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Transcripción
Continuamos con nuestro estudio del inquietante y difícil tema de la predestinación, recuerden que en nuestra última sesión di una breve descripción de los dos puntos de vista más importantes sobre la doctrina de la predestinación. Está la postura que llamamos el punto de vista «presciente» de la predestinación, y la repasaremos rápidamente.
«Presciencia», o «pre-ciencia», es solo sinónimo de la frase «conocimiento previo», y es identificada como el punto de vista «presciente» de la predestinación porque describe algo como esto: la idea es que Dios mira a través del túnel del tiempo, el corredor de la historia, y sabe de antemano quién responderá positivamente a la oferta del evangelio de Cristo; y sobre la base de ese conocimiento previo, elige para vida eterna a aquellos que sabe que dirán sí al evangelio.
Por tanto, la elección, o la predestinación, se basa fundamentalmente en el conocimiento previo de Dios. La otra postura, la agustiniana, dice que Dios predestina a las personas a creer – es decir, si no fuera por la gracia de la elección, nadie vendría voluntariamente a Cristo, y solo aquellos que han sido predestinados son los que realmente responden positivamente al evangelio.
Estas son las dos posturas rivales más importantes, y hoy quiero dedicar cierto tiempo a esta idea de la presciencia y el conocimiento previo porque quizás el texto bíblico más importante que se utiliza para apoyar la doctrina de la presciencia, o la idea de que la elección se basa en el conocimiento previo de Dios, se encuentra en la carta de Pablo a los Romanos, capítulo 8, empezando con uno de los versículos más famosos de este libro – Romanos 8:28.
Leemos el texto de la siguiente manera: «Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados [o elegidos] conforme a Su propósito». Y luego el versículo 29, que es donde encontramos la ubicación clásica para este concepto de presciencia. «Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos». Y luego tenemos este famoso texto en el versículo 30: «A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó».
Ahora, ese versículo que acabo de leer suele llamarse, en lenguaje popular, la «cadena de oro» porque hay una cadena de acciones redentoras o eventos, que aquí son resumidos. «A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó». Lo que tenemos aquí también ha sido considerado como una versión abreviada de lo que técnicamente se llama en teología, el ordo salutis. O-R-D-O – S-A-L-U-T-I-S.
Me pregunto cuántos de ustedes habrán escuchado esa frase alguna vez: ordo salutis. Voy a pedir a mi público en el estudio que levante la mano si ha escuchado – esa pequeña frase latina ordo salutis. Permítanme ver sus manos aquí en el estudio si la han escuchado. Levántenlas donde pueda verlas. Ustedes que están escuchando, fuera de este estudio, deberían ver a mis amigos aquí. Son tan tímidos que, si estuviéramos en una subasta, el subastador apenas notaría el movimiento de sus cabezas.
¡Déjenme ver esas manos ahí arriba donde pueda verlas y contarlas! Veamos: Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete. Eso es solo alrededor de un tercio de los presentes, así que voy a suponer que la mayoría de ustedes allá afuera que están escuchando esta clase, tampoco han oído esta expresión ordo salutis; pero como saben Sproul no puede pasar una clase sin algo de latín, así que aquí está el latín. El ordo salutis – no es difícil de traducir. Ordo significa «orden» y salutis es el latín para «salvación».
Todos hemos oído la expresión «plan de salvación», y el «orden de salvación» tiene que ver con la vieja pregunta del huevo y la gallina: ¿qué fue primero —por lo menos en cuanto al orden lógico? Lo que tenemos aquí es un orden que comienza en el versículo 29 con el conocimiento previo. «Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó… A los que predestinó, a esos también llamó» – ¿ven el orden aquí? «A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó».
Así que hay un orden aquí, y el primer paso en ese orden es el conocimiento previo. Eso es considerado extremadamente importante por quienes sostienen la postura presciente de la predestinación, pues argumentan que la elección de Dios se basa en Su conocimiento previo de los acontecimientos futuros y de lo que nosotros realmente haremos en el futuro. Antes que nada, noten que el texto no dice, explícitamente, que aquellos a quienes Él conoció de antemano sobre la base de su conocimiento previo fue a quienes predestinó. Eso no está en el texto. El mensaje no lo dice.
Todo lo que dice es que aquellos a quienes Él de antemano conoció también los predestinó. Esta postura asume que la predestinación se basa en cierta medida en el conocimiento previo. ¿Lo entienden todos? Ok, pero es una inferencia. Es una inferencia razonable. No es una inferencia necesaria, pero sí una inferencia posible por el orden mismo en que aparecen estas cosas. En ocasiones veremos al apóstol Pablo mencionar muchas cosas en una lista, donde las menciona sucesivamente – es decir, dará una serie de elementos como el fruto del Espíritu o los dones del Espíritu.
Es peligroso ver listas que aparecen en las Escrituras y convertirlas en listas que comunican una prioridad, a menos que el texto dé explícitamente prioridad a esos distintos elementos. También es peligroso asumir que solo porque las cosas aparecen en una lista, están ahí en algún orden sucesivo. Pero en este caso, creo que es una suposición segura – especialmente si vamos al final de esta lista, al final de los eventos que se describen aquí y al orden, y los vemos desde el final.
¿Qué es lo último que se menciona en esta lista de Romanos 8? La glorificación. Y en cuanto al desarrollo de nuestra salvación, los pasos que se dan en el camino – tenemos la fe, y luego, después que tenemos fe, somos justificados, y la justificación produce la santificación, y el paso final de la santificación es la glorificación. No somos glorificados y luego justificados. La glorificación sigue después de la santificación. La santificación sigue a la justificación. Por supuesto, una de las preguntas que le haré a Pablo cuando llegue al cielo es por qué ni siquiera menciona la santificación en esta lista.
Pero de todos modos, creo que es seguro asumir aquí en este texto que sí tenemos un orden secuencial, ya que comienza con el conocimiento previo y termina con la glorificación. Hay otras suposiciones que se hacen cuando llegamos a este texto. El texto no dice: «Todos los que Él de antemano conoció también los predestinó, y todos los que predestinó son llamados, y todos los que llamó son justificados, y todos los que justificó son glorificados». No lo dice explícitamente.
Sin embargo, si lleváramos a 100 intérpretes de Romanos a un aula —estudiosos del Nuevo Testamento de todos los trasfondos teológicos y grupos confesionales—, creo que sería seguro decir que al menos 95 de esos 100, y quizá los 100, concederían que, aunque la palabra «todos» no se encuentra explícitamente en este texto, que el texto es elíptico y asume tácitamente esa idea.
Lo que el texto sí dice es: «A los que de antemano conoció, también los predestinó… A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó», y ciertamente hay motivos para creer, pienso yo, que todos los justificados, son ciertamente glorificados, y que el «todos» es una implicación necesaria de este texto. Sin embargo, si lo es, plantea serios problemas para la postura presciente, porque hay un pequeño eslabón en esta cadena dorada que se convierte en un gran problema si anticipamos el significado de «todos» en este texto.
Permítanme explicarlo. Se nos dice que todos – o que los predestinados han sido llamados, y que los llamados han sido justificados. Ahora, supongamos que la palabra «todos» no es adecuada para insertarla en nuestra comprensión del texto, y ponemos la palabra «algunos» en su lugar. «Algunos que de antemano conoció también los predestinó. Algunos de los que predestinó también llamó. Algunos de los que llamó también justificó. Algunos de los que justificó también glorificó».
¿Empiezan a notar el problema ahí? Eso es un problema muy serio con respecto a todo lo que enseña la Biblia sobre el destino final de las personas justificadas y el destino final de las personas predestinadas. Tendríamos a algunos de los predestinados que no habrían sido justificados, y a algunos de los elegidos que no serían glorificados. Simplemente – destruye tanto la postura clásica agustiniana de la predestinación, como la postura presciente de la predestinación.
¿Ven que si ponemos la palabra «algunos» ahí, eso es lo que pasaría? Así que es mucho mejor entender que aquí estamos hablando de categorías universales de forma consistente a lo largo de esta cadena dorada, de modo que todos a los que de antemano conoció —independientemente del sentido con que entendamos aquí el conocimiento previo— fueron predestinados, y todos los predestinados son llamados, y todos los que son llamados son justificados, y todos los que son justificados también son glorificados.
Ahora, el problema surge con la palabra «llamar». ¿Qué quiere decir Pablo? ¿Qué tiene en mente cuando habla de los que son llamados, que luego son justificados? La Biblia usa la palabra «llamar» en más de un sentido. Jesús, por ejemplo, dijo: «Muchos son llamados, pero pocos son escogidos», y en teología hacemos una distinción —y de nuevo, si es prerrogativa de una mujer cambiar de opinión, también es prerrogativa de los teólogos hacer distinciones. Se nos conoce por eso. De eso vivimos.
Hacemos una distinción, y el propósito de la distinción es obtener claridad, tratar de ser precisos. En el Nuevo Testamento, podemos notar la distinción entre lo que denominamos el «llamado externo de Dios» y el «llamado interno de Dios». El llamado externo es la proclamación básica del evangelio que se predica a la gente. Algunas personas responden positivamente, otras lo rechazan.
Recordamos cuando Pablo habló en el Areópago ante los filósofos atenienses reunidos allí. Algunos se burlaron de él y rechazaron sus enseñanzas. Otros recibieron con gusto su anuncio de la resurrección, y aun un tercer grupo de personas quiso reflexionar más sobre eso, de modo que el punto es que Pablo, en ese momento, llamó externamente a todos los presentes a arrepentirse y a recibir a Cristo. Todos los que estaban ahí oyeron el llamado con sus oídos, pero ninguno creyó el llamado externo, y lo podemos entender. El evangelio se predica a muchas personas que no obedecen el llamado de Dios ni responden positivamente al llamado de Dios a Cristo. Ese es el llamado externo.
Ahora, el llamado interno tiene que ver con la operación secreta del Espíritu Santo que llama a hombres y mujeres de manera interna, que cambia las disposiciones de sus corazones, que los anima a la fe y los despierta de sus letargos dogmáticos, y los impulsa hacia la fe y la creencia. A eso es a lo que nos referimos con el llamado interno de Dios. Ahora, el punto es, ¿cuál de estos, si es que hay alguno, entra en juego en este texto cuando Pablo dice que a quienes Dios llama, lo justifica? ¿Cuál es el requisito absoluto para la justificación según Pablo y según el Nuevo Testamento? ¿Qué tienes que tener para ser justificado? Tienes que tener fe, ¿no? Así que solo aquellos que creen – que tienen fe son justificados, y si aquí estamos hablando del llamado externo, solo aquellos que responden al llamado externo en fe son justificados.
Tienen que tener sus sombreros de concentración puestos, ¿ok? Manténganlos bien puestos por un momento. Si este llamado es el llamado externo, eso significa que todos los que escuchan el llamado externo son justificados. Eso significa que todos los que escuchan el evangelio tienen fe, pero sabemos que no es así. Así que no puede estar refiriéndose al llamado externo, ¿cierto? Solo puede referirse al llamado interno porque solo aquellos que responden internamente al llamado externo del evangelio son los justificados. Así que mi suposición al mirar este texto es que, cuando dice: «A los que llamó, a esos también justificó», la referencia aquí es al llamado interno.
Ahora, observa que el llamado interno en este orden y en esta secuencia viene después del conocimiento previo y después de la predestinación. Lo que la postura presciente suele decir es esto: que Dios conoce de antemano a todos los que responderán al llamado externo del evangelio, y en base a aquellos que sabe que recibirán el llamado, entonces los predestina para la justificación y glorificación. Ahora, estaríamos cambiando por completo el orden de esta cadena para dar cabida a esa postura; y más importante aún, la postura presciente sostiene que hay personas que Dios sabe desde toda la eternidad que responderán a un llamado al que todo el mundo responde, los que reciben ese llamado particular.
La postura clásica dice que Dios predestina a las personas a ser llamadas internamente por el Espíritu Santo, y que todo aquel a quien Dios predestina que sea llamado en realidad es justificado, y que aquellos que son justificados, son glorificados; de modo que la visión agustiniana es esta: que Dios no puede predestinar a nadie por ninguna razón a algo de lo que no tenga conocimiento. Dios no predestina a gente que no conoce. Obviamente, el conocimiento previo tiene que ser lo primero en cualquier sucesión de decretos de Dios porque Él no decreta nada para nadie de quien no sabe nada, y la secuencia natural aquí de la cadena dorada es que la predestinación va después del conocimiento previo, no en el sentido de que se base en que Dios sepa lo que vamos a hacer si el asunto se deja en nuestras manos, sino que ese conocimiento previo tiene que preceder a cualquier cosa que Dios decrete respecto a las personas.
Espero que lo entiendan y que esté claro. La Biblia no dice que la predestinación se basa en el conocimiento previo de Dios sobre lo que las personas harán, sino que es simplemente el conocimiento previo de Dios sobre las personas; que los elegidos, quienes son elegidos para cierta cosa —y en este caso están predestinados a ser llamados— y todos los que están predestinados a ser llamados son llamados, y todos los que son llamados son justificados, y todos los que son justificados son glorificados, de modo que no hay ningún grupo entre los elegidos que dejen de ser elegidos. No existe ningún grupo dentro de los incluidos en lo referente a este conocimiento previo que no sea justificado. Todo lo que el texto dice es que la predestinación de Dios incluye un conocimiento previo de aquellos que son objeto de Su obra predestinadora: el pueblo.
Algunos traductores lo expresan de forma diferente. Dicen: «A los que de antemano amó» – los que conoce en el sentido redentor – les concede la gracia de la predestinación que conduce a la gracia del llamado interno, a la obra de la justificación y, en última instancia, a la salvación final que se encuentra en nuestra glorificación. Así que, lo que quiero decir es que si vemos detenidamente la cadena dorada a la que se apela una y otra vez por quienes quieren basar la predestinación en el conocimiento previo en el sentido de respuestas humanas previas conocidas, la cadena en realidad da la vuelta a ese argumento, y es uno de los versículos más poderosos de toda la Escritura a favor de la postura agustiniana.
CORAM DEO
Hoy hemos cubierto temas muy importantes y lo hemos hecho bastante rápido. En resumen, permítanme decir a quienes han estado siguiendo este difícil proceso… que seguiremos explorando algunas de las otras preguntas relacionadas con esta idea del conocimiento previo y temas similares. Pero me gustaría pedirles que hagan una pequeña tarea – que reflexionen sobre este análisis que les he dado hoy sobre la cadena de oro y puedan así entender lo que Pablo está diciendo aquí: que aquellos que Dios conoció de antemano – todos ellos – todos los elegidos son conocidos de antemano por Dios. No podría haber elección sin un conocimiento previo.
Pero lo que hace la predestinación es predestinar a las personas para ser llamadas para ser justificadas y para ser glorificadas; y me resulta interesante que esta cadena dorada siga inmediatamente ese maravilloso versículo al que todos somos atraídos para encontrar consuelo: que todas las cosas cooperan para bien —no para todos— sino para quienes aman al Señor y son llamados conforme a Su propósito. Es decir, lo que Pablo dice en términos sencillos es que todas las cosas están operando juntas a través de la mano divina de la providencia para el bien de los elegidos, porque es el plan eterno de Dios asegurar la redención completa de aquellos a quienes Él ha predestinado.






