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Transcripción
En esta sesión, vamos a considerar las últimas partes del fruto del Espíritu: la mansedumbre y el dominio propio, a veces traducidos como «humildad y templanza». Pero antes empecemos con una oración. Padre, alzamos nuestros ojos a Ti como la fuente de poder y energía para el fruto que ha de nacer en nuestras vidas por Tu Espíritu, y oramos para que un espíritu de mansedumbre sea característico de nuestras personalidades, y que nos des una capacidad más profunda para el dominio propio en todas las cosas. Te pedimos estas cosas en el nombre de Cristo. Amén.
No sé qué es lo que tiene el español que tiende a darnos problemas para entender el significado de la «mansedumbre» o la «humildad». A menudo la concepción popular de la mansedumbre es la de un tipo de personalidad insípida y débil, que es característicamente tímida, reservada, cohibida y temerosa. No sé de dónde vino esa idea, pero cuando vemos las Escrituras, notamos que la mansedumbre se eleva como una virtud y como una palabra que se usa para describir a algunos de los más poderosos y fuertes personajes de las Escrituras.
Por ejemplo, se nos dice que Moisés era un hombre manso. Cuando piensas en Moisés, ciertamente no piensas en un debilucho, sino que él tiene la imagen de alguien que exhibió extraordinarios dones de liderazgo y extraordinario poder y fuerza. No solo lo encontramos con Moisés, sino que también lo encontramos con Jesús. Recuerden cuando Jesús dijo: «Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy» –¿qué? «manso y humilde de corazón». Vemos a Jesús otra vez poniendo Su bendición sobre esta virtud en el contexto del Sermón del monte cuando dijo: «Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra».
Hemos visto que hay una discrepancia en las traducciones al español de este concepto, y algunos traductores prefieren otra palabra, tal vez para alejarse de la imagen distorsionada que tiene la mansedumbre, y ese es el concepto de humildad. Y eso es realmente de lo que estamos hablando con respecto a la mansedumbre. Ahora, la humildad, o la mansedumbre, en las categorías bíblicas no excluyen la posibilidad de la fuerza. De hecho, en un sentido muy real, presuponen la fuerza.
Una vez más, pensamos que todas las partes del fruto del Espíritu, cada una de ellas que son enumeradas… acabo de romper las reglas del plural y el singular dos veces en una oración. Sujetos singulares y verbos plurales. Debo tener un poco de templanza con mi gramática. Pero, en el Nuevo Testamento vemos que la mansedumbre es una característica de Dios mismo, que Dios, quien es omnipotente, ese Dios, cuya fuerza es trascendente, modera esa fuerza con mansedumbre o con ternura.
A menudo tenemos charlas sobre el matrimonio, sobre las relaciones entre hombres y mujeres, y en varias ocasiones hemos hecho encuestas ad hoc tanto a hombres como a mujeres, pidiendo a los diferentes géneros que enumeren cuáles son las características o cualidades que ellos conciben que integran la esencia de la feminidad o masculinidad. Son términos muy, muy escurridizos. Es difícil definir lo que significa ser masculino. Es muy difícil definir lo que significa ser femenina.
Entonces, separaremos a los hombres y las mujeres, y les pediremos a los hombres que den una definición de masculinidad y luego pediremos a las mujeres que den una definición de masculinidad y haremos lo mismo a la inversa con respecto a la feminidad, y probablemente nos encontraremos con algunas sorpresas. Luego, cuando la perfeccionemos, preguntaremos a los hombres cuáles son las cualidades que más buscan en las mujeres, en su ideal de feminidad. Entonces preguntaremos: «Mujeres, ¿cuál es su ideal de masculinidad? ¿Qué quieren encontrar en un hombre?
Es sorprendente, no importa cuántos grupos diferentes tengamos, ciertas cualidades siempre emergen de estas discusiones; y aunque puedo reducirlo a su esencia más simple, la preferencia número uno de las mujeres que hemos entrevistado para encontrar un hombre que exhiba lo que consideran características virtuosas de la masculinidad es una combinación de dos cualidades: fuerza y gentileza. Y una mujer lo expresó de esta manera: «Quiero que mi hombre sea fuerte y tierno».
No es exactamente la imagen de macho que se retrata tan a menudo en nuestra cultura, sino que las mujeres, y creo que también es cierto para los hombres, a los hombres no les gustan las mujeres rudas por lo general. Eso no significa que una mujer tenga que ser blandengue, pues podemos ver por las encuestas que los hombres parecen respetar a las mujeres fuertes que también son tiernas.
Entonces, creo que cuando hablamos de la mansedumbre dentro del fruto del Espíritu, estamos hablando de una dimensión de la personalidad que no niega la fuerza, sino que la complementa. De hecho, hay un cierto sentido en el que la mansedumbre, como dije, presupone fuerza, pero es la manifestación de la fuerza la que está bajo control. Creo que hay una razón por la que el dominio propio sigue muy de cerca a la mansedumbre, porque hay un cierto sentido en el que se requiere dominio propio para que una persona fuerte manifieste mansedumbre.
Quiero hablar por un minuto sobre la relación entre la fuerza y la mansedumbre. Pensamos, por ejemplo, en las personas que ocupan posiciones de poder y autoridad: en el gobierno, en los negocios, en la educación, en la iglesia. Hay quienes son elevados a posiciones de autoridad y poder. Creo que es muy importante, por cierto, que entendamos la diferencia entre poder y autoridad, porque hay una diferencia.
La autoridad tiene que ver con posiciones de gobierno o de liderazgo legalmente constituidas o establecidas con rectitud o con el derecho a gobernar, y ese derecho a gobernar no está limitado o restringido al gobierno como tal, sino que el maestro tiene autoridad en el aula. Tiene el derecho de gobernar el aula. Los padres en el hogar tienen autoridad, el derecho de imponer obligaciones a los hijos. Eso está constituido por Dios mismo, y por lo tanto el derecho a gobernar es de lo que estamos hablando: de imponer obligaciones. A eso nos referimos cuando hablamos de autoridad.
Una persona puede estar en una posición de autoridad, y nadie le presta atención a esa persona. Puedes estar en una posición en la que formalmente tienes autoridad, pero en realidad eres impotente, y a la inversa, hay personas que poseen poder sin autoridad. Una ilustración de esto que creo que todo ministro entenderá es en la iglesia local. Un anciano en la junta directiva, o un diácono o cualquier tipo de funcionario de la iglesia, tiene autoridad, pero en cada iglesia hay personas que poseen poder sin autoridad.
Es posible que el donante más grande de la iglesia no esté en la junta directiva. Puede que no tenga voto en el liderazgo ejecutivo del lugar, pero su dinero le da lo que llamamos «influencia», y nosotros, como cristianos, tenemos que ser muy, muy cuidadosos con ese tipo de cosas porque conocemos el viejo lema: «el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente». Eso no es del todo cierto, ¿verdad?, porque el único ejemplo de poder absoluto que tenemos en el universo es Dios, y no lo ha corrompido. Pero a nivel humano, existe la tendencia a ver que la influencia y el aumento del poder fomentan la corrupción.
Me pregunto a qué se debe. Porque cuanto más poder tiene una persona, menos restricciones externas hay sobre ella. Podrán observar que las personas que se destacan en la historia por su increíble maldad tienden a ser personas que tenían muy pocas restricciones externas sobre ellos. Piensa en Faraón como el símbolo de maldad en el Antiguo Testamento. A su maldad se le dio rienda suelta debido al poder absoluto de su cargo y a la magnitud de su posición en el mundo.
Adolfo Hitler es visto como una persona de gran maldad, y vemos también que tenía un poder casi plenipotenciario sobre la nación alemana en un momento determinado. Y así el poder corrompe, y hay que tener cuidado con eso. Ahora, he aquí el principio práctico: cuanto más poder tengas, o mientras más autoridad tengas, más necesario es combinar ese poder y esa autoridad con gracia y mansedumbre.
Uno de los libros más vendidos en los últimos años en Estados Unidos es un libro llamado «Ganar a través de la intimidación». Es un libro diseñado para enseñar a la gente cómo desarrollar una plataforma de poder para someter a otras personas mediante la pura amenaza de intimidación. Ese no es el fruto del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el Espíritu de poder. De hecho, el Espíritu es llamado el dunamis de Dios en el Nuevo Testamento, que se traslada al idioma español con la palabra ¿cuál? ¡Dinamita! Su poder es asombroso, pero el Espíritu no intimida, y el método de intimidación, las tácticas de intimidación no representan el fruto del Espíritu Santo.
Es posible que tengamos autoridad. Podemos estar en posiciones de poder, pero cuanto más poder y autoridad tengamos, más necesitamos combinar esas cosas con gracia, humildad y mansedumbre. Ahora, uno de los secretos que algunos grandes líderes cristianos manifiestan, al observar la vida de algunos líderes, es que ciertas personas que están en posiciones de poder de alguna manera se desempeñan con dignidad. Incluso en política hacemos una distinción entre el político y el estadista. ¿Cuál es la diferencia en tu mente? El hombre de estado tiene la misma cantidad de poder y la misma cantidad de autoridad, ¿pero qué? Muestra gracia. Es amable. Es gentil con el ejercicio de su autoridad y de su poder.
Entonces, esas personas han aprendido el secreto de que hay un cierto sentido en el que cuanto más poder tienes, más fácil es mostrar gracia. Si estás seguro de tu autoridad, si estás seguro en tu posición, no tienes que estar constantemente demostrándote a ti mismo y a todos los demás cuánto poder tienes. Hay un sentido en el que una persona que realmente posee autoridad y poder puede darse el lujo de ser amable. Es la persona insegura la que maltrata. Es la persona insegura la que utiliza las tácticas de intimidación, y la intimidación es un pobre sustituto del respeto, donde usamos la fuerza y el miedo para que la gente acceda a nuestra voluntad.
¿No es interesante que cuando Jesús, quien de nuevo, poseía en Su naturaleza divina poder absoluto, lo primero que le decía a la gente cuando se encontraba con ella era qué? «No tengas miedo. No temas». Él no usó su poder como una vara, como un matón. Ese no era Su estilo, y de lo que estamos hablando realmente es de un estilo de vida. En nuestra cultura encontramos al matón como uno de los tipos de personalidad más desagradables, y sin embargo, también vemos en nuestra cultura numerosos ejemplos de hombres influyentes y poderosos que de alguna manera tienen un espíritu muy tranquilo y gentil.
Es casi como si el hombre influyente se hubiera visto obligado a aprender desde una edad muy temprana cómo manejar su grandeza. Pienso en nuestro propio personal, en Steve Gooder, este gran hombre de casi 2 mt. Lo llamamos «el gigante» por aquí, en especial en términos de nuestro personal ya que parece ser un requisito en nuestra oficina que los hombres no midan más de 1,75. Somos los más bajitos del mundo cristiano aquí en Ligonier, pero tenemos a nuestro gigante simbólico, Steve Gooder; y Steve es una de esas personas que es tan gentil, y lo comparamos con el Gigante Gulliver.
Hubo una respuesta interesante del público estadounidense a un comercial hace unos años en la televisión de un jugador de fútbol de la Liga Nacional de Fútbol Americano. Fue quizás el comercial más efectivo en la historia de la televisión. Ganó más premios, creo, que cualquier otro anterior, ¿saben a cuál me refiero? Aquel inolvidable comercial del diálogo que se llevó a cabo entre Mean Joe Green y el niño, y la Coca-Cola. ¿Se acuerdan?
Bien, aquí tenemos a alguien que es un hombre gigante en un deporte violento y su apodo es «Mean (malo)», Mean Joe Green. Lo llaman «mean» porque rima con «Green», y lo que el público en Estados Unidos descubrió de ese comercial es algo que la gente de Pittsburgh ha sabido por años, que Mean Joe Green es una persona muy gentil y tierna, que ha tenido que aprender a controlar su fuerza física de intimidación. Ahora, tenemos que hacer eso porque nosotros, como cristianos, poseemos poder. Puede que no midamos 2 mt. Puede que no se trate de fuerza física, pero poseemos dentro de nosotros el poder de Dios, y eso requiere el fruto para moderar la fuerza, no sea que nos volvamos intimidantes.
Hay otras dos cosas que quiero decir sobre la mansedumbre antes de pasar al dominio propio, y es esto: que lo opuesto a la mansedumbre es la aspereza. El fruto del Espíritu no produce una personalidad áspera. Una personalidad áspera es aquella que es belicosa. Es peleadora. Es polémica. Es argumentativa. La persona gentil, la persona mansa no es brusca. Eso es lo que entendemos por áspero. Áspero como el papel de lija, siempre frotando a las personas de la manera incorrecta por bordes afilados en lugar de dimensiones suaves y fluidas para la personalidad.
También debemos decir que la mansedumbre es lo opuesto a la arrogancia. De nuevo, el Espíritu Santo no es un espíritu de arrogancia, sino que el Espíritu Santo es un espíritu de confianza, y esas dos cualidades a menudo se confunden en nuestra cultura porque hay un cierto sentido en el que hay una línea muy delgada entre la confianza y la arrogancia. Podemos decir esto: La persona segura de sí tiene una actitud pacífica. Está convencida de que puede hacer el trabajo. Desempeña sus responsabilidades con seguridad. Esa es una virtud muy elevada. Otra vez, cuando el Espíritu Santo, es derramado en nuestros corazones, procura darnos un espíritu de confianza.
Se nos dice: «En quietud y confianza está su poder». ¿Han oído ese pasaje? «En quietud y confianza está su poder». Por lo tanto, no debemos intimidar, pero tampoco debemos ser intimidados. Debemos ser capaces de caminar por la vida con un cierto espíritu de quietud y confianza dentro de nosotros, sabiendo de dónde viene nuestra fuerza. La arrogancia, por otro lado, es una falsa representación de confianza. Una persona que está verdaderamente segura no es una persona arrogante. La arrogancia es una manifestación de falsa confianza en la que fingimos que tenemos el control de las cosas y nos entregamos a la exageración y de nuevo a tácticas de intimidación.
Por último, la humildad es la manifestación de la ternura. Ya lo hemos dicho en un sentido, pero hay un pasaje en las Escrituras que es uno de mis versículos favoritos en el Antiguo Testamento. Estoy pensando en el profeta Isaías, a quien Dios usa para hablar a la nación, y ustedes recuerdan el texto: «“Consuelen, consuelen a Mi pueblo”, dice su Dios». ¿Qué viene después? «“Hablen (con ternura) al corazón de Jerusalén y díganle a voces que su lucha ha terminado, que su iniquidad ha sido quitada. ¿Ven la interconexión del fruto del Espíritu? Paciencia, bondad, benignidad, paz, ternura: «Hablen (con ternura) al corazón de Jerusalén». «Su lucha ha terminado».
Es porque poseemos paz, es porque poseemos amor que podemos darnos el lujo de hablar con ternura, así como Jesús habló tiernamente a la mujer sorprendida en adulterio y a la mujer en el pozo. La bondad y la ternura van de la mano. Por supuesto, para ser mansos, para moderar nuestras fuerzas con ternura, se requiere la última de las virtudes del fruto que se menciona, es decir, la templanza o el dominio propio. Se nos dice que el Espíritu Santo no es el autor de la confusión. Él no es el autor del caos, sino que es el autor del orden, la armonía y el dominio propio.
En los seminarios que impartimos aquí sobre el valor de la persona en los negocios y el comercio, a veces hablamos del lenguaje que sale del mundo corporativo, y una de las imágenes persistentes del mundo de los negocios y del mundo corporativo es que el mundo corporativo es un lugar de competencia tan intensa que se compara con una jungla. Decimos: «Bueno, es una jungla allá afuera», y es una metáfora interesante, ¿no es así?, para el cristiano, a la luz del hecho de que el paradigma de la vida, el paradigma de la creación es un huerto. El hombre fue creado y puesto en un huerto, y sin embargo describe su situación actual como la vida en una jungla.
¿Cuál es la diferencia entre un huerto y una jungla? Ambos son lugares donde las cosas crecen. Ambos son lugares donde hay vegetación que es visible, pero si ves un huerto en tu mente y ves una jungla en tu mente, ¿cuál es la diferencia? Animales salvajes, y en un huerto, si hay huertos, hay animales mansos. Son animales domésticos. Son animales que están bajo control. Son animales que están restringidos. No andan corriendo por ahí gruñendo y devorando a la gente por doquier y lo más importante: la diferencia entre una jungla y un huerto es la diferencia entre el crecimiento controlado y ordenado frente al crecimiento salvaje y caótico. Una jungla no es más que un huerto abandonado. No hay hileras de plantas, sino malezas y hierba mala. Simplemente es salvaje.
Es un lugar de desorden, de falta de armonía, y eso sucede cuando no hay control ni restricción. Por tanto, es característico del cristiano en crecimiento que esa persona desarrolle la capacidad de refrenar lo salvaje y los impulsos caóticos que nos llevan a la destrucción. Esto es lo que es tan aterrador sobre la ética cultural que dice: «Ten todo lo que puedas mientras puedas tenerlo», satisfaciendo el impulso del momento sin restricción, sin disciplina, sin templanza. La gente cae en excesos, sexualmente, con drogas, con comida, con todo tipo de cosas así, y lo que hace la persona con dominio es vivir dentro de restricciones. Mantiene su vida bajo control.
Una última ilustración del golf. En la revista Golf, tienen una sección de una página en cada edición de celebridades que juegan golf, y dice: «¿Cuál es el mejor consejo que he recibido?», y Telly Savalas dirá sobre alguien que le enseñó a golpear la bola, y Bob Hope dirá otra cosa. Si pudiera decir lo más importante que he aprendido sobre el golf, la clave en la que tengo que pensar todo el tiempo cuando juego golf es esta: guárdate de hacer el swing con violencia.
Cuando el tiro se sale de control, el desastre te encuentra de inmediato. No puedo evitar esa ilustración porque ahí es donde la veo todo el tiempo. Tenemos que ejercer moderación sobre el impulso a la violencia y al desenfreno que es característico del hombre caído, pero no del Espíritu Santo. En nuestra próxima y última sesión, hablaremos sobre crecer hacia la madurez, y haremos eso la próxima vez.







