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Transcripción
Continuamos con nuestro estudio de los pactos bíblicos. En nuestra primera sesión, les mencioné que el papel básico del pacto es que es la estructura de la revelación de Dios en la historia. Y he usado este término más de una vez, la historia de la redención o historia redentora, porque la historia es el contexto en el que Dios lleva a cabo su plan de redención. Y esa idea se volvió muy polémica a mediados del siglo XX. De nuevo, estudiosos de la alta crítica, principalmente en Alemania –gente como Rudolf Bultmann– hizo una distinción entre lo que él llamaba Heilsgeschichte o historia de la salvación o simplemente historia.
Lo que él quería decir con Heilsgeschichte era algo que no tuvo lugar en el plano horizontal de la historia universal, sino algo que sucedió encima de la historia, en una especie de reino supratemporal. Bultmann abrazó una forma existencial de filosofía, y creía que la salvación no es algo que sucede a este nivel, sino que sucede verticalmente, o lo que él dijo, puntillosamente – zen krek von obren – inmediata y directamente desde arriba – una especie de cosa mística, cuando una persona tiene una experiencia de crisis de fe. Ahora, al mismo tiempo, dijo que la Biblia está llena tanto de mitología como de historia real; pero, para que la Biblia tenga algún significado para nosotros hoy, debe ser desmitificada, para arrancar la cáscara que contiene ese núcleo de verdad histórica.
De modo que, cualquier cosa que huela a lo sobrenatural, como el nacimiento virginal, los milagros de Jesús, la resurrección, y ese tipo de cosas, pertenece al reino del mito, no al reino de la historia; pero ese no es problema. Porque el punto de ese tipo de pensamiento existencial y de teología que impulsó a los teólogos alemanes en el siglo XX era que la salvación no tiene que estar enraizada y cimentada en la historia para que sea real. Todavía puedes tener el «evento de Cristo», que es una especie de momento existencial que la gente tiene, un momento de crisis y otros. Pero eso está muy lejos del concepto bíblico de la redención.
Oscar Cullman, el teólogo suizo y estudioso del Nuevo Testamento, escribió una trilogía de libros a mediados del siglo XX relacionados con este asunto de la historia redentora. Su primer libro se llamó Cristo y el Tiempo (Cristos ein Gestist – Cristo y el Tiempo) en el que examinó las referencias de marcos de tiempo de la Biblia, como años, días, horas, etc. Y su segundo libro fue sobre la persona de Cristo: la Cristología en el Nuevo Testamento. Pero su tercer libro se tituló La salvación en la historia, que era una refutación completa a Rudolf Bultmann, argumentando que la Escritura misma ve la revelación de Dios como inexorablemente atada y ligada a la historia real.
Dijeron que aunque existe tal cosa como la historia de la salvación, porque la Biblia nos da la historia de la redención, la historia de la salvación, pero que… y fue secundado en esa moción por el estudioso holandés del Nuevo Testamento, Hermann Ridderbos, quien hizo esta observación: «Sí, la Biblia no está escrita como un libro de historia ordinario. No es simplemente una cronología de las acciones del pueblo hebreo. Es más que eso. De hecho, es el desarrollo del drama de la obra de redención de Dios, por lo que es apropiado llamar a la Biblia historia redentora». Pero, donde los críticos dicen: «La Biblia no es historia; es historia redentora», personas como Cullman y Ridderbos responden y dicen: «Sí, es historia de la redención, pero es historia redentora».
El hecho de que se trate de la redención no es excusa para arrancarlo de su lugar y contexto en la historia real. La Biblia está llena de alusiones a la historia real. Cuando llegamos a los documentos del Nuevo Testamento, llegamos al nacimiento mismo de Cristo, la famosa historia de la Navidad. «César Augusto emitió el decreto de que todo el mundo debía ser inscrito, y eso tuvo lugar cuando Cirenio era gobernador de Siria». En otras palabras, el escenario para el nacimiento de Cristo fue situado en la historia real. Y gente como Poncio Pilato, y Caifás y otros, son verdaderos personajes históricos.
El faraón de Egipto, Ciro y Belsasar, y Nabucodonosor de Babilonia, son todas figuras históricas reales. Y de lo que habla la Biblia es de la obra de Dios en y a través del plano normal de la historia.Una vez más, una distinción que Oscar Cullman hizo en su primer libro de la trilogía, Cristo en el tiempo, fue la distinción entre dos palabras diferentes para «tiempo» en el griego. Una es la palabra chronos, y la palabra chronos es la palabra griega ordinaria que se refiere al paso del tiempo momento a momento.
Tengo en mi muñeca lo que comúnmente llamamos un reloj de pulsera, y el término más técnico para él es un cronómetro. Un cronómetro es algo que mide o mensura el chronos, que mide el tiempo, el simple paso de un día a otro, y a esto lo llamamos el «tiempo de la historia». Pero la otra palabra del Nuevo Testamento que se puede traducir como «tiempo» es la palabra kairós, y kairós tiene un significado especial. No es que simplemente sucedió en la historia, sino que es algo importantemente histórico. Importante en la historia.
Todo lo que sucede en el tiempo es histórico, pero no todo lo que sucede en el tiempo es importante. El término histórico también se usa para referirnos a momentos específicos en el tiempo que están impregnados de importancia y significado porque después de ese evento en particular, todo cambia. Y todo lo que sucede antes del evento, en cierto sentido, conduce a eso. Piensa en el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Ese fue un momento histórico en la historia de Estados Unidos. Cambió nuestra cultura para siempre.
El 11 de septiembre de 2001 cambió nuestra cultura nacional para siempre. Fue un acontecimiento histórico, un momento histórico. Pero estos dos momentos que fueron históricos, esos eventos kairóticos, no tienen lugar en alguna «tierra de nunca jamás» del pensamiento existencial gnóstico, sino realmente en el plano de la historia. En el corazón del anuncio bíblico de la venida del Mesías está la afirmación de que «Jesús vino en la plenitud de los tiempos, la plenitud de los tiempos». La palabra allí es pleroma y se traduce como «plenitud», pero es el tipo de plenitud que indica saciedad.
Si tomo mi vaso, y lo pongo debajo de la llave de agua en casa, y digo voy a llenar este vaso; si lo llenara hasta el borde del vaso, eso todavía no sería pleroma. Tendría que dejar el vaso debajo de la llave para que el agua fluya por encima o esté a punto de rebalsar; eso es pleroma, plenitud tan llena que no hay más espacio para que se le agregue otra onza o una gota de cualquier otra cosa. Y eso es lo que dice la Biblia: En el plan de Dios, Cristo vino en la «plenitud de los tiempos». Y toda esa idea está inseparablemente relacionada con el Evangelio mismo; que cuando Pablo anuncia el Evangelio en sus cartas, o la predicación en el libro de los Hechos, se habla de cómo Jesús nació según las Escrituras, en la plenitud de los tiempos, que Dios había preparado eso a lo largo de toda la historia.
Todo en la historia del Antiguo Testamento, antes del nacimiento de Cristo, se dirigía hacia ese momento kairótico. Y todo lo que viene después de eso, o después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, se refiere a esos momentos kairóticos que dieron forma a todo el futuro del pueblo de Dios. Pero una y otra, y otra vez, el contexto de la redención del pacto es historia real, no un ámbito espiritual que está fuera de los puntos de vista medibles de la historia, tal como la conocemos. Permítanme hablar brevemente sobre el significado de los términos que encontramos en la Biblia.
En el Antiguo Testamento, la palabra que es traducida por la palabra «pacto» es la palabra berith. Y nos encontramos con un pequeño problema cuando entramos en el Nuevo Testamento, porque recuerden, el Antiguo Testamento está escrito en hebreo y el Nuevo Testamento está escrito en griego. Ahora también tenemos la Septuaginta, que fue producida por los judíos exiliados durante la dispersión o la Diáspora cuando los judíos en ese momento durante el proceso de helenización de la conquista de Alejandro Magno, tenían a las naciones y pueblos subyugados hablando griego. Es por eso que los judíos hablaban griego o escribían en griego en tiempos del Nuevo Testamento.
Durante el tiempo de la escritura de la Septuaginta, para que las Sagradas Escrituras de los hebreos no se perdieran para el pueblo judío que ahora hablaba griego, un equipo de setenta estudiosos, estudiosos judíos, se reunió y tradujo las Escrituras Hebreas al griego. Y ese es un evento muy importante en la historia del judeocristianismo porque ahí comenzamos a ver cómo los conceptos del Antiguo Testamento fueron traducidos al idioma griego, un idioma que no era nativo de la gente del antiguo pacto. Y, sin embargo, el Nuevo Testamento ahora está escrito en griego y por lo tanto, tener la Septuaginta es casi como tener una traducción, un desciframiento de códigos, porque podemos comparar cómo los judíos tradujeron sus propias Escrituras al griego, y luego comparar con cómo los escritores del Nuevo Testamento usaron el mismo idioma. Es muy importante etimológicamente.
En todo caso, uno de los problemas con los que lidiaron los judíos que produjeron la Septuaginta en el momento de esta traducción, es qué palabra griega podemos usar para traducir el hebreo berith al idioma griego, porque el problema era que no había ninguna palabra que realmente coincidiera con el término hebreo berith que ahora se traduce por la palabra «pacto». Hubo un par de palabras que compitieron y el término que ganó el debate fue la palabra diatheke, que es la traducción del Nuevo Testamento, que es cómo la Septuaginta traduce berith y cómo en su mayor parte se usa diatheke en el Nuevo Testamento para traducir la palabra hebrea o el concepto hebreo de pacto. Y ahí es donde aparece algo de esta confusión entre el antiguo pacto y el Antiguo Testamento y el nuevo pacto y el Nuevo Testamento porque la palabra principal, o al menos parece ser, para «testamento» es la palabra «diatheke».
Pero aquí está el problema: un testamento en la cultura griega, al menos en ese momento, tenía un par de cosas que lo hacían significativamente diferente del concepto del pacto del Antiguo Testamento. Lo primero era que en la cultura griega, una diatheke -un testamento- era algo que podía ser cambiado en cualquier momento por el testador, siempre y cuando el testador siguiera vivo. La persona podía escribir su última voluntad y testamento y enojarse con sus herederos y sacarlos de su testamento. Les digo a mis hijos todo el tiempo cuando me hacen pasar un mal rato: «¡Estás fuera del testamento!»
Mi hijo y yo intercambiamos responsabilidades en los juegos de los Pittsburgh Steelers. Una semana yo soy responsable de que los Steelers ganen y luego la siguiente él es responsable de que ellos ganen. Y si los Steelers pierden durante su semana, esta es mi respuesta: «Ahí va tu herencia, hijo, no hay mucho en juego aquí, solo tu herencia; acabas de quedar excluido». Pero entendemos que eso realmente sucede, que las personas son desheredadas, que son excluidas del testamento de las personas. Pero, cuando Dios hace un pacto con Su pueblo, Él puede castigarlos por romper el pacto, pero nunca, nunca destruye las promesas del pacto que Él hace.
Es por eso que el bautismo es tan importante en la vida de la iglesia, porque el bautismo es la señal del pacto en el Nuevo Testamento, y hablaremos de eso luego, pero ahí es donde las promesas de Dios son hechas para aquellos que creen, y son sin arrepentimiento. Y así, en este caso, el término diatheke es inadecuado para traducir el término berith. La segunda forma en que se empobrece es que los beneficios del testamento o diatheke no se acumulan hasta después que el testador muere. Bueno, obviamente, cuando Dios entra en pacto con las personas, las personas no tienen que esperar a que Dios muera para heredar las bendiciones de ese pacto porque Él es incapaz de morir.
Entonces, con esas dos grandes debilidades, uno se pregunta por qué los traductores de la Septuaginta y la iglesia del Nuevo Testamento eligieron la palabra griega diatheke para traducir el hebreo berith. Quizás les esté diciendo más de lo que quieren saber sobre esto, pero creo que tiene algunos elementos significativos para nosotros, y es esto: recordemos que dije que el concepto del pacto entre los hebreos no es simplemente un acuerdo, sino que el concepto de berith es un acuerdo más… Hay un «más»; algo añadido al acuerdo; y ese algo añadido es la promesa divina, la sanción divina que descansa en última instancia en la integridad de Dios, y en su soberanía y no en nuestras debilidades como partícipes del pacto, lo cual es muy importante para que entendamos las promesas del pacto de Dios.
Ahora, la otra palabra que se consideró fue sinertheke y tiene el prefijo: s-i-n, que es el prefijo que encontramos en sinónimo, sincretismo, sincronización, y palabras así, y que simplemente significa «con». Y la idea de un sinertheke en la cultura griega era un acuerdo entre socios iguales. Y los hebreos no querían nada de eso. No querían usar eso como la traducción de berith porque querían dejar bien en claro que los pactos que Dios hace con su pueblo se hacen entre un superior y un subordinado, no entre dos partes iguales. Y por eso la palabra fue rechazada. Y regresaron a la palabra diatheke porque en su uso original, antes de que se desarrollara en la cultura griega como una palabra para «testamento», como he dicho, se refería a lo que se llama «la disposición hacia uno mismo».
Un diatheke, que más tarde llamamos testamento, tiene que ver con cómo un individuo dispone de sus bienes o propiedades con respecto a sí mismo; es decir, se refiere a la determinación soberana de a quién se le dará su patrimonio. De modo que, ese es un elemento que corresponde bien con el concepto hebreo, porque aquí Dios elige dar promesas a quien Él les dará esas promesas. Él hace un pacto con Abraham que no hace con Hammurabi. Él escoge a los judíos; no elige a los filisteos. Entra en una relación de pacto con ellos y dice: «Yo seré Su Dios y ustedes serán Mi pueblo». Y esa es una elección que no hacen los judíos, sino que Dios hace. Y eso indica, de nuevo, ese «más».
Por lo tanto, a pesar de que en la palabra griega diatheke hay cierta confusión sobre su contenido en la cultura griega, ella, más que cualquier otra palabra en el idioma, comunica esa idea del «más» que es tan importante para nuestra comprensión de la noción hebrea de pacto. De nuevo, les estoy dando eso a modo de introducción. Al examinar los diversos pactos de las Escrituras, espero que eso quede más claro, y la importancia que tiene para nuestra comprensión de la estructura de la revelación divina.
Una última cosa en esta sesión. Como he mencionado, usamos las frases «Antiguo Testamento», «Nuevo Testamento», «antiguo pacto», «nuevo pacto»; y a veces bromeo con mis estudiantes y les pregunto: «¿Quién es el profeta más importante del Antiguo Testamento?» Y ellos dicen: «Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel», y respuestas así. Y yo les digo: «No, no, el profeta más grande en el Antiguo Testamento es Juan el Bautista». Y dicen: «¿A qué se refiere? ¡Está en el Nuevo Testamento!» Realmente estoy jugando con ellos. Ustedes saben que Jesús dijo: «Entre los nacidos de mujer no se ha levantado nadie mayor que Juan el Bautista».
Bueno, Juan el Bautista nace en el libro, leemos de su nacimiento en el libro que llamamos el Nuevo Testamento. Pero, en términos de la historia de la redención, o la economía de la redención de Dios, el nuevo pacto aún no había sido establecido cuando nació Juan el Bautista. Leemos acerca de él en el libro llamado el Nuevo Testamento, pero el período de la historia redentora en el que Juan nace es el período del Antiguo Testamento. Todavía pertenece a ese período de la historia redentora.
Hay debates interminables sobre cuándo comienza realmente el Nuevo Testamento o el período del nuevo pacto. Y la gente dice que comienza en Pentecostés o comienza aquí, comienza allá. Estoy convencido de que el nuevo pacto comienza en el aposento alto la noche antes de la muerte de Jesús, cuando Él cambia el significado de la Pascua y declara la realización de un nuevo pacto en Su sangre, pacto que luego se ratifica al día siguiente en la cruz. Y ahí es cuando creo que el período de la historia redentora que llamamos el nuevo pacto realmente comienza con esa obra de Cristo.
Sin embargo, ustedes ven la confusión, porque en nuestro uso más ordinario del lenguaje, cuando hablamos del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, no estamos hablando de dos pactos; estamos hablando de dos libros: las Escrituras del Antiguo Testamento y las Escrituras del Nuevo Testamento. De modo que estamos hablando de dos segmentos del canon bíblico: uno que llamamos el Antiguo Testamento y el otro el Nuevo Testamento. En ese sentido, el uso de la palabra no tiene nada que ver con el concepto de testamento o voluntad; sino que al hablar de nuevo pacto o antiguo pacto, no los estamos usando exactamente como sinónimos del concepto de testamento.
Una cosa más antes de terminar, y que espero los mueva a escuchar la siguiente sesión, es que el antiguo pacto o el período de redención del antiguo pacto no cubre toda la historia del Antiguo Testamento porque el antiguo pacto no comienza sino hasta la caída. El antiguo pacto, cuando nos referimos al antiguo pacto, nos estamos refiriendo a lo que Dios prometió después de la caída; así que ahora tenemos que hacer más distinciones y distinguimos entre lo que llamamos el Pacto de la Creación y el Pacto de la Redención, y exploraremos esas distinciones en nuestra próxima sesión.






