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Transcripción

Hay una obra, un tanto menos conocida, de Herman Melville, el autor de Moby Dick y Billy Budd, marinero y el presentador de una serie de aventuras en el mar del sur. En una de sus obras menos conocidas, Melville hace esta declaración, él dice: “Hasta que aprendamos que una aflicción supera mil alegrías, nunca entenderemos lo que el cristianismo está tratando de hacernos”.

Ahora, cuando Melville hace esa declaración, no creo que simplemente esté siendo macabro o pesimista, sino que está haciendo eco de un sentimiento que encontramos en la Escritura misma. Por ejemplo, la literatura sapiencial del Antiguo Testamento declara que es mejor ir a la casa de luto que pasar tiempo con los necios.

Es otro caso obvio y específico donde vemos cuán estrechamente relacionado está el Dios de las Escrituras con la realidad del sufrimiento y el dolor. Y en nuestra última sesión, la primera juntos, mencioné esta palabra “vocación” con la que solemos referirnos a nuestra carrera o nuestro estilo de trabajo.

Cada vez que conozco a alguien por primera vez, les pregunto cómo se llaman y dónde viven y luego, inevitablemente, les digo: “¿A qué se dedican?” Estoy indagando por su vocación. Tenemos pruebas vocacionales, tenemos escuelas vocacionales. Esta palabra es una parte muy importante de nuestro vocabulario. Pero su significado de raíz, su significado clásico fue tomado de la palabra latina que significa ‘llamar’.

Y la idea, anteriormente en nuestra historia, cuando entendimos que Dios llama a las personas a diversas tareas y ocupaciones, no solo llama a las personas al ministerio ordenado, al clero y demás; Sino que Él llama a las personas a ser médicos, las llama para involucrarse en la jurisprudencia, llama a las personas a labores productivas de negocios y otros.

Esta idea de vocación tiene que ver con el hecho de que confiamos en que, como Señor de la historia y Señor de toda vida, Dios realiza su llamado sobre las personas para que realicen ciertas tareas, pero por lo general no pensamos en el sufrimiento o la muerte como una vocación. No he visto ninguna escuela vocacional que otorgue un diploma en sufrimiento o un lugar donde puedas ir a estudiar cómo morir.

Y, sin embargo, si entiendo lo que las Escrituras enseñan sobre la naturaleza del sufrimiento y sobre la naturaleza de la muerte, creo que está bien que nosotros veamos que hay momentos en la vida de una persona donde el llamado de Dios para ella puede que no sea el ser un banquero o ser un doctor o ser un ministro o lo que sea, sino que el llamado de Dios para la vida de esa persona en ese momento de su vida sea el sufrimiento y tal vez incluso la muerte.

Ahora, como dije antes, eso podría sonarles excéntrico y radical. Así que, lo que me gustaría hacer el resto de esta sesión es que exploremos juntos, solo para practicar algunas cosas que esto seguro muchos aquí saben hasta cierto punto, para mostrarles algo de la historia de la actividad de Dios con la gente viendo otra vez a personajes de los cuales sabemos que Dios los llamó a sufrir.

Y cada vez que hablamos de sufrimiento, a menudo el primer nombre que nos viene a la mente, de la historia bíblica, es el nombre del muy conocido personaje del Antiguo Testamento cuyo nombre es Job de quien sabemos que fue un hombre próspero que supo sacarle provecho a su trabajo. Hablemos de vocación y de Job.

Ustedes conocen la historia de Job, de cómo hay un drama que se desarrolla en el cielo, donde Satanás reporta al Arquitecto Divino del cielo y de la tierra, y le dice que ha estado dando vueltas por la tierra, examinando la creación. Él como que viene de vuelta y muestra cierta alegría por lo que ha descubierto abajo en este planeta y se está burlando de Dios diciéndole, “Ey, mira,… toda esa gente allá abajo, los tengo en el bolsillo; están haciendo lo que yo quiero; nadie te está escuchando. Nadie está prestando atención a tus leyes ni nada de eso”. Y Dios le dice, “espera un minuto”. “¿Has considerado a mi siervo Job?” Satanás dice, “claro que lo he considerado; lo he visto. Él te obedece. Él es honesto; es recto. Nosotros lo llamamos Job el inoxidable”.

Satanás dice, “Pero, ¿por qué no ha de servirte? ¿Acaso te sirve por nada? Mira lo que Tú has hecho. Lo has prosperado; Le has puesto un cerco a su alrededor. Le has dado todo lo que un hombre pudiera desear”. Él dijo, “Déjamelo a mí. Déjame infligirle dolor sobre su vida y veremos por cuánto tiempo te será fiel.

Bueno, ustedes conocen la historia de todas las aflicciones por las que pasó Job. Él pierde sus propiedades; experimenta la ruina financiera; luego su familia le es arrebatada uno a uno. Y luego es afligido con enfermedades incurables que eran terriblemente dolorosas. En medio de toda esta experiencia, Job es tentado para maldecir a Dios. De hecho, en medio de su sufrimiento, aun su esposa viene a sugerirle que, si quería alivio de su dolor, que debe levantar su puño al cielo y gritarle a Dios, y su esposa le dice, “maldice a Dios y muérete”.

Hace un par de años estaba en Los Ángeles, a las afueras de Anaheim, California, hay dos atracciones turísticas que provocan el interés de todo el mundo. Una es, por supuesto, Disneylandia y la otra es conocida como la Catedral de Cristal, esta iglesia que es famosa por salir en la televisión, tan grande que puedes verla por kilómetros y kilómetros.

Esta hecha de vidrio por todos lados. Yo tuve la oportunidad de ir y visitar la Catedral de Cristal y nos dieron un tour por los terrenos exteriores de esa iglesia. Y lo que captó mi atención, no tanto por el edificio majestuoso como tal, sino por algunas de las obras de arte que adornan la parte de afuera de esta iglesia.

Mientras recorríamos los jardines de la Catedral de Cristal, la persona que nos guiaba nos dijo que ellos acababan de develar una nueva obra de arte que había sido comisionada a un artista escandinavo, un escultor, el cual había hecho esta obra de arte para la iglesia. Entonces nos llevaron a ver esa hermosa obra de arte. Se trataba de una escultura de Job. Era magnífica.

Era una reminiscencia del estilo de Miguel Ángel con la tensión de una musculatura firme, que manifiesta toda la idea de contorsiones, torsiones y actividades que quedaron congeladas por un segundo, suspendidas en el espacio en esa piedra. Parecía como si en cualquier momento esa figura emergente que salía de la base de la estatua cobraría vida. Pero la posición de esa persona era una en la cual se retorcía de agonía.

Y pienso que nunca un artista había capturado tan gráficamente la expresión más completa del dolor humano que yo jamás haya visto. Y luego me llamó la atención la base de la estatua, estaba cincelada en la piedra, en la base, un verso del libro de Job del Antiguo testamento que decía, “Aunque Él me mate, en Él esperaré”.

Yo pensaba ¿cómo alguien pudo soportar tanta aflicción y tanto dolor y todavía rehusarse a blasfemar a Dios?  Job tenía mucho más que paciencia. Job tuvo una comprensión y una confianza en Dios aun cuando él estaba siendo remecido hasta los mismos cimientos de su ser.

Nosotros sabemos que… lo peor que le pasó a Job es que en medio de sus sufrimientos, cuando buscó a sus amigos por consuelo, sus amigos no vinieron a él con consuelo, sino con acusaciones. Los amigos fueron como unos teólogos auto designados y ellos fueron a Job y le dijeron: “nunca hemos visto a una persona sufrir como tú has sufrido”. Y eso solo puede significar una cosa, Job. Tú debes ser el más miserable pecador en este planeta.

Porque la gente pensaba de esta manera. Ellos leían la Biblia; ellos comprendían que la razón por la que hay dolor y la razón por la que hay sufrimiento, la razón teológica para la tragedia en este mundo es debido a la maldad. Esa es la respuesta teológica. ¿Quieres saber por qué hay dolor en el mundo? ¿Quieres saber por qué hay sufrimiento?

¿Quieres saber por qué hay muerte? Lo que la Biblia dice es que la razón por la que esas cosas afligen a la raza humana es porque la raza humana está caída. Ahora, lo que los amigos de Job hicieron fue que le dijeron, “Oh, bueno, si la razón por la que hay dolor, sufrimiento y muerte en el mundo es porque hay pecado en el mundo, entonces debe haber una ecuación matemática directa entre el grado de sufrimiento que una persona soporta y la pecaminosidad que ha experimentado en su vida.

Ellos nunca leyeron a David, cuando David dijo, ¿cómo es posible que el malvado prospere y el recto sufra? Entonces, los amigos vinieron a Job y le dijeron, “Job, tienen que haber algunos pecados no confesados en tu vida. No era mucho consuelo. Hasta que finalmente Job se volvió a Dios y experimentó toda una montaña rusa de emociones humanas aun con Dios. Él luchó con Dios; él le gritó a Dios; se enojó con Dios. Le temió a Dios. Él no sabía si es que tenía que arrepentirse o regocijarse, o qué hacer en medio de su dolor.

Él dijo, “No sé lo que está pasando. Dijo, “Dios, por favor ¿me explicarías por qué estoy pasando por todo este sufrimiento? ¿Qué pasó? Dios descendió y dijo, “Bueno, escucha, hay tres razones por las que tú estás sufriendo, Job. Se debe a que le gritaste a tu esposa la semana pasada o se debe a que robaste algunos tomates del jardín de alguien. No, no, no, no.

Tú sabes que Dios nunca respondió esas preguntas. En vez de eso, empezó a hacerle muchas preguntas a Job. Le dijo, “¿Quieres que responda tus preguntas? Primero responde algunas de las mías. Le dijo, “Job, dime, ¿dónde estabas tú cuando yo establecí los fundamentos del mundo?” “Eh, no lo sé, me ganaste”. “Vamos, Job; habla… quiero que responsas esas preguntas. Seré feliz de responder las tuyas, pero primero responde las mías.

Job, ¿enviaste al león tras su presa en la selva? ¿Envías a las aves al sur durante el invierno? ¿Puedes desatar las cuerdas del Orión? ¿Puedes atar las cadenas de las Pléyades? ¿Puedes hacer esas cosas? ¿Conoces tú las ordenanzas de los cielos?”. Preguntas así. Y el examen final que Job está dando, lo único que le dice a Dios es, no, no, no, no, no. Pero es casi como si Dios estuviera intimidándolo, como si Dios estuviera diciendo, “tú no puedes hacer eso, Job, pero yo sí”.

Bueno, ¿cuál fue la respuesta que Job recibió? Él no recibió una respuesta. Lo que recibió fue una persona. Él recibió una persona. Dios dijo, “mírame a mí. No voy a responder tu pregunta ahora mismo, pero quiero que entiendas que controlo el universo; controlo las pléyades; puedo sacar el leviatán de los océanos con un sedal de dos kilos de resistencia. Job, confía en mí. Y él lo hizo porque esa era su vocación, ya que Job no sufrió debido a sus pecados. Job sufrió para la gloria de Dios.

En el Nuevo Testamento, algunos tipos llevaron un hombre a Jesús. Ellos querían dejar sin respuesta a Jesús con una pregunta teológica difícil. El hombre había estado ciego desde el día en que nació; pasó toda su vida en oscuridad. Entonces ellos llevaron este hombre a Jesús y le dijeron, “Jesús, dinos, desentraña este misterio teológico a nosotros. ¿De quién es este pecado? ¿Fue el pecado del hombre o el pecado de sus padres para que él haya nacido ciego?

Ahora, para los que son estudiantes de filosofía, quizás reconozcan en esta pregunta que fue presentada a Jesús, lo que se denomina la falacia del falso dilema, o la falacia de blanco o negro. Es una manera equivocada de pensar. Es reducir algo a solo dos opciones cuando bien podría haber tres, cuatro, cinco o seis opciones, diciéndote que tienes que tener o turrón de maní o doritos, pero yo respondo, se me antojan palomitas.

Yo no quiero “la peste que devora ambas casas” en cuanto a escoger entre blanco o negro. Pero esta gente vino a Jesús y el hombre está ciego y tiene que haber alguna razón para su ceguera—ya sea porque él es un pecador y Dios lo afligió con ceguera o sus padres eran pecadores y, por lo tanto, él nació ciego.

Y esa es justamente la pregunta que llevaron a Jesús, y él dijo: “Ninguno pecó; este hombre nació ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él”. ¿Oíste lo que él está diciendo? Esta diciendo que este hombre nació ciego para que la majestad de Dios sea evidente. Pero ahora decimos ¿cómo es que la majestad de Dios se manifiesta en el mundo a través del sufrimiento humano?

Bueno, estamos hablando de eso ahora mismo. ¿Crees que ese hombre hubiera soñado alguna vez que dos mil años después de su encuentro con Jesús, habría gente reunida escuchando esta serie en donde hablamos de su experiencia con la ceguera y su experiencia al encontrar a aquel que tocó sus ojos y le devolvió la vista?

Que la razón por la que él nació ciego fue que desde la eternidad Dios se había propuesto que este hombre esté allí en ese lugar, en ese día cuando su Hijo iría y le devolvería la vista para demostrar al mundo entero del poder y la magnificencia de Cristo.  ¿Crees que ese hombre hoy día se puede regocijar en su ceguera?

Él estaría feliz de regresar a este planeta y pasar 40, 50, 60 años más en oscuridad si es que él pudiera ser usado por Dios para mostrarle al mundo la magnificencia de Cristo. Pero él no sabía esto cuando estaba ciego. Y la mayoría de nosotros no vemos la razón para nuestro sufrimiento en este mundo, pero el mensaje de la Escritura es que Dios está por encima de todo sufrimiento humano y que es una vocación divina.

Ahora, hemos hablado acerca de Job y hemos hablado acerca del hombre nacido ciego, pero hay un hombre que nació, quien tuvo un solo propósito para toda su vida, una vocación. Toda la razón primaria del por qué nació no fue para que fuera ciego, no fue para que sufra llagas, o la pérdida de su familia, o la pérdida de su ganado, como le pasó a Job.Todo el propósito para el sufrimiento de este hombre, su vocación era hacer una cosa, era morir, su nombre fue Jesús.