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Este es el séptimo artículo de la colección de artículos: Los cimientos de la hermenéutica
Los profetas son difíciles de entender. En parte, eso se debe a que Dios se les reveló en sueños y visiones. Solo con Moisés habló Dios cara a cara (Nm 12:6-8). Los profetas mayores incluyen a Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. Los profetas menores incluyen a Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías. Aquí tienes varios consejos que te ayudarán a leer y comprender los libros proféticos.
1. Investiga el contexto
Primero, comprende tanto como sea posible sobre la ocasión histórica, el contexto social y el profeta que estás leyendo. Una buena Biblia de estudio, como la Biblia de Estudio de la Reforma, puede ayudar con esto.
2. Reconoce el papel de los profetas como abogados del pacto de Dios
En segundo lugar, reconoce que los profetas eran esencialmente los abogados del pacto de Dios. Aunque hablaron de muchas partes del pacto —por ejemplo, el preámbulo y el prólogo histórico («Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto»)— y a menudo recordaban al pueblo su responsabilidad de cumplir los mandamientos de Dios (es decir, las «estipulaciones»), su propósito principal era comunicar las sanciones del pacto. En el lenguaje popular de hoy, tendemos a ver las sanciones como únicamente negativas (por ejemplo, «sanciones económicas»). Pero en la Escritura, las sanciones pueden ser positivas o negativas. En otras palabras, bendiciones por la obediencia y maldiciones o castigos por la desobediencia. Al igual que los buenos abogados, los profetas compilaban sus demandas contra el rey y/o el pueblo y les predicaban sobre cómo habían fallado en cumplir con los estándares de Dios.
3. Aprende a ser consciente del idioma profético
El idioma profético es un aspecto importante de cómo los profetas hablan de realidades futuras. Aquí, la tesis central es que los profetas, que hablan continuamente sobre el mantenimiento y la organización de Israel y las tribus, su tierra y su templo, muy a menudo están describiendo realidades del nuevo pacto que aún están por venir. Por lo tanto, el lector debería preguntarse constantemente: «¿El profeta está hablando realmente de los asuntos contemporáneos que lo rodean? ¿O está hablando de realidades futuras?». El idioma profético, por lo tanto, es esa forma de expresión mediante la cual los profetas del Antiguo Testamento utilizan la configuración tipológica de las cosas de Israel para retratar las realidades mesiánicas de la era del nuevo pacto. Esta es la naturaleza del idioma profético, y si no lo reconocemos, entonces malinterpretaremos a los profetas.
Esto es algo que Pablo conocía bien, incluso en su apelación ante Agripa (Hch 26:19-29). Pablo apela a los profetas, que hablan sobre Cristo y la misión de Pablo a los gentiles. El lenguaje de los profetas, el tipo de idioma figurativo en el que se expresan, exige (especialmente para el creyente del nuevo pacto) separar el idioma externo de la realidad de las promesas del nuevo pacto.
En resumen, en el lenguaje profético, los profetas a menudo describen el nuevo pacto en términos de las circunstancias de las instituciones del antiguo pacto. El lenguaje de la profecía, las imágenes que los profetas utilizan, y el idioma que emplean en sus descripciones, a menudo se usa para retratar lo que va a suceder en Cristo Jesús y a toda la humanidad. Esto se vuelve importante, por ejemplo, en las descripciones del exilio y la dispersión, la reunión de las tribus, el regreso a la tierra y la forma que toman las maldiciones. Aunque los profetas no hablan con omnisciencia respecto al futuro, a menudo hablan de la certeza de la venida de Dios en Jesucristo, el nuevo pacto e incluso la segunda venida de nuestro Señor, sin distinguir todas las partes entre sí. No obstante, todavía existe una unidad integral en las diversas etapas sobre las que hablan bajo la inspiración del Espíritu Santo.
Por ejemplo, cuando Joel habla sobre el derramamiento del Espíritu y las imágenes del gran y terrible día venidero del Señor, no solo se dirigía a su audiencia original (Jl 2:28-32). Joel 2 es citado en Hechos, en Pentecostés (Hch 2:17-21). Las mismas imágenes expresadas en Hechos 2:28-32 también son evidentes en la crucifixión de Cristo. Incluso se podría argumentar legítimamente que la profecía de Joel encuentra su máxima expresión en la segunda venida de nuestro Señor. Por lo tanto, aunque Joel tenía una única intención, sus palabras encuentran muchas referencias (es decir, «puntos de aterrizaje») a lo largo de la historia redentora. Es por eso que este pasaje sobre el derramamiento del Espíritu era uno de los pasajes favoritos de Juan Calvino para explicar cómo funciona el idioma profético.
4. Busca maneras en que las Escrituras del Nuevo Testamento citan, aluden o hacen eco de los profetas
Cuarto, y finalmente, dado que Cristo les dijo a Sus discípulos en el camino a Emaús que todas las Escrituras hablaban de Él y Su ministerio (o por extensión Su cuerpo, que es la iglesia), siempre deberíamos estar buscando maneras en las que las Escrituras del Nuevo Testamento citan, aluden o hacen eco de los profetas. Por ejemplo, Pedro (habiendo sido testigo de la transfiguración) entendió que el pasaje fundamental en Deuteronomio 18:15-19, que habla de Moisés como el profeta paradigmático de todos los profetas subsecuentes, encontró su culminación definitiva en Cristo como el profeta final (ver Hch 3:17-26). Esta interpretación se confirma aún más por el escritor del libro de Hebreos, quien entendió que Moisés fue fiel como siervo sobre Su casa (el antiguo pacto), pero Cristo es fiel como hijo sobre Su casa; es decir, el nuevo pacto. Más aún, Dios es el constructor de toda la casa, antigua y nueva (Heb 3:1-6).

