
Guerra y paz con un Dios santo
7 abril, 2026
La vida cristiana como peregrinaje
14 abril, 2026La búsqueda de la gloria
La búsqueda de la gloria es profundamente motivadora. Con cuánta frecuencia nos esforzamos más o corremos más lejos cuando la gloria parece estar al alcance. Incluso estamos dispuestos a sacrificar la comodidad personal por la posibilidad de alcanzarla. Repitiendo «¡sin dolor no hay ganancia!», lucharemos por llegar más lejos. Queremos que nuestras vidas importen. Queremos ser celebrados por perseguir algo que valga la pena.
Hay una razón por la que experimentamos esta sed profunda de gloria. En la Palabra de Dios descubrimos que fuimos creados para la gloria. Él formó nuestros cuerpos y sopló vida en nosotros para que conociéramos la grandeza de Su santidad y quedáramos maravillados ante ella. Nuestros corazones y mentes fueron hechos para quedar tan maravillados por la bondad de Dios que de buena gana le obedeciéramos y lo adoráramos. De este modo reflejaríamos la asombrosa gloria de Dios.
Sin embargo, mira a tu alrededor. El mundo no resplandece con la gloria de la santidad, ¿o sí? Tal vez has notado cómo el mal ha deformado nuestro mundo. Hay sufrimiento, amargura, engaño y muerte. Si fuimos creados para conocer la gloria de Dios, ¿qué salió mal?
La respuesta que da la Palabra de Dios apunta a nuestros propios corazones. Fuimos creados para depender de Dios y darle gloria, pero insistimos más bien en buscar la nuestra. Hemos sustituido la voluntad de Dios por nuestros propios deseos y nos hemos propuesto hacernos un nombre para nosotros mismos. Esto es lo que la Biblia llama «pecado», la desobediencia al propósito de Dios para nosotros. El pecado nos tienta a buscar satisfacción en nuestra propia fragilidad en lugar de en la grandeza de Dios. Erróneamente intentamos hallar una gloria duradera en nuestra identidad, nuestro trabajo o nuestros sueños. Pero una y otra vez nos encontramos vacíos e insatisfechos. También quedamos condenados, porque nuestro pecado no pasa desapercibido para Dios. Él es un juez justo. Somos culpables de haber abandonado Su verdad al intentar establecer la nuestra. El castigo de este pecado se describe con toda claridad: la muerte y la separación eterna de Dios.
Fuimos creados para depender de Dios y darle gloria, pero insistimos más bien en buscar la nuestra.
Pero el mensaje del evangelio es una noticia gloriosamente buena: «Porque de tal manera amó Dios al mundo —dice la Biblia— que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Jn 3:16). Jesucristo, el Hijo perfecto de Dios, asumió la forma de hombre, pero sin el pecado del hombre. Vivió entre los hombres sin participar en su desobediencia. No dejó de buscar la voluntad de Dios ni de glorificar Su nombre. Él reflejó perfectamente la gloria de Dios.
La Biblia dice que Jesucristo fue «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil 2:8). Su obediencia lo llevó a morir en una cruz. ¿Por qué?
Aquí está la respuesta: Jesucristo cargó sobre Sí nuestra condenación. Él murió nuestra muerte para que nosotros podamos vivir. Sufrió el castigo que nosotros merecíamos. Cargó con nuestros pecados para que conozcamos el perdón. Entregó Su vida para que fuéramos aceptados ante Dios. Murió por nosotros para que podamos confesar nuestros pecados y hallar redención en Él. ¡Esta es una noticia maravillosa y gloriosa! Tres días después de Su muerte, Jesucristo resucitó. Resucitó victorioso sobre la condenación, la muerte y el pecado.
La Biblia presenta el evangelio así: «Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús» (Ro 8:1). En Jesús se nos conceden el perdón, la esperanza, la paz y la satisfacción. En Jesús somos recibidos sin reservas ante la presencia de Dios y redescubrimos la hermosura de Su amor y de Su santidad. Esto es la salvación. Esto es verdaderamente glorioso. Este es el evangelio.
Querido amigo, ¿has confesado tus pecados y creído en Jesucristo? ¿Estás dispuesto a confiar en Su muerte y resurrección como el medio por el cual somos salvos? Hoy puedes ser salvo. Él te perdonará.
Nuestra oración es que creas en Él y descubras que Su gloria satisface de verdad.

