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Este es el décimo artículo de la colección de artículos: Los cimientos de la hermenéutica
Hoy en día, a menudo escuchamos que ningún punto de vista debe ser privilegiado sobre otro, que nadie tiene el monopolio de la verdad y que, en última instancia, todo es una cuestión de opinión. Esta perspectiva incluso se aplica a la Escritura, hasta el punto en que el significado de la Biblia parece estar a disposición de cualquiera y ser infinitamente maleable. La tradición reformada ha rechazado consistentemente esta visión, por la sencilla razón de que la Escritura es la Palabra de Dios, y a Dios le importa cómo se lee Su Palabra. En última instancia, la Escritura debe leerse como Dios lo indica.
Interpretar y comprender los textos bíblicos es competencia de la exégesis. La exégesis está estrechamente relacionada con la hermenéutica, que implica los principios según los cuales se aborda e interpreta la Escritura. Por lo tanto, la exégesis es la aplicación de la hermenéutica a un pasaje específico. A continuación, se presentan algunos principios para interpretar la Biblia según la tradición reformada.
Debemos interpretar la Biblia con humildad
La Biblia no es un libro ordinario. Es un libro único, la misma Palabra de Dios, la única regla infalible de fe y práctica. Por lo tanto, cuando la leemos, estamos tratando de discernir lo que el Dios viviente tiene que decirnos. Todas las demás autoridades, incluso aquellas que pretenden decirnos cómo interpretar la Escritura, están subordinadas a la Escritura. Así, mientras buscamos discernir el significado que pretendían los autores humanos, en última instancia buscamos discernir el significado que pretendía el Autor divino.
Esto significa colocarnos bajo la autoridad de la Biblia, y no encima de ella. Cuando llegamos a un pasaje cuyo significado aparente nos resulta desagradable, no debemos tratar de explicarlo o ignorarlo. Por ejemplo, en Juan 6, Jesús habla de la prioridad de la gracia electora de Dios al llevar a la fe a aquellos que confían en Él. Muchos consideraron esta enseñanza demasiado difícil y se apartaron (Jn 6:66), y muchos hoy, de manera similar, intentan evadir o reinterpretar la enseñanza de la Escritura sobre la elección. Sin embargo, debemos esforzarnos por entender y someternos a la enseñanza de la Escritura tal como es y no como nos gustaría que fuera.
Debemos interpretar la Biblia fielmente
Interpretar la Biblia fielmente significa leer un pasaje determinado tal como debería ser leído. Esta lectura presta atención a aspectos como el género y las figuras retóricas, y toma en cuenta el contexto histórico y literario de un pasaje dado, observando cómo se entendían las palabras utilizadas en el momento en que se escribió el texto. Este método a menudo se llama exégesis histórico-gramatical, y está destinado a descubrir lo que el autor pretendía transmitir al centrarse en las palabras que utilizó y su significado en contexto.
Leer la Biblia fielmente comienza haciendo algunas preguntas clave sobre el texto, incluyendo: ¿Quién es el autor? ¿Cuál fue el contexto de su escritura? ¿Cuál fue su propósito al escribir? ¿Cuál es el género del texto? Las respuestas a estas preguntas a menudo se pueden encontrar en el propio texto, pero a veces pueden ser útiles recursos externos como comentarios y diccionarios bíblicos.
Las palabras suelen tener más de un significado o connotación, y el contexto nos ayuda a determinar qué significado particular de una palabra se pretende entre todos sus posibles significados, su rango semántico (ver, por ejemplo, las diversas formas en que se usa «mundo» en el Nuevo Testamento: Mt 4:8; 13:22; 25:34; Mr 4:19; Lc 2:1; Jn 1:29; 3:16; Hch 17:6; Ro 3:6; Gá 6:14; Ef 2:2). Palabras clave como «por lo tanto», «más bien», «pero», «en cambio» y «así» indican el flujo de pensamiento del autor, y la gramática de un pasaje puede indicar énfasis (por ejemplo, Lc 12:5).
Interpretar y comprender los textos bíblicos es competencia de la exégesis.
Determinar el género de un pasaje también puede ayudarnos a discernir lo que el autor busca comunicar. La Biblia contiene secciones de poesía, profecía, literatura apocalíptica, instrucción, etc., cada una con sus propias convenciones que informan la manera en que un texto debe ser entendido. Por ejemplo, si un pasaje es poesía, probablemente contenga figuras e imágenes que apuntan a un significado que va más allá de lo concreto. Lo mismo ocurre con lo apocalíptico. Si es narrativo, puede simplemente estar contando una serie de eventos, pero esos eventos pueden presagiar acontecimientos posteriores o adquirir un mayor significado a lo largo de la historia redentora.
Explorar estos aspectos del texto puede decirnos qué significaba cuando fue escrito. A partir de ahí, podemos intentar entender qué significa el texto para nosotros ahora. Este proceso implica determinar el significado del texto a la luz de la venida de Cristo. Ahora que Cristo ha venido, ¿cómo deberíamos entender este mandamiento o leer esta narrativa? ¿Deberíamos nosotros, como miembros de la iglesia del Nuevo Testamento, ver una promesa para creer, un mandato para obedecer, una advertencia para atender, una verdad para comprender o un consuelo que aplicar?
Debemos interpretar la Biblia de manera responsable
Debido a que Dios es el Autor supremo de la Escritura, Él proporciona la interpretación definitiva. Esto significa que la Escritura interpreta la Escritura. La Confesión de Fe de Westminster afirma: «La regla infalible de la interpretación de la Escritura es la Escritura misma. Por tanto, cuando hay duda acerca del total y verdadero sentido de algún texto (el cual no es múltiple sino único), debe investigarse y entenderse mediante otras partes que hablen más claramente» (1.9). A menudo debemos buscar en otras partes de la Biblia para arrojar luz sobre pasajes problemáticos. La interpretación definitiva de la Escritura se encuentra dentro de la misma Escritura, no en apelaciones a otras autoridades como la tradición, los líderes de la iglesia o la opinión.
La Confesión de Westminster también afirma que «mediante el debido uso de los medios ordinarios» el mensaje de la Escritura puede ser descubierto (1.7). La Escritura debe leerse de manera ordinaria, como cualquier otro libro, utilizando las reglas gramaticales comunes, y no debe ser simplemente un punto de partida para la especulación, la interpretación alegórica y las fantasías. También debe leerse con seriedad, con «el debido uso de los medios ordinarios». No se puede tratar la Biblia de manera frívola y luego declararla incomprensible.
En última instancia, queremos saber qué nos dice la Biblia sobre quién es Dios y lo que ha hecho por nosotros en Cristo. Cualquier pasaje está lleno de significado que puede aplicarse a nuestras vidas; sin embargo, es importante que veamos cómo estas aplicaciones fluyen de nuestra unión con Cristo a través de la fe. No se nos promete incondicionalmente una vida próspera. Por ejemplo, en Jeremías 29:11, Dios originalmente ofreció la esperanza de bendición a los israelitas exiliados en Babilonia. Pero Cristo, como el Hijo perfectamente obediente y el verdadero Israel, heredó todas las promesas de Dios y mereció todas las recompensas de Dios, y en virtud de nuestra unión con Él, recibimos bendiciones incalculables (Ef 1:3-11). Esta es una buena noticia, y se despliega en cada página de la Escritura.

