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Transcripción
Recuerdo que cuando estaba en secundaria leí un libro sobre la Segunda Guerra Mundial y sobre la guerra en el Pacífico Sur, cuando los soldados tuvieron que atacar una y otra cabeza de playa, en lugares como Guadalcanal, Tarawa, Iwo Jima, y lugares así. Un pequeño detalle que recuerdo del libro es que decía que durante esos desembarcos en las islas hostiles del Pacífico Sur, la esperanza promedio de vida de un teniente de la infantería que comandaba a sus tropas en esa zona de combate era de aproximadamente 5 minutos y medio, y no sé por qué ese detalle se me quedó grabado durante años, pero cuando me hice profesor del seminario ajusté un poco esa estadística.
Ahora digo que el tiempo promedio que tarda un estudiante después de llegar al campus para verse envuelto en un debate o una discusión sobre la predestinación es de 5 minutos y medio, así que quizá deberíamos ordenarlos como tenientes en el ministerio en vez de pastores. Pero obviamente, no hay doctrina de la fe cristiana que genere más debate y más discusión que la doctrina de la predestinación, y como digo, si vienes al campus de un seminario teológico, encontrarás cierto deleite malvado, una especie de fascinación inherente que los estudiantes tienen por esta doctrina en particular y que ha alimentado muchas discusiones nocturnas sobre la fe.
La gente no solo está dividida significativamente en sus opiniones sobre este tema, sino que también está profundamente dividida sobre cómo se debe abordar la doctrina. Algunos están convencidos de que, como con la religión y la política en general, nunca, jamás debe hablarse de eso entre gente educada – que la predestinación es uno de esos temas polémicos que terminan en controversias pecaminosas y en discusiones y debates inútiles que no tienen valor de edificación espiritual para quienes lo tratan.
Otros, por el otro lado, sostienen la postura de que la doctrina de la predestinación es tan profundamente importante para la perspectiva completa que tenemos en cuanto a nuestra relación con Dios y nuestra salvación que sería negligencia malvada ignorar o denigrar de alguna manera la importancia de esta doctrina. Ahora, yo tomaría esa posición. Diría, con Martín Lutero, que la doctrina de la predestinación es lo que Lutero llamó la corde ecclesia. Esas son palabras latinas, la palabra corde es la palabra latina ¿para qué? Para el corazón. Y ecclesia es la palabra latina para iglesia, así que lo que Lutero está diciendo aquí, al llamar a la predestinación la corde ecclesia, es que la doctrina de la predestinación es el corazón de la iglesia.
Ahora, si sabes algo sobre Martín Lutero, sabes que a veces se inclinaba hacia la extravagancia, las exageraciones y la hipérbole, y quizás pienses que este es un claro ejemplo del fuerte uso de la hipérbole por parte del gran reformador, porque me pregunto cuántas personas hoy en día, si les preguntas: «¿Es la predestinación el corazón de la iglesia, ¿el corazón mismo de la iglesia?» ¿Cuántas personas estarían de acuerdo con eso? ¿Qué dirías al respecto? Lo que quiero decir es: ¿crees, por ejemplo, que la doctrina de la predestinación está en el núcleo mismo de la fe cristiana? Como he dicho, ya he dicho lo que creo. Ya he mostrado mis cartas. Creo que sí.
No conozco ninguna doctrina que demuestre más claramente nuestra total dependencia de la gracia y misericordia divinas que la doctrina de la predestinación. No conozco ninguna doctrina que sea más reconfortante para la lucha personal de fe que experimentamos que la doctrina de la elección. Les concedo, mis amados, con Lutero, Edwards, Calvino, Agustín y los santos de la historia que creían que la doctrina de la predestinación no era un asunto periférico, secundario o terciario, sino que pertenecía al corazón mismo de nuestra comprensión del cristianismo – que tan fuerte como hicieron esa afirmación, también, tras esa afirmación, dieron sabios consejos sobre el cuidado que debe prestarse a esta doctrina porque esta doctrina se puede distorsionar con facilidad.
Es tan susceptible de ser malinterpretada, y los malentendidos que acompañan a la doctrina de la predestinación pueden ser malentendidos que nos lleven a una visión tan distorsionada de Dios que Dios se vuelve casi demoníaco; o que esta doctrina puede llevarnos a una visión demasiado alta del hombre que el hombre se vuelve demoníaco en su búsqueda de ser Dios. Hay mucho en juego en esta doctrina y, como he dicho, hay momentos en los que es tan difícil que tenemos que ser extraordinarios en nuestra sensibilidad y cuidado al tratar este asunto.
No sé cuántas veces me he encontrado en situaciones en las que, por ejemplo, en entrevistas de radio, programas con llamadas en directo y cosas así… –la otra noche tuve una de esas situaciones, sentado en un estudio de radio en Fort Lauderdale y tenían las líneas telefónicas abiertas, y la gente llamaba y hacía preguntas específicas. Y esta llamada particular llegó cuando el reloj acababa de entrar en la zona roja – es decir, quedaban menos de 60 segundos cuando la persona hizo su pregunta, así que sabía que cualquier respuesta que diera, por la naturaleza del caso, debía ser extremadamente breve.
No sé cuántas veces he estado en casos donde la última persona en llamar me pregunta sobre la predestinación, y sé que tengo menos de 60 segundos; y sé que esa persona ha estado esperando pacientemente la oportunidad de hacer la pregunta, y lo último que quiere de mí es una excusa o una evasión, donde yo esquive la pregunta. Pero a veces tengo que hacerlo, y cualquiera que me conozca sabe que estoy perfectamente dispuesto a discutir esta doctrina hasta el amanecer si es necesario. Pero, si tengo que dar una explicación de la predestinación en 60 segundos o menos, o ser percibido como alguien evasivo y que se escapa del asunto, elijo lo segundo en lugar de lo primero.
Le digo a la gente: «Prefiero no decir nada en absoluto, no dar respuesta a su pregunta por la falta de tiempo que dar una respuesta tan superficial que plantee más preguntas de las que respondería y que podría llevarle a una seria, seria confusión». Así que al comienzo de esta serie, en la que vamos a estudiar la doctrina de la predestinación, quiero que dejemos claro que debemos proceder con mucho cuidado y no sacar conclusiones precipitadas.
Todavía veo en mi mente la imagen de Lance Ito después de cada sesión del juicio de O. J. Simpson, cuando despedía al jurado para un receso o al final del día o lo que fuera, y les daba ciertas instrucciones: «No deben hablar de esto entre ustedes, ni sacar conclusiones», etc., y no podía creer la cantidad de veces que dio esa encomienda al jurado. Ahora, les voy a encargar algo a ustedes. Si se van a embarcar conmigo en los próximos días en este estudio sobre la predestinación, les voy a pedir lo siguiente: que vengan con la debida atención y cuidado, y si te pierdes una clase, intenta conseguirla y ponte al día para que no lo hagamos con retazos e interrupciones y después terminemos en todo tipo de dificultades.
Porque estamos estudiando algo que creo que es profundamente importante para entender el carácter de Dios, la gracia de Dios y nuestra propia salvación, se trata de un tema volátil y muchos han caído en la perdición por falta de atención y falta de diligencia en escuchar la Palabra de Dios. Así que, con esas reglas básicas, empecemos con esta afirmación. Incluso, antes de entrar en definiciones de predestinación, permítanme decir esto: históricamente casi todas las denominaciones, prácticamente todas las iglesias que se han formado y que han tenido una confesión de fe o un credo, han desarrollado alguna doctrina de predestinación.
Permítanme decirlo de otra manera: todo cristiano que ha vivido tiene alguna doctrina de predestinación. No es como si pudiéramos decir: «Bueno, los presbiterianos creen en la predestinación y los metodistas no»; o «los episcopales creen en la predestinación, pero los católicos romanos no». No funciona así. Cada iglesia tiene alguna doctrina de predestinación. Pero, no todas las iglesias tienen la misma doctrina de predestinación. No todos los cristianos están de acuerdo con todos los demás cristianos en su comprensión de la doctrina de la predestinación.
Pero la razón por la que digo que todas las iglesias tienen una doctrina de predestinación y todos los cristianos tienen una doctrina de predestinación es porque la Biblia tiene una doctrina de predestinación, y cualquier cuerpo eclesiástico o cualquier individuo cristiano que intente tomar en serio el contenido del Nuevo Testamento tarde o temprano debe lidiar con la doctrina de la predestinación porque, en primer lugar, la palabra «predestinación» no fue inventada por San Agustín, ni por Lutero, ni por Calvino. Es una palabra que se encuentra en el Nuevo Testamento. Así que no es algo peculiar de ningún movimiento en la historia de la iglesia aparte de la era apostólica.
La palabra en sí, «predestinación», es un concepto bíblico, y si estás convencido de la autoridad de las Escrituras, entonces reconocerás que si vas a someterte a la palabra apostólica, tú también debes tener algún tipo de comprensión de la doctrina de la predestinación. Ese es el primer punto. El segundo punto es que esta doctrina no fue enseñada en un rincón. ¿Recuerdan cuando Pablo fue juzgado por su vida ante el rey Agripa y Festo, y Pablo dio testimonio de su conversión y de la verdad del cristianismo y llamó al rey a creer en Cristo y en Su resurrección? y Pablo dijo, como saben, «Sé que crees en estas cosas, porque estas cosas no se hicieron en un rincón».
El cristianismo no es una religión de misterio que usa ritos secretos en los que solo participan los iniciados y que nadie más tiene ni idea de lo que ocurre en estas sociedades secretas. Cuando se trata de la doctrina de la predestinación, estamos hablando de una doctrina sobre la que no solo la Biblia habla y enseña, sino que también habla y enseña abiertamente – no solo abiertamente, amados, sino con frecuencia; y no solo con frecuencia, sino que, en mi juicio, claramente. Así que, si habla abierta, frecuente y claramente, entonces sin duda conviene tomarla en serio y examinarla con detenimiento.
Permítanme dirigir ahora su atención a una sección del Nuevo Testamento donde se menciona este concepto de predestinación. Si abren sus Biblias en la carta de Pablo a la iglesia de Éfeso, la epístola a los Efesios, capítulo 1 – permítanme leer desde el principio mismo de este capítulo la introducción que da el apóstol. Te pido que uses tu imaginación.
Supón que eras uno de los miembros de esta comunidad cristiana —no del siglo XX en América, sino un creyente del primer siglo— en realidad anhelas escuchar palabra de parte de Cristo, una enseñanza oficial, y que sabes que el apóstol principal de los gentiles era Saulo de Tarso. Y acabas de recibir la noticia del ministro de tu iglesia en Éfeso de que un viajero itinerante acaba de llegar a la ciudad con un manuscrito dirigido a todos los cristianos de Éfeso que proviene de la mano del apóstol Pablo, y por eso están organizando una reunión especial en la comunidad donde esta epístola será leída en voz alta. Y estás en ese grupo, y la escuchas por primera vez.
Nunca habías discutido sobre la predestinación. Nunca habías participado en una discusión teológica. Eres un creyente nuevecito en Éfeso. Te pido que uses tu imaginación. Trata de tener una reacción sin prejuicios, eso es lo que te pido. Escucha cómo dice. «Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios: A los santos que están en Éfeso y que son fieles en Cristo Jesús: Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo».
¿Cómo llamamos a esto? La introducción, la salutación – Paul se identifica, da sus saludos, y ahora comenzamos el texto. «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo» – recuerda, estás en Éfeso, y la primera declaración del cuerpo de la epístola que acabas de escuchar del propio apóstol hace referencia a que has sido elegido por Dios antes de la fundación misma del mundo ¿Atrapó eso tu atención?
Pablo no está pensando poner esto al final de su epístola como una especie de postdata final extraña. Él va directo al grano desde el principio. Pero no ha terminado. «… para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor». Punto. ¿Lo escuchaste? «Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor». Punto. ¿Qué está mal acá? Que no hay punto allí. Los engañé. La oración sigue.
Versículo 5, «… nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado». Permítanme pasar al versículo 11. «También en Él hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de Aquel que obra todas las cosas» – que obra todas las cosas – «según el consejo de Su voluntad».
¿Ven que desde el principio mismo de esta epístola, Pablo se sumerge en las profundidades y riquezas de la doctrina de la predestinación? La pone en el centro de su enseñanza porque el contenido de esta predestinación no se trata del curso de las estrellas. No habla aquí en términos generales de la superintendencia divina de Dios, de la providencia del universo, de su gobierno sobre las leyes naturales. Está hablando de salvación.
Habla de una salvación predestinada por la cual, desde la fundación del mundo, nosotros, los creyentes, fuimos ordenados por Dios para ser salvos. Ahora, ¿qué debemos pensar sobre esto? Ese es el tema que vamos a analizar en las próximas clases. Solo quería que conociéramos las reglas básicas hoy, que entendamos que esto es un documento importante, que es un documento peligroso, pero que es un concepto bíblico con el que debemos lidiar si queremos madurar en Cristo.
CORAM DEO
¿Qué importancia tiene la doctrina de la predestinación para tu fe o para tu pensamiento? Sé que cuando me hice cristiano, no era nada importante para mí. Pensé que eso era algo que los teólogos debían discutir. Me sentía como el hombre nacido ciego que estaba dando su testimonio. No sabía nada de teología. Simplemente decía: «Lo único que sé es que una vez fui ciego y ahora veo». Quería mantenerlo sencillo, pero seguían surgiendo preguntas sobre por qué algunas personas creen en Cristo y otras no vienen a la fe. Y eso me molestaba, y cuanto más leía las Escrituras, y más me topaba con esta doctrina de la predestinación, más luchaba.
Debo confesarles, durante cinco años – los primeros cinco años de mi fe cristiana, odié esta doctrina y luché contra ella; y cuando estaba en el seminario, tenía una pequeña tarjeta sobre mi escritorio, y escribí en ella estas palabras: «Se te exige creer y predicar y enseñar lo que la Biblia dice que es la verdad, no lo que crees que debería ser», que era una nota para mí mismo para permitir que la Biblia sometiera a RC Sproul a la crítica, en lugar de que RC Sproul criticara las Escrituras. Y finalmente, a regañadientes, accedí a la doctrina de la predestinación, pero no me gustó.
Le dije al Señor: «Ok, si esto es cierto, lo aceptaré; pero no tiene que gustarme». Pero en cuanto la vi, empecé a ver su dulzura, su excelencia y su consuelo. Ahora tengo que pasar mi vida arrepintiéndome de los cinco años de resistencia que tuve. Pero espero que en este estudio, ustedes lleguen a ver estas doctrinas de la gracia como un gran consuelo y una dulzura maravillosa para sus labios.






