
3 maneras de enseñar teología a los jóvenes
6 enero, 2026¿Cómo puedo crecer en mi fe?
Este es el tercer artículo de la colección de artículos: Los fundamentos del discipulado cristiano
Imagina a un hombre que se está ahogando en un mar turbulento y al que le lanzan un salvavidas. Desesperado, lo agarra, se aferra a él, se mete adentro. Finalmente, comienza a mantenerse a flote sobre las temibles olas. Aún lleno de temores y dudas, le angustia la posibilidad de que el salvavidas falle de algún modo y sea tragado por las profundidades. Imagina que se da cuenta de que el salvavidas tiene un pequeño folleto impermeable sujeto a él. El hombre angustiado, a pesar de las circunstancias, comienza a leer y descubre que el folleto resalta las virtudes de su salvavidas. Lee acerca de los materiales con los que está hecho, las características de su diseño y sus cualidades excepcionales de flotabilidad y fiabilidad. Lee cómo ha sido probado rigurosamente, cómo ha soportado las cargas más pesadas en los mares más embravecidos y que nadie que se haya aferrado a él se ha ahogado jamás. A medida que lee, su confianza aumenta.
¿Sigue él en medio de las tormentas del mar? Sí. ¿Podrían algunas grandes olas ocasionales causarle aún una profunda preocupación? Sí. ¿Está él más seguro o protegido que antes? No. Está tan seguro y protegido como cuando se aferró por primera vez a ese salvavidas, solo que ahora tiene una confianza mayor y en constante crecimiento en su capacidad para sostenerlo a través de todos los peligros y problemas que enfrenta, hasta que finalmente es rescatado de las aguas y llevado a tierra firme.
Reconociendo las limitaciones de la ilustración, permíteme sugerir algunos paralelismos para el crecimiento de la fe. Cuando un pecador confía por primera vez en Jesús, ese pecador es salvado y está seguro. Nadie ni nada puede arrebatarlo de las manos de Jesús. Él está todo lo seguro que puede estar. Pero puede que no comprenda completamente su seguridad. Tiene el conocimiento necesario para venir a Cristo, pero aún necesita conocer más al Cristo al que ha venido. Su confianza solo aumentará a medida que conozca más al Salvador en quien confía. ¿Cómo se puede lograr esto?
El crecimiento espiritual viene a través de las Escrituras. Este es el libro que no solo hace sabio al hombre para la salvación por la fe en Cristo, sino que también perfecciona al hombre de Dios.
En primer lugar, el crecimiento espiritual viene a través de las Escrituras. Este es el libro que no solo hace sabio al hombre para la salvación por la fe en Cristo, sino que también perfecciona al hombre de Dios. Los cristianos siempre necesitan el evangelio. Necesitamos mantener nuestros ojos fijos en Cristo, considerar al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra confesión, Cristo Jesús (Heb 3:1). Observa cómo, frente a todas las trampas y aflicciones de la vida cristiana, todas las distracciones y engaños de las falsas enseñanzas, los apóstoles ponen a Cristo y a Él crucificado ante los ojos del pueblo de Dios para el crecimiento de su fe. Al estudiar a Cristo en las Escrituras, estamos mirando a Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe, y así nuestra fe crece.
Una segunda manera de crecer en la fe es orar a Dios para que Su Espíritu aumente nuestra fe. Él es el dador de la fe y, por lo tanto, debe ser quien la fortalezca. Los discípulos oraron: «¡Auméntanos la fe!» (Lc 17:5). Un padre angustiado clamó: «Creo; ayúdame en mi incredulidad» (Mr 9:24). Estas oraciones nos recuerdan que la fe verdadera puede ser más débil o más fuerte, y nos muestran que una de las formas en que la fe se fortalece es al pedir por esto. En respuesta, Cristo nos muestra más de Sí mismo. ¿Quizás no tenemos porque no hemos pedido (Stg 4:2)?
Otra manera dulce de crecer en la fe es por medio de la comunión con los santos. El mundo buscará debilitar nuestra fe y Satanás la atacará, desviándonos de Cristo, distrayéndonos de la verdad y demandando nuestra atención para otras cosas. Una manera deleitosa de contrarrestar esto es pasando tiempo con el pueblo de Dios, hablando de lo que pertenece al reino (Mal 3:16-18). En tal comunión con los santos, nuestro sentido de las cosas celestiales se renueva y restaura, y se nos imparte consuelo (1 Ts 4:18, 5:11).
Eso nos lleva a la experiencia, tanto la nuestra como la de los demás. Leer nuestras Biblias nos muestra cómo la fe del pueblo de Dios aumenta a través de las pruebas. Abraham, el padre de los creyentes, tuvo tanto pruebas como triunfos de fe (Ro 4:20). Los salmistas se fortalecían al recordar las obras pasadas de Dios. Es beneficioso leer y escuchar a otros creyentes, tanto del pasado como del presente, sobre cómo el Señor los ha sostenido y ayudado. Considera que cada ola que no nos hunde prueba nuevamente la solidez de la Roca sobre la cual estamos parados, la eficacia de nuestro gran Salvavidas.
No es simplemente nuestra fe la que nos salva. Existe el peligro de confiar en la solidez de nuestra fe, en lugar de confiar en el Señor mismo. Es Cristo quien nos salva por la fe. Cristo es el hombre fuerte al que se aferra la fe, y es en Él en quien confiamos y Él quien salva. Al mirar hacia Él, nuestra fe debe aumentar. Así, en palabras de Isaac Watts:
Aunque todos los ejércitos de la muerte
y los poderes del infierno desconocido asuman sus formas más terribles
de furia y de malicia,
estaré seguro, pues Cristo despliega poder
superior y gracia protectora.
Imagina a un hombre que se está ahogando en un mar turbulento y al que le lanzan un salvavidas. Desesperado, lo agarra, se aferra a él, se mete adentro. Finalmente, comienza a mantenerse a flote sobre las temibles olas. Aún lleno de temores y dudas, le angustia la posibilidad de que el salvavidas falle de algún modo y sea tragado por las profundidades. Imagina que se da cuenta de que el salvavidas tiene un pequeño folleto impermeable sujeto a él. El hombre angustiado, a pesar de las circunstancias, comienza a leer y descubre que el folleto resalta las virtudes de su salvavidas. Lee acerca de los materiales con los que está hecho, las características de su diseño y sus cualidades excepcionales de flotabilidad y fiabilidad. Lee cómo ha sido probado rigurosamente, cómo ha soportado las cargas más pesadas en los mares más embravecidos y que nadie que se haya aferrado a él se ha ahogado jamás. A medida que lee, su confianza aumenta.
¿Sigue él en medio de las tormentas del mar? Sí. ¿Podrían algunas grandes olas ocasionales causarle aún una profunda preocupación? Sí. ¿Está él más seguro o protegido que antes? No. Está tan seguro y protegido como cuando se aferró por primera vez a ese salvavidas, solo que ahora tiene una confianza mayor y en constante crecimiento en su capacidad para sostenerlo a través de todos los peligros y problemas que enfrenta, hasta que finalmente es rescatado de las aguas y llevado a tierra firme.
Reconociendo las limitaciones de la ilustración, permíteme sugerir algunos paralelismos para el crecimiento de la fe. Cuando un pecador confía por primera vez en Jesús, ese pecador es salvado y está seguro. Nadie ni nada puede arrebatarlo de las manos de Jesús. Él está todo lo seguro que puede estar. Pero puede que no comprenda completamente su seguridad. Tiene el conocimiento necesario para venir a Cristo, pero aún necesita conocer más al Cristo al que ha venido. Su confianza solo aumentará a medida que conozca más al Salvador en quien confía. ¿Cómo se puede lograr esto?
En primer lugar, el crecimiento espiritual viene a través de las Escrituras. Este es el libro que no solo hace sabio al hombre para la salvación por la fe en Cristo, sino que también perfecciona al hombre de Dios. Los cristianos siempre necesitan el evangelio. Necesitamos mantener nuestros ojos fijos en Cristo, considerar al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra confesión, Cristo Jesús (Heb 3:1). Observa cómo, frente a todas las trampas y aflicciones de la vida cristiana, todas las distracciones y engaños de las falsas enseñanzas, los apóstoles ponen a Cristo y a Él crucificado ante los ojos del pueblo de Dios para el crecimiento de su fe. Al estudiar a Cristo en las Escrituras, estamos mirando a Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe, y así nuestra fe crece.
Una segunda manera de crecer en la fe es orar a Dios para que Su Espíritu aumente nuestra fe. Él es el dador de la fe y, por lo tanto, debe ser quien la fortalezca. Los discípulos oraron: «¡Auméntanos la fe!» (Lc 17:5). Un padre angustiado clamó: «Creo; ayúdame en mi incredulidad» (Mr 9:24). Estas oraciones nos recuerdan que la fe verdadera puede ser más débil o más fuerte, y nos muestran que una de las formas en que la fe se fortalece es al pedir por esto. En respuesta, Cristo nos muestra más de Sí mismo. ¿Quizás no tenemos porque no hemos pedido (Stg 4:2)?
Otra manera dulce de crecer en la fe es por medio de la comunión con los santos. El mundo buscará debilitar nuestra fe y Satanás la atacará, desviándonos de Cristo, distrayéndonos de la verdad y demandando nuestra atención para otras cosas. Una manera deleitosa de contrarrestar esto es pasando tiempo con el pueblo de Dios, hablando de lo que pertenece al reino (Mal 3:16-18). En tal comunión con los santos, nuestro sentido de las cosas celestiales se renueva y restaura, y se nos imparte consuelo (1 Ts 4:18, 5:11).
Eso nos lleva a la experiencia, tanto la nuestra como la de los demás. Leer nuestras Biblias nos muestra cómo la fe del pueblo de Dios aumenta a través de las pruebas. Abraham, el padre de los creyentes, tuvo tanto pruebas como triunfos de fe (Ro 4:20). Los salmistas se fortalecían al recordar las obras pasadas de Dios. Es beneficioso leer y escuchar a otros creyentes, tanto del pasado como del presente, sobre cómo el Señor los ha sostenido y ayudado. Considera que cada ola que no nos hunde prueba nuevamente la solidez de la Roca sobre la cual estamos parados, la eficacia de nuestro gran Salvavidas.
No es simplemente nuestra fe la que nos salva. Existe el peligro de confiar en la solidez de nuestra fe, en lugar de confiar en el Señor mismo. Es Cristo quien nos salva por la fe. Cristo es el hombre fuerte al que se aferra la fe, y es en Él en quien confiamos y Él quien salva. Al mirar hacia Él, nuestra fe debe aumentar. Así, en palabras de Isaac Watts:
Aunque todos los ejércitos de la muerte
y los poderes del infierno desconocido asuman sus formas más terribles
de furia y de malicia,
estaré seguro, pues Cristo despliega poder
superior y gracia protectora.Si estás sirviendo en el ministerio juvenil o universitario, sabes que anunciar una velada de «Cena y doctrina» o «Teología esta noche» puede no ser la manera más exitosa de atraer a una multitud. Puede ser difícil involucrar a los adolescentes y jóvenes adultos en la disciplina del estudio teológico, especialmente porque a menudo han sido profundamente influenciados por una cultura de entretenimiento y redes sociales basada en videos de dos minutos y fragmentos sonoros, lo cual puede dificultar significativamente el interés por un pensamiento teológico sostenido y concentrado. Aun así, es el papel de los creyentes fieles en la iglesia local desafiar a nuestros jóvenes a pensar teológicamente y crecer en su comprensión teológica mientras son guiados por la Palabra de Dios.

