¿Por qué es tan difícil orar? | Ministerios Ligonier
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¿Por qué es tan difícil orar?

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Orar es difícil porque humillarnos, vencer nuestro orgullo y acabar con nuestra obstinación y pecaminosidad es difícil. Cuando oramos, morimos a nosotros mismos y la muerte duele. Es por eso que nuestra carne lucha tan fuertemente contra la oración. Cuando oramos, estamos entrando en una verdadera guerra contra nuestra carne y contra las flechas ardientes de nuestro acusador y sus huestes. Aunque no tienen miedo de nosotros, le tienen terror a Aquel que está en nosotros y es por nosotros, y desprecian que estemos orando a Aquel que los ha aplastado y que los destruirá.

Además, orar es difícil porque con frecuencia nuestro enfoque está en la oración misma y no en Dios. Aprendemos sobre la oración, no para saber mucha información sobre ella, sino para que podamos orar poniendo nuestro enfoque en Dios. Por Su gracia soberana le conocemos y sabemos que Él está ahí, y que no solo oye sino que escucha; que no está en silencio, sino que siempre contesta nuestras oraciones y siempre actúa de acuerdo a Su perfecta voluntad, para nuestro bien supremo y para Su gloria. Cuando reconocemos la soberanía de Dios en la oración, también recordamos Su amor, gracia, santidad y justicia, y a la vez somos confrontados con la dura realidad de nuestro miserable pecado, a la luz de Su gloria y Su gracia.

En la vida siempre encontraremos algún grado de dificultad para orar, pero, a pesar de eso, siempre debemos orar.

Por lo tanto, los cristianos en realidad no creemos en el poder de la oración; creemos en el poder de Dios y es por eso que oramos. Así que, al orar, se nos recuerda lo que no somos; se nos recuerda que no somos Dios y que no tenemos el control. Se nos recuerda que Dios es soberano y que está en control, y por eso  debemos reconocer que la oración es nuestra rendición diaria y continua del control que creemos tener sobre nuestras vidas a Aquel que sí las controla y se preocupa por ellas más que nosotros mismos.

Si pensara por un segundo que mis débiles oraciones pudieran cambiar la mente de Dios y Su perfecta voluntad, dejaría de orar completamente. Yo soy pecador, no lo sé todo ni puedo controlarlo todo. Sin embargo, debido a que Dios es omnisciente y omnipotente, y tiene en mente Su gloria y nuestro bien supremo, podemos confiar en Él. A veces, la respuesta de Dios a nuestra oración es «no», a veces es «espera», a veces es «sí», y a veces es «sí, y más allá de lo que puedas imaginar». En la vida siempre encontraremos algún grado de dificultad para orar, pero, a pesar de eso, siempre debemos orar. También debemos orar para que Dios nos ayude a orar, considerando la oración menos como una lista de supermercado y más como una carta de amor, no simplemente hablando con Dios sino teniendo comunión con nuestro compañero más cercano y más amoroso. 

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.