¿Cómo me ayuda el Espíritu Santo cuando oro? | Ministerios Ligonier
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¿Cómo me ayuda el Espíritu Santo cuando oro?

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

En Romanos 8:26, el apóstol Pablo dice: “Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.

Antes de abordar el cómo el Espíritu nos ayuda en la oración, establezcamos dos verdades fundamentales. Primero, cada creyente es habitado por el Espíritu Santo. En Romanos 8:9, el Apóstol dice: “Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él” (ver también Ef 1:13-14).

El Espíritu que habita en nosotros ilumina nuestras mentes para comprender la gracia de Dios en Cristo a través de los medios ordinarios de la Palabra y los sacramentos.

Segundo, los instrumentos usados por el Espíritu que mora en nuestro interior para ayudar y fortalecer a los creyentes son los medios de gracia designados por Dios. Las declaraciones a este efecto están contenidas tanto en los estándares luteranos como en los reformados. La explicación de Lutero en su Catecismo Menor sobre el tercer artículo del Credo Apostólico es un buen ejemplo: “Creo que ni por mi propia razón, ni por mis propias fuerzas soy capaz de creer en Jesucristo, mi Señor, o venir a Él; sino que el Espíritu Santo me ha llamado mediante el Evangelio, me ha iluminado con sus dones.”. En resumen, el Espíritu que habita en nosotros ilumina nuestras mentes para comprender la gracia de Dios en Cristo a través de los medios ordinarios de la Palabra y los sacramentos. Y, como nos indican pasajes tales como Efesios 4:15-16 y Hebreos 10:24-25, el Espíritu Santo también nos ministra a través de una comunión vital y vibrante dentro del cuerpo de Cristo.

 Volviendo al tema de la oración, Pablo, comenzando en Romanos 7:7, analiza la realidad, las implicaciones y lucha contra el pecado remanente, llevándolo a gritar: “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?” (Rom 7:24). La respuesta que él da, por supuesto, es Cristo. Así que, a través de Romanos 7 y 8, Pablo hace referencia a modo de contraste entre la debilidad de nuestra carne y la ayuda del Espíritu. No siempre nos sentimos o actuamos como hijos de Dios, pero el Espíritu nos da testimonio de que lo somos (Rom 8:15-17).

La razón por la que Pablo no sabe orar como debiera es porque se siente indigno de pedirle a Dios por causa de su pecado remanente. Pero el Espíritu ayuda a los pecadores creyentes a venir confiadamente al trono de la gracia, recordándonos, a través de los medios designados por Dios, que a través de nuestra unión con Cristo somos verdaderamente hijos de Dios y coherederos con Cristo. Por lo tanto, cuando clamamos: “Abba, Padre”, somos escuchados por un Padre amoroso y lleno de gracia. El Espíritu Santo, entonces, nos ayuda en la oración recordándonos quiénes somos y haciéndonos comprender la gracia del Señor a quien le oramos.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Ken Jones
Ken Jones
El reverendo Ken Jones es pastor de la Glendale Missionary Baptist Church en Miami, FL.