
La señora Lutero
27 marzo, 2025La única carta que se conserva de Tyndale

Tenemos muchos libros de William Tyndale, pero solo una de sus cartas ha llegado hasta nuestros días. Esta semana en 5 Minutos en la Historia de la Iglesia, Stephen Nichols lee las palabras que Tyndale escribió desde la cárcel, y que nos dan una idea de todo lo que sufrió por traducir la Biblia al inglés.
Transcripción
Bienvenidos a 5 Minutos en la Historia de la Iglesia, un podcast de los Ministerios Ligonier con Steve Nichols.
En el episodio de hoy quisiera hablarles de William Tyndale, un líder de la reforma protestante en Inglaterra que tradujo la Biblia por primera vez al inglés desde sus idiomas originales.
La iglesia católica romana se opuso a Tyndale quien fue enviado a la cárcel hasta ser martirizado en 1536 a la edad de 42 años.
Se conservan muchos libros de William Tyndale, y por supuesto, el más famoso es la Biblia de Tyndale. Pero en cuanto a material de su puño y letra solo se conserva una carta escrita en latín cuando estaba prisionero en el castillo de Vilvoorde en Bélgica, a unas seis millas al norte de Bruselas.
El castillo se construyó en 1374, y tenía unas mazmorras frías y lúgubres. Esto nos ayudará a entender mejor el contenido de esta carta. Esto fue lo que Tyndale escribió al comisario responsable de su encarcelamiento.
Creo, excelentísimo, que no ignoráis lo que se ha determinado respecto a mí. Por tanto, suplico a vuestra señoría, y esto por el Señor Jesús, que si he de permanecer aquí durante el invierno, pidáis al comisario que tenga la bondad de enviarme, de entre mis bienes que tiene en su poder, un gorro más caliente, pues sufro de mucho frío en la cabeza, ya que estoy aquejado de un catarro perpetuo [inflamación en la nariz o garganta], que empeora considerablemente en la celda.
Un abrigo más cálido también, porque el que tengo es muy delgado; también un trozo de tela para remendar mis medias: mi abrigo está gastado; mis camisas también están gastadas. Tiene una camisa de lana mía, si tiene la bondad de enviármela. Tengo también, con él, medias de tela más gruesa, para ponérmelas por encima; tiene también gorros más calientes para usar durante la noche. También deseo su permiso para tener una lámpara por la noche, porque es tedioso sentarse solo en la oscuridad.
Pero, sobre todo, suplico y ruego a vuestra clemencia que insista con el comisario para que tenga a bien permitirme tener mi Biblia hebrea, mi Gramática hebrea y mi Diccionario hebreo, a fin de que pueda dedicar mi tiempo a ese estudio. Y a cambio, que obtenga su más profundo deseo, siempre que sea compatible con la salvación de su alma.
Pero si antes de que termine el invierno se han tomado otras decisiones respecto a mí, seré paciente, acatando la voluntad de Dios para gloria de la gracia de mi Señor Jesucristo, cuyo Espíritu, ruego, dirija siempre vuestro corazón.
Amén.
William Tyndale
Al igual que Pablo, en su segunda carta a Timoteo, Tyndale pidió su capa y sus libros. Tyndale pasaría sus últimos días en el castillo de Vilvoorde. Sería sacado del castillo y martirizado el viernes 6 de octubre de 1536. Los relatos del martirio de Tyndale cuentan que estaba tranquilo, y de hecho, dijo: «Invoco a Dios como testigo de que jamás he alterado, contra la voz de mi conciencia, una sola sílaba de Su Palabra. Ni lo haría hoy, aunque se me concedieran todos los placeres, honores y riquezas de la tierra».
Tyndale sirvió fielmente a Dios durante toda su vida. Sacrificó gran parte de esta al estar literalmente huyendo como un criminal tratando de traducir la Palabra de Dios al inglés para que sus compatriotas pudieran tener la Palabra de Dios en su lengua nativa. Fue fiel a Dios incluso hasta el momento de su muerte. Sus últimas palabras fueron: «Señor, abre los ojos del rey de Inglaterra». No había amargura. No estaba enojado; no estaba tratando de librarse de la acusación. En cambio, estaba orando por lo que había trabajado toda su vida: que el rey, Enrique VIII, conociera la verdad y la luz del evangelio, y que Dios de alguna manera obrara y abriera los ojos del rey para que viera el evangelio para que este pudiera ser predicado ampliamente en su patria, Inglaterra.
Soy Steve Nichols. Gracias por acompañarnos en cinco minutos en la historia de la iglesia. Para más información, o para escuchar otros episodios, por favor visita 5minutosenlahistoriadelaiglesia.com.