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Transcripción
Ya hemos visto la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia. Y hemos dicho que todo pacto que Dios hace con las personas después de la Caída es un pacto que sería incorporado bajo el título general «el pacto de gracia». Porque, el que Dios incluso provea un camino de salvación después de que el pacto original fuera quebrantado, da testimonio de la maravillosa gracia de Su ser.
Entonces, el primer pacto que encontramos después de la caída de Adán y Eva se llama el pacto noético, es decir, el pacto que Dios hizo con Noé. Y creo que hay algunos aspectos muy importantes en el pacto de Noé, y para que podamos comprenderlos tenemos que tratar de llenar los espacios en blanco entre el momento de la caída de Adán y Eva y la aparición de Noé en la escena histórica. Inmediatamente después de la caída de Adán y Eva vemos en primer lugar lo que yo llamo la expansión radical del mal. Y esto se manifiesta inicialmente en el horror innombrable del fratricidio que se registra en la Biblia cuando Caín, por celos, asesina a su hermano Abel. Y cómo la tierra se llenó de la sangre de Abel, y esa sangre, por decirlo así, clamaba venganza delante de Dios. Y así leemos sobre la maldición de Dios sobre Caín.
Pero hay un tercer hijo de Adán y Eva, cuyo nombre es Set. Y así, después del asesinato de Abel por Caín y el nacimiento de Set, tenemos una genealogía extensa, tanto de Set como de Caín. Y luego, leemos en el capítulo seis de Génesis, versículo uno, estas palabras: «Aconteció que cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la superficie de la tierra, y les nacieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban». Y esta es otra de esas declaraciones introductorias premonitorias, porque lo que sigue inmediatamente después de este informe aparentemente incidental de los matrimonios mixtos entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres, es que vemos el impacto completo de la expansión radical del mal a tal grado que Dios dice en este punto:
«Mi Espíritu no luchará para siempre con el hombre, porque ciertamente él es carne. Serán, pues, sus días 120 años. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos. Estos son los héroes de la antigüedad, hombres de renombre. El Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal. Y al Señor le pesó haber hecho al hombre en la tierra, y sintió tristeza en Su corazón. Entonces el Señor dijo: “Borraré de la superficie de la tierra al hombre que he creado, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo, porque me pesa haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos del Señor”».
Ahora, de nuevo, tenemos que hacer la pregunta: «¿Qué está pasando aquí?» Este incidente que se registra en Génesis de la expansión del mal es tan malo que Dios dice ahora: «Mi Espíritu no luchará para siempre con el hombre». Y el concepto de luchar tiene que ver con el ejercicio de moderación por parte del Espíritu. Una de las cosas que tenemos que entender, es que por mucho pecado que haya en el mundo, por mucho pecado que haya en nuestras vidas, si no fuera por la gracia añadida del poder restrictivo de Dios, todos seríamos mucho más malvados de lo que realmente somos. En la teología reformada hacemos distinción entre la depravación total y la depravación absoluta. Decimos que el hombre caído es totalmente depravado en la medida en que la depravación penetra en toda nuestra humanidad: nuestras mentes, voluntades, corazones, cuerpos. Pero eso no significa que seamos tan malos como podríamos ser. Y la razón por la que no somos tan malos como podríamos ser es porque tenemos restricciones puestas por Dios.
Uno de los ejercicios interesantes que a menudo hago con los alumnos de seminario es pedirles que hagan una lista de las personas que creen que fueron las personas más inicuas que jamás hayan existido. E inevitablemente, los nombres que salen a relucir son nombres como Nerón, Hitler, Stalin y gente de esa calaña. Y les digo: ¿ven que todas esas personas tienen algo en común? Y eso es: que ellos eran dictadores que tenían un poder nacional ilimitado. No había restricciones para ellos dentro de su propio país.
Las únicas restricciones que se impusieron a Hitler o a Stalin fueron las restricciones que les impusieron otros países. Pero en su propia esfera de autoridad, no tenían restricciones. Y de ahí es de donde sacamos la idea de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, excepto cuando se aplica a Dios, por supuesto. Pero la idea es que cuando se quitan las restricciones, si se quitan los controles y los equilibrios, si se quita la correa del corazón humano, comienza a reinar un pecado indescriptible. Y eso fue lo que sucedió.
Dios dice: «Ya he tenido suficiente de esto. Voy a quitar las restricciones». Y en ese momento, los deseos del corazón humano eran de continuo solo el mal. Y es en esa etapa que Dios decide destruir la creación con el diluvio. Otra vez, tenemos el informe del incidente de los matrimonios mixtos entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres. Lo que mucha gente piensa que pasó, es que fue una especie de violación celestial de las mujeres humanas por parte de ángeles caídos, porque hay ocasiones en la Biblia donde los ángeles son descritos como los «hijos de Dios».
Entonces la idea es que los ángeles bajan y se casan con mujeres y producen esta extraña raza de personas radicalmente malvadas. Creo, francamente, que eso está completamente fuera de lugar en la literatura bíblica. No creo que sea lo que la Biblia quiere decir en absoluto. Creo que la clave para entender qué está pasando, es la cantidad de tiempo que se da en los primeros capítulos de Génesis para darnos la genealogía de Caín y la genealogía de Set. Vemos estas dos líneas que descienden de Adán y Eva: la línea de Caín y la línea de Set.
Si observas estas genealogías con cuidado, verás que el linaje de Caín es la procreación de un criminal tras otro. La línea de Caín se lee como la galería de un villano, donde el pecado del padre, Caín, es revisitado y recapitulado en las vidas de sus descendientes. Sin embargo, cuando miras la otra genealogía, la línea de Set, ves a una persona piadosa tras otra, culminando en Enoc que «anduvo con Dios y desapareció» (probablemente porque fue trasladado directamente al cielo). Entonces, estas dos líneas están claramente diferenciadas en el libro de Génesis. Y aquellos que son obedientes a Dios pueden, tal como las Escrituras usan la expresión, ser llamados «hijos de Dios».
Creo que lo que tenemos aquí en el texto es el matrimonio mixto entre los descendientes de Set, la línea de los obedientes o «hijos de Dios», cuando tomaron esposas de la línea de Caín, y estas dos líneas ahora se fusionaron y se mezclaron. Y el pecado que era tan característico del linaje de Caín entonces devoró a los descendientes de Set y ahora el mundo entero está sumergido en esta situación de mal radical. Pero se nos dice, y esto es importante para nuestra comprensión de este pacto, que Noé «halló gracia ante los ojos del Señor». Y es la gracia de Dios, entonces, la que define la relación de Dios con Noé. Leemos en el versículo nueve del capítulo seis: «Estas son las generaciones de Noé. Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos». Debemos tener cuidado; eso no significa que Él no tuviera pecado. La palabra «perfecto» significa completo; que en comparación con toda la gente del mundo, Noé estaba en una clase aparte. Se destacaba del resto de la humanidad arruinada. Y «Noé siempre andaba con Dios», que es el honor más alto dado a un ser humano en este momento de la historia de la redención.
Luego se nos dice: «Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Pero la tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Dios miró a la tierra, y vio que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra». Y es en ese punto que Dios anuncia a su siervo Noé: «He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; por eso voy a destruirlos junto con la tierra». Entonces da las instrucciones sobre la construcción del arca y sobre aquellos que Dios le ordenó hacer entrar al arca. Así que, en el capítulo siete, versículo siete: «Entonces Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, a causa de las aguas del diluvio». Y el día que entraron, el Señor cerró la puerta. Y las aguas vinieron sobre la tierra durante cuarenta días. Y todos conocemos la historia del arca y la liberación de Noé y su familia con el arca.
Y luego, en el capítulo ocho, versículo veinte, después de que las aguas del diluvio se han retirado y Noé y su familia han sobrevivido al diluvio, Dios hace su pacto con Noé comenzando en el capítulo ocho, versículo veinte. Esto es lo que dice: «Entonces Noé edificó un altar al Señor, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar. El Señor percibió el aroma agradable, y dijo el Señor para sí: “Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud. Nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho”». Pueden ver que los términos de este pacto que Dios hace con Noé involucran promesas. Porque Dios dice: «Estoy haciendo una promesa. No voy a destruir la tierra con una maldición; no voy a destruir todo ser viviente como lo he hecho. Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán».
Es decir, el patrón, el ritmo, el ciclo de la naturaleza continuarán hasta que el mundo sea redimido. Esto es importante porque en el concepto de redención en la Escritura, en el pacto de gracia, según el Nuevo Testamento, lo que aprendemos por ejemplo de Pablo en su carta a los Romanos, que los beneficiarios del pacto de gracia de Dios no son solo seres humanos, sino el reino vegetal, el reino animal, toda la tierra porque toda la tierra está sumida en la maldición debido a la caída de aquellos a quienes Dios ha puesto como Sus vice-regentes sobre la tierra, les dio dominio sobre la tierra, sobre los animales, sobre los peces, sobre la tierra y todo eso a Adán y Eva. Cuando cayeron, la maldición que afectó al hombre, también cayó sobre toda la tierra. Y así, cuando somos redimidos, con nuestra redención, viene la redención de toda la tierra. Por eso decimos que Cristo es el Cristo cósmico. Él es quien trae la redención cósmica. Pablo dice: «la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto… aguardando ansiosamente la revelación de los hijos de Dios». O sea, esperando nuestra redención.
Ahora, lo vemos en la promesa a Noé, la promesa del ciclo continuo de la naturaleza hasta la restauración final de todas las cosas. «Y Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra. El temor y el terror de ustedes estarán sobre todos los animales de la tierra, sobre todas las aves del cielo, en todo lo que se arrastra sobre el suelo, y en todos los peces del mar. En su mano son todos entregados. Todo lo que se mueve y tiene vida les será para alimento”». (Quienes dicen que el cristiano tiene que ser vegetariano deben leer estos textos). «Todo lo doy a ustedes como les di la hierba verde. Pero carne con su vida, es decir, con su sangre, no comerán. De la sangre de ustedes, de la vida de ustedes, ciertamente pediré cuenta: a cualquier animal, y a cualquier hombre, pediré cuenta; de cada hombre pediré cuenta de la vida de un ser humano».
Ahora, de nuevo, vemos en primera instancia, que el pacto noético, en muchos aspectos, es una reconstitución del pacto de la creación. No es un pacto que Dios hace con un cierto grupo étnico como con Abram y sus hijos o con Moisés. Más bien, de nuevo, en cierto sentido, Noé está fungiendo en una capacidad similar a la que Adán tenía antes de la caída. Porque Dios ahora ha eliminado a todos los descendientes malvados de Adán y, por así decirlo, está comenzando de nuevo. Está reordenando y reestructurando el pacto de la creación. Y es por eso que vemos que con las promesas de este pacto también vienen obligaciones que son muy similares a las obligaciones que Dios les había dado a Adán y Eva, cuando les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra».
Ahora ese mandamiento se le reitera a Noé. Y ahora leemos en el versículo seis este mandato, que es uno de los textos más incomprendidos y controvertidos de todo el libro de Génesis: «El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada, Porque a imagen de Dios hizo Él al hombre. En cuanto a ustedes, sean fecundos y multiplíquense. Pueblen en abundancia la tierra y multiplíquense en ella». Ahora, hay muchas personas que vienen a este texto de Génesis y lo leen simplemente como una profecía que significa algo como esto: «Los que por la espada viven, por la espada morirán». No se trata de eso, sino que es la institución de la pena capital en el pacto.
De hecho, es importante entender que este principio aquí no es algo dado a Moisés para la economía del pacto mosaico o a Abraham, sino que dado que este es la reconstitución del pacto de la creación, este principio o esta ley dada a Noé afecta a toda la humanidad. Cada persona, en cada generación, en cada cultura, debe estar bajo este principio de la pena capital. De nuevo, Dios no solo da el mandamiento, cuando dice: «Cualquiera que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada». Este es el imperativo; se trata de una orden: esta persona debe ser matada. De modo que, Dios no solo le da al magistrado el derecho de la pena capital; le da al magistrado el deber de la pena capital, y eso es lo que causa tanta controversia.
Ahora recuerdo haber leído un artículo de Larry King en el que se quejaba de que los cristianos protestaban constantemente contra las leyes sobre el aborto en los Estados Unidos. Y dijo que no tomaría en serio la protesta de la comunidad cristiana contra el aborto hasta que esas mismas personas se movilizaran contra la pena capital. Y cuando dijo eso, reveló que no entendía el razonamiento bíblico, que es el mismo en ambos casos. Lo que está detrás de la protesta de la iglesia contra el aborto y lo que está detrás del respaldo histórico de la comunidad cristiana a la pena capital es el concepto de la santidad de la vida.
Las personas que se oponen a la pena capital, se oponen apelando al mismo principio. El principio es que toda vida humana es sagrada, y si una persona decide asesinar a otro ser humano, simplemente empeoramos la desacralización de la vida al ejecutar al asesino. Entonces el punto es que la vida de todos es sagrada, incluso la del asesino, y por lo tanto tenemos que hacer algo que no sea tomar represalias con venganza. Pero el objetivo del establecimiento original de la pena capital no es la disuasión; ni siquiera es por venganza. Es para mantener la directriz de Dios de que toda vida humana es sagrada. Ahora fíjense en lo que Él dice: «El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre».
El razonamiento que Dios da para requerir la muerte del asesino es que, en un sentido muy real, la persona que levanta su mano para matar a un ser humano no solo está llevando a cabo un ataque contra un ser humano, sino que está haciendo un ataque contra Dios porque cada ser humano es portador de la imagen de Dios. Y cuando matas a un ser humano, matas a alguien que lleva la imagen de Dios. Y Dios está diciendo que estar hecho a la imagen de Dios es tan sagrado y tan santo, que si alguien destruye antojadizamente a un portador de la imagen de Dios, Dios dice que esa persona pierde su derecho a la vida humana y debe ser ejecutada. Así que el castigo por asesinato, Dios lo establece, no solo en la economía mosaica, sino en la economía noética, el cual es la pena de muerte.
Bien, ahora, «Entonces Dios habló a Noé y a sus hijos que estaban con él y les dijo: Miren, Yo establezco Mi pacto con ustedes, y con su descendencia después de ustedes, y con todo ser viviente que está con ustedes: aves, ganados y todos los animales de la tierra que están con ustedes, todos los que han salido del arca, todos los animales de la tierra. Yo establezco Mi pacto con ustedes, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra». También dijo Dios: «Esta es la señal del pacto que Yo hago con ustedes y todo ser viviente que está con ustedes, por todas las generaciones. Pongo Mi arco en las nubes y será por señal de Mi pacto con la tierra. Y acontecerá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se verá el arco en las nubes, y me acordaré de Mi pacto, con ustedes y con todo ser viviente… Cuando el arco esté en las nubes, lo miraré para acordarme del pacto eterno entre Dios y todo ser viviente».
Una vez más, los términos de esta promesa subrayan que no se trata de un pacto local o simplemente de un pacto étnico en particular, sino que es con todo el mundo; que es, de nuevo, el restablecimiento del pacto de la creación y que es perpetuo. Dios dice: «Cada vez que llueve y ves el arco iris en el cielo, esa es mi señal en el cielo. Eso marca la promesa sagrada que les estoy jurando de que cumpliré esta promesa a todas las generaciones». Y es la promesa de Dios preservar Su creación; creación que es el contexto de su plan de redención.






