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Transcripción

En el Nuevo Testamento, el libro de los Hechos es usualmente entendido como el libro que trata de los hechos de los apóstoles.  Sin embargo, algunos estudiosos han dicho que sería mejor que se llamara los Hechos del Espíritu Santo, ya que el personaje central manifestado en este libro es la tercera persona de la Trinidad, el cual habilita, faculta y quién dirige a su iglesia en su período inicial de expansión.

Ahora, sabemos que el libro de Hechos fue escrito por Lucas, quien también escribió el Evangelio de Lucas. El libro de los Hechos es más o menos el Evangelio de Lucas, segunda parte o volumen II; donde Lucas continúa la historia narrativa de la iglesia primitiva desde el final del ministerio terrenal de Jesús y luego nos dice cómo la iglesia creció y se trasladó a su campo de trabajo fijado.

Ahora, es importante para nosotros, si queremos entender el libro de los Hechos que veamos el bosquejo que sigue el autor del libro. Ustedes recuerdan que cuando Jesús dio la Gran Comisión a sus discípulos, antes de partir, les dijo que «iban a ser sus testigos».

¿Dónde? En Jerusalén, Judea, Samaria, y hasta lo último de la tierra. Ahora, piensen en esto. Todo comienza en Jerusalén. Ahora, ¿en qué parte de Palestina encontramos Jerusalén? Está en Judea, en la parte sur del país. Galilea está en el norte y la parte norte del país está separada o dividida desde el sur, la cual es Judea, por Samaria.

Es entonces que lo que Jesús hace es ordenar a la iglesia que se mueva básicamente desde el centro en círculos concéntricos, de tal manera que el ministerio de la iglesia cristiana, la naciente iglesia, empieza en Jerusalén; luego se mueve al círculo de Judea, y luego se aleja y se incorpora a Samaria y desde allí hacia todo el mundo, hasta los confines de la tierra.

La forma en que el libro se desarrolla, el libro de los Hechos, es que empieza en Jerusalén y nos dice lo que está pasando en la iglesia primitiva en Jerusalén. Luego empezamos a escuchar de su expansión hacia Judea, después a Samaria.

Y la mayor parte del libro sigue los viajes misioneros del apóstol Pablo, quien luego está llevando el evangelio a los gentiles, hasta los confines de la tierra.  Ahora, para ver cómo esto progresa, es decir para saborearlo un poco, veamos por un segundo el capítulo ocho del libro, del libro de los Hechos.

El capítulo siete nos narra la historia del martirio de Esteban y leemos que Saulo, quien era el fariseo que estaba persiguiendo a la iglesia, estaba consintiendo en la muerte de Esteban. Luego, en el capítulo 8 leemos: «En aquel día se desató una gran persecución en contra de la iglesia en Jerusalén, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria».

Permítanme parar ahí. Vemos que lo que mueve la expansión de la iglesia en este período de la historia es la persecución. Y la persecución que Lucas está describiendo en este punto no es la persecución que vendría más tarde a manos del Imperio Romano, sino una persecución local que está ocurriendo en Jerusalén.

La persecución se vuelve muy severa y uno de los principales perseguidores es este tipo, Saulo de Tarso. Pero, como resultado del calor que genera esta persecución, la iglesia original es dispersada. Muchos miembros son dispersados por toda Judea y Samaria.

Ahora, lo que no mencioné fue el final de esa frase que acabo de leer y lo hice a propósito. Permítanme leer la declaración completa de nuevo: «y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles». Entonces leemos en el versículo 4: «Así que los que habían sido esparcidos iban predicando la palabra».

Ahora, una de las cosas que tenemos que entender sobre la iglesia primitiva era que realmente el sacerdocio de todos los creyentes estaba funcionando en esta comunidad, ya que el evangelio que fue predicado y que estaba expandiéndose y penetrando hacia el exterior desde Jerusalén, inicialmente no estaba siendo llevado por los apóstoles.

Por el contrario, toda la iglesia fue dispersada; se nos dice que todos fueron dispersados, excepto los apóstoles y que los que fueron esparcidos iban predicando el evangelio.  Y así fue que el cuerpo de Cristo fue fortalecido por el Espíritu Santo en medio de la persecución que llegó y penetró el mundo.

Y llegaron a ser conocidos como el pueblo que puso al mundo de cabeza. Porque había, a pesar de que los apóstoles establecieron ministerios con ancianos y diáconos y otros cargos parecidos, sin embargo, se le dio a toda la iglesia la responsabilidad de asegurarse que la misión y la comisión de Cristo se llevase a cabo en todo el mundo.

Ahora, en este mismo capítulo leemos el relato de Felipe descendiendo a la ciudad de Samaria y predicando de Cristo, y su encuentro con este mago que se llamaba Simón. El versículo nueve dice: “Y cierto hombre llamado Simón, hacía tiempo que estaba ejerciendo la magia en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran personaje; y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención, diciendo: Este es el que se llama el Gran Poder de Dios.

Le prestaban atención porque por mucho tiempo los había asombrado con sus artes mágicas. Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Cristo Jesús, se bautizaban tanto hombres como mujeres.  Y aún Simón mismo creyó; y después de bautizarse, continuó con Felipe, y estaba atónito al ver las señales y los grandes milagros que se hacían».

Ahora, en el versículo 14, «Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, quienes descendieron y oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo, pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo».

Así que lo que leemos aquí es el avance del evangelio en Samaria. Y con los primeros convertidos a Cristo en Samaria, cuando estas personas creyeron y las noticias volvieron a Jerusalén, una delegación de los apóstoles fue a Samaria a investigar lo ocurrido.  Cuando se enteraron de que el evangelio había penetrado Samaria y alrededores, ellos hicieron la pregunta ¿han recibido el Espíritu Santo?

Y la respuesta fue: No, no habían recibido el Espíritu; así que, los apóstoles impusieron sus manos sobre los creyentes samaritanos y todos recibieron el Espíritu Santo. Ahora, si continuáramos en el libro de Hechos veremos un fenómeno similar que se llevó a cabo en el capítulo 10.

Veámoslo por un segundo, el cual nos da el registro de lo que sucede en la casa de Cornelio. El capítulo 10 de Hechos dice esto:»Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que daba muchas limosnas al pueblo judío y oraba a Dios continuamente».

Ahora, ¿quién es este hombre Cornelio a quien se le dedica un par de capítulos en el libro de Hechos?  Hasta ahora simplemente hemos leído que él era un hombre devoto. Ahora, en el Nuevo Testamento encontramos varios grupos distintos de personas.

Encontramos los fariseos, los saduceos, los escribas, los Zelotes, y todos estos distintos grupos. Pero en términos de la iglesia primitiva, una de las preguntas dominantes que la iglesia del primer siglo enfrentó fue: «¿Cómo estos distintos grupos de personas que encontramos encajan en la iglesia?» Y los cuatro grupos principales de personas sobre las cuales el Nuevo Testamento se refiere en términos de su estatus en la comunidad de la iglesia fueron, en primer lugar, los judíos, luego los samaritanos, luego el tercer grupo de los temerosos de Dios y el cuarto grupo se llamaban simplemente los gentiles.

Ahora sabemos que la iglesia en el Nuevo Testamento empezó con los judíos conversos. El día de Pentecostés se produjo en medio de una fiesta judía, la fiesta del Pentecostés y todos los que fueron llenos del Espíritu Santo en ese día eran judíos creyentes.

Y los judíos convertidos al Mesías vinieron a ser el centro y el núcleo de la iglesia del primer siglo.  Pero ahora el Evangelio está llegando más allá de la comunidad judía, y personas están siendo convertidas a Cristo, que son de estos otros grupos, el primero de los cuales es el grupo conocido como los samaritanos. Ahora, sabemos por los Evangelios que había una hostilidad y animosidad profundamente arraigada entre los Judíos y samaritanos.

Y aun se nos dice que los Judíos no se trataban con los samaritanos. Entonces, cuando la noticia llega de nuevo a Jerusalén de que un grupo de samaritanos había recibido a Cristo y creían la enseñanza del Reino de Dios, no es de extrañar que se envíe una delegación allá para investigarlo.

Y entonces lo que ocurre es que cuando los apóstoles van a los samaritanos e interrogan a los creyentes, descubren que aún no habían recibido el don del Espíritu Santo, ¿Qué hicieron ellos?

Dieron un paso atrás y dijeron: ‘Bueno, lo siento, la medida completa del derramamiento del Espíritu Santo que recibimos en Jerusalén, el día de Pentecostés, no es para ustedes; ustedes son samaritanos. Ustedes pueden ser parte del Reino de Dios, pero deben permanecer como ciudadanos de segunda clase’.

Por el contrario, los apóstoles pusieron sus manos sobre los samaritanos y los samaritanos recibieron el Espíritu Santo. Ahora, eso es crucial en el libro de Hechos y es crucial para el entendimiento de la iglesia en el Nuevo Testamento. Porque ahora, al menos, vemos que la iglesia no se limita a los Judíos.

El cuerpo de Cristo ahora incluye samaritanos. Samaritanos que han abrazado a Jesús, samaritanos que han sido ungidos con el Espíritu Santo.  Entonces, el siguiente grupo sobre el cual hay un cuestionamiento es el grupo llamado: los temerosos de Dios.

Los temerosos de Dios eran básicamente personas de habla griega, como Cornelio. Ellos eran gentiles que se habían convertido parcialmente al judaísmo. Ahora, cuando digo “parcialmente convertidos”, lo que quiero decir es esto: si un gentil quería convertirse al judaísmo en este momento de la historia, tenía que hacer varias cosas.

En primer lugar, tenían que abrazar las enseñanzas del pacto, las enseñanzas de Moisés, la enseñanza de la ley y todo lo demás. Es decir, tuvieron que hacer una profesión de fe en las doctrinas del judaísmo. En segundo lugar, tenían que someterse a un baño de purificación, porque eran considerados impuros, dado que eran gentiles.

Y en tercer lugar y lo más significativo, tenían que ser circuncidados. Una cosa es que los bebés sean circuncidados; otra diferente es que hombres adultos se sometan al rito de la circuncisión. Así que muchos de estos hombres que fueron convertidos a las enseñanzas del Antiguo Testamento dijeran: ‘Creo que quiero ser parte del grupo. Pero si les da lo mismo a ustedes, quisiera ser excusado del rito de la circuncisión’.

Entonces estas personas eran recibidas realmente como una especie de miembro de segundo nivel en la comunidad, quienes no eran considerados como completos Judíos de pleno derecho, pero tampoco eran considerados solo como parias gentiles. Solo se les dio el nombre de temerosos de Dios.

Y ese era del tipo de persona como Cornelio. Él estaba en ese grupo. Así que tenemos que preguntarnos a nosotros mismos, ¿por qué Lucas le dio tanta atención a este relato de Cornelio? Leemos en el capítulo 10, el versículo 34, «Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas».

Una vez más, uno de los principales temas de Lucas, tanto en el Evangelio como en el libro de Hechos, es demostrar la universalidad de la aplicación del evangelio. «Sino que en toda nación el que le teme y hace lo justo le es acepto. El mensaje que Él envió a los hijos de Israel, predicando paz por medio de Jesucristo, que Él es Señor de todos; vosotros mismos sabéis lo que ocurrió en toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que Juan predicó. Vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder».

Y luego él continúa y da un resumen del ministerio de Jesús. En el versículo 44 leemos: «Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje. Y todos los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, pues los oían hablar en lenguas y exaltar a Dios».

Lo que tenemos registrado es una especie de un mini Pentecostés. Así como el Espíritu cayó en el día de Pentecostés con los judíos, despúes cayó en los creyentes samaritanos. Ahora está cayendo sobre los temerosos de Dios, en conexión con Cornelio y su casa.

Pedro respondió, es decir, habló para el asombro de los judíos que estaban presentes, quienes no podían entender cómo estas personas no circuncidadas podían estar recibiendo el don del Espíritu Santo. Pedro respondió: «¿Puede acaso alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros? Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedara con ellos unos días».

¿Cómo Pedro entiende esta experiencia? El dijo, ‘Ey, si Dios ha dado su Espíritu Santo a los temerosos de Dios, ¿cómo podemos retener de ellos la señal del Nuevo Pacto, la señal de la iglesia de Jesucristo, la señal del bautismo en agua?’ Y así fueron bautizados no solo en el Espíritu, sino con agua. Entonces vemos ahora que tres de estos cuatro grupos son recibidos en la vida de la Iglesia.

Entonces lo que sigue, como he dicho, es la expansión de la iglesia de un lado al otro por todo el mundo, el mundo de ese día. A Grecia, a Roma, a las islas, a Asia Menor mientras Pablo continúa sus viajes misioneros. Leemos más adelante en el libro de Hechos del ministerio de Pablo en Éfeso, donde los cristianos efesios tienen su propio pequeño mini Pentecostés, donde también reciben el Espíritu Santo de una manera similar a lo que ocurre con los Samaritanos, y lo que pasó en la casa de Cornelio.

Es como si Lucas nos lleva a través de este viaje por la expansión de la iglesia, como dije, en círculos concéntricos, empieza en Jerusalén, Judea, Samaria, Galilea, y los confines de la tierra e incluye en su historia de la iglesia primitiva la conversión de estos cuatro grupos, ya que los efesios no eran temerosos de Dios inicialmente; eran solo gentiles comunes y corrientes.

De nuevo, cuando lleguemos a las epístolas del Nuevo Testamento, veremos que la controversia más feroz que estalló en la iglesia primitiva era la pregunta sobre ¿cómo hacer que los gentiles encajen?

Y Pablo tiene que enseñar a la iglesia el misterio, el mysterion. El misterio que una vez estuvo oculto, pero ahora estaba siendo revelado, el cual era “Cristo en ustedes”, es decir, Cristo en los gentiles. Cristo llegó a ser ahora la esperanza no solo de Israel, sino de toda la comunidad gentil.

Ahora ese motivo nunca lo reconoceremos en su plenitud cuando lleguemos a las epístolas del Nuevo Testamento, a menos que hayamos notado primero lo que está pasando en el libro de Hechos, donde Lucas nos reporta no solo las labores de Pablo, sino particularmente la obra del Espíritu Santo, quien da poder a la iglesia para llevar a cabo y cumplir la Gran Comisión, que el Espíritu va delante de la predicación de la Palabra, y es el Espíritu quien abre los ojos de los Judíos.

Es el Espíritu quien abre los ojos de los samaritanos. Es el Espíritu el que abre los ojos de los temerosos de Dios y de los gentiles. Y mientras son convertidos a Cristo, ellos reciben plena inclusión en su cuerpo cuando reciben el Espíritu Santo.

Ahora me temo que en nuestros días tenemos la tendencia a tener una visión muy pobre de Pentecostés. Es que el día de Pentecostés es una explosión del poder redentivo divino sobre el mundo, sobre esta iglesia. Y ya no es algo que esté restringido o apartado para un pueblo, sino que ahora el misterio que se ocultaba en épocas pasados está siendo desplegado. Dios va a unir a gente de toda lengua, cada tribu y cada nación, juntándolos en el Cuerpo de Cristo. Cada uno de ellos visitado y fortalecido por su Espíritu.