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Transcripción

 

En esta sesión llegamos al profeta Jeremías y el otro libro que él escribió, Lamentaciones.

Les pido que tomen su Biblia, y vayamos ahora al libro de Jeremías y veremos el capítulo 1, versículo 5. Este libro comienza de inmediato con la clara enseñanza de la Elección Soberana, como he dicho antes en la Iglesia de hoy, casi esconderíamos un versículo como este para el final del libro, pero Jeremías lo ubica en la parte frontal misma del libro y nos introduce de inmediato a esta verdad.

Así que, en Jeremías 1, desde el versículo 4, leemos: “Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí”, detengámonos ahí, obviamente Dios sabía acerca de Jeremías, pero esto va mucho más profundo. 

Para que Jeremías dijera que el Señor lo conocía significa que el Señor había entrado en una relación salvadora con él antes que naciera, que Dios había puesto su corazón sobre él. La palabra ‘conocer’ se usa aquí como sinónimo de amar, y aquí tenemos la idea de presciencia, lo cual alude aquellos a los que Dios eligió amar previamente, eso es lo que significa conocer previamente.

No tiene nada que ver con que Dios mire por el famoso túnel del tiempo para ver qué harían las personas, eso es una tontería, ni siquiera es lo que significa la palabra. En primer lugar, Dios nunca ha mirado al futuro para llegar a conocer algo porque Dios lo sabe todo.

¿Por qué Dios iba a mirar al futuro cuando Él es el que ha ordenado ya el futuro y conoce ya el futuro? Eso no es lo que significa la presciencia. La presciencia significa aquellos que Dios conoció de antemano y que Dios conoce es una palabra que significa: aquellos a los que Dios amó con un amor distintivo de antemano. 

La palabra ‘conocer’ en la Biblia se usa para describir la relación entre el esposo y la esposa, en Génesis 4, versículo 1, el texto dice que el hombre conoció a Eva su mujer, y ella concibió y dio a luz un hijo, la palabra ‘conocer’ significa entrar en la relación de amor más íntima personal que puede haber entre dos personas, al decir que Dios conoce alguien se está usando exactamente de la misma forma, no físicamente sino espiritualmente. 

Así que esta es una extraordinaria declaración que Dios le dio a conocer a Jeremías: Antes que yo te formara en el vientre, te conocí, ya había puesto mi corazón sobre ti, ya te había elegido y escogido a ti para mí.

Y luego, la línea siguiente, “Y antes que nacieras, te consagré”, eso significa que Dios apartó a Jeremías para sí mismo de la raza humana, de entre todos los hijos de Adán que han heredado una naturaleza pecaminosa y están separados de Dios, Dios ya había consagrado a Jeremías y lo había apartado para Él. Dios mismo escogió Jeremías para sí mismo, escogido por Él para Él.

Eso es lo que dice este pasaje, y para un gran propósito. Él dice: “Te puse por profeta a las naciones”, somos elegidos para ser sus siervos, somos escogidos para salvación, pero esta salvación es una búsqueda activa y dinámica del Señor por la cual somos usados para sus propósitos, y Dios tenía un gran designio para la vida de Jeremías, porque él vendría a ser un portavoz por medio del cual Dios hablaría a la nación. 

De manera que vemos, en el comienzo mismo del libro de Jeremías ésta clara y distintiva declaración de los propósitos soberanos y electivos de Dios, si eres un creyente en Jesucristo, lo mismo se puede decir de ti, que Dios te conoció antes de que nacieras, y Dios te consagró antes de que salieras del vientre de tu madre, y perteneces al Señor y Él te está usando, no como profeta como fue Jeremías, pero de la forma única conforme a la dotación y oportunidades únicas que el Señor te ha concedido.

Hay un sentido de destino en tu vida de que Dios ha ido delante de ti, y te ha marcado el camino y ha predestinado para buenas obras para anduvieras en ellas. Así que, así es como comienza el libro de Jeremías, y comienza con una nota muy elevada.

A medida que avanzamos a través del libro de Jeremías, también hay declaraciones muy claras acerca de la Depravación Total de la raza humana. En el capítulo 4, versículo 22, Dios hace esta declaración usando a Jeremías como instrumento, en Jeremías 4, versículo 22, Dios dice: “Porque mi pueblo es necio, no me conoce; hijos torpes son, no son inteligentes. Astutos son para hacer el mal, pero hacer el bien no saben”. 

Aquí vemos un pueblo que no conoce a Dios, eso significa que no están convertidos, no son salvos, están fuera del Reino espiritual de Dios, aunque están dentro del pueblo étnico de Dios —son judíos por nacimiento— no obstante no tienen un conocimiento salvador de Dios, es muy posible ser religioso, pero no regenerado, ser alguien que conoce acerca de Dios, pero no conoce a Dios mismo, y eso es lo que vemos aquí, incluso entre el pueblo de Dios, y Dios dice muy claramente que ellos son brillantes para el mal, pero son estúpidos para hacer lo bueno. 

En el capítulo 5, versículo 21, leemos nuevamente algo similar: “Oíd ahora esto, pueblo necio e insensible, que tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen”, y esto habla de su estado no regenerado, son un pueblo apóstata, se han alejado del Dios vivo y eso es evidencia de que nunca tuvieron una relación genuina con Dios.

Bien se ha dicho, la fe que decae antes de la meta tuvo una falla desde el principio, y su supuesta fe, fue una seudo fe, una fe falsa, hacían una profesión de fe, pero no había posesión de la fe, y eso es lo que registra aquí el profeta Jeremías. Y en el versículo 23 “Pero este pueblo tiene un corazón terco y rebelde; se han desviado y se han ido. Y no dicen en su corazón: Temamos ahora al Señor nuestro Dios”, la Depravación Total del corazón no convertido. 

A continuación, capítulo 13, versículo 23 —Jeremías 13, versículo 23—, es un texto muy importante, sin duda han escuchado citarlo a menudo cuando se sientan a escuchar la predicación de la Palabra de Dios, “¿Puede el etíope mudar su piel?”. Es una pregunta retórica, ¿qué piensan ustedes? La respuesta es no, es físicamente imposible que el etíope cambie su piel. 

Segunda pregunta “¿O el leopardo sus manchas?”, ¿puede un leopardo decidir cambiar sus manchas?, la respuesta es no. Y ahora plantea la idea, así vosotros “¿podréis hacer el bien estando acostumbrado hacer el mal?”. Está en forma de pregunta, y la respuesta a esa pregunta es no, esta es la incapacidad moral de la carne para cambiar su propio corazón, para cambiar su propia vida, para cambiar su propia mente, para cambiar su propia voluntad sin la operación soberana de Dios.

Y está muy claro que esto es la incapacidad moral del corazón no convertido. Pero ahora vamos a Jeremías capítulo 17, versículo 9 [repite], y esta es una potente y directa declaración de la Depravación Total, Jeremías registra lo siguiente: “Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?”, esa es una pregunta para la cual no hay nadie que pueda entender las profundidades y el engaño de la depravación del corazón humano, es mucho más profundo, es mucho más complejo, está mucho más corrompido de lo que cualquiera de nosotros puede siquiera comenzar a entender.

Las profundidades de la contaminación de la mancha del pecado dentro del corazón humano, es engañoso, es un corazón lleno de engaño, e incluso se engaña a sí mismo, no podemos conocer ni siquiera nuestro propio corazón sin la luz de la Palabra de Dios y sin el ministerio del Espíritu Santo, y sin recibir un nuevo corazón y una nueva mente, pero el que no está convertido no puede ni siquiera comenzar a entender sus propios motivos, sus propias ambiciones, sus propios deseos, están espiritualmente ciegos a su propia condición, están espiritualmente sordos al diagnóstico que Dios está dando de su corazón. Hasta el momento en que Dios le da ojos para ver y oídos para oír, y les da un nuevo corazón para creer. Sí, el corazón es más engañoso que todo lo demás. 

En el capítulo 18 comenzando en el versículo 1, se haría luego la pregunta ¿qué debe hacer Dios, entonces, para que se convierta aquel cuyo corazón es tan engañoso, que está desesperadamente enfermo? Y la respuesta es ésta: 

          “Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo: Levántate y desciende a la casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Entonces descendí a casa del alfarero, y he aquí, estaba allí haciendo un trabajo sobre la rueda. Y la vasija de barro que estaba haciendo se echó a perder en la mano del alfarero; así que volvió hacer de ella otra vasija, según le pareció mejor al alfarero hacerla. Entonces vino a mí la palabra del Señor, diciendo: ¿No puedo yo hacer con vosotros, casa de Israel, lo mismo que hace este alfarero? —declara el Señor. He aquí como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mi mano, casa de Israel.

Por supuesto, el apóstol Pablo tomará esta metáfora y la ampliará en Romanos capítulo 9, pero aquí vemos que Israel, el pueblo de Dios, es como un pedazo de arcilla en la mano del Alfarero puesta sobre el torno del Alfarero, y Dios le va a moldear, le va a dar la forma que Él desee, y detrás de esa verdad está la doctrina de la Elección Soberana conforme a la soberana voluntad y el propósito eterno Dios. 

En Jeremías 31, versículo 3, según seguimos avanzando a través de este profeta mayor, que se llama Jeremías —el profeta llorón— y uno diría, bueno, ya hemos visto la Depravación Total y hemos visto la Elección Soberana, ¿habrá algo acerca del amor de Dios y algo de la gracia de Dios para nosotros, para su pueblo? ¿Es todo fatalidad y sombra? ¿Es todo nada más que depravación y muerte? 

Y aquí en Jeremías 31, versículo 3, vemos la radiante luz del eterno amor salvador de Dios por aquellos que ha escogido, en el versículo 3, leemos: “Desde lejos el Señor se le apareció, diciendo: Con amor eterno te he amado”, eso apunta hacia el pasado, es un verbo en tiempo pretérito, te he amado con amor eterno; no te amaré con amor eterno, mirando al futuro, esto mira al pasado, ¿qué tan atrás? Hasta la eternidad pasada.

Y dice: “Con amor eterno te he amado”, esta es la doctrina de la Elección Soberana, la elección incondicional por parte de Dios del remanente dentro de Israel, aquellos que Él ha escogido de entre aquellos que son escogidos, Israel era una nación escogida, pero tuvo que haber otra elección dentro de la nación de Israel de aquellos que fueron escogidos, no solo para hacer judíos de nacimiento, sino escogidos para ser hijos de Dios mediante el segundo nacimiento. 

Esto comenzó en la eternidad pasada cuando Dios con amor eterno puso su corazón sobre sus escogidos, y aquí vemos también que amor y escogido se usan de manera intercambiable, por lo tanto, por cuanto te he escogido en la eternidad pasada te he atraído con misericordia.

Una cosa es ser amado en la eternidad pasada y otra cosa es nacer en este mundo, pero es otra distinta, hay otro paso que se debe dar dentro del tiempo, el que fue escogido en la eternidad pasada, el que nació dentro del tiempo, ahora, debe ser atraído hacia Dios, y Dios dice: sí te he atraído, te he atraído hacia mí, te he atraído con expresiones de mi amor por ti. En el versículo 3 dice “por eso te he atraído con misericordia” —¡cuánta bondad en Dios!

Estábamos huyendo de Dios, no estábamos corriendo hacia Él, estábamos huyendo de Él, Él tuvo que tomar la iniciativa de venir tras nosotros y luego tuvo que atraernos a Él con su misericordia, porque nosotros andábamos según la corriente de este mundo e íbamos en dirección totalmente contraria a Dios. 

Ahora, aquí está la doctrina de la Elección Soberana y aquí está la verdad del Llamado Eficaz, que nos atrae hacia Dios. En el mismo capítulo, en los versículos 31 al 34, leemos más acerca del nuevo pacto que es el pacto de salvación: He aquí, vienen días —declara el Señor—, versículo 31, en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, no como el pacto que hice con sus padres —esto se refiere al antiguo pacto que se instituyó en el monte Sinaí— el día que los tomé de la mano para sacarlo de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos —declara el Señor—, es decir, ellos fueron infieles aunque yo permanecí fiel con ellos. 

Pero leamos en el versículo 33, Él dice: “Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días —declara el Señor—. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré”. Detengámonos ahí, eso presupone clara y obviamente que cuando ellos nacieron en este mundo, la ley de Dios no estaba en el corazón de ellos, y la ley de Dios no estaba dentro de ellos, puede que haya estado en sus oídos físicos y puede que haya estado ante sus ojos físicos porque ellos crecieron en la comunidad del pacto del pueblo de Dios, pero no estaba en sus corazones, y no estuvo dentro de ellos hasta que Dios la puso en ellos por su gracia soberana.

Veamos nuevamente el versículo 33: “Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré”; una vez más quiero hacer hincapié en que la ley no estaba allí originalmente cuando nacieron en este mundo, es por eso que tienen que nacer de nuevo “yo la escribiré”, y ¿cuál será el resultado de esto?, será una nueva relación que Dios tendrá con ellos.

Observen, y “yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”, una vez más esto presupone que antes de que esto sucediera ocurría lo contrario, ellos no tenían una relación con Dios, no en un sentido salvífico, ellos no conocían a Dios, no eran el pueblo de Dios, en el sentido más verdadero, formaban parte de la comunidad de adoración de Israel, pero todo eso era externo, todo eso era físico, no había realidad espiritual en el corazón, mientras Dios no obrara dentro de sus corazones.

Y cuando lo hacía y ponía su ley en sus corazones, entonces venían a ser el pueblo de Dios, y Él venía a ser el Dios de ellos. Pues ahora pasaban a conocer a Dios de una manera personal y salvadora. ¿Te ha ocurrido eso a ti? Una cosa es estar en la iglesia, otra distinta es estar en Cristo, una cosa es profesar a Cristo otra totalmente distinta es poseer a Cristo y ser poseído por Él. Una cosa es conocer acerca de Dios y otra muy distinta es conocer realmente a Dios de una forma profunda y verdadera, en una relación personal y salvadora. Aquí vemos la enseñanza muy clara de las doctrinas de la gracia. 

Bueno, vamos al libro de Lamentaciones, quiero concluir nuestra sesión en el libro de Lamentaciones. Y en Lamentaciones capítulo 3, este texto tan familiar, cantamos ese himno Grande es tu Fidelidad, está tomado de Lamentaciones 3, versículo 22. Jeremías sigue siendo el autor. Las misericordias del Señor jamás terminan, las misericordias del Señor jamás terminan, comenzó en la eternidad pasada hacia sus escogidos y continuará por toda la eternidad futura hasta el fin de las eras venideras.

Esta es una declaración de la eterna seguridad del creyente, esta es una declaración de la Perseverancia de los Santos, ¡qué realidad es la perseverancia del Salvador! La perseverancia del Espíritu, Su gran amor nunca se acaba y su compasión nunca falla, el Señor nunca, nunca, nos dejará ni nos abandonará, versículo 23 “sus bondades; son nuevas cada mañana”, nunca habrá una mañana en la que la compasión y el amor del Señor no se extiendan hacia nosotros su pueblo, tenemos una relación con Él que jamás se romperá.

Y en el mismo capítulo, en el versículo 37, leemos sobre la soberanía de Dios: “¿Quién es aquel que habla y así sucede, a menos que el Señor lo haya ordenado?”. Es la soberanía universal de Dios la que lleva a cabo su eterna voluntad y nosotros podemos mandar cosas, pero solo sucederán si el Señor mismo manda que sucedan, hay muchas cosas que yo he mandado que nunca se han realizado y la razón última es que el Señor no ha hecho que sucedan.

Y luego el versículo 38: ¿No salen de la boca del Altísimo tanto el mal como el bien?, no se refiera a la maldad si no a problemas, es decir, calamidades, adversidades y dificultades, y la lectura del libro de Job revela claramente que Dios está detrás del telón, detrás de la escena, porque estando incluso las pruebas y la tribulación en nuestra vida para un propósito mucho mayor que a veces solo Dios conoce, y nosotros ignoramos. 

Así que, aquí en Jeremías y Lamentaciones vemos las brillantes, relucientes, rutilantes luces, estrellas en una noche oscura, como son las doctrinas de la gracia de Dios sostenidas por su soberanía.