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La literatura apocalíptica presenta imágenes y enseñanzas relacionadas con los tiempos finales, muchas veces de un modo altamente simbólico. Según la definición estándar desarrollada por la Sociedad de Literatura Bíblica para el proyecto de géneros literarios, la literatura apocalíptica es «un género de literatura revelatoria con un marco narrativo, en el cual un ser de otro mundo media la revelación para un receptor humano, revelando una realidad trascendente». Los siguientes principios pueden ayudarnos a interpretar la literatura apocalíptica según las características literarias de este singular género bíblico.
1. Ten en cuenta que la literatura apocalíptica es un subconjunto de la profecía bíblica.
Varias veces en Apocalipsis, leemos que el género del libro es «profecía» (Ap 22:7, 10, 18-19). En el Antiguo Testamento, el género profético involucra abordar las circunstancias actuales del pueblo de Dios y también predecir el futuro. De forma similar, en Apocalipsis, Jesús tiene un mensaje para la iglesia de Su tiempo (Ap 2-3) y el libro abarca el regreso glorioso de Jesús al final de los tiempos, como también los eventos que lo preceden y suceden; sucesos que culminan en el estado eterno, es decir, los cielos nuevos y la tierra nueva. Por esta razón, a pesar del contenido simbólico de estos libros, no debemos pasar por alto la dimensión histórica al interpretar la literatura apocalíptica.
2. Distingue entre los símbolos y sus referentes en la vida real.
La literatura apocalíptica suele incluir visiones gráficas e incluso dramáticas de los eventos del fin de los tiempos. Sin embargo, aunque las visiones son reales y a menudo representan un personaje o evento histórico, lo hacen de forma simbólica. Por lo tanto, es necesario distinguir cuidadosamente entre el símbolo y el referente, es decir, la persona o evento representado por el respectivo símbolo.
Un ejemplo sencillo es Apocalipsis 12-13, donde encontramos dos personajes simbólicos: un dragón y una mujer. El dragón representa a Satanás (el diablo) como un poder bestial, mientras que la mujer simboliza a la iglesia —o, en un sentido más amplio, al pueblo de Dios—, que da a luz a un hijo varón, el Mesías. En el caso del dragón, el propio texto nos da la interpretación: «Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero» (Ap 12:9). En otros casos, no se proporciona la interpretación, y el intérprete debe determinar cuál es el referente más probable del símbolo en cuestión.
3. No te dejes llevar por complejos esquemas y escenarios escatológicos sobre el fin de los tiempos. En cambio, enfócate en el propósito principal.
Es fácil que nuestra curiosidad nos domine, pero como Jesús les dijo a Sus seguidores: «No les corresponde a ustedes saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con Su propia autoridad» (Hch 1:7). Más bien, el propósito principal del Apocalipsis es ser una teodicea: demostrar la justicia y rectitud de Dios. Dios de seguro reivindicará a los creyentes en Cristo y juzgará a los incrédulos. La literatura apocalíptica está diseñada para asegurar a los creyentes que, aunque puedan enfrentar sufrimiento y persecución en el presente, Dios llevará la historia a su conclusión final. Jesús regresará en toda Su gloria, juzgará a los impíos y llevará a los creyentes a la presencia de Dios, donde vivirán por toda la eternidad. Al mismo tiempo, Apocalipsis demuestra que Dios les ha dado a los incrédulos muchísimas oportunidades para creer en Cristo. Es solo porque se niegan persistentemente a creer, que al final serán juzgados.
4. Interpreta la literatura apocalíptica de manera canónica e histórico-redentora.
La literatura apocalíptica tiene una función importante dentro del canon de la Escritura en su conjunto. Es el cierre final de la Escritura, que comienza en un huerto pero termina en una ciudad. La historia bíblica comienza con un hombre y una mujer y concluye con la reunión de una multitud innumerable en torno al trono de Dios. Entre estos dos extremos, vemos que la humanidad se rebela contra el Creador, lo que da inicio a una gran operación de rescate que culmina con la primera venida de Jesús como el «Cordero» de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1:29, 36). Después de un período de misión a las naciones, la literatura apocalíptica retrata la gloriosa y triunfante segunda venida de Jesús como el «León de la tribu de Judá» (Ap 5:5).
Más que presentar coloridas imágenes apocalípticas del catastrófico fin de la tierra como en una especie de holocausto nuclear, Apocalipsis retrata la culminación de la historia pactual de Dios con Su pueblo. Por lo tanto, la declaración que encontramos hacia el final del libro es una conclusión adecuada: «El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos» (Ap 21:3).

