¿Cómo debo relacionarme con mi hijo rebelde?
1 septiembre, 2026¿Cómo puedo vivir como cristiano en mi lugar de trabajo?
«Sabes, Alex, aparte de ser una fuente de ingresos, lo que hago en mi trabajo carece bastante de sentido». Eso fue lo que me dijo un exitoso empresario cristiano cuando yo tenía veintitantos años. Era un hombre humilde, y lo que quería decir era que el trabajo muchas veces parecía un mal necesario.
Es admirable que mi amigo, mayor que yo, no basara su identidad en su trabajo, pues esa es una tentación que hacemos bien en evitar. Solo Cristo puede darnos el sentido y la importancia que muchos buscan en su profesión. Pero ¿deberíamos considerar nuestro trabajo como algo sin sentido? ¿Podrían las Escrituras ofrecernos una visión más rica y esperanzadora de las actividades a las que dedicamos la mitad de nuestras horas de vigilia? ¿Qué significa trabajar como cristiano?
El trabajo como adoración
Con frecuencia, escuchamos a la gente contrastar el trabajo cristiano con el trabajo secular. El ministerio a tiempo completo es un llamado singular e importante, digno de doble honor (He 13:7; 1 Ti 5:17). Sin embargo, el cristiano debe vivir toda su vida coram Deo, delante del rostro de Dios. Por tanto, toda actividad que contribuya al bien de los demás y sea ofrecida a Dios en una obediencia que nace de la fe es trabajo cristiano.
Romanos 12:1 nos exhorta a ofrecernos a Dios «como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional». No se trata de un acto que realizamos una sola vez, sino de una ofrenda continua. Toda nuestra vida debe estar consagrada a Aquel que vivió y murió «para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Co 5:15). No lo hacemos para ganarnos el favor de Dios, sino porque ya lo hemos recibido y experimentado.
Todo lo que hacemos importa, pues cada una de nuestras acciones, emociones y motivaciones debe formar parte de la adoración espiritual a la que hemos sido llamados. En nuestro lugar de trabajo, debemos producir o distribuir bienes y servicios como si los ofreciéramos al Señor mismo. Debemos trabajar de todo corazón, como para el Señor y no para el hombre (Col 3:23). Procuramos alcanzar la excelencia en nuestro trabajo para agradar a Dios, no para obtener recompensas terrenales.
El trabajo como amor al prójimo
Martín Lutero solía decir: «Dios no necesita nuestras buenas obras, pero nuestro prójimo sí». Nuestro trabajo nos proporciona formas concretas de amar a nuestro prójimo. Con demasiada frecuencia, usamos la expresión «un buen trabajo» para referirnos únicamente a un empleo bien remunerado. No hay nada malo en recibir una remuneración justa, pues la independencia financiera y el contentamiento son fomentados en las Escrituras (1 Ts 4:11-12; 1 Ti 5:8; He 13:5), pero ni el dinero ni la posición social deberían ser nuestra motivación principal. ¿Qué debería impulsarnos entonces? El amor a Dios y al prójimo.
En nuestro trabajo debemos procurar ser útiles: mejorar la vida de las personas, promover el orden y aliviar el sufrimiento. Esto forma parte de un principio más amplio: el cristianismo beneficia a la sociedad. Nos convierte en mejores esposos y esposas, padres y madres, ciudadanos y empleados. La fe cristiana nos hace útiles tanto para los cristianos como para quienes no lo son. No todo trabajo valioso recibe una buena remuneración. No toda buena labor se presta a recibir elogios frecuentes. Sin embargo, todo buen trabajo es útil.
El trabajo como vocación
Reconocer la mano de Dios al llamarnos a determinados ámbitos laborales para el bien de los demás puede brindarnos un mayor sentido de gozo y propósito, independientemente de las circunstancias particulares. ¿Tu jefe no valora lo que haces? ¿Es difícil trabajar con tus compañeros? ¿Tus clientes nunca parecen satisfechos? Aun así, tu trabajo es un llamado de Dios. Cuando la fidelidad es nuestra meta y la alabanza de Dios nuestro propósito, resulta más fácil sobrellevar las frustraciones. Jesús es nuestro ejemplo: cuando lo insultaban, «se encomendaba a Aquel que juzga con justicia» (1 P 2:23).
Afortunadamente, en muchos sentidos tenemos la libertad de dedicarnos al trabajo para el que estamos mejor capacitados. En la medida de lo posible, deberíamos buscar una ocupación que nos permita aprovechar al máximo nuestros dones, temperamento, talentos y preferencias. De esa manera, nuestro trabajo será menos una labor tediosa y se acercará más a lo que Dorothy Sayers describió como aquello en lo que «encontramos satisfacción espiritual, mental y corporal» y como «el medio en el que nos ofrecemos a Dios».
Si estás buscando empleo, confía en la providencia de Dios mientras desarrollas las capacidades y preparas el currículum necesarios para conseguir el puesto que deseas. Considerar nuestro trabajo como una vocación nos recuerda que debemos ser fieles en nuestra situación actual, conscientes de que, al menos por ahora, Dios nos ha colocado aquí.
El trabajo como preevangelización
Por medio de las buenas obras que nuestro empleo nos permite realizar, adornamos el evangelio de la gracia de Dios (Tit 2:9-10); es decir, hacemos que resulte más atractivo para los demás. El lugar de trabajo nos permite relacionarnos con personas no cristianas a quienes quizá nunca conoceríamos de otra manera. La bondad hacia nuestros compañeros crea oportunidades para hablar de la obra de Cristo, tanto en la cruz como en nuestra vida. A medida que se presenten esas oportunidades, debemos acercarnos a los demás, hablar la verdad en amor y pedir a Dios que les conceda arrepentimiento.
Cristo tenía esto en mente cuando nos enseñó a dejar que nuestra luz brille delante de los demás, para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos (Mt 5:16).
El trabajo como medio de santificación
Por último, en la medida en que nuestro trabajo conlleve dificultades —y sin duda las habrá en un mundo caído—, este se convierte en un medio de santificación. Teniendo esto presente, podemos considerar como sumo gozo el hecho de enfrentarnos a diversas pruebas, pues sabemos que la prueba de nuestra fe produce perseverancia (Stg 1:2-3). Demos gracias a Dios porque Aquel que comenzó esta buena obra será fiel en completarla (Fil 1:6).
Querido cristiano, lo que haces en tu lugar de trabajo no carece de sentido. Es una parte importante del llamado de Dios para tu vida: un ámbito en el que puedes ofrecer adoración espiritual, contribuir al bien común y amar a tu prójimo mediante buenas obras..