No paz, sino espada | Ligonier Español
En los peligros o aflicción
15 mayo, 2019

No paz, sino espada

Nota del editor: Este es el duodécimo capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine. 

Los discípulos de Jesús, al igual que sus contemporáneos judíos, creían que cuando el Mesías viniera, Él vendría como el «Príncipe de Paz», trayendo libertad política y prosperidad material (Is 9:6-7; Zac 9:10). Más aún, Jesús les enseñó que los que procuran la paz son bienaventurados en verdad (Mt 5:9) y les dijo que dieran saludos de paz cuando entraran a una casa (Mt 10:12-13). Quizá algunos estaban conscientes que Él habría de traer «paz en la tierra» (Lc 2:14). Sin embargo, Jesús también dijo: «No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada» (Mt 10:34).

El conflicto es inevitable porque junto con Jesús viene un nuevo reino.

Jesús no negó que la paz sería el resultado de Su obra. Él inauguró el gobierno y el dominio del reino de Dios, el cual se caracteriza por una paz duradera, resultando en la destrucción de los enemigos de Dios, la erradicación del pecado y sus efectos y la presencia de la salvación de Dios. Pero el camino a esta paz no está marcado por la tranquilidad. Más bien, está lleno de división y conflicto. Esto es a lo que se refiere el término «espada». El relato de Lucas hace que esto sea aún más claro cuando más adelante la palabra «espada» es reemplazada por «división» (12:51). La división es inevitable porque Jesús y Su mensaje del reino demandan una respuesta. Mientras algunos le dan la bienvenida a Jesús, muchos lo rechazan a Él y a Su mensaje, y a veces de manera apasionada. El conflicto es inevitable porque junto con Jesús viene un nuevo reino. Mientras tanto, el príncipe de este mundo no se queda de brazos cruzados.

Jesús explicó la severidad de este conflicto con una referencia a Miqueas 7:6. Una señal de la pecaminosidad en los tiempos del rey Acaz fue que el pueblo de Israel ya no confiaba el uno en el otro, ni siquiera en sus propias familias. La situación en Miqueas apuntaba a los días de Jesús cuando las familias se vieron presionadas hasta el límite a causa de Jesús y Su mensaje. Vemos esto aún hoy, ya que muchos experimentan separación y división de sus familias a causa de su fe en Jesús.

Aún así, Jesús llama a Sus discípulos a perseverar. Él los preparó para el rechazo y hostilidad inevitables. La respuesta del mundo a Jesús y Su mensaje de paz fue todo menos pacífica, y nosotros quienes hoy somos Sus discípulos, no debemos esperar algo diferente. Mientras que el camino de la cruz está lejos de ser fácil o libre de preocupación, Jesús le recuerda a Sus discípulos que al perder ellos ganan y al morir ellos vivirán.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Jim E. Kim
Jim E. Kim
El Rev. Joel E. Kim es presidente de Westminster Seminary California. Es el co editor de Always Reformed [Siempre Reformado].