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Transcripción
Bien, ¡abróchense los cinturones! Estamos inmersos en el estudio de la que quizás sea la doctrina teológica más controversial de la Biblia, es decir, la doctrina de la predestinación. En nuestra primera sesión, hice notar que prácticamente todas las iglesias y todos los cristianos que han existido han tenido que concebir alguna doctrina de predestinación para intentar tomar en serio las múltiples referencias bíblicas al concepto de predestinación. Pero hoy queremos empezar planteándonos la pregunta: «¿Qué es la predestinación?».
Hubiera sido bueno poder decirles que, aunque hay todo tipo de desacuerdos sobre esta doctrina —sobre su importancia, sobre su verdad y todo lo demás—, al menos todos estamos de acuerdo en lo que decimos cuando hablamos de lo que esta doctrina significa o de qué se trata. Lamentablemente, no puedo hacerlo porque parece que hay tantas definiciones diferentes de predestinación como doctrinas de predestinación. Así que tendremos que avanzar un poco más despacio con este tema.
La forma en que me gusta tratar temas como este es, en primer lugar, fijándome en las palabras en sí y, por supuesto, el concepto de predestinación, como ya he dicho, se encuentra en la Biblia. Sin embargo, como la Biblia no se escribió en español, veamos el término en el idioma original. En el griego tenemos una palabra –de hecho, más de una palabra– que se usa para este concepto. «Proorizo» es una de ellas, y la idea aquí es que – así como el prefijo «pro» en griego corresponde al prefijo español «pre», la idea de algo que es «pre» o «pro», al menos en cuanto al idioma griego, se refiere a algo que ocurre antes, delante o antes en el tiempo, a algo que sigue después. Así que cuando hablamos de predestinación, hablamos de algo que ocurre previamente o antes de que algo ocurra en el tiempo.
Ahora, si vemos la palabra en español, tenemos la palabra «destinación». Usamos esa palabra con frecuencia en nuestro idioma, ¿no es cierto? El destino es el lugar al que, en última instancia, intentamos llegar. Es el final de nuestro viaje. Es el final del camino. Cuando subo al tren, al avión o compro pasajes, quieren saber: «¿Cuál es su destino?». Es decir, «¿A qué lugar se dirige?». «¿A dónde quiere ir?». Si quiero ir a Los Ángeles y ese es mi destino, si voy en tren, puede que tenga que pasar por Phoenix; pero la idea aquí es que si voy a comprar pasajes, y me preguntan: «¿Cuál es su destino?». No digo «Phoenix». Digo, «Los Ángeles», aunque pasaré por Phoenix.
Phoenix es una parada intermedia. No es el destino final. Puede que sea el penúltimo destino, pero realmente no es el lugar al que me dirijo. Voy a Los Ángeles. Así que estamos hablando de los destinos como un punto en una secuencia continua al que intentamos llegar. Tenemos otra palabra relacionada en español que tiene un uso algo más amplio, y es la palabra «rumbo». Cuando hablamos de nuestro rumbo, hablamos de algo más que una ubicación geográfica que resulta ser un destino. Estamos hablando de nuestro rumbo. Es, «¿qué nos ha estado ocurriendo… últimamente?».
Mi esposa y yo crecimos en la misma comunidad, fuimos a la misma escuela primaria y nos graduamos de la misma secundaria. Así que tenemos en común a mucha gente que conocimos de niños, y a menudo, cuando conducimos a algún sitio y hablamos con nostalgia sobre los días de nuestra juventud, nos hacemos preguntas con respecto a esas personas que conocimos. Cada vez que hablamos de ellos, formulamos nuestra pregunta exactamente de la misma manera. Usamos exactamente los mismos términos, y sospecho que ustedes usan los mismos términos.
Hablamos de Judy Zello, y la pregunta es… ¿cuál? «Me pregunto…», terminen la oración, «¿qué habrá sido de Judy Zello?». Yo no diría que esa es solo una manera privada de hablar entre mi esposa y yo. Todos hablamos así. «Me pregunto qué habrá pasado con Eddie Harmon». «Me pregunto qué habrá pasado con Jeannie Cunningham». «Me pregunto…». ¿Entienden lo que estamos haciendo? No estamos diciendo: «Me pregunto dónde están», o «Me pregunto qué estarán haciendo». Puede que nos preguntemos estas cosas, pero es interesante que usemos la expresión «qué habrá sido…» porque cuando digo, «Me pregunto qué habrá sido de Judy Zello», estoy asumiendo que, en cierto sentido, Judy Zello es una víctima o un receptáculo pasivo de algo que le ha pasado, y realmente estoy especulando con la suposición sobre algún punto de vista sobre la suerte o el azar.
No soy fatalista. No leo la fortuna. No sigo las guías astrológicas del horóscopo ni nada por el estilo, pero sí creo que tengo un destino y que tú tienes un destino y que Judy Zello tiene un destino; y en la providencia de Dios, ese destino está en Sus manos y en Su plan eterno – que antes de yo nacer, había un destino escrito por Dios antes de la fundación de la tierra. Eso no significa, en sí mismo, que cada detalle de mi vida fue programado, preordenado, predeterminado o predestinado por Dios. Lo que quiero decir es que la doctrina no dice todo eso. Esta doctrina trata sobre nuestro destino final.
Como siempre digo, esas otras preguntas corresponden más propiamente a la doctrina de la providencia. Debo aclarar rápidamente, antes de que tomes tu lápiz y me escribas una carta pensando que me he vuelto arminiano en los últimos cinco minutos, que RC Sproul cree que desde la fundación del mundo cada detalle de su vida estuvo bajo la supervisión y gobierno providencial de Dios y fue ordenado por Dios en la eternidad. Así que no me malinterpretes.
Solo estoy diciendo que cuando nos topamos con la doctrina de la predestinación en su forma inicial, no incluye todas esas cosas en cuanto a su extensión, y por tanto está muy fuera de los límites de lo que estamos viendo ahora. Pero sí estoy diciendo que la predestinación tiene que ver con tu destino – tu destino final, hacia donde vas. Creo que todos podemos estar de acuerdo en eso, pero eso es lo más lejos que podemos llegar a ponernos de acuerdo. Bueno, quizá podamos hacer un par de cosas más. De nuevo, la palabra proorizo significa «escoger de antemano» u «ordenar de antemano», y creo que al menos la mayoría de los cristianos podemos estar de acuerdo en que Dios no es simplemente un espectador de los acontecimientos humanos.
Un libro reciente fue publicado por un grupo de estudiosos llamado El Dios abierto, en el que nos imponen un punto de vista de Dios en el que el conocimiento de Dios es limitado, su poder es limitado, su carácter cambia, no es inmutable, no es omnipotente y no es omnisciente, sino que es abierto. Él responde a las cosas en la historia a medida que suceden, y todo esto está diseñado para escapar de cualquier idea de un Dios que, en su providencia y en su soberanía, gobierna todos los asuntos humanos. Personalmente creo que ese libro que habla del Dios abierto es, en mi opinión, un libro sin Dios.
Es un libro sin Dios porque despoja a Dios de Sus atributos y de Su carácter y exalta al hombre en lugar de Dios; y creo que quienes participaron en su escritura y quienes lo endosaron deberían avergonzarse. Pero en todo caso, este concepto de que Dios escoge de antemano, creo que la mayoría de los cristianos estarían de acuerdo en que, al menos respecto a algunas cosas, Dios decide de antemano, y creo que la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que, en cierta medida, Dios tiene lo que llamamos «conocimiento previo», porque este también es un concepto profundamente arraigado en las páginas de las Escrituras.
Ahora, el preconocimiento – de nuevo, «pre» es solo otra palabra para «previo». Se refiere a «antes, en el tiempo», y el «conocimiento» tiene que ver con la comprensión o conciencia que Dios tiene de cosas aún futuras que Él conoce de antemano, y que conoce perfectamente. Ahora, como digo, la mayoría de los cristianos creen y afirman que Dios tiene conocimiento previo. Tan pronto empiezas a indagar la extensión de ese conocimiento previo y los fundamentos de ese conocimiento previo, verás que los cristianos se dividen en bandos opuestos y se desencadenan debates filosóficos; pero la idea de que, de alguna manera, Dios conoce el futuro de antemano es algo que, en general admiten algunos cristianos o la mayoría de ellos.
Ahora, cuando expresé al principio que todos los cristianos y todas las iglesias cristianas tienen que lidiar con la doctrina de la predestinación porque se menciona tan a menudo en el Nuevo Testamento, dije: «Pero no siempre estamos de acuerdo sobre el significado de esta predestinación». Ahora, el más pequeño acuerdo sería este: que en última instancia Dios, en Su soberanía, de alguna manera, predestina quién llega al cielo y quién no. Esa es la definición más sencilla de predestinación que puedo darles: que desde la eternidad Dios de algún modo, de alguna manera, predetermina quién va al cielo y quién no; ese es el destino, o la destinación de la que se habla con respecto a la doctrina de la predestinación.
No se trata de si voy a Los Ángeles o a Chicago, sino de si voy al cielo o al infierno. El punto central aquí con respecto a la predestinación es la doctrina de la elección, eklegó, del Nuevo Testamento, que tiene que ver con la elección y decisión de Dios sobre el cielo o el infierno. Ahora, como ya he dicho, prácticamente todos los cristianos creen eso sobre la predestinación. Sin embargo, el cómo toma Dios la decisión de antemano sobre nuestro destino final no es algo en lo que haya un acuerdo universal entre los que profesan ser creyentes, ni en los credos históricos.
Existen muchas doctrinas diferentes sobre la predestinación. No tenemos tiempo para considerar todas las sutilezas y peculiaridades de algunas de las posturas más esotéricas, pero lo que sí haremos es al menos mencionar los dos puntos de vista más viables y que más están en conflicto sobre la predestinación que encontramos en la historia de la iglesia. La primera, que puede ser – puede que solo tenga tiempo para cubrir la primera hoy. Veremos cómo avanza el reloj, y en 6 minutos y medio descubriremos cuál fue el plan providencial de Dios para mí. No lo sabremos hasta entonces.
Una de las posturas más comunes, y quizás la mayoritaria sobre la predestinación en el mundo cristiano actual, se llama «el punto de vista presciente» – el punto de vista presciente de la elección o de la predestinación. «Presciencia» se escribe P-R-E-SCIENCIA. S-C-I-E-N-C-I-A, parecido a la «ciencia» que estudiaste cuando estabas en el colegio, y recordamos que la palabra «ciencia» viene del latín… ¿para qué? ¿Qué significa «ciencia»?
«Scio», «scientia» significa «conocimiento», «saber», y por tanto presciencia o pre-ciencia – de nuevo tenemos ese pequeño prefijo, ¿y qué es un prefijo? Es una palabra que incluso el prefijo «pre» va en la palabra «prefijo». El hecho es que, aquí tenemos «pre» – «antes». Así que la presciencia significa «ciencia de antemano» o «conocimiento de antemano». Significa exactamente lo mismo que la frase «conocimiento previo». Es simplemente un sinónimo de la frase «conocimiento previo», por lo que «presciencia» y «conocimiento previo» pueden usarse indistintamente.
Ahora, el punto de vista presciente de la predestinación o de la elección describe más o menos lo siguiente: la idea es que Dios, desde la eternidad, tiene la capacidad de mirar hacia los pasillos de la historia, de mirar hacia el túnel del tiempo y saber de antemano quién responderá positivamente a la invitación de Cristo y su evangelio y quién no lo hará; de modo que Él sabe, por ejemplo, que el evangelio será predicado a ustedes y a otros, y que algunos de ustedes dirán «Sí» a Cristo, y otros dirán «No» a Cristo. Y, desde la eternidad, Dios ordena que toda persona que Él sabe que dirá «Sí» al evangelio de Cristo, ha determinado —fijado y determinado— que toda persona que llegue a la verdadera fe salvadora alcanzará efectivamente el destino del cielo. Y así, predestina a los creyentes al cielo. ¿Lo ven? Predestina al cielo a aquellos que sabe que realmente creerán y no rechazarán el evangelio. Esa es la postura de la presciencia.
El punto de vista agustiniano, también llamado «el punto de vista de la Reforma», va más allá. Lo que esa postura afirma es que Dios, desde la eternidad, no solo predestina a quienes creerán para salvarse, sino que también predestina a que crean a quienes van a creer – que aparte de la gracia predestinadora de Dios, esta postura enseña, nadie creería jamás, y que las personas no están predestinadas al cielo porque creen, sino que están predestinadas a creer para que puedan ir al cielo.
¿Ven la diferencia? La postura agustiniana es, que desde la fundación del mundo, antes de que naciera alguien, antes de que alguien hiciera algo, Dios decidió entonces, antes de que nacieras, si iba a llevarte a la fe o no, que tu destino eterno estaba arraigado y fundamentado en la gracia predestinadora de Dios; y que si no fuiste predestinado desde la fundación del mundo, en realidad no llegarás a la fe, y tu destino no será el cielo. Quiero que sepamos esto. ¿Vemos la diferencia entre estas dos posturas? En la primera postura, lo decisivo, la decisión más crucial que determina el destino final de una persona recae en nosotros. En la segunda postura, la decisión más importante y decisiva, por la cual se determina nuestro destino eterno, la toma Dios. Eso hace toda la diferencia del mundo, ¿no es así?
Ahora, obviamente, quienes adoptan la segunda postura tienen que responder todo tipo de preguntas sobre la equidad de Dios, la justicia de Dios, el libre albedrío del hombre y todo lo demás, y veremos eso. Las personas que adoptan la primera posición también tienen preguntas difíciles que responder, como: «¿Por qué ve Dios a algunas personas decir que ‘Sí’ y a otras decir que ‘No’? ¿Es porque algunas personas son más justas que otras, o algunas personas son más inteligentes que otras, o algunas personas son más meritorias que otras?». Son preguntas muy difíciles con las que deben lidiar si quieren mantener esa posición.
Mi problema es, con el punto de vista presciente de la predestinación, que se ofrece como explicación para la doctrina bíblica de la predestinación, lo diré ahora y pondré mis cartas sobre la mesa; aunque sé que resulta muy atractivo para mucha gente, no creo que esta doctrina explique la predestinación. Creo que niega la predestinación. Es fundamentalmente la negación del concepto bíblico. Tendremos que dejar la razón de por qué lo digo para la próxima vez, cuando continuemos lidiando con la doctrina de la predestinación.
CORAM DEO
¿Tienes una doctrina de la predestinación? ¿Cuánto has pensado en esto? ¿Qué tan profundamente has procurado la enseñanza bíblica de la elección? ¿Es algo que prefieres ignorar y no jugar con eso? ¿Es esto algo que para ti arroja una sombra sobre la bondad y la justicia de Dios? ¿Es esto algo perturbador, una doctrina dura? Bueno, si alguna de esas cosas es cierta para ti, espero que sigas estudiando esta doctrina y profundizando en ella lo más que puedas, porque si no hay nada más que ganar con el estudio de esta doctrina, es una doctrina que nos obliga a mirar más de cerca el carácter de Dios y nuestra propia pecaminosidad; y francamente no creo que podamos dedicar «demasiado tiempo» a estudiar el carácter de Dios.
No creo que podamos tener una comprensión demasiado desarrollada de la gracia de Dios. No creo que nunca podamos alcanzar una apreciación exagerada de la grandeza de Dios, ni que vaya a ser perjudicial para nosotros explorar la profundidad de nuestra propia debilidad humana porque creo que prácticamente todos los errores que aquejan a la iglesia y su doctrina se relacionan con uno de dos errores: o bien una subestimación de la grandeza de Dios o una sobreestimación de la grandeza del hombre.






