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Transcripción
Cuando iniciamos nuestro estudio de la doctrina de la predestinación y la elección, recordarán que empecé en las páginas de la carta de Pablo a los Efesios, porque allí el apóstol usa la palabra «predestinación»; y expliqué en ese momento que si queremos tomar la Biblia en serio, debemos tener alguna doctrina sobre la predestinación porque la idea de la predestinación no fue inventada por Calvino, ni Lutero, ni Agustín. Es una palabra del Nuevo Testamento, y es un concepto del Nuevo Testamento. Y nos hemos estado preguntando: «¿Por qué eligió Dios a ciertas personas y no a otras? ¿Por qué algunas personas reciben Su gracia mientras otras reciben Su justicia?».
Hemos visto, espero, que en este sentido nadie recibe injusticias de parte de Dios, y que siempre es Su privilegio soberano dispensar Su gracia o misericordia según lo que Él considere apropiado o por la razón que sea que le incline a hacerlo. Pero quiero volver ahora a ese capítulo inicial de Efesios para explorar esta idea de por qué Dios da gracia a algunos y no a otros. ¿Cuál es la razón? Pablo ya nos ha dicho que no se basa en nada que nosotros hagamos. No se basa en nuestro correr, ni en nuestro querer, ni en nada que hagamos, sino que se basa únicamente en el propósito de Dios. Veamos nuevamente lo que Pablo dice en Efesios capítulo 1.
Veamos de nuevo el versículo 3 del capítulo uno de Efesios. «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó —aquí está la palabra— nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado». De nuevo, ¿cuál es el propósito aquí? Esto es para demostrar la gloria de la gracia de Dios. Eso es lo que se está manifestando, porque fue por esta gracia que Él nos hizo aceptos en el Amado.
Luego leemos en el versículo 7: «En Él tenemos redención mediante Su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de Su gracia que ha hecho abundar para con nosotros. En toda sabiduría y discernimiento nos dio a conocer el misterio de Su voluntad», de nuevo, «según la buena intención que se propuso en Cristo, con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra». Y finalmente, «También en Él hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de Aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de Su voluntad, a fin de que nosotros, que fuimos los primeros en esperar en Cristo, seamos para alabanza de Su gloria».
¿Saben algo, amigos? Realmente no veo cómo el apóstol podría haber dicho esto más claro de ahí. Estoy realmente desconcertado sobre por qué las controversias sobre la soberanía de la gracia persisten y continúan en la historia de la iglesia, pero luego regreso a la propia experiencia de mi vida y a todo lo que luché durante tantos años. No creo, sin embargo, que esta sea una idea oscura. No veo cómo Pablo hubiera podido explicarlo con mayor claridad que aquí en Efesios y más tarde en Romanos. Pero, la pregunta es, si Dios escoge a algunas personas para ser objetos de Su gracia salvadora y no da esa misma bendición, ese mismo favor, a otras personas, y si la razón por la que elige a algunos para recibir este enorme beneficio y a otros no, sino que los excluye del beneficio… ¿no grita eso la idea de que de alguna manera Dios es arbitrario, caprichoso o antojadizo? Puede que no sea injusto, pero ciertamente parece ser arbitrario aquí.
Ahora, permítanme responder esa pregunta. No quiero hacer un juego de palabras con ustedes, pero tomemos un momento para definir qué queremos decir con el término «arbitrario», «caprichoso» o ser «antojadizo». Una persona arbitraria hace lo que hace sin motivo alguno. Simplemente lo hace y les preguntas por qué lo hicieron – «Hmm. Sin ningún motivo. Lo hice por impulso. Es cuestión de capricho». No tenemos mucho respeto por las personas caprichosas que hacen cosas sin motivo alguno. De hecho, si realmente lo hacen sin motivo, deberían encerrarlos, porque eso sería una especie de locura.
Ahora, ¿vamos a atribuirle a Dios ese tipo de defecto o de comportamiento incorrecto —que es arbitrario y caprichoso? Ahora, algunos dirán: «Tienes que hacerlo, Sproul, porque has estado insistiendo en que Dios elige a las personas sin razón alguna —ya sea previsto o de cualquier otra índole— que resida en ellas.» Y es cierto. He elaborado el punto de que la razón por la que Dios te escogió no depende en lo absoluto de ti. No existe razón que Dios pueda encontrar en mi para salvarme, ¿no es cierto? A menos que encuentre en mí algún tipo de mérito o rectitud que yo tenga en mayor abundancia que otras personas, y con esto estamos regresando a la salvación por obras y al legalismo. No, no. Decimos claramente que Su gracia no nos es dada por alguna razón que haya en nosotros.
Pero el hecho de que no haya razón alguna en mí mismo, no significa que no haya una razón detrás de la acción de Dios, y lo que la Biblia está afirmando con fortaleza al decir que la razón de nuestra elección no está en nosotros, no significa que Dios esté siendo caprichoso, antojadizo y arbitrario, porque repite una y otra y otra vez que Dios tiene una razón para hacer esto, y hay un par de palabras que se repiten en este sentido. Una es el «consejo» de la voluntad de Dios. Ahora, no me refiero a «consejo» en el sentido de un grupo de personas que deliberan en una reunión tipo mesa redonda, sino al «consejo», que tiene que ver con la sabiduría, el plan o los procesos de pensamiento de Dios.
El consejo de Dios – la expresión misma «el consejo de Dios», la sola palabra «consejo», sugiere inteligencia y una razón inteligente para actuar. Dios nunca quiere algo separado de Su propio consejo. Una persona completamente arbitraria no tiene consejo, no acepta consejos, no escucha consejos. Simplemente lo hace. De forma que, la palabra misma «consejo» debería alertarnos de que la idea bíblica aquí sobre la gracia soberana de Dios está arraigada en la sabiduría de Dios, en Su propio pensamiento, que es perfecto. No es irracional, sino eminentemente racional, muy lejos de ser arbitrario.
Otra palabra que se usa una y otra vez en la Biblia respecto a la predestinación y la elección es la palabra «propósito» – la palabra «propósito». En griego usamos la palabra telos. Puede que algunos de ustedes sean estudiantes de filosofía y sepan que la filosofía estudia varias subdivisiones diferentes del pensamiento. Una es la metafísica. Está la cosmología. Otra es la epistemología. También la ética, pero una de las subdivisiones del estudio de la filosofía es la ciencia de la teleología. Teleología: proviene de la palabra griega telos, que significa «fin, propósito o meta».
Algunos de ustedes han oído hablar de los distintos argumentos a favor de la existencia de Dios: el argumento cosmológico que razona a partir del mundo, el cosmos, de vuelta a su Creador, a Dios. Pero uno de los argumentos clásicos para la existencia de Dios que ha prevalecido se llama el argumento «teleológico» para la existencia de Dios, es decir, que el universo tal y como lo conocemos exhibe cierto orden, cierto diseño, cierta simetría que sugiere un planificador inteligente, y así sucesivamente. Así que la palabra telos tiene que ver con fines o metas o, por así decirlo, propósito.
Ahora, alguien que hace algo completamente arbitrario lo hace sin ningún propósito. Sin embargo, lejos de carecer de propósito, el Nuevo Testamento deja claro que hay un propósito divino en la gracia electiva de Dios, y los propósitos que se mencionan son, ante todo, manifestar las riquezas de Su gracia, mostrar Su misericordia – es decir, revelar algo sobre Su maravilloso carácter; algo que Su gracia ciertamente hace. Manifiesta su asombrosa, maravillosa y hermosa misericordia.
También hay otro propósito, y es el propósito de honrar a Cristo. ¿Recuerdan la promesa a Cristo de que vería la angustia de Su alma y quedaría satisfecho? La antigua postura pelagiana sostenía que Jesús murió en la cruz esperando que alguien aprovechara ese sacrificio y fuera salvo. Dijo: «Haré la obra de expiación, pero depende de ti determinar tu destino», y en ese esquema, sería teóricamente posible que Cristo hubiera muerto completamente en vano, que nadie respondiera positivamente al evangelio, y que Cristo hubiera muerto sin venir a ser el primogénito de muchos hermanos. Pero según el consejo determinante de Dios, Dios determinó desde la fundación del mundo que la cruz de Jesucristo daría Su fruto designado y que Cristo vería la angustia de Su dolor y sufrimiento y de Su muerte y quedaría satisfecho.
Observen que cuando el Nuevo Testamento habla de elección y predestinación, siempre habla de que somos elegidos, o escogidos, en el Amado, en Cristo. Cuando la gente me pregunta: «RC, ¿por qué fuiste salvado y otras personas no?» De nuevo, analizaremos esa pregunta más a fondo, pero cuando miro dentro de mi propio corazón y de mi propia alma y de mi propia vida, no puedo dar ninguna respuesta satisfactoria sobre por qué Dios se molestaría en salvar a un miserable como yo. Ojalá realmente creyéramos las palabras de «Sublime gracia». Ojalá estuviéramos realmente maravillados con la gracia de Dios, pero de lo que realmente nos maravillamos es de Su justicia. Damos por sentada su gracia.
Como digo, hemos cambiado un poco la canción de Henry Higgins y cantamos «Nos hemos acostumbrado a Su gracia», y la asumimos. Y después de asumirla, empezamos a presuponer en base a ella, y como he dicho, una alarma debe sonar en nuestra cabeza cuando pensemos que merecemos la gracia. No se me ocurre ninguna razón en RC Sproul por la que Sproul haya sido un tizón arrebatado del fuego. ¿Si Dios hubiera decidido tratarme simplemente según Su justicia, como dijo David: «Señor, si Tú tuvieras en cuenta las iniquidades, ¿quién, oh Señor, podría permanecer?» Yo no permanecería.
La única forma de yo poder entrar en el reino, o de que alguien pueda entrar en él, es por la gracia soberana de Dios y solo por esa gracia. La sola gratia fue el tema de la Reforma – por gracia y solo por gracia. La única razón que encuentro en el Nuevo Testamento para que alguien sea cristiano es que Dios el Padre otorgue Su gloria, Su amor y Su afecto a Dios el Hijo. La única razón por la que somos redimidos, en última instancia, no es por nuestro valor, sino por el valor de Cristo y porque Dios es misericordioso conmigo, con miras a recompensar a Aquel que sí merece una recompensa – Su Hijo unigénito.
¿Ves la extraña intersección entre la gracia y la justicia? Es justo que Cristo reciba una herencia, y nosotros somos esa herencia. El que nosotros seamos esa herencia es gracia para nosotros, es justicia para Cristo. Ese es el propósito, y el Nuevo Testamento dice: «¿Por qué eligió Dios? ¿Por qué nos escogió a nosotros? Para que el propósito de Dios, según la gracia, permaneciera». Hacemos todo lo que está a nuestro alcance por derribar esa gracia y deshacernos de esta doctrina en nuestros pensamientos, pero el propósito de Dios es que entendamos la bondad de la gracia, que le permitamos mantenerse y que tengamos denuedo para proclamarla en la vida de la iglesia entre el pueblo de Dios.
Lo otro a lo que quiero llamar la atención de ustedes y que leí rápidamente aquí en Efesios, está en el versículo 5: «Nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a…». Permítanme detenerme ahí. «Conforme a» – ¿qué significa esa frase? «Conforme a…» Significa «en base a», y que no es según una obra prevista de antemano, ni por nuestro mérito, ni por nuestra justicia, ni por nuestro correr, ni nuestro querer, ni nuestro creer, ni nada. La base de la elección es, según este texto, «conforme a la buena intención de Su voluntad que se propuso en Cristo». Hablemos un momento de esa frase. Volviendo al tema de la arbitrariedad… yo hago algo que parece arbitrario y caprichoso, y tú dices: «¿Por qué hiciste eso?». Y yo digo: «Bueno, no sé. Simplemente lo hice porque me gusta».
Bueno, esa es una razón para hacerlo, ¿no es así? Porque te gusta. Pero sabemos que algunos… incluso consideramos eso una especie de arbitrariedad o capricho cuando la gente simplemente hace lo que quiere sin ningún tipo de consideración por aquello que es correcto. Están buscando su propio placer. Lo hacen porque les agrada. Ahora, esta es una respuesta que la Biblia da al «por qué» de la elección, que el «por qué» de la elección es conforme a la voluntad de Dios. Dios escoge ser misericordioso con algunas personas porque se complace en ser misericordioso con algunas personas y no con todas, y que Dios encuentra la elección agradable para sí mismo.
Alguno dirá: «Ok, el secreto quedó revelado. Ahora Dios es demoníaca, diabólicamente caprichoso y arbitrario porque todo este juego que juega, eligiendo a algunos y rechazando a otros, salvando a algunos y condenando a otros, es solo una divina comedia donde Dios solo se está divirtiendo», y tendemos a oscurecer el consejo sin conocimiento y a estar peligrosamente cerca de blasfemar al Espíritu Santo en este punto, porque nos hemos perdido una palabra en el texto: que Dios hace esto eligiendo y escogiendo… ¿conforme a qué tipo de intención? «Conforme a la buena intención de Su voluntad».
Esa palabra hace toda la diferencia del mundo, amigos, porque no existe tal cosa como la mala intención de la voluntad de Dios. Dios no se complace en el mal. Nosotros nos deleitamos en el mal. De hecho, por eso pecamos, porque nos resulta muy placentero. Si no fuera placentero, no nos sentiríamos atraídos ni tentados por ello. Pero en la voluntad de Dios no hay maldad. Lo único que ha complacido a Dios es la bondad, y el único placer que ha tenido es un placer bueno, y el único propósito que ha tenido es un propósito bueno. Así que nunca, jamás sugiramos que en el misterio de Su gracia Él sea caprichoso, antojadizo o arbitrario. El hecho de que la razón de nuestra salvación no reside en nosotros, no significa que sea irrazonable, irracional o que Dios carezca de propósito, consejo o bondad.
CORAM DEO
A veces esta difícil doctrina de la elección se torna muy fácil, ¿verdad? ¿Qué tan difícil es para nosotros imaginar que lo que agrada a Dios siempre es bueno y que sus propósitos siempre son buenos, y que sea cual sea la razón por la que concede misericordia a algunos y a otros no, tiene que ser buena? Eso no es difícil, ¿verdad? Lo difícil es concebir un placer maligno en Dios o que Dios haga una acción arbitraria, imaginar a tu Creador soberano haciendo algo sin propósito o haciendo algo sin tener en cuenta Su propia omnisciencia, su conocimiento infinito, su entendimiento perfecto de todas las cosas. Claro, claro, el misterio permanece, y estará ahí mientras veamos por un espejo, veladamente, pero esto no es un misterio en ese sentido.
Sabemos, y creo que entendemos que Dios no es arbitrario y que Dios no actúa sin un propósito, ni hace nada injusto o incorrecto. Es solo que… no siempre nos gustan las decisiones de Dios. No siempre estamos de acuerdo con el consejo de Dios, y a veces me he sorprendido diciéndome a mí mismo: «Si yo fuera Dios, haría esto o aquello.» Y tengo que detenerme en seco y decir: «Espera un momento. ¡Qué pensamiento tan arrogante!» Y por otro lado, ¿no es algo bueno que yo no sea Dios? Las cosas serían mucho peores de lo que parecen ser ahora en este mundo.






