del Señor» (Gn 4:26). El final de la Biblia culmina con el pueblo de Dios reunido en adoración. Apocalipsis 21 nos ofrece esta imagen de una novia como una ciudad, con puertas en todas las direcciones. Esta imagen asombrosa nos muestra a todo el pueblo de Dios, de todas partes y de todas las épocas, reuniéndose para adorar al Dios que está en medio de Su pueblo.
Cuando nos reunimos en el día del Señor con nuestros hermanos y hermanas, es un anticipo de ese gran día. Necesitamos reconocer esa realidad cuando nos reunimos con el pueblo del Señor, no solo en nuestra congregación local, sino también alrededor del mundo, así como con la iglesia triunfante en el cielo y las huestes angelicales.
Nuestras reuniones terrenales domingo tras domingo están destinadas a cultivar un anhelo por el eterno día de reposo. En el Antiguo Testamento, el día de reposo se caracterizaba particularmente por el descanso. Ese aspecto del día del Señor aún permanece, y se nos dice que esperemos con ansias ese descanso eterno. Pero en el Nuevo Testamento, uno de los cambios en el día del Señor es que se caracteriza cada vez más por la adoración.
3. Porque es un privilegio y una bendición únicos
Estoy tratando de convencerte del privilegio que tenemos de reunirnos como iglesia. Es una completa locura priorizar otras cosas por encima de la adoración a Dios con Su pueblo. ¿Cómo más guardarás el cuarto mandamiento si no te congregas con el pueblo del Señor? No se trata de tener que ir a la iglesia; la maravillosa verdad es que podemos ir a la iglesia.
Puedes venir y reunirte con la iglesia, incluso con toda tu culpa, miedos y ansiedades. Ven con tus cargas y tus problemas. El diablo a menudo usa estas cosas para mantener a las personas alejadas de la iglesia, pero es precisamente el lugar donde necesitas estar. En Su iglesia, Jesús acoge a los pecadores, nos ofrece un lugar para descansar y nos renueva a través de los sacramentos y la predicación de Su Palabra. Él nos llama: «Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera» (Mt 11:28-30).
Escucha el llamado de Dios a la adoración. Canta Su alabanza. Confiesa tus pecados y escucha la seguridad del perdón de Cristo. Ora con tus hermanos y hermanas. Confiesa tu fe con los santos a lo largo de los siglos. Escucha el evangelio predicado y observa el evangelio en los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor. No puedes hacer estas cosas por tu cuenta. El pueblo de Dios está hecho para reunirse. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará. Cuando vienes a la iglesia, recibes bendiciones del Señor que no puedes obtener en ningún otro lugar.
Dios ha prometido que, al reunirse Su iglesia, Él los bendecirá de una manera que es distinta a cuando están solos. Jesús promete que cuando dos o tres se reúnen en Su nombre, Él está en medio de ellos (Mt 18:19-20). El apóstol Pablo, al hablar de cuando el extraño entra en el culto, dice que nuestra oración debe ser que él se dé cuenta de lo que siempre es verdad: «Dios está entre ustedes» (1 Co 14:25). En el libro de Apocalipsis, Jesús nos dice que Él camina entre los candelabros, que son Sus iglesias (Ap 2:1). Él sigue haciendo eso domingo tras domingo cuando Su iglesia se reúne.
No hay nada en este mundo más maravilloso que ser parte de la iglesia de Cristo.

