
La vida cristiana
16 abril, 2026El vínculo del amor
«Nos beneficiaremos mucho del sacramento si este pensamiento queda grabado y arraigado en nuestra mente: que ninguno de los hermanos puede ser herido, despreciado, rechazado, maltratado o de alguna manera ofendido por nosotros sin que, al mismo tiempo, estemos hiriendo, despreciando y maltratando a Cristo con nuestras acciones; que no podemos estar en desacuerdo con nuestros hermanos sin estar al mismo tiempo en desacuerdo con Cristo; que no podemos amar a Cristo sin amarlo en los hermanos; que debemos cuidar los cuerpos de nuestros hermanos con el mismo esmero con que cuidamos el nuestro, pues son miembros de nuestro propio cuerpo; y que, así como ninguna parte de nuestro cuerpo siente dolor sin que ese sentimiento se extienda a todas las demás, tampoco debemos permitir que un hermano sea afectado por algún mal sin que nosotros mismos seamos movidos a compasión por él. Por lo tanto, Agustín, con sobrada razón, llama con frecuencia a este sacramento “el vínculo del amor”».1
Para Juan Calvino, el beneficio principal de la Cena del Señor es que fortalece nuestra fe y nuestra unión con Cristo. La comunión con Cristo, sin embargo, no puede separarse de la comunión de los santos. Siguiendo a Agustín, Calvino habló de este aspecto «horizontal» de la Cena del Señor como «el vínculo del amor». La Cena del Señor busca unir a los creyentes y animarlos a amarse unos a otros. Pablo nos dice que Cristo tiene un solo cuerpo del cual nos hace a todos partícipes; por lo tanto, todos somos un solo cuerpo (1 Co 10:17). Según Calvino, el pan en la Cena del Señor ofrece una ilustración de la unidad que debemos tener: hemos de estar unidos, sin divisiones, así como los muchos granos en el pan se unen para formar un solo pan.
Cuando nos reunimos como creyentes para participar de la Cena del Señor, no solo deberíamos recordar la muerte de Cristo, sino también a aquellos por quienes Cristo murió: nuestros hermanos y hermanas en Cristo.
Pero ¿qué significa esto? Calvino nos recuerda que, cuando nos reunimos como creyentes para participar de la Cena del Señor, no solo deberíamos recordar la muerte de Cristo, sino también a aquellos por quienes Cristo murió: nuestros hermanos y hermanas en Cristo. ¿Nos ama Jesús? Él también los ama. ¿Murió por nosotros? Él murió por ellos también. ¿Somos parte del único cuerpo de Cristo? Ellos también lo son. ¿Somos hijos adoptivos de Dios? Ellos también lo son. Entonces, ¿cómo podemos dejar de amar y cuidar a quienes también son parte del cuerpo de Cristo? La Cena del Señor graba esta verdad en nuestros corazones y mentes.
La exhortación de Calvino es especialmente necesaria en una cultura cuyo lema es «cada quien vela por lo suyo». Vivimos en una cultura en la que la mentalidad de escalar posiciones, propia del mundo corporativo, se ha infiltrado en todo. Hombres y mujeres no tienen reparos en pisotear a otros en una carrera desenfrenada por llegar a la cima. Aunque Pablo nos dice que «cada uno considere al otro como más importante que a sí mismo», el engrandecimiento y la promoción personal siguen siendo comunes incluso entre los cristianos (Fil 2:3). No importa a quién lastimemos o a quién dejemos a un lado mientras salgamos ganando. Esto no debería ser así entre los cristianos.
Quizá peor aún sea la apatía generalizada hacia aquellos entre nosotros que están sufriendo. Cuando nos reunimos para adorar, lo hacemos junto a personas que sufren. Algunos están enfermos. Algunos están afligidos. Algunos luchan por mantener a sus familias. Algunos no tienen familia. Pero, con demasiada frecuencia, no notamos estas realidades. Estamos demasiado preocupados por nuestros propios problemas como para ocuparnos de los demás. Calvino nos recuerda, sin embargo, que cuando un miembro del cuerpo sufre, todo el cuerpo se ve afectado. Cuando participamos de la Cena del Señor, esto debería recordarnos la unidad del cuerpo y movernos a compasión para hacer lo que esté a nuestro alcance por compartir las cargas de nuestros hermanos y hermanas en Cristo.
- Juan Calvino, _Institución de la religión cristiana_, 4.17.38.↩

