Renovando Tu Mente | La entrada triunfal
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Transcripción

En el calendario anual de la iglesia siempre estamos a la espera de la celebración de Navidad y también de la celebración de la Pascua, pero en el caso de la celebración de la Pascua, separamos toda la semana, lo que a veces se conoce como Semana pascual o Semana de la Pasión o aún con más frecuencia, Semana Santa.

Y durante ese período conmemoramos el jueves santo y también el viernes santo, pero la celebración empieza el domingo anterior a la Pascua, conocido como Domingo de Ramos. Y el motivo de esa celebración es que el Nuevo Testamento concede una gran importancia a ese evento en la vida y ministerio de Jesús, el evento que se conoce como la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.

Veamos el relato de este, tal como lo encontramos en el evangelio según San Lucas. Capítulo 19, verso 28 del evangelio de Lucas dice así:  “Habiendo dicho esto, iba delante, subiendo hacia Jerusalén. Y aconteció que cuando se acercó a Betfagé y a Betania, cerca del monte que se llama de los Olivos, envió a dos de los discípulos, diciendo: Id a la aldea que está enfrente, en la cual, al entrar, encontraréis un pollino atado sobre el cual nunca se ha montado nadie; desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: ¿Por qué lo desatáis?, de esta manera hablaréis: Porque el Señor lo necesita”.

Ahora, se da un poco más de información de este texto en el evangelio de Mateo. Recordemos que el evangelio de Mateo fue escrito para una audiencia judía y hay más referencias o alusiones al texto del Antiguo Testamento en ese evangelio que en ningún otro evangelio ya que estaba a menudo recordando a sus lectores judíos la conexión entre las profecías del A.T y la persona y obra de Jesús del N.T.

Así que veremos esos detalles significativos de Mateo en un momento. Pero aquí tenemos a Jesús acercándose a la ciudad santa y el secreto que con tanto cuidado ha estado guardando durante su ministerio terrenal está a punto de ser develado, puesto que Jesús va a hacer una aparición pública, identificándose a sí mismo, en cierto grado, con las profecías del A.T. respecto a la venida del Mesías.

Podríamos perder algunas de las imágenes y su significado porque pensaríamos, bueno, si Jesús realmente quiere anunciar su vocación como Mesías, ¿por qué no llega a Jerusalén en un carruaje dorado?

Bueno, la razón es que en el A.T., la profecía de Zacarías, por ejemplo, hablaba de la venida del Rey de Jerusalén, quien vendría montado en el lomo de un asno: “He aquí, tu rey viene, … humilde, montado en un asno” y es motivo de celebración de las hijas de Jerusalén.

Jesús hace preparaciones cuidadosas para esta entrada. Él no llega caminando de casualidad a la ciudad. Él dijo: ‘Quiero que vayan a este lugar y consigan este asno que nadie nunca ha montado antes y me lo traigan.

Y si alguien les pregunta ¿por qué están haciendo esto? Solo digan: “el Señor lo necesita” y ellos se lo entregarán. Así esto es parte de la preparación, el establecimiento del escenario para la entrada misma a Jerusalén. “Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta, cuando dijo: Decid a la Hija de Sion: Mira, tu Rey viene a ti, humilde y montado en un asna, y en un pollino, hijo de bestia de carga”.

Ahora, en la versión de Mateo leemos la siguiente descripción:  “Entonces fueron los discípulos e hicieron tal como Jesús les había mandado, y trajeron el asna y el pollino; pusieron sobre ellos sus mantos, y Jesús se sentó encima.

La mayoría de la multitud tendió sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y las multitudes que iban delante de Él,  las que iban detrás, gritaban, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

Tenemos una expresión en nuestra cultura cuando queremos dar honor a algún dignatario, decimos que en tal ocasión “usaremos la alfombra roja para recibirlos”. ¿Alguna vez alguien ha usado una alfombra roja para recibirte?

Quiero contarte de una experiencia única que tuve el privilegio de tener hace unos años en Europa, donde tuve la oportunidad, junto con mi esposa, de hacer un corto viaje en el Expreso de Oriente, el que se hizo famoso por el muy conocido libro de Agatha Christie Asesinato en el Expreso de Oriente.

Bueno, sabía que los vagones eran buenos, pero literalmente, cuando el taxi nos llevó a la estación de tren en Hungría y llegamos al estacionamiento, ahí en medio del estacionamiento había una alfombra roja, y los conserjes vinieron y tomaron nuestras maletas y nos hicieron caminar por la alfombra roja.

Esa fue la primera y única vez en mi vida que me recibieron con una alfombra roja. Pero la alfombra roja de Jesús fue mucho más significativa que esa. En primer lugar, la gente se despojó de sus vestimentas para hacer un asiento cómodo para que se sentara sobre el animal; pusieron sus ropas en el lomo del asno y Jesús se sentó allí.

Ahora, si hubieran estado en Jerusalén en estos días, sabrían que las personas no usaban silla de montar para cabalgar en asnos, y estos no deben confundirse con las mulas americanas, las cuales a veces son tan grandes como los caballos.

De hecho, es algo cómico ver hoy a la gente montada en asnos por Jerusalén y sus alrededores, porque los hombres, que son hombres adultos, tienden a empequeñecer al pobre asno, y uno se pregunta cómo el asno puede soportar el peso de un hombre.

Y deben tener los pies en alto, lejos del suelo para evitar arrastrar los pies ya que el asno es un animal muy pequeño en esa zona y van realmente muy rápido. Es divertido ver algo así en nuestros días.

Pero esta era la situación: que la gente no solo tomó su ropa y la puso en el lomo del asno, sino que ellos tomaron sus ropas y las arrojaron en el camino por donde pasaría el asno.

Y esto se hizo como un gesto de honor y celebración, al igual que el famoso hombre de caballería, que tomó su capa – ¿quién era?  Sir Walter Raleigh, cuando una mujer estaba a punto de cruzar un charco de barro, él tomó su capa y la puso en el barro para que ella no se cayera ni se ensuciara.

Entonces la gente tomó sus ropas, sus galas, y las arrojaron en el camino de Jesús mientras él cabalgaba hacia la ciudad. Este era el trato hacia Él como un rey entrante. Este fue un trato reservado para la realeza.

Y esto superó en entusiasmo a cualquier desfile con confeti que podría haber en Nueva York, ya que la gente no solo estaba esparciendo el camino con ropa, sino también con ramas de palma. Y también se nos dice en algunos relatos que estaban agitando estas ramas de palma mientras se encontraban alineados en la calle y gritaban “¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Ahora, hay diferencias entre los estudiosos en cuanto a la derivación etimológica de la palabra “hosanna”. La usamos como un término de exaltación, como un término de adoración y ciertamente se usó de esa manera en este día, fuera de Jerusalén, cuando Jesús se acercaba a la ciudad.

Pero la tradición antigua es que las ramas de palma no se llamaban ramas de palma, sino que se llamaban “hosannas”, quizá no originalmente o no con certeza, pero la idea era que la “hosanna” o la rama de palma se usaba para señalar una gran victoria.

Y así, como medio para celebrar una gran victoria, la gente agitaba las hosannas y luego empezaron a usar la palabra “hosanna”, como un grito de aclamación y como un grito de victoria. Ahora, eso es lo importante aquí, que la rama de palma significaba victoria.  Ahora, aquí viene el Rey y la gente ya está celebrando la victoria que creen que este Rey obtendrá por ellos.

A menudo oímos sermones en Viernes Santo acerca de lo voluble de la multitud, quienes unos días antes gritaban a todo pulmón “¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor” y luego están gritando: “¡Sea crucificado!; ¡Sea crucificado!” A menudo se nos dice que ese cambio radical de actitud solo puede explicarse por una profunda decepción entre las masas, debido a que sus expectativas no se cumplieron.

Si tú quieres ver la gente enojarse, crea expectativas y no las cumplas. Y posiblemente eso es lo que sucedió en esa ocasión. Pero ahora tengamos en mente por el momento el valor de esta aclamación pública y la celebración de victoria con el uso de las ramas de palma. Ahora, si volvemos por un momento a la versión de Lucas, leemos que cuando las personas se reunieron, en el versículo 37 del capítulo 19 de Lucas, leemos que: “Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos”.

Otra vez, surge el conflicto. Jesús está disfrutando de esta manifestación pública de bienvenida por los ciudadanos de Jerusalén, la gente que lo escuchó con gusto. La multitud está cantando, alentando y alabándole mientras se acerca, pero la autoridad religiosa está molesta por esto. Consideran a Jesús como un hereje, como una amenaza para su orden y sus enseñanzas, por lo que ellos reprenden a Jesús y dicen: ‘Maestro, dile a tu pueblo que haga silencio. Diles que se callen’.

Entonces, de acuerdo con el evangelio de Lucas, leemos: “Respondiendo Él, dijo: Os digo que si estos callan, las piedras clamarán”. Me encanta esa respuesta de Jesús porque con frecuencia se nos dice en el Nuevo Testamento acerca del significado cósmico del reinado de Cristo, que Él no es simplemente el líder de un pequeño grupo religioso, sino recordemos que su mensaje central ha sido el avance del reino de Dios, y es el Rey designado por Dios quien está entrando a Jerusalén.

Y Él no es simplemente el Rey de la iglesia, no es simplemente el Rey de reyes, es decir, la autoridad imperial sobre todos los gobernantes terrenales, y no es simplemente el Señor de señores; sino que, en las categorías del Nuevo Testamento, es un rey cósmico, cuyo gobierno se extiende sobre toda la tierra.

Como Pablo nos dice, que la creación entera a una gime esperando la manifestación de los hijos de Dios. Y es típico en los profetas del Antiguo Testamento, entre los profetas del Antiguo Testamento, escucharlos reprender a la gente por ser ciegos y necios, por no reconocer la manifestación de Dios en medio de ellos y por no escuchar y percibir la verdad de la Palabra de Dios.

Y en esa reprensión profética, los profetas decían: “El buey conoce a su dueño” y cosas así. Los animales, los tontos brutos, como los llamamos, son mucho más receptivos y sensibles a la presencia de Dios y más obedientes a las leyes de Dios que tú.

Y Jesús usa este mismo tipo de imágenes, cuando dice: ‘Escuchen, si yo callo a mis discípulos, la tierra no podrá contenerse; el cosmos tendrá que estallar en celebración y aclamación.  Estas piedras hablarían… obviamente lo que Jesús quiere decir es que ellas conocen más que ustedes, Fariseos… que estas piedras empezarán a clamar y a estallar en gritos de “¡Hosanna!” A estas alturas, los fariseos no pueden detener esto.

Es decir, esto ha alcanzado un crescendo de agitación. Si nunca has estado en Jerusalén, si nunca has visitado Jerusalén, anda y date una idea, esa sensación ante el escenario de gran parte de la historia bíblica. Pero si vas al Monte de los Olivos, el cual mira hacia la ciudad de Jerusalén, y no sé la distancia exacta desde el Monte de los Olivos hasta la puerta (creo que es la puerta este de Jerusalén), es decir, en línea recta; pero ciertamente, si estás parado en el Monte de los Olivos, verdaderamente tienes la sensación de que, si estuvieras tú mismo allí, podrías tomar una moneda de plata y arrojarla a la ciudad a través del valle.

Ahora, es casi más de un kilómetro y medio cuando vas en la ruta serpenteante que baja por el lado del Monte de los Olivos y alrededor del valle de Kidrón  y vuelves hasta la entrada de los muros de Jerusalén, pero en línea recta, es muy, muy corto.

Pero la procesión empieza en el Monte de los Olivos y se abre paso bajando por el lado de la montaña, alrededor del valle y luego a las puertas de la ciudad. Así que, toma más de unos minutos hacer esa ruta y podemos tener la sensación de una multitud cada vez mayor a medida que Jesús se acerca más y más a la ciudad, y es recibido como un conquistador, no solo como un Rey, sino como un Rey conquistador, un Rey victorioso.

Ahora, una de las cosas que no tocamos cuando vimos el período inter-testamentario fue los escritos de esos libros que están incluidos en el canon del Antiguo Testamento de acuerdo con la iglesia Católica Romana, pero que están excluidos del canon de la Biblia de acuerdo con el protestantismo histórico; hablamos de los libros apócrifos.

E incluso dentro de los libros apócrifos, hay libros que están más o menos en disputa, en términos de su autenticidad, y uno de los más problemáticos de todos los libros apócrifos es el libro de Segunda de Esdras. Existe un gran debate sobre cuándo se escribió realmente, pero eso no viene al caso ahora.

Y, aunque el protestantismo histórico no abraza el estatus canónico de los libros apócrifos; sin embargo, históricamente, la iglesia ha entendido que, como fuentes originales de información, tienen gran importancia.  Algunos incluso los han colocado en lo que se denomina nivel secundario del estatus deuterocanónico. Por mi parte, no creo que los libros apócrifos fueron inspirados. Ellos no pertenecen al mismo nivel que las Sagradas Escrituras, pero eso no significa que no tienen valor alguno. Tienen información muy valiosa contenida en ellos, así que voy a leer un pasaje de uno de esos libros, de Segunda de Esdras, y espero que sean pacientes conmigo porque la copia de la que estoy leyendo es de una versión impresa muy antigua de la Biblia King James traducida al español, así que quizá tartamudee un poco mientras trato de leerla.

Pero es del libro Segunda de Esdras, desde el capítulo 2 de Segunda de Esdras, empezando en el versículo 42, donde dice así: “Yo, Esdras, vi sobre el Monte Sion un gran pueblo, que no pude numerar, y todos elogiaron al Señor con sus cánticos”. Ahora dije que me tengan paciencia porque es una traducción de un texto antiguo con lenguaje de antaño. Ellos “elogiaron al Señor con sus cánticos y en medio de ellos había un hombre joven de gran estatura, más alto que el resto, quien colocaba coronas en las cabezas de cada uno de ellos y se elevaba aún más que los otros; yo estaba sobrecogido por esta maravilla”.

Ahora, ¿ustedes ven la escena? Esdras visualiza esta escena de este hombre que es más alto en estatura que el resto que lo rodean y está colocando coronas sobre las cabezas de estas personas. El dijo: “Entonces interrogué al ángel y le dije: ¿Quiénes son estos, Señor? Este me respondió: Son aquellos que han depositado las vestiduras mortales y que han recibido las vestiduras inmortales y que han confesado el nombre de Dios; ahora, están coronados y reciben palmas.

Proseguí a preguntar al ángel: ¿Quién es este hombre que los corona y les da palmas en sus manos? El ángel me respondió: Es el hijo de Dios al que han confesado en el siglo. Entonces comencé a glorificar a aquellos que habían vivido con tanta fuerza por el nombre del Señor”. De nuevo, este no es un pasaje bíblico, pero en esta visión apócrifa de Esdras, está diciendo que tuvo un vistazo del cielo donde vio al Hijo de Dios.

En este escenario, la gente no le está saludando moviendo las palmas, sino que Él va a cada uno de los mártires, cada persona que ha sufrido en su nombre y le da una hosanna, una rama de palma y coloca coronas sobre sus cabezas. Ahora, esto podría no ser bíblico, pero es completamente compatible con lo que las Escrituras dicen: que aquellos que participan en la humillación de Cristo participarán en la exaltación de Cristo.

Y este Rey que entra triunfante en Sion, promete compartir la herencia de su reino con todos los que confiesan su nombre.