
Un catecismo sobre el corazón
8 octubre, 2026El amor que es paciente y bondadoso
Primera de Corintios 13 es uno de los pasajes más conocidos de toda la Escritura, pues, en este, el apóstol Pablo nos ofrece una exposición maravillosa del carácter del amor piadoso. Comienza mostrando la importancia del amor, al escribir que si poseemos toda clase de dones, capacidades y logros, pero carecemos de amor, nada somos (vv. 1-3). Luego, en el versículo 4, empieza a describir cómo es el amor piadoso y afirma: «El amor es paciente, es bondadoso»; o, como lo expresa una traducción más tradicional: «El amor es sufrido, es beningo» (RVR1960). Esta combinación —paciencia y bondad— siempre me ha intrigado. ¿Por qué comenzó Pablo su descripción del amor con estas cualidades y por qué las unió?
Pablo nos dice que el amor es paciente, que «es sufrido». Me gusta esta traducción más tradicional porque comunica la idea de que amar a los demás puede ser difícil. Amar a las personas significa que no las descartamos en cuanto nos ofenden por primera vez. En nuestras relaciones, solemos ser mucho más pacientes con ciertas personas que con otras. Si un amigo de muchos años hace algo que me irrita o molesta, por lo general digo: «Así es él; esa es su personalidad. Todos somos humanos; ninguno es perfecto». Soy comprensivo con él. No obstante, si conozco a otra persona y descubro que se comporta exactamente de la misma manera que mi amigo, quizá no quiera volver a tener trato con ella. Toleramos en nuestros amigos cosas que no toleramos en los desconocidos.
El amor sufrido no lleva un registro de las ofensas. La primera vez que me ofendes, podría decir: «Primera falta», y concederte otras dos antes de descartarte. Sin embargo, si mi amor es sufrido, puedes llegar a la ofensa número setenta y siete y yo seguiré a tu lado.
¿Por qué el amor cristiano es sufrido? Porque los cristianos imitan a Cristo, quien imita a Dios Padre, y la paciencia es una de las principales características de Dios. La Biblia señala con frecuencia que Dios es lento para la ira y paciente con su pueblo obstinado. Por ejemplo, Dios se describe a Sí mismo de esta manera: «El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad» (Éx 34:6). Asimismo, Pablo habla de «las riquezas de Su bondad, tolerancia y paciencia» (Ro 2:4).
Si eres cristiano, ¿cuánto tiempo soportó Dios tu incredulidad antes de redimirte? ¿Durante cuánto tiempo ha seguido soportando el pecado que aún permanece en ti? Si no fuera por la paciencia de Dios, pereceríamos. Si Dios nos tratara con la misma impaciencia con que tratamos a otras personas, ahora mismo estaríamos sufriendo en el infierno. Él ha soportado nuestra desobediencia, blasfemia, indiferencia, incredulidad y pecado, y todavía nos ama. Así es Dios. Así manifiesta Su amor: lo demuestra mediante Su paciencia, una paciencia que perdura.
Si no fuera por la paciencia de Dios, pereceríamos.
No solo se nos llama a ser pacientes, sino también a soportar por largo tiempo. No debemos ser pacientes con los pecados, defectos y faltas de los demás únicamente mientras no nos causen dolor. Ser sufridos significa amar aun cuando estamos heridos y sufriendo. Significa que debemos «sobre todo, [ser] fervientes en nuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados» (1 P 4:8). De este modo, reflejamos el amor del Dios, que es paciente con nosotros.
Entonces, ¿por qué une Pablo la paciencia con la bondad? Es posible soportar durante mucho tiempo una ofensa o un trato hostil mientras alimentamos nuestra propia hostilidad y planeamos vengarnos. No obstante, eso no es lo que la Biblia entiende por ser sufrido. La paciencia incluye la bondad, pues debemos responder con bondad a quien causa nuestro sufrimiento. Las personas bondadosas no son descorteses, ásperas ni crueles. Tienen un corazón generoso. Son sensibles y tiernas con los demás.
Creo que mi padre fue un ejemplo de esta cualidad. Era verdaderamente bondadoso y me mostró la bondad de Dios. Cuando regresaba de la escuela, detestaba descubrir que estaba en problemas por algo que había hecho. Mi madre me decía: «Tu padre quiere hablar contigo». Tenía que entrar en el estudio de mi padre y cerrar la puerta. Entonces él decía: «Bueno, hijo, tenemos que hablar». Me reprendía a fondo sin levantar jamás la voz ni mostrar enojo conmigo y, de alguna manera, después de desarmarme por completo, lograba reconstruirme con mucha ternura. Al salir de su estudio, sentía que caminaba por las nubes. Estaba contento, pero también sabía que la próxima vez debía hacerlo mejor. Su manera tan bondadosa de tratarme me inspiraba.
Me temo que una persona verdaderamente bondadosa es difícil de encontrar. Sin embargo, la bondad debe estar unida a la paciencia como manifestación del amor. En pocas palabras, el amor no es impaciente ni cruel. Esta es una imagen del amor de Dios, el mismo amor que el Espíritu Santo cultiva en el pueblo de Dios.

