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Este es el duodécimo artículo de la colección de artículos: Los cimientos de la hermenéutica
«Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad» (2 Ti 2:15). Estas palabras del apóstol Pablo a su discípulo, Timoteo, nos recuerdan nuestra responsabilidad de interpretar correctamente la Palabra de Dios. Después de todo, Dios nos ha hablado a través de Su Palabra y es de suma importancia que entendamos lo que Él dice. Por eso necesitamos una hermenéutica sólida.
La hermenéutica es la ciencia y el arte de la interpretación bíblica. Es una ciencia porque hay reglas para interpretar la Escritura, así como hay reglas para conducir un automóvil. Si no conoces las reglas, no sabrás cómo conducir adecuadamente. Sin embargo, más allá de conocer los principios, también debes saber cuándo aplicarlos. Por esta razón, la hermenéutica también puede ser acertadamente llamada un arte. Debido a que la Escritura no es monolítica (contiene múltiples géneros y fue escrita a lo largo de un vasto período de tiempo, por muchos autores, en diferentes idiomas), se requiere discernimiento para saber qué reglas de interpretación aplicar a cualquier texto dado para encontrar su significado intencionado. Ese, en última instancia, es el objetivo de la hermenéutica: entender cómo interpretar el texto para encontrar su significado intencionado.
La principal preocupación al interpretar la Biblia es encontrar el significado que el autor pretendía comunicar. Un enfoque demasiado común al estudiar la Biblia es leer el texto y luego preguntar: «¿Qué significa este texto para mí?». Si bien es importante buscar aplicar el texto a nuestra vida, esa nunca debería ser la primera pregunta que hacemos a la Escritura. En cambio, la primera pregunta debería ser: «¿Qué intentaba comunicar el autor?». Saltar esta pregunta puede causar malentendidos y aplicaciones incorrectas del texto. A continuación, se presentan algunos conceptos hermenéuticos fundamentales, los cuales te ayudarán a buscar el significado que el autor pretendía comunicar en un texto de la Escritura.
El método histórico-gramatical
Históricamente, muchos cristianos ortodoxos, incluidos aquellos en la tradición reformada, han empleado lo que se llama el método histórico-gramatical para discernir la intención del autor en la Escritura. Este método tiene sus raíces en la antigua escuela de interpretación de Antioquía, fue ampliamente utilizado durante la Reforma y hoy en día continúa gozando de un uso extendido en la iglesia. Se centra en el contexto histórico y en las formas gramaticales del texto bíblico.
En cuanto al contexto histórico, el lector debería hacerse preguntas como: ¿Quién es el autor? ¿Quién fue la audiencia original? ¿Alguna alusión cultural en el texto requiere una investigación adicional? Prestar atención a las formas gramaticales implica estudiar el significado de las palabras, comprender las relaciones sintácticas y reconocer las construcciones literarias del texto. Estudiar estas cosas ayudará al intérprete no solo a entender un pasaje específico, sino también a preguntar cómo se relaciona contextualmente ese pasaje con lo que lo precede o lo sigue. Para resumir la importancia de ver el texto en su contexto histórico y gramatical adecuado, se podría decir que las tres palabras más importantes que se deben recordar al interpretar la Biblia son estas: contexto, contexto, contexto.
La hermenéutica es la ciencia y el arte de la interpretación bíblica.
El método histórico-gramatical enfatiza la interpretación de la Escritura según su sentido literal. Este lenguaje es útil siempre y cuando entendamos que «literal» no significa reducir la naturaleza literaria del texto. Dado que la Escritura es literatura, a menudo incluye figuras retóricas, simbolismo, metáforas y otros recursos literarios. Interpretar la Escritura según su sentido literal significa identificar correctamente estos recursos y entenderlos de acuerdo con las reglas normales del género literario del texto. Entonces, cuando la Escritura utiliza simbolismo en poesía o textos proféticos, debemos interpretarlo simbólicamente; de lo contrario, estamos distorsionando el significado que el autor pretendía.
La analogía de la fe
Debido a que la Biblia tiene un autor divino además de autores humanos, también debe considerarse la intención del autor divino. A la luz de esto, un principio hermenéutico fundamental es la analogía de la fe, o la regla de la fe, que dice que la Escritura debe interpretar la Escritura. El capítulo 1 de la Confesión de Fe de Westminster explica: «La regla infalible de la interpretación de la Escritura es la Escritura misma. Por tanto, cuando hay duda acerca del total y verdadero sentido de algún texto (el cual no es múltiple sino único), debe investigarse y entenderse mediante otras partes que hablen más claramente» (1.9).
Más allá de afirmar que la Escritura tiene un solo sentido (el sentido literal, como se definió anteriormente), la confesión reconoce, como lo hace la Biblia misma en 2 Pedro 3:16, que algunos pasajes de la Escritura son más difíciles de entender que otros. Debido a que Dios no se contradice a sí mismo, tampoco Su Palabra contendrá contradicciones. Por lo tanto, cuando hay pasajes difíciles de entender en la Escritura, es necesario utilizar porciones más claras de la Escritura para interpretarlos.
Cristo en toda la Escritura
Una segunda implicación hermenéutica de la autoría divina de la Escritura es que, aunque la intención del autor divino nunca está en conflicto con la intención del autor humano, ella podría expandirse más allá de la plena comprensión del autor humano. Así, cuando la Confesión de Westminster habla sobre el «total y verdadero sentido» de la Escritura, reconoce que la revelación posterior de Dios arroja luz sobre Su revelación anterior.
El evangelio de Lucas afirma esta realidad cuando registra el encuentro del Jesús resucitado con los dos discípulos en el camino a Emaús. Lucas dice que «comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras» (Lc 24:27). Pocos versículos después, cuando se apareció a los once apóstoles restantes, Jesús les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, que incluían «todo lo que sobre Mí está escrito en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos» (Lc 24:44). Esta referencia explícita a la división triple de la Biblia hebrea indica que Jesús está afirmando que cada parte de las Escrituras del Antiguo Testamento da testimonio de Él. A través de una tipología responsable, especialmente al rastrear temas y patrones que el Autor divino ha tejido a lo largo de Su Palabra, podemos ver cómo todos los caminos en la Biblia conducen a Jesús.

