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Transcripción
ENTREVISTADOR — Cada vez que uno empieza a hablar de la predestinación, sabe que habrá controversia. De hecho, hay algunos de nosotros a los que quizá les gusta aún más por eso. Al dar inicio a nuestra conversación sobre el tema, me pregunto si podrías dedicar un poco de tiempo, quizá a manera de repaso, para decirnos por qué todavía tenemos que arriesgarnos a que la gente tenga discusiones acaloradas. Algunos dirían que ya han pasado por esto, que han batallado con el tema. Han tenido miles de discusiones y nunca se ponen de acuerdo. Es abstracto. ¿Para qué hacerlo? ¿Qué nos dirías?
R.C. – Bueno, desde luego que diría lo contrario. De hecho, entiendo ese tipo de sentimiento que acabas de mencionar, con el ejemplo que acabas de dar. Pero si lo piensas, da un poco de miedo, porque en primer lugar, la doctrina de la predestinación y la elección es una parte integral de la Palabra de Dios. Hay quienes dicen, como le dijo Erasmo a Lutero: «es mejor no hablar nunca de estas cosas». Eso causa temor en este sentido. Da miedo el juicio de Dios sobre una persona que hace un comentario así, que desprecia la revelación de la Palabra de Dios. Estas cosas fueron dadas para nuestra instrucción, como dijo Pablo: «Toda Escritura es inspirada por Dios y nos es dada para reprender, y nos es útil para instruir en justicia». Nos da una comprensión más profunda de nuestra dependencia de la gracia de Dios. Debería inflamar nuestros corazones para que experimentemos un mayor sentido de alabanza y gratitud. Los beneficios saludables de estudiar las doctrinas de la gracia son innumerables.
ENTREVISTADOR – Bueno, ¿cómo responderías, entonces, a un pastor que diga… —y seguramente es algo que has oído antes… Yo lo he oído— que diga: creo en la predestinación, pero no puedo predicar sobre ello.
R.C. – Le diría a ese pastor, aunque percibo la angustia por la que atraviesa, «debería darte vergüenza». Yo haría el intento de animar a los pastores en este sentido. Volviendo de nuevo a Lutero y sus debates con Erasmo en el siglo XVI. Erasmo era conocido por este tipo de cosas: «no agites el barco; paz, paz; no trates temas que puedan dividir a la gente o que puedan ser polémicos. Lutero básicamente respondió diciendo que la única ocasión en que la iglesia puede estar completamente libre de controversias y de divisiones es si el Evangelio no se predica. Pero en toda la historia del mundo, cuando la verdad de Dios es proclamada con valentía y claridad, hay controversia. Hubo controversias cuando Cristo predicó. Hubo controversias cuando los apóstoles predicaron y enseñaron. Hubo controversias durante la Reforma. Y uno de los beneficios de la controversia – hay muchos aspectos negativos sobre las controversias, lo sabemos, cuando la gente se torna maleducada, desagradable, cruel e hiriente con los demás. Pero el gran beneficio de las controversias es que obligan a la gente a examinar los temas. Si observas todos los cambios en la cultura estadounidense de los últimos 20 o 30 años, algunos fueron provocados por militantes desagradables con una actitud desafiante hacia las cosas. Pero incluso esas personas que han ofendido y alejado a tantos, aun así han avivado el debate y hecho que la gente piense sobre temas que, de otro modo, nunca los habría reflexionado. Así que no creo que haya nada de malo en la naturaleza polémica de la doctrina. La controversia es buena en la medida en que nos motiva a investigar y a reflexionar profundamente sobre estos temas.
ENTREVISTADOR – Durante estos programas también hablaste sobre las dos objeciones principales contra la doctrina de la predestinación. Una es que, de alguna manera, hace daño a la justicia de Dios. Segundo, que, en cierto modo, hace daño a la libertad humana. ¿Cuál de estos dos crees que es realmente la fuerza motivadora, la piedra de tropiezo, para quienes tienen dificultades con esta doctrina?
R.C. – Bueno, para intentar decir cuál objeción es más poderosa, tengo que recurrir a un par de cosas con las que luché en mi propia experiencia con el tema. Habiendo enseñado esta doctrina durante décadas, y habiendo escuchado las objeciones que la gente plantea una y otra vez, diría que la gran, gran objeción es la percepción de la denigración de la libertad humana. Por eso dije en esta serie de clases que me gustaría tener toda una serie sobre el tema del libre albedrío. Porque creo que eso es lo que importa a la gente, porque dicen que de alguna manera la doctrina de la elección aplasta la libertad humana. Y ciertamente aplasta cierto concepto de libertad humana, pero no aplasta la perspectiva bíblica de ella.
ENTREVISTADOR — No, no lo hace. En nuestro último programa pasaste un tiempo hablando de la doble predestinación. Mientras hablabas de ello probablemente te preocupaba el que yo te hiciera un poco más difícil el escaparte de algunas de las implicaciones o de algunos de los problemas que eso plantea. Pero déjame simplemente lanzarte una pelota de softbol.
R.C. – Todavía no estamos jugando duro. Ya veo. Sí, cuando estaba dando esa conferencia, anticipé las preguntas que saldrían de tu boca, pero adelante, vamos…
ENTREVISTADOR – Demos un… demos un pequeño paso…
R.C. — … Haz un lanzamiento suave ahora.
ENTREVISTADOR – Sí, vamos con un lanzamiento suave. Cuando hablas de ultimidad equivalente o simetría entre elección y reprobación, ¿estarías dispuesto a decir, y crees que la Biblia enseña, que algo simétrico sobre la elección y la reprobación es que Dios es glorificado en ambas?
R.C. – Sí, sin duda alguna. Como dije antes, en ambos casos se manifiesta la gloria de Dios porque en el caso de los elegidos, se hace pública la gloria de su misericordia, las riquezas de su gracia. Y en la reprobación de los no elegidos, se da a conocer la gloria de la rectitud y la justicia de Dios. Así que, en ambos casos, Dios es glorificado. Seguro que conoces el famoso sermón de Jonathan Edwards, «Dios glorificado en la muerte de los malvados», que dice que incluso el infierno da gloria a Dios, porque manifiesta el triunfo de Su justicia y rectitud sobre el mal.
ENTREVISTADOR – Creo que hay algo que está mal en nosotros, en nuestros días, algo que nos resulta difícil de comprender. Podemos ver la gloria y la misericordia. Podemos ver la gloria de Dios en Su compasión. Pero de alguna manera, pensamos que la justicia… no es algo glorioso. ¿Por qué piensas que eso es así?
R.C. – Bueno, tendría que discrepar contigo, solo en un pequeño detalle. Puede que sea algo trivial. 06:38 Creo que entiendo lo que quieres decir con lo que expresas. Parece que nos resulta algo fácil ver la misericordia de Dios y la gracia de Dios. Eso lo entendemos. Y podemos ver cómo la gloria de Dios se manifiesta en la misericordia y la gracia. Pero nos cuesta ver cómo la gloria de Dios se manifiesta en la justicia. ¿Es eso lo que, básicamente querías decir?
ENTREVISTADOR – Me preocupa tener que decirlo de nuevo.
R.C. – Sí, te hago responsable de tus palabras. Bueno, no estoy seguro de que si ese problema existe, que la gente vea una de esas dos cosas. Porque no puedes ver realmente la gracia como gracia, sino hasta que entiendes la justicia y la rectitud de la justicia. Entonces, ¿cómo es posible que la gente vea la manifestación de la gloria de Dios, cuando Él manifiesta la gracia, a menos que al mismo tiempo estén viendo la gloria de Su justicia? Porque si no entienden Su justicia, realmente no pueden ver la gracia.
ENTREVISTADOR – Quizá están confundiendo las dos cosas. Que la razón por la que apreciamos que Dios nos haya traído a Él es porque de alguna manera pensamos que está más cerca de la justicia que de la misericordia.
R.C. – Exacto. Porque todavía albergamos en nuestros corazones pelagianos la idea de que merecemos estar en el Cielo y que, por supuesto, somos elegidos porque el Cielo no sería lo mismo sin nosotros. Que en realidad Dios nos debe misericordia y gracia. Lo que realmente está detrás de esa forma de pensar, lo que está oculto detrás es que la gracia parece manifestar más nuestra gloria que la gloria de Dios. Lo verdaderamente asombroso es que Dios tenga misericordia de alguien. Pero al mismo tiempo, con lo que luchamos… y lo que oigo de la gente todo el tiempo es: «¿Cómo puede Dios ser bueno y enviar a alguien al infierno y no mostrarle su misericordia? ¿Cómo puede un buen Dios permitir que alguien sea castigado?» Eso es como preguntarse: «¿Cómo puede un juez bueno permitir justicia?». Normalmente, quitamos a los jueces que se niegan a castigar a los malvados o a recompensar a los justos. Si la justicia de Dios se limitara a recompensar a los justos y a castigar a los culpables, tendría que dar todas sus recompensas a Jesús, y sería el único que recibiría recompensa. El resto recibiría justicia, y todos iríamos al infierno. Así de sencillo.
ENTREVISTADOR – sí, eso sería perfectamente justo.
R.C. – Sería perfectamente justo si lo hiciéramos. Y Dios sería glorificado.
ENTREVISTADOR – Lo sería. Pero sabemos lo siguiente: Sería menos glorificado – no porque Su justicia sea de alguna manera menos gloriosa que Su misericordia, sino que sabemos que Dios hace lo que hace para maximizar Su gloria. Y sabemos que, de hecho, da misericordia a otros.
R.C. — Sí, y como Pablo declara en Romanos sobre la doctrina de la salvación – que en esto se muestra que Dios es tanto el justo como el que justifica, que en este proceso de salvación despliega tanto justicia como misericordia. Hay una especie de doble repetición de Su gloria por toda la tierra.
ENTREVISTADOR – El tema de la justicia, la misericordia y la predestinación puede volverse especialmente delicado para la gente cuando empezamos a hablar del destino de los niños que mueren en la infancia. De hecho, ayer pasé bastante tiempo hablando precisamente de este tema. ¿Se torna de alguna manera más confuso… ahora que hemos dominado el concepto de predestinación —quizá no dominado pero habiendo alcanzado un entendimiento básico—, ¿se vuelve de alguna forma más confuso para nosotros cuando tratamos el tema de los niños, y especialmente el de los bebés que, al parecer, no tienen la capacidad de entender? Recuerdas cuando hablamos de evangelización, de entender las buenas nuevas. ¿Qué pasa con ellos?
R.C. – ¿Te refieres a lo que pasa a quienes mueren en la infancia?
ENTREVISTADOR – Sí.
R.C. – Bueno, hay todo tipo de teorías sobre eso, y como sugiero, la mayoría de lo que se enseña al respecto son teorías especulativas porque la Biblia dice muy poco sobre eso. Sabemos que todos nacemos en el estado del pecado original y que incluso los bebés son dignos de la condenación divina, no porque hayan cometido un pecado personal, sino porque tienen una naturaleza pecaminosa. Ahora, eso plantea todo tipo de problemas y preguntas que nos desviarían mucho del tema, pero el punto es que la Biblia también dice que el juicio de Dios se lleva a cabo según la luz que tenemos. Y a quien mucho se le da, mucho se le demandará. Que Dios, siendo un Dios justo, obviamente tendrá en cuenta si una persona ha alcanzado una edad en la que es responsable de sus actos, si entiende la Ley de Dios lo suficiente en relación con los pecados personales. También hay muchas… muchas iglesias y personas que creen que… que todos los bebés que mueren en la infancia o todos los que tienen discapacidad intelectual van al Cielo —que tienen una dispensa especial; como la Iglesia católica romana que tiene un limbo infantas para los bebés. Algunos creen, como he dicho, que todos los bebés que mueren en la infancia van al Cielo. También están aquellos en el campo reformado que creen que todos los que mueren en la infancia han de ser contados entre los elegidos. Hay otros que dirían que todos los hijos de los creyentes que mueren en la infancia están entre los elegidos. De nuevo, no hay muchos pasajes bíblicos que respaldan esa idea, pero sí hay algunos. Recordamos a David, que sin duda estaba entre los elegidos, cuyo bebé murió en la infancia. Dios le quitó la vida a su hijo. Y David expresó confianza en que iría a ese niño y que volvería a verlo. Se ha extraído de ese texto una base para creer que nos reuniremos en el cielo con los hijos nuestros que mueren en la infancia. También está el pasaje de Jesús cuando invita a los niños a acercarse a Él. «Dejen que los niños vengan a Mí; no se lo impidan, porque de los que son como estos es el reino de Dios». Estos son textos que ofrecen algo de fundamento para confiar en la salvación de los bebés que mueren en la infancia. Pero lo único que quiero dejar claro es que, en todas esas teorías diferentes de la teología reformada, la salvación que Dios concede a los infantes sigue siendo una salvación de gracia. No se trata de que la inocencia los salve.
ENTREVISTADOR – 12:47 Bien, me gustaría añadir un punto, porque lo que me preocupa es cuando la gente reformada se confunde con esto, como una persona que me dijo algo sobre la postura de que los niños elegidos van al Cielo, como si existiera algún tipo de doctrina de justificación por elección. Ese es el error que a veces cometen los reformados, que dicen que si los elegidos van al Cielo, todos los niños están elegidos para ir al Cielo. Me parece que las Escrituras dicen que solo hay un camino al Cielo, y es a través de la fe. Y si los niños son de hecho elegidos, son elegidos para fe, una fe en la obra consumada de Cristo. Sea cual sea la capacidad que tengan para esa fe, deben tener fe, y serán salvos por ello.
R.C. – Bueno, creo que el problema que tenemos ahora, esa persona con la que hablaste tiene una teología bastante sólida. Esa persona ciertamente sabe que hay una condición necesaria para la justificación, es decir, la fe, y estoy seguro de que también concedería que un bebé que muere en la infancia es incapaz de ejercer toda la medida de fe tal y como la define la Biblia. Plantear la salvación de cualquier infante tendría que significar que ese niño es salvo aparte de la fe. Hubo una doctrina que fue muy claramente enseñada en la historia de la iglesia, que Dios puede regenerar a un bebé que muere en la infancia y que también puede imputar a ese niño la justicia de Cristo, que es la base de nuestra justificación, lo cual se entiende claramente como algo aparte de la fe. Y en esencia, lo que esa postura afirma es que el requisito de la fe es un requisito universal para todos los que tienen capacidad de tener fe. Pero sigue existiendo esta posibilidad extra de que Dios impute la justicia a un infante usando una causa instrumental diferente a la fe. ¿No es así?
ENTREVISTADOR — Creo que no. Creo que, si es así, entonces tienes de nuevo dos caminos de salvación: uno en el que se requiere fe y otro en el que no se requiere fe.
R.C. – Exacto.
ENTREVISTADOR – No creo que la Escritura enseñe eso. La Escritura enseña una sola forma de salvación. Y esa forma es la fe.
R.C. – Una sola forma para aquellos que han alcanzado cierta edad, por supuesto. ¿Me estás diciendo que no crees que los bebés puedan ser salvados?
ENTREVISTADOR – No, no digo eso en absoluto. Lo que digo es que los bebés que son salvos necesariamente deben tener fe. Ahora, de nuevo, estaré de acuerdo contigo en que el alcance de esa fe puede no ser tan amplio como el que tenemos, pero deben tener fe en cierto sentido porque, de nuevo, creo que las Escrituras enseñan una forma de salvación.
R.C. – ¿Y qué dimensión de fe tendrían? Por ejemplo, ¿tendrían assensus – asentimiento a proposiciones verdaderas?
ENTREVISTADOR – Sí, tendrían que asentir a proposiciones verdaderas.
R.C. – Entonces deberán tener capacidad intelectual para entender esas proposiciones. Deberán tener notitia. Tendrían que tener algo de conocimiento consciente de la persona y obra de Cristo.
ENTREVISTADOR – Deberían tener cierto conocimiento consciente de la capacidad de Dios para proveerles un medio para reconciliarse con Él y la capacidad de reconocer su propio pecado.
R.C. – ¿Y si mueren antes de poder formar palabras?
ENTREVISTADOR – Las palabras no son un requisito, pero la fe sí lo es.
R.C. – ¿Fe en algo?
ENTREVISTADOR – Sí.
R.C. – Tiene que haber contenido en eso.
ENTREVISTADOR – Oh, absolutamente. Pero, ¿tú… si crees que Dios puede…
R.C. – Bueno, ahora estamos discutiendo detalles. De lo que estamos hablando que tú llamas fe, es lo que la Biblia podría llamar conocimiento innato, la Ley escrita en el corazón. Lo que estás diciendo es que ese requisito necesario, esa condición necesaria para la justificación —la fe— se le da al infante en forma de germen en el caso de los elegidos. Sí, Lutero hablaba así. Y, desde luego, no tengo objeciones contra eso. Y si lo defines o lo refinas hasta ese punto, no creo que haya muchas dificultades con eso. Lo que estamos diciendo es que Dios suple en ese caso todo lo necesario para la salvación.
ENTREVISTADOR – Sí. De acuerdo, entonces. Me parece justo. Y hablando de justo, ya que estamos tratando el tema de la predestinación, y antes de que se nos acabe el tiempo… Nos referimos varias veces al pasaje de Juan 6 sobre la capacidad humana para llegar a la fe. ¿Y qué de aquellos que dicen sobre ese pasaje en particular que Dios… que Dios da una gracia preveniente —una gracia que da de antemano— a todos los hombres, lo cual hace posible o da la capacidad, pero de nuevo, el hombre tiene la capacidad de… no activar ese poder en particular. ¿Cómo respondes a esa interpretación particular del texto?
R.C. – Bueno, en el breve tiempo que tenemos… obviamente esa fue la estrategia que Wesley tomó con su efecto universal de la idea de la expiación. Yo diría dos cosas brevemente al respecto, y tiene que ser breve por nuestras limitaciones de tiempo. Primero, no encuentro ni una palabra de ello en la Biblia por ningún lado. Así que creo que es una invención, pura especulación: su concepto de una gracia preveniente universal. Lo segundo que diría es que esta gracia preveniente no es eficaz en cuanto a su gracia, y es mucha menos gracia de la que la gente necesita para poder venir a Cristo.
ENTREVISTADOR – Vale.
R.C. – Pero exploraremos ese concepto como parte de nuestro análisis en la serie sobre el libre albedrío cuando la hagamos más adelante.
ENTREVISTADOR – También dedicamos un tiempo a hablar sobre la elección incondicional. Y me preocupa que pueda ser confuso… un término que pueda confundir. ¿No sería mejor decir que cuando Dios escoge a Sus elegidos tiene una razón que se refleja en nosotros? Si Él va a diferenciar entre una persona y otra, lo que hace la diferencia tiene que estar en las personas elegidas, sin decir que es una distinción meritoria. Dios puede haberme elegido para demostrar su fidelidad. Por ejemplo, puede pensar para sí mismo: «Seré glorificado mostrando mi fidelidad al pacto y cumpliendo mi juramento de entregar la promesa a ustedes y a sus hijos». Y como pasaría con tu niño, Dios se glorificaría en atraerlo. Puede que… Puede que Dios escoja a alguien de un estilo de vida realmente despreciable y bajo para glorificar Su capacidad de levantar a los menospreciados y humildes. Hay una razón.
R.C. – Sí.
ENTREVISTADOR – Pero no es por méritos.
R.C. — Sí, pero la base no está en nosotros. Ese es el punto que he elaborado. Creo que tienes razón sobre el peligro del término «incondicional». Esto se remonta al acróstico T-U-L-I-P, y una de las cosas que me molesta es que hoy los predicadores usan el término «incondicional» de una manera que sería absolutamente aborrecible para la teología clásica con la expresión «amor incondicional». He oído a predicadores decir en televisión: «Dios te ama incondicionalmente». ¿Qué es lo que oye la gente cuando el predicador dice eso? Para ellos, lo que eso significa es: yo no tengo que hacer nada, no tengo que arrepentirme. No debo tener fe. Puedo ser como soy. Dios me ama exacta y precisamente como soy. Se alegra de que haya salido tan bueno. Y eso es algo muy peligroso. Ahora, en teología, el término «incondicional» significa, por supuesto, en contraste con la postura presciente de la elección que dice: «Dios mira siglos atrás en el tiempo, y observa a algunas personas que cumplirían las condiciones y, sobre la base de que llenarían las condiciones, las elige». La elección incondicional significa que la elección soberana de Dios no tiene como objetivo que las personas cumplan ciertas condiciones, porque la elección incondicional significa que en ese decreto de elección, Dios asegura las condiciones de salvación —porque la salvación no es incondicional. La salvación es condicional. Depende de la fe, de la justificación y todas esas cosas. Dios suple las condiciones necesarias para la salvación, y lo hace incondicionalmente. Dios cumple incondicionalmente las condiciones que los elegidos necesitan para ser salvos. ¿Ayuda esto?
ENTREVISTADOR – Absolutamente. Muy bien. Estoy seguro de que volveremos a tocar algunos de estos temas cuando hablemos de libre albedrío, si Dios quiere.






