
El duelo por la pérdida de un ser querido
8 septiembre, 2026Cinco maneras de procurar el contentamiento
¿Cuándo fue la última vez que te miraste al espejo y quisiste cambiar lo que veías? Durante el último mes, ¿acerca de qué has dicho: «quiero eso»? Cuando tu amigo recibió el ascenso, adquirió aquello que deseabas o alcanzó el prestigio que creías merecer, ¿cuál fue tu reacción?
A la mayoría de las personas les resulta muy difícil estar satisfechas. El contentamiento es difícil porque somos personas caídas que viven en un mundo caído. Ya no adoramos únicamente a Dios ni trabajamos para su gloria. Hasta que Jesús regrese, lucharemos contra la tentación de querer a Cristo y además a alguien o algo más. Pero cobra ánimo. Si estás unido a Cristo por medio de la fe, puedes tener un contentamiento verdadero, aunque no perfecto. La Biblia nos enseña al menos cinco maneras de procurar el contentamiento.
1. Regocíjate en el Señor.
Puesto que «todos [pecamos] y no [alcanzamos] la gloria de Dios» (Ro 3:23), nuestros corazones ya no adoran exclusivamente a Dios. Hemos «[cambiado] la verdad de Dios por la mentira, y [adoramos y servimos] a la criatura en lugar del Creador» (Ro 1:25). Por tanto, si queremos cultivar el contentamiento, debemos volver a adorar únicamente a Dios. Sean cuales sean nuestras circunstancias, debemos regocijarnos en el Señor:
Aunque la higuera no eche brotesa […],
Con todo yo me alegraré en el Señor,
Me regocijaré en el Dios de mi salvación (Hab 3:17-18).
2. Confía en el Señor
Una de las razones por las que nos resulta difícil estar contentos es que, en el fondo, no confiamos de verdad en que Dios nos ama y hace que todas las cosas cooperen para nuestro bien (Ro 8:28). Sin embargo, cuando «[miramos] cuán grande amor nos ha otorgado el Padre: que seamos llamados hijos de Dios» (1 Jn 3:1) y creemos «que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien» (Ro 8:28), entonces podemos descansar en sus planes para nuestra vida. Debido a que Él ha «determinado [los] tiempos y las fronteras de los lugares donde [vivimos]» (Hch 17:26), podemos dejar de intentar controlar quiénes somos y lo que tenemos. En cambio, podemos contentarnos con la verdad de que el Señor es Rey sobre todo, incluso nuestras vidas:
Confía en el Señor […].
Pon tu delicia en el Señor,
Y Él te concederá las peticiones de tu corazón (Sal 37:3-4).
3. Mantén una perspectiva eterna
Si vivimos para las cosas de este mundo, nunca hallaremos contentamiento. Jesús exhortó a sus seguidores a «[acumular] tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6:20-21). Pablo enseñó a Timoteo que «la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él» (1 Ti 6:6-7). En lugar de buscar los placeres de este mundo, debemos perseguir «la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidad» y «[echar] mano de la vida eterna a la cual [fuimos llamados]» (1 Ti 6:11-12).
En última instancia, nuestro descontento es con Dios, quien ha ordenado nuestras circunstancias.
4. Permite que tus debilidades magnifiquen el poder de Cristo
Si somos sinceros, no nos gusta ser débiles. A muchos nos han enseñado a ocultar nuestras debilidades y exhibir nuestras fortalezas. Sin embargo, la Biblia enseña que «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12:10). Esto se debe a que nuestras debilidades revelan la suficiencia de la gracia de Cristo, y es el poder de Cristo el que «se perfecciona en la debilidad» (2 Co 12:9). Por tanto, podemos «[complacernos] en las debilidades» (2 Co 12:10).
5. No codicies lo que otros tienen
Es muy tentador mirar a familiares, amigos, hermanos de la iglesia, vecinos y compañeros de trabajo, y desear lo que ellos tienen. A menudo nos preguntamos por qué Dios no nos ha concedido precisamente aquello por lo que oramos, en especial cuando parece algo bueno y legítimo, como un cónyuge o hijos. Sin embargo, la Biblia nos enseña que Dios determinó el tiempo en que vivirá cada persona, así como «las fronteras de los lugares donde viven» (Hch 17:26). Y lo mejor de todo es que, en estos momentos y lugares que Él ha dispuesto para nosotros, Dios quiere que lo busquemos, porque «Él no está lejos de ninguno de nosotros. Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17:27-28).
También puede ser tentador observar los dones de los demás y codiciarlos. No obstante, «a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo», y Él es quien «dio dones a los hombres […] para la edificación del cuerpo de Cristo» (Ef 4:7-8, 12). Por tanto, podemos tener la certeza de que tenemos los dones que Cristo quiso darnos y no necesitamos codiciar los de nadie más. En lugar de ello, podemos animar a los demás a administrar bien los dones que han recibido, para que «Dios sea glorificado mediante Jesucristo» (1 P 4:10-11).
En última instancia, nuestro descontento es con Dios, quien ha ordenado nuestras circunstancias. Si hoy estás luchando con este pecado, recuerda regocijarte en el Señor y confiar en Él, mantener una perspectiva eterna, dejar que tus debilidades magnifiquen el poder de Cristo y no codiciar lo que otros tienen. Entonces, por la gracia de Dios, podrás testificar: «He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación […]. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil 4:11, 13).
