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Transcripción
Cada vez que se plantea el tema de la autoridad de las Escrituras y la gente participa en debates al respecto, hay tres conceptos clave que informan la conversación. Esos conceptos los escribo en la pizarra y luego nos tomaremos un tiempo para definirlos. Incluyen el concepto de inspiración, el concepto de infalibilidad y el concepto de inerrancia. Ahora, antes de entrar en el desarrollo de estos conceptos, me gustaría que en los confines secretos de sus mentes piensen en, ¿cuáles son sus reacciones personales a estos conceptos? ¿En qué piensas cuando escuchas la palabra inspiración. ¿Qué pasa por tu mente cuando piensas en el término infalible? Y quizás lo más importante, ¿cómo reaccionas instintivamente al término inerrante o inerrancia? Hago estas preguntas por una razón.
Hay una enorme cantidad de emoción que ensombrece cada uno de estos términos, y a veces en teología veo que resulta algo difícil para la gente superar la emoción y examinar cuidadosamente el contenido que encierra estas palabras. Por ejemplo, cuando estaba en el seminario, si alguien usaba el término inerrancia respecto a las Escrituras, inmediatamente ponía a esa persona en la categoría de fundamentalista rural sin ninguna educación. La respuesta normal sería: «¿Cómo podría alguien creer en la inerrancia de las Escrituras en estos tiempos después de doscientos años de profundo análisis académico y de crítica erudita?».
Así, el término inerrancia se convierte en una especie de consigna. Como una palabra que vino a ser un documento de identidad para la ortodoxia o para oponerse a ella, y así por el estilo. Este problema se volvió tan grave que a finales de los setenta se formó una organización en Estados Unidos que incluía a académicos de todo el mundo. De hecho, varios cientos de ellos, pero bajo la dirección de un comité ejecutivo de quince o dieciséis de ellos para estudiar el tema de la autoridad, la inspiración, la infalibilidad, la inerrancia de la Biblia. Esta organización se llamaba el Consejo Internacional sobre la Inerrancia Bíblica. Se dedicó no solo a diez años de estudio, sino también a publicaciones de diversos tipos y a varias conferencias.
La primera cumbre de esta organización se celebró en Chicago en 1978, cuando varios cientos de personas se reunieron para discutir y debatir diversos temas sobre la integridad de las Escrituras. Y lo que surgió de ese evento fue un documento que incluía una declaración unida sobre las Escrituras y luego un documento más extenso que incluía afirmaciones, veintitantas afirmaciones y negaciones sobre las Escrituras. Es decir, definiciones cuidadosas que decían: «Afirmamos que la Biblia es esto, esto y esto. Negamos que sea esto, esto y esto». Para que quedara lo más claro posible lo que se estaba afirmando al respecto.
Me pidieron que escribiera un comentario para el evento del ICBI sobre ese documento de afirmaciones y negaciones, un documento breve, para que la persona laica pudiera tenerlo, leerlo y ser educado e informado sobre algunos de estos temas tan delicados relacionados con las sagradas Escrituras. Siempre tenemos estos disponibles, se llama Explicando la Inerrancia, un Comentario de R.C. Sproul con un prólogo del Dr. Roger Nicole. Tenemos estos disponibles en nuestros Ministerios Ligonier. Creo que cuestan 2 dólares o algo así, pero en cualquier caso, si escribes, estaremos encantados de enviártelo. Ciertamente lo recomiendo a quienes intentan navegar a través de las complejidades de este debate.
Porque, de nuevo, al examinar este término inerrancia y la forma en que se ha utilizado en la historia de la iglesia, está muy lejos de ese término negativo que escuché usar de forma laxa y sarcástica cuando estaba en el seminario, pero llegaré a eso en un momento. Veamos, entonces, estos tres conceptos de inspiración, infalibilidad e inerrancia. Como mencioné antes en nuestra sesión, cuando Pablo dice en 2 Timoteo que toda la Escritura es inspirada por Dios, esa es la traducción al español. Mencioné que la palabra que se usa allí debería traducirse, espiración, en lugar de inspiración, porque llama la atención sobre el origen del contenido de las Escrituras, no sobre los medios o el método por el cual Dios dotó, gobernó o permitió que autores humanos se convirtieran en instrumentos o agentes de Su revelación divina. Pero a eso se refiere la palabra inspiración.
En teología, el término inspiración no se refiere simplemente a alguien extraordinariamente dotado o perceptivo o que posee un carisma cautivador. Cuando podemos oír a un trompetista hacer una improvisación en jazz, y al terminar decimos: «Vaya. Fue una actuación inspirada». No queremos decir que Dios Todopoderoso le permitió de alguna manera sobrenatural tocar la trompeta. Aunque podríamos preguntarnos eso con personas como Dizzie Gillispie y demás. Pero eso no es lo que se quiere decir con un actor inspirado, o un jugador de fútbol inspirado, o alguien que da una actuación inspirada sobre algo.
Cuando hablamos de inspiración en teología, nos referimos a una actividad que tiene lugar a través de la ayuda divina y sobrenatural, o el término que usamos es supervisión. Mediante la cual, el autor humano puede ser capacitado para ser un vehículo para que la Palabra de Dios sea presentada. A eso es que nos referimos por inspiración. Ahora, en la teología cristiana clásica, la iglesia no ha definido en detalle cómo es que ocurre realmente esa inspiración, ni lo que llamaríamos el modo de la inspiración. Hay un mundo de malentendidos al respecto.
Algunas personas, cuando escuchan esa palabra, inspiración o inspiración verbal de la Biblia, lo que inmediatamente les viene a la mente es la idea de que los autores humanos, al empezar con la tarea de escribir el Evangelio de Lucas o de Juan o lo que sea, eran prácticamente autómatas. Que su pluma fue tomada sobrenaturalmente por el Espíritu Santo de tal manera que pasó por alto, apagó, aplastó por completo cualquier parte de la humanidad de ese escritor. De modo que su pluma funcionó como una güija, o como lo que llamaríamos una especie de escritura automática, o cuando la humanidad del autor humano se vaciaba tanto, en este proceso, que el autor se convertía prácticamente en una máquina en manos de Dios.
Dicha postura de la inspiración se denomina el punto de vista de la inspiración mecánica, lo que significa que el autor humano queda reducido al estatus de máquina. Ahora, no sé cuántas veces he oído a la gente decir: «No creo en la inspiración verbal, en la postura ortodoxa, porque no creo que Dios haya reducido a las personas a marionetas y las haya hecho máquinas». Y a veces me impaciento, y quiero decirles: «¿Has leído algo en la historia de la literatura cristiana sobre este punto? Porque durante siglos los teólogos cristianos que han articulado la postura de la inspiración verbal han sido muy cuidadosos en señalar que lo que ciertamente no querían decir con supervisión divina era una inspiración mecánica».
Otra teoría que es rechazada por la ortodoxia con respecto a la inspiración verbal es la llamada teoría del dictado. De nuevo, si oyes el término inspiración, quizá pienses que lo que significa inspiración o lo que te sugiere es que mientras Lucas estaba en su mesa escribiendo en el pergamino, preparando el rollo de su libro, Dios dictaba lo que debía escribir en su oído, así como si yo tomara el teléfono y llamo a la oficina, a mi secretaria, y le digo: «¿Puedo pedirte que escribas esto y envíes esta carta?». Le dicto qué escribir, palabra por palabra, y ella lo escribe y lo envía con mi firma y sus iniciales. Ella en realidad es la escritora, pero no es realmente la autora porque lo único que hizo es registrar lo que yo dicté. Son mis palabras en su pluma.
Ahora, cuando digo que la ortodoxia no se suscribe a esta noción de inspiración, dictado. Lo estoy diciendo con un toque de picardía, porque en el Concilio de Trento, por ejemplo, en la cuarta sesión que ya mencioné, la Iglesia católica romana usa en referencia a las Escrituras el término dictante. Habla sobre el origen divino de las Escrituras. La Iglesia católica romana dice que la Escritura viene a ser por el Espíritu Santo dictante. Es decir, el Espíritu Santo dictando. Ahí está la palabra.
Si alguien quiere culpar a alguien por la teoría del dictado, aquí hay pruebas históricas de que alguien, de alguna manera, en una posición muy alta en el concilio de la Iglesia católica romana, en las altas esferas, usa el término. Sin embargo, aunque en Trento se utiliza el término dictado, el concepto, el concepto de Dios susurrando palabras a un escritor humano o diciéndolas en voz alta, no se transmite en ese concepto, ni siquiera en Trento. Lo que dicen es que: «Sí, hay un paralelismo entre los autores humanos y los secretarios humanos». Calvino, por ejemplo, decía que los autores de las Escrituras eran como los amanuenses, que era una palabra antigua para secretario. Eran como secretarios para Dios. Pero no en el sentido de que su estilo individual, vocabulario, etc., fueran anulados. Y la Iglesia no llegó al punto de definir con precisión el modo de inspiración.
El segundo concepto, la infalibilidad, es uno que me ha intrigado considerablemente. Otra vez, vuelvo a mis días en el Seminario, cuando había una reacción tan negativa y hostil a la palabra inerrancia, pero no había ese mismo tipo de protesta violenta y vehemente contra la palabra infalibilidad. De hecho, conozco una institución que quiso suavizar su doctrina de las Escrituras para acomodar ciertas formas de crítica, y que su antigua declaración de credo decía que creían en la inerrancia de las Escrituras. Cambiaron eso para significar que creían en la infalibilidad de las Escrituras.
Ahora piénsenlo. Antes decían creer que la Biblia era inerrante, es decir, sin error, y ahora ya no lo creen, ahora creen que la Biblia es infalible. Conscientemente intentaban escribir una afirmación más débil, pero en cuanto al significado de las palabras, damas y caballeros, reforzaron la afirmación. Porque el término infalible significa incapaz de fallar, incapaz de cometer un error, mientras que el término inerrancia simplemente dice que no comete error. Ahora, ¿es posible que los seres humanos sin la ayuda de la supervisión divina, sin la ayuda de Dios Espíritu Santo, hagan algo inerrante? Permíteme repetirlo: «¿Es posible que un ser humano sin ayuda especial de Dios haga algo de forma inerrante?». Tu primer impulso podría ser decir: «No, estamos llenos de errores de principio a fin».
Si lo piensas bien. ¿Alguna vez hiciste un examen de ortografía en el colegio y sacaste cien? ¿Alguna vez hiciste un examen de matemáticas que tenía diez problemas y sacaste bien los diez? ¿Te pusieron un cien? Tengo un alumno en mi clase de teología que, no importa cuán difícil haga el examen, ese chico saca cien. Sería incorrecto quitarle un punto. No sería justo. Él saca un cien. Es inerrante. Pero sé que no es infalible. Y que su inerrancia es temporal. O sea, podría escribir una inerrancia, una lista de compras inerrante. Si quieres saber qué tres artículos tenemos que comprar en la tienda, escribes: «Necesitamos pan, leche y sal». Escribo pan, leche y sal. Está ahí. Lo tengo todo. He cubierto el cien por ciento. Inerrante. No hace falta ayuda especial de Dios para hacerlo.
Pero, cuando Karl Barth dijo que errar es humano, entendió que la Biblia no es una lista de tres artículos ni un cuestionario de ortografía de diez preguntas, sino que incluye sesenta y seis libros a lo largo de varios siglos, sobre todo tipo de asuntos históricos, éticos y teológicos. Y, dado el vasto alcance de las Escrituras, si los seres humanos fueran dejados a su suerte sin ninguna ayuda especial de Dios, sería la última persona en el mundo en asumir que lo que tendríamos sería una obra inerrante.
Pero lo que digo es: «La inerrancia no es tan fuerte como la infalibilidad». Ser inerrante simplemente significa no equivocarse. Ser infalible significa que uno no puede equivocarse. Puedo ser infalible temporalmente, pero no he sido infalible ni cinco segundos. Sin embargo, ¿por qué la gente, intentando minimizar la inerrancia, sustituiría la palabra infalible por ella? Dos razones. En primer lugar, el término infalible no lleva todo ese equipaje emocional negativo que está adherido al término inerrancia.
Recuerdo cuando el Consejo Internacional sobre la Inerrancia Bíblica se reunió por primera vez. El consejo ejecutivo debatió la pregunta: «¿Cómo definiremos esta organización? ¿Deberíamos definirnos como teólogos preocupados por propagar el concepto de inerrancia?». Y recuerdo haber dicho en ese momento que creo que la inerrancia es una mala palabra estratégicamente. Como tenemos que ser tan cuidadosos al definirlo, evitar todos los malentendidos al respecto, y como hay una hostilidad tan generalizada hacia ello, ¿no podemos encontrar una palabra mejor para que la gente no tropiece emocionalmente tanto, para que podamos transmitir un concepto claro?
Porque, en realidad, lo que nos preocupa aquí no son conceptos simples como la inerrancia o la infalibilidad, lo que nos preocupa es la veracidad de las Escrituras. Que la Palabra de Dios es verdadera y digna de confianza, eso es lo que nos preocupa. Bueno, ¿cómo podría ser verdad y confiable si no es inerrante? Y si tiene errores, no es del todo cierta, y si tiene errores, no es del todo confiable. Les decía que creía que necesitábamos una palabra más neutral. Les dije que es un shibolet.
J. I. Packer dijo, a su manera inimitable, muy paciente y calmada, en su forma británica: «Prefiero el término inerrancia porque es un shibolet». Yo dije: «¿A qué te refieres?» Dijo: «Bueno, en los días del Antiguo Testamento, el término shibolet fue una palabra que se convirtió en una contraseña. En una situación militar, si un espía intentaba colarse en el campo judío y fingir ser judío, todo lo que el centinela tenía que hacer era decir: «Da la contraseña, di shibolet». Y la gente que no era judía no podía decir shibolet. Tartamudeaban con esa palabra. Solo un verdadero judío podía pronunciarla.
Recuerdo cuando vivía en Holanda que los holandeses tuvieron el mismo tipo de prueba de shibolet durante la Segunda Guerra Mundial, para evitar que los alemanes se colaran donde no debían estar. Tenían un pequeño pueblo costero llamado Schaveningen. Y para decir Schaveningen, tenías que ser holandés o tener goteo posnasal. Y … y los alemanes nunca pudieron pronunciar Schaveningen. ¿Oyen ese sche… Schaveningen? No podían hacer eso. Eso era lo que los hacía caer, y Packer dijo esto: «Nunca se ha escrito una confesión que alguien no pueda firmar de forma deshonesta para redefinir los términos del credo a su gusto, para usar un lenguaje que nadie más usa». Lo cual es pura deshonestidad. Me pasa todos los días, me da pena decirlo, en el mundo de la teología.
Pero, dijo, «La gente realmente se atraganta con la inerrancia. No van a decir que creen en la inerrancia a menos que realmente la crean. ¿Por qué darles una forma fácil de hacer trampas? Porque todo teólogo sabe lo que se entiende por inerrancia y lo que no se entiende por inerrancia, y es una palabra muy importante y significativa, y es una buena palabra en el sentido histórico, quedémonos con ella». Y eso me convenció. Dije, bien por ti. Aquí estaba yo dispuesto a suavizar, no porque quisiera suavizar la postura, sino por motivos de relaciones públicas, porque entiendo que a veces los académicos cambian de opinión sobre ciertos temas no porque realmente estén convencidos de la verdad o de la falsedad, sino porque se ha convertido en una carga académica.
A los liberales les horroriza el término inerrancia. Dirán que no eres académico, no eres inteligente, no eres académico si aceptas un término así. Y si no te sientes seguro de tu erudición o de tu inteligencia, quizá seas intimidado a negociar. Creo que esa es una de las razones por las que la gente pasa de la inerrancia a la infalibilidad. ¿Por qué? Porque aunque el término infalibilidad es en realidad más fuerte que inerrancia, no tiene ese prejuicio antiintelectual asociado. ¿Por qué? ¿Dónde escuchamos con más frecuencia el concepto de infalible o infalibilidad? No se usa para la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en América, ni para la predicación del ministro bautista local; él nunca afirma ser infalible. El concepto de infalibilidad está históricamente asociado ¿con qué? con la institución de la Iglesia católica romana.
La infalibilidad de la Iglesia, la infalibilidad del Papado, definida en 1870 por Pío IX, pero una doctrina que ha sido defendida, por ejemplo, por teólogos jesuitas. Sea lo que sea que pienses sobre teólogos jesuitas y católicos romanos, no es muy común que alguien diga: «Son tontos». Nadie ha acusado a los jesuitas de ser poco intelectuales o intelectualmente inferiores. Los protestantes liberales tiemblan de miedo cuando tienen que enfrentarse a un jesuita. De modo que, el término infalibilidad cuenta con el respaldo cultural de la credibilidad intelectual del mundo académico católico romano. ¿Siguen mi punto? Pero, en cuanto a su significado real, es un término más alto y más fuerte, una afirmación más fuerte que el término inerrancia.
Finalmente, antes de terminar este breve tiempo de definición, el otro problema de la inerrancia es que la inerrancia debe definirse cuidadosamente. Es decir, lo que no significa es que no haya rarezas gramaticales en la Biblia. Ni significa que la Biblia habla con absoluta precisión científica. La inerrancia significa que no tiene errores de verdad, ni engaños, ni fraude, ni mentiras. Pero permite, por ejemplo, el redondeo de los números, cuando la Biblia dice que Jesús alimentó a cinco mil personas, Él… Puede que solo hubiera 4.978 personas. Pero no diríamos que un informe de un incidente histórico que redondea números como ese usando cinco…, no diríamos que eso es un error.
Alguien objetó la inerrancia porque Jesús dijo que si tienes fe como un grano de mostaza, como una semilla de mostaza, puedes decir a una montaña…, etc. etc., porque la semilla de mostaza es la semilla más pequeña de todas. Y la gente dice, un momento. Hemos encontrado semillas más pequeñas que las semillas de mostaza. ¿Hay margen en la verdad para el uso literario legítimo, por ejemplo, de la hipérbole? Cuando Jesús entra en un pueblo, y el evangelista dice: «Y todo Capernaúm salió a escucharle», ¿es eso un uso legítimo de la hipérbole? ¿O tenemos que insistir en que cada hombre, mujer y niño, enfermo o sano, realmente salió de su casa y subió y escuchó a Jesús?
Obviamente, el autor no pretende decir que toda persona estaba presente, sino que utiliza las formas literarias habituales para transmitir la verdad. Ese es el concepto bíblico de verdad. Y en todo lo que la ortodoxia insiste es en que la Biblia, en cada página y con cada palabra, es total y completamente coherente con la propia definición bíblica de verdad. La Biblia es inspirada, es infalible. Permítanme retroceder, es inspirada, por tanto, es infalible. Y es infalible; por tanto, es inerrante. Es inerrante; por tanto, es completamente cierta y digna de confianza.






