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Transcripción
Vamos a continuar con nuestro estudio de los pactos de la Biblia, y hemos estado viendo el pacto de la creación, a veces llamado el pacto adánico, el cual también identificamos como el pacto de obras, en el cual Adán y Eva fueron puestos a prueba en el huerto del Edén; y en nuestra última sesión estábamos repasando algunos de los elementos críticos que componen la narrativa del pacto adánico. Vimos el árbol de la vida como el principio de la más alta potencia de vida, y vimos el principio de probación en el árbol de la ciencia del bien y del mal. Y de nuevo, permítanme comentar sobre el árbol de la ciencia del bien y del mal, porque hay mucha confusión y desacuerdo cuando se habla del árbol de la ciencia del bien y del mal.
¿Por qué se le llamó «conocimiento del bien y del mal»? La respuesta estándar a eso es que la gente dice: «Adán y Eva no tenían un sentido experiencial de la diferencia entre el bien y el mal hasta que experimentaron la vergüenza que provino de su pecado; de modo que la idea era que el conocimiento del bien y del mal era aquel conocimiento que solo viene a través del pecado». Sin embargo, Adán y Eva fueron creados como criaturas morales y fueron llamados a tener la capacidad de discernir entre el bien y el mal; y Dios, como nuestro Creador, ciertamente conoce la diferencia entre el bien y el mal, aunque no tiene que experimentar el mal para entender que es malo. Entonces, la idea aquí no es que tengamos un árbol que solo cosechará un cierto beneficio si alguien desobedece el mandamiento.
Recuerden, la idea es que ese árbol del conocimiento del bien y del mal, que está fuera de lo permitido, también podría tener un beneficio positivo asociado; y de nuevo, la Biblia no nos explica exactamente por qué se llamaba el «conocimiento del bien y del mal», pero creo que obtenemos una pista de eso en virtud del otro elemento que encontramos en el huerto, y es la serpiente que viene como el Tentador a nuestros primeros padres. Recuerden también cómo Satanás tiende su trampa para seducir a Eva y, en consecuencia, también a Adán. Recordamos que el capítulo tres de Génesis comienza con palabras que son ominosas. Hay un cierto presentimiento asociado con ellos.
Todo lo que hemos leído hasta ahora en el relato de la creación tiene una nota positiva, donde Dios dice: «Esto es bueno» y «aquello es bueno», y luego leemos la apertura del capítulo tres: «Y la serpiente era más astuta, o más sutil, que todas las bestias del campo». La serpiente es presentada por medio de una cierta sutileza, y si recuerdan, ella viene, la serpiente viene a Eva con una pregunta que es en sí misma sugestiva. La serpiente le dice a Eva: «¿Conque Dios les ha dicho: “No comerán de ningún árbol del huerto”?». Ahora, en otras series, he comentado sobre la sutileza de esa pregunta planteada por la serpiente, porque la serpiente no era tonta.
La serpiente sabía muy bien que Dios les había dicho a Adán y Eva: «De todo árbol del huerto podrás comer…», pero luego puso ciertas restricciones en el camino de Adán y Eva. Y ahora, debido a esas restricciones, Satanás dice: «¿Conque Dios dice que no pueden comer de ninguno de los árboles?» y cuando he comentado sobre esto antes, he llamado la atención sobre lo que encuentro que es un paralelo asombroso entre la implicación de la serpiente y la filosofía en el siglo XX del filósofo Jean-Paul Sartre, quién sostiene que Dios no puede existir porque existimos como seres humanos; y dice que la esencia del ser humano se encuentra en la libertad, y como sabemos que somos libres, que somos agentes morales, entonces Sartre llega a la conclusión: Si el hombre existe y es libre, entonces Dios no puede existir, porque mientras Dios exista, el hombre no puede ser autónomo, —y mantengamos esa palabra en mente.
Autónomo: autónomo, que significa ser una ley para uno mismo. Autogobierno. Lo que la Biblia dice sobre nuestro estado en la creación es que Dios nos crea libres pero no autónomos, que nuestra libertad siempre está limitada por la autoridad de Dios. Solo Dios es una ley para sí mismo. Ahora, como nuestro Dios, Él nos delega todo tipo de libertad como la que vemos en el huerto. «De todo árbol del huerto podrás comer», y así Él concede un alto grado o medida de libertad a la criatura, pero cuando coloca restricciones, indica que esta libertad, por muy amplia que sea, es, sin embargo, limitada.
Ahora, el argumento de Sartre es el siguiente: que a menos que no solo seamos libres, sino totalmente libres o autónomos, libres para determinar por nosotros mismos lo que está bien y lo que está mal, entonces no somos realmente libres. Y me parece fascinante porque ese es básicamente el mismo argumento que la serpiente le da a Eva cuando dice: «¿Conque Dios les ha dicho: “No comerán de ningún árbol del huerto”?». De nuevo, la sutileza de esto ha sido descubierta por todas las personas que han sido padres.
He usado esta ilustración antes: cuando tu hijo adolescente viene a ti el lunes por la noche y te dice: «¿Puedo salir esta noche? Quiero ir al cine con mis amigos. Sé que mañana hay escuela, pero realmente quisiera ir, hay una película que quiero ver». Y tú dices: «Está bien». Así que se va al cine. El martes por la noche: «Mis amigos van a salir a comer pizza y quieren que los acompañe. ¿Puedo ir? Y tú dices: «Está bien, puedes ir». El miércoles por la noche vuelve a casa. Le dice a papá: «Papá, ¿me prestas el auto esta noche?» Dices: «Claro. Ve, pero regresa a una hora razonable». El jueves por la noche quiere tener una cita, y tú le dices: «Está bien». El viernes por la noche quiere ir a patinar, y tú le das permiso para eso.
Luego, el sábado por la noche, él quiere ir a otro lugar con el auto, y tú dices: «Esta noche no, hijo». Y la respuesta normal que da el adolescente en ese momento es ¿cuál? «Nunca me dejas hacer nada». Si dices que sí cinco veces seguidas y luego terminas esa secuencia con un no, de repente eres un tirano. No le has dado ninguna libertad. Esa es la sugerencia que la serpiente le está dando aquí a Eva. Bueno, ¿Dios dijo que no se puede comer de ninguno de los árboles del huerto? Por supuesto, Dios no dijo eso. Dijo que de todos los árboles del huerto podemos comer.
Pero vean la implicación, la sutileza aquí es que Él también hubiera podido permitirlo. Si Él te pone una restricción, lo único que vas a estar viendo todo el día es el área restringida. Él va a crear un deseo en ti de caminar justo por el borde por el hecho de haber puesto límites ahí. Así que Él realmente te ha quitado tu libertad. Y así la serpiente viene con la tentación, y empieza con el ataque sutil, pero luego cambia rápidamente de la sugerencia sutil a un ataque frontal, contradiciendo claramente lo que Dios había dicho, porque Dios les había dicho a Adán y Eva: «El día que de él comas, ciertamente morirás». Y la serpiente dice: «Ciertamente no morirán… ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal».
Ahora, la tentación, la seducción es que el hombre puede ser elevado al nivel más alto posible de la realidad, al nivel de Dios mismo, para conocer el bien y el mal como Dios conoce el bien y el mal, probablemente para establecer los estándares del bien y del mal, probablemente para decretar lo que es bueno, para hacer lo que es correcto a sus propios ojos, que es, para la criatura, la esencia misma del pecado: hacer lo que es correcto a tus propios ojos. Entonces vemos que en la caída, lo que destruye este fundamento del pacto de nuestra relación con Dios es la búsqueda humana, o mejor dicho, su aferrarse a la autonomía.
La promesa ofrecida por Satanás es la deificación, y cuando caen en esta trampa y son seducidos por la serpiente, entonces, por supuesto, el pacto de obras, o el pacto de la creación, termina en completo desastre porque el tiempo de prueba, recuerden, lleva consigo ese cuarto elemento, ese elemento punitivo: la promesa de la muerte inminente a todos los que quebrantan el pacto. Ahora, creo que es importante que entendamos que Dios estableció como consecuencia de la desobediencia a este pacto no simplemente la muerte en algún momento, sino que el punto era: «El día que de él comas, ciertamente morirás».
Permítanme decirlo de nuevo. El castigo por romper el tiempo de prueba del pacto de la creación no es solo la muerte, sino la muerte inmediata. Ahora, ¿qué hacemos al respecto, ya que Dios no cumple con Su advertencia? Algunas personas dicen: «Bueno, en el mismo momento en que Adán y Eva quebrantaron los términos del pacto, sufrieron la muerte ese día. Sufrieron la muerte espiritual, de la que solo podían ser resucitados por el poder del Espíritu Santo». Bueno, eso es cierto, que sufrieron la muerte espiritual ese día, pero creo que más que eso está incluido en la advertencia y en la consecuencia.
La idea de que pecar contra Dios traería la muerte lleva consigo la idea de la disolución física del cuerpo – thanatos – muerte biológica, la muerte que entendemos que acompaña a cada persona mortal. Ahora, el hecho de que Adán y Eva no mueran -es decir- que a Adán y Eva no los mató Dios el día que pecaron, no convierte a Dios en un mentiroso; simplemente lo hace misericordioso, pues permite que Adán y Eva, que ahora están espiritualmente muertos, continúen biológicamente vivos. Al posponer su ejecución, les proporciona la oportunidad de la redención, que desde el tercer capítulo de Génesis hasta el resto de la Biblia es, de hecho, la historia de la obra de Dios: que todos los pactos futuros, todo el resto de la actividad de Dios con nosotros está envuelto y encasillado dentro de la idea de redimirnos de la Caída.
Ahora, el castigo, o el castigo de muerte que viene sobre Adán y Eva también se extiende a todos sus descendientes, por eso el Nuevo Testamento nos dice que «Por la desobediencia de un hombre, la muerte vino al mundo», y que todos morimos porque todos participamos en esta naturaleza caída de nuestro estado original, que es el resultado de la transgresión de nuestros primeros padres. Así que lo que sigue en el registro del pacto y de esta violación del pacto es la sanción negativa que se impone a los participantes, y esa sanción negativa se llama la maldición.
Si tan solo tuviéramos el tiempo para desarrollar el uso de ese concepto a lo largo de las Escrituras, sería valioso para nosotros porque toda la idea de la maldición en la Biblia es la antítesis, exactamente lo opuesto, de la bendición divina. Es una maldición cuando Dios condena a las personas a ser separadas de Él, enviadas a las tinieblas de afuera para experimentar la pérdida completa de los beneficios de Su cercanía. Este es un término poderoso, esta maldición, tiene consecuencias radicales, y vemos después de la caída inicial que Dios pronuncia Su maldición sobre el hombre, sobre la mujer y sobre la serpiente.
Al pronunciar la maldición sobre ellos, al hombre se le da la tarea de trabajar y de esforzarse y de buscar su sustento en la tierra, pero ahora la tierra está maldita de modo que cuando el hombre usa el trabajo de sus manos para producir su sustento, la tierra solo dará su fruto a regañadientes, porque ahora, junto con el cultivo de los alimentos, las verduras, etc., vienen las malas hierbas y las espinas que lo hacen difícil a medida que la tierra se vuelve reseca y estéril, etc. De modo que ahora el esfuerzo requerido para sobrevivir se vuelve mucho más severo a causa del pecado.
Es importante que entendamos que el trabajo en sí mismo no es la maldición porque Dios puso a Adán y Eva a trabajar en el huerto antes de la caída, imitando a Dios que es un Dios que trabaja, sino que ahora es la lucha, la dificultad, la frustración y, a menudo, nuestra experiencia de futilidad en nuestro trabajo lo que es parte de la maldición. A la mujer se le da el dolor excesivo asociado con el parto. Ella todavía tendrá el privilegio singular de ser capaz de dar el fruto más alto que un ser humano podría dar, que es otro ser humano; a los hombres no les es dado el privilegio de tener hijos.
A veces las mujeres no piensan que es un gran privilegio después de todo debido al dolor asociado con ello. Sin embargo, al mismo tiempo, si hablas con mujeres, te dirán que, a pesar del dolor, no hay mayor privilegio, no hay momento más elevado y más santificado en la existencia humana que dar a luz a un niño. Y aunque los hombres no pueden identificarse con eso experiencialmente, creo que obtenemos algún indicio de ello al estar allí cuando nace el niño. Creo que nunca, mientras viva, olvidaré haber visto a nuestra primogénita y cómo las emociones aumentaron dentro de mí hacia mi esposa: que mi esposa había traído a esta hija al mundo. Fue un momento fantástico que, como dije, nunca olvidaré.
Entonces, la tercera maldición que viene ahora es la maldición sobre la serpiente donde Dios dice que la serpiente estará en su vientre en el polvo toda su vida; y luego se añade a eso el juicio profético de Dios de que la simiente de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente. Esto no es «simientes» en plural, sino que esta profecía apunta a un individuo específico que sería descendiente de Eva, que en algún momento vendría y aplastaría la cabeza de la serpiente, pero en el proceso, aquel que es la simiente de la mujer sería herido en su talón.
Ahora, en esa descripción metafórica de la maldición, tenemos lo que llamamos en teología el proto evangelio, o el primer evangelio, el proto evangelio, el primer evangelio, y la ironía es que la primera promesa del evangelio viene en medio de una maldición, y la primera promesa del evangelio viene mientras Dios está colocando Su maldición sobre la serpiente, la cual se arrastrará sobre su vientre. Esto, por supuesto, anticipa la derrota de la serpiente por el Cristo que debe sufrir y morir al vencer a quien seduce a Adán y Eva.
Lo otro que creo que es importante que entendamos aquí, es que, junto con estas maldiciones y esta primera promesa de redención, también llega el primer acto de redención en ese momento cuando, si recuerdan, la respuesta inmediata de Adán y Eva a su transgresión, a su pecado, fue una conciencia y una vergüenza asociadas a su desnudez. Se nos dijo, al final del capítulo dos, que ambos estaban desnudos sin avergonzarse, pero cuando pecaron, de repente se dieron cuenta de su desnudez y fueron a buscar refugio escondiéndose en los árboles.
Desmond Morris, quien escribió hace varias décadas atrás el éxito de ventas llamado El mono desnudo, dijo que al mirar a la humanidad no como algo especialmente creado a imagen de Dios, sino como un animal más en el reino animal, dijo que hay ochenta y tantas subespecies o especies diferentes de primates en el mundo, e incluyó a los humanos como una de esas formas de primate; y tituló su libro en consecuencia: El mono desnudo, y causó un gran alboroto con la realidad de todos los monos, gorilas, simios y primates del mundo. Solo uno de ellos, de hecho, solo un animal en todo el reino animal, produce cubiertas artificiales para usar como ropa.
Una vez más, mirándonos como un animal dice que somos el único animal que tiene una industria de la confección. Todos los demás usan la ropa que el Creador les dio y el resto de los simios están desnudos, pero no podemos soportar estar desnudos, realmente, aunque todavía hay un sentido en el que el contexto del matrimonio es un lugar que Dios ha reservado todavía para que las personas estén desnudas sin avergonzarse una vez que están unidas en un compromiso y promesa, etc. En todas partes, en su mayor parte, la gente normalmente tiene miedo de exponerse físicamente, a los ojos del mundo. Es así que tenemos esa vergüenza y decoro humanos por estar desnudos, y el primer acto de redención es que Dios se inclina y personalmente hace prendas de vestir para cubrir la desnudez de Sus criaturas pecadoras.
Ya estamos empezando a ver que el pacto de gracia comienza a desarrollarse aquí: que donde fallamos en cuanto a la obediencia a la ley de Dios, Dios no aniquila a Adán y Eva. Él les da una promesa de redención futura, y cubre su desnudez, la cual, de nuevo, prefigura la cobertura final de nuestra desnudez que proviene de las vestiduras de la justicia de Cristo.






