Renovando Tu Mente | La enseñanza de Jesús: Parábolas
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Transcripción

Cuando vemos en el séptimo capítulo del Evangelio de Juan, descubrimos un breve pasaje que creo que es interesante, ya que da una idea de la forma en que Jesús se comunicaba como maestro.  Se discutía una pregunta por algunos de la multitud que seguía a Jesús con respecto a su identidad.

Y en el verso 40 del capítulo 7, leemos estas palabras:  «Entonces algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: Verdaderamente este es el Profeta. Otros decían: Este es el Cristo. Pero otros decían: ‘¿Acaso el Cristo ha de venir de Galilea? ¿No ha dicho la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David y de Belén la aldea de donde era David? Así que se suscitó una división entre la multitud por causa de Él. Y algunos de ellos querían prenderle, pero nadie le echó mano.

Entonces los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y fariseos y estos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis?’ Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla!». En otra ocasión leemos la respuesta de los que habían sido enviados para arrestar a Jesús, que ellos decían de Él: ‘Este hombre no habla como los escribas y los fariseos, sino como uno que tiene autoridad’.

Ahora, la palabra que se traduce como «autoridad», es la palabra «exousia», que a veces se traduce como «autoridad» y otras veces como «poder». Y literalmente, la palabra tiene un significado algo diferente. Tiene con el prefijo «ex» que sabemos que significa «fuera de» o «desde»; y, tenemos la forma en participio del verbo «ser».  Entonces literalmente, lo que la palabra «exousia» significa, lo que se traduce como «autoridad», es «ser» o «sustancia».

Por lo que, en un sentido literal, cuando se dice que Jesús hablaba «exousia», significa que no hablaba a la ligera o frívolamente, que sus palabras no eran insustanciales, sino que hablaba con la autoridad de sustancia. Hablaba desde la esencia de las cosas.

Ahora, al inicio del capítulo 7, Jesús mismo había hecho esta observación sobre su propia enseñanza cuando dijo en el verso 16: “Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió. Si alguien quiere hacer su voluntad, sabrá si mi enseñanza es de Dios o si hablo de mí mismo».

Ahora, una de las cosas que cautiva nuestra imaginación mientras examinamos la vida y ministerio de Jesús es, de hecho, su enseñanza. No solo el contenido, el cual es extraordinariamente suficiente, sino también la forma y el estilo de enseñanza que Jesús usó.

Incluso aquellos que no abrazan a Cristo como el Mesías, o como el Hijo viviente de Dios, han hablado de forma admirable de su habilidad pedagógica. Aquí tenemos a un hombre que obviamente era un gran maestro.

Y quizá la razón por la cual Jesús es más famoso fue por su dominio de la forma literaria de la parábola. Y vamos a hablar un poco de eso en un momento.  Pero las parábolas no son tan comunes en la Escritura como nos podría parecer a los que estamos muy familiarizados con la selección de Jesús de este método de enseñanza, dado que usa este método muy a menudo.

En ocasiones, encontraremos parábolas en el Antiguo Testamento, donde la más famosa es, probablemente, la parábola que el profeta Natán usó cuando confrontó a David con su pecado. En el Nuevo Testamento nos encontramos con muchas parábolas de Jesús en los Evangelios Sinópticos, no hay parábolas en el Evangelio de Juan y ni una sola parábola en otro lugar del Nuevo Testamento fuera de los evangelios sinópticos.

Pero no solo Jesús usa las parábolas, sino que las usa abundantemente.  Ahora, en primer lugar, tenemos que tomar un momento y preguntarnos ¿qué es una parábola? ¿por qué una parábola se llama parábola?

¿Cuál es la importancia de las parábolas? ¿Por qué Jesús hablaba en parábolas? En apariencia, puede parecer que las respuestas a estas preguntas serían bastante fáciles, pero con un segundo vistazo se vuelven más y más complicadas.

En primer lugar, tenemos que distinguir entre parábolas, símiles y metáforas, ya que no son la misma cosa. Usamos símiles con frecuencia en nuestra propia manera de hablar.  Un símil es, es algo que es como algo más. Podríamos decir, «Esto y esto es como un helicóptero; siempre está girando alrededor del lugar donde está».

Así se usa el símil. Y Jesús hace uso frecuente del símil. Él dirá entonces: “Pero ¿con que compararé a esta generación?» y dice, «Es como esto” o «como esto otro».

Jesús también hizo uso frecuente de metáforas, en particular en el Evangelio de Juan, donde tenemos la lista de los famosos «Yo soy», las declaraciones: “Yo soy”. «Yo soy la puerta por la que deben entrar los humanos». «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos». » Yo soy el buen pastor».

Ahora es evidente que no estaba hablando literalmente acerca de ser una puerta o ser una vid, sino que estaba usando el lenguaje figurativo en forma de metáfora. Otra figura o tipo de discurso que usó frecuentemente en su enseñanza es la hipérbole.  Una hipérbole es una exageración intencional que se usa para resaltar o enfatizar un punto importante.

Recuerdo que en un debate sobre la inerrancia de la Escritura, un estudioso muy respetado cuestionó la inerrancia de la Biblia y la infalibilidad de la enseñanza de Jesús porque Jesús, al hablar de la fe, en una ocasión cuando habló de la semilla de mostaza que se convierte en un gran y frondoso árbol, dijo que la semilla de mostaza era la semilla más pequeña.

Y los críticos han dicho, «Espera un minuto, conocemos otras variedades de semillas que son microscópicas en tamaño, que son, de hecho, más pequeñas que la semilla de mostaza; y objetivamente, desde la realidad, la semilla de mostaza no es realmente la más pequeña.

Pero aquí, esto sería un ataque a la confiabilidad y credibilidad tanto de las Escrituras como de Jesús, donde Jesús claramente usa esta forma de expresión bastante aceptada. En otra parte encontraremos declaraciones en los evangelios tales como ‘Todo Capernaúm fue a escuchar a Jesús’.

Hablamos de la misma forma en que un informe de prensa podría hablar sobre una multitud que se reúne para celebrar un campeonato mundial de fútbol, y decimos que cuando el equipo victorioso volvió a casa luego del campeonato, toda la ciudad salió a su encuentro.

Ahora, nadie supone que eso signifique que cada hombre, mujer, niño y todas las personas incapacitadas o enfermas, de hecho salieron de sus casas para saludar al equipo ganador.  Esa es la hipérbole y es una forma legítima de comunicar la verdad.

Pero, de nuevo, como digo, la forma más famosa de comunicación relacionada con Jesús es la Parábola. Ahora, una parábola, la palabra “parábola”, una vez más, se compone de un prefijo, «para» y de «bola» al final. Y de hecho la palabra es una combinación, una especie de unión de este prefijo, que significa «al lado de» y el verbo raíz, cuya fuente de la raíz de esta palabra, es la palabra griega que significa «tirar».

Y así, literalmente, una parábola es algo que se lanza junto con algo más. Ahora, San Agustín, cuando enseñaba a sus alumnos sobre las reglas de interpretación bíblica correcta, dijo que las tres reglas más importantes que deben observarse en la interpretación de un pasaje de la Escritura son estas tres: Número uno, el contexto. Número dos, el contexto. El número tres, el contexto. San Agustín estaba diciendo: «Es el contexto, contexto, contexto».

Ustedes han oído la declaración acerca de las tres cosas importantes que determinan el valor de una propiedad o inmueble: ubicación, ubicación, ubicación. Así que podríamos decir que los tres elementos más importantes de la comunicación dinámica son la ilustración, ilustración, ilustración. Y la principal forma de ilustración que Jesús usó para lanzar, junto a sus proclamaciones y declaraciones de verdad, fue la parábola.

Ahora, las parábolas pueden ser cortas o pueden ser largas. Tenemos una tendencia a pensar en parábolas solo en términos de historias largas, tales como la parábola del hijo pródigo, o la parábola del buen samaritano. Pero uno puede tener una parábola muy breve, tal como, “si el ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo”.

Esa es una parábola. Se trata básicamente de una frase larga, pero es una parábola. Y cuando noten esos tipos de parábolas que son más cortas, en las enseñanzas de Jesús, entonces verán que el número de parábolas que se esparcen a través de su enseñanza son muchas.

No son solo un puñado como a veces solemos suponer. A menudo, las parábolas toman el papel de un acertijo y son usadas en situaciones de tensión y de conflicto. Y algunas veces se convierten en un dispositivo o una técnica para atrapar a un oponente en un Debate; y Jesús era el maestro en eso.

Ustedes recuerdan cuando estaba envuelto en una discusión con los fariseos con respecto a su interpretación de la ley del Antiguo Testamento y Jesús les había recordado acerca del gran mandamiento:  ‘amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y toda tu fuerza y toda tu mente’ y todo lo demás; y ‘amarás a tu prójimo como a ti mismo’, los fariseos estaban envueltos en la controversia de ¿quién es mi prójimo? Y así llegaron a Jesús y dijeron: «Bueno, ¿quién es mi prójimo?».

Ahora, Jesús podría haber respondido eso directa y simplemente y haberles dicho: ‘Bueno, el tipo que vive al lado de usted, o la persona que vive en su calle’. O podría haber dicho: «Todo el mundo es tu prójimo».

Pero esa no es la forma que Él eligió para responder la pregunta. ¿Qué hizo él?  Bueno, “¿quién es mi prójimo?». Jesús dijo: ‘Bueno, un hombre bajaba de Jericó y cayó en manos Ladrones’, y luego empieza a contar la historia del buen samaritano.

Y cuando está terminando con esa historia, con esa profunda ilustración de compasión, Entonces Él mira a sus oponentes y dijo: ‘¿Quién actuó aquí como prójimo?’ Así vemos que este es el tipo de cosas que Jesús usó en medio del conflicto, de la tensión y del debate.

Ahora, una de las cosas más difíciles con las que hay que lidiar con respecto a las parábolas, tiene que ver con una declaración un tanto enigmática que se encuentra en el Evangelio de Marcos, cuando Jesús presenta una de sus más famosas parábolas, la parábola del sembrador.

Y conocemos esa historia de cómo el sembrador salió a sembrar y la semilla cayó en la tierra y todo lo que ocurrió como resultado de eso; pero, después que había pronunciado esta parábola, dijo a los que estaban escuchándolo «El que tiene oídos para oír, que oiga».

Y los discípulos no lo entendían por completo, no entendían muy bien el punto de esta parábola, así que vinieron a él.  Y leemos en el versículo 10 del capítulo 4 de Marcos que cuando Jesús se quedó solo, sus seguidores junto con los doce le preguntaron sobre las parábolas.

Y él les dijo: “A vosotros os ha sido dado el misterio del reino de Dios, pero los que están afuera reciben todo en parábolas; para que viendo, vean pero no perciban y oyendo, oigan pero no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”.

Ahora esto realmente… es un tanto chocante a nuestra sensibilidad, ¿verdad? Pero Jesús dijo: ‘Usted saben, una de las razones por las que uso parábolas para enseñar es, por un lado, para revelar los misterios del reino de Dios que les estoy anunciando y a los que tienen oídos para oír, pero al mismo tiempo, mientras estas parábolas son usadas para ilustrar y aclarar las verdades que estoy anunciando, también hay un arma de doble filo involucrada en esta técnica.

Porque para aquellos que no tienen la gracia de la iluminación del Espíritu Santo, en realidad la parábola sirve para ocultar de ellos la verdad, no sea que “viendo, vean” y “oyendo, oigan”. ¿No nos recuerda esto la profecía de Isaías en el Antiguo Testamento y de la comisión de Isaías cuando Dios lo consagró a la tarea de ir a predicar a este pueblo, diciendo que «viendo no verían y oyendo no oirían, no sea que se arrepientan y se conviertan?”

Porque que Dios había enviado su juicio sobre ese pueblo que no quería oír su Palabra y su castigo era una especie de justicia poética:  Si no desean escuchar la verdad de Dios, Dios dijo: ‘Está bien, voy a tapar sus oídos. Si no desean contemplar mi gloria entonces voy a ocultar mi gloria de ustedes’.

Y en cierto sentido, Dios estaba entregando a este pueblo, de corazón duro, a su propia maldad. Y así, cuando Cristo viene y enseña sus parábolas, desde el punto de vista privilegiado del siglo 20 donde hemos tenido el beneficio de toda la exposición del Nuevo Testamento de la enseñanza de Jesús y sermón tras sermón de las parábolas de Jesús, tendemos a pensar en las parábolas como simples técnicas cortas para hacer las cosas muy fáciles para cualquiera; pero ese no era el propósito original.

Para aquellos que estaban pereciendo, cuyos corazones estaban cerrados a la enseñanza de Jesús, lo que estaban oyendo eran enigmas insondables. No tenían ni idea de lo que él estaba hablando.

Y hasta los mismos discípulos, aquí, no comprendieron totalmente el significado de esta parábola que es conocida como la “Parábola de las tierras” o la “Parábola del sembrador”, dependiendo de la persona que lo describe.

Ellos no entendieron hasta que Jesús los sentó y les explicó su importancia y su significado. Ahora, hay algunos principios que necesitamos conocer siempre que nos encontramos con parábolas en el Nuevo Testamento.

La primera es que una parábola, por lo general y digo por lo general, no es una alegoría. La iglesia se metió en muchos problemas históricamente por tratar de interpretar las parábolas como si fueran alegorías.

Ustedes están familiarizados con ese género particular de la literatura que llamamos alegoría. Pensamos en La divina comedia de Dante Alighieri o tal vez la más famosa alegoría de todos los tiempos «El progreso del peregrino» de Bunyan, en el que cada elemento de la historia tiene un significado simbólico particular y todo representa algo.

Y la tentación es mirar a las parábolas de Jesús y leerlas todas como si fueran alegorías.  Eso llega a ser problemático puesto que la parábola del sembrador tiene fuertes elementos de alegoría dentro de ella.

Y la de los labradores malvados es otra parábola que tiene también elementos de alegoría. Pero en general, la regla básica para la interpretación de parábolas es que la mayoría de las parábolas son entregadas con la idea de comunicar un punto crítico central.

Si intentan encontrar muchas cosas ocultas entre los elementos incidentales de la historia, terminarán con todo tipo de teorías extrañas y distorsiones de la palabra de Dios. Entonces, debemos tener cuidado con eso.

Otra cosa que se ha observado sobre las parábolas es que ellas tienden a seguir el principio universal de la narración de historias o cuentos folklóricos, conocido como “la regla de tres”.

Si quieren saber que significa la regla de tres en nuestra propia cultura piensen en la historia de “Los tres ositos”.  ¿Cuántos osos eran? Tres osos. ¿Cuántas camas? Tres camas. ¿Cuántas sillas? Tres sillas. ¿Cuántos platos de de avena? Tres. Y todo está configurado en estos ciclos de tres. Y eso es lo que encuentras en la parábola del sembrador, tres diferentes tipos de suelo.

En la parábola del hijo pródigo, existen tres actores principales. En la parábola del buen samaritano, ¿cuántas personas están llegando por la calle después de que esta persona había caído en manos de ladrones? Tres. Pero también hay una regla de dos, donde a veces en cuentos folklóricos y en parábolas, tienes dos personajes principales para representar un contraste o comparación para ilustrar un punto.

En la historia del hijo pródigo tienes tres personajes, pero gran parte de la tensión y el conflicto en esa historia está entre los dos hermanos, el que se fue y malgastó la herencia del padre y el que se quedó en casa  y se puso muy celoso cuando el padre honró al hijo que regresaba.

Entonces vemos eso, y vemos otro principio frecuente en las parábolas de Jesús y ese es el principio de la comparación que se usa con la frase, «¿Cuánto más?».Ahora, de nuevo, el motivo central, no el único, pero el motivo principal de las parábolas de Jesús era el reino de Dios. Y una y otra vez Él decía, «El reino de Dios es semejante a esto… y el reino de Dios es semejante a eso».

Pero luego construía estas comparaciones mayores, como en la parábola del juez injusto, donde el juez injusto está puesto en contraste con el justo juicio del Dios Todopoderoso.  Y el punto de la parábola, al final, era algo como esto: Si una persona mundana y malvada, políticamente corrupta como este juez injusto va a escuchar las oraciones de la viuda impertinente, ¿cuánto más, su Padre celestial que es justo, escuchará sus gemidos, anhelos y oraciones?

Y así vemos esta frase: «¿Cuánto más…?». Búsquenla cuando lean las parábolas.