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Los evangelios son cuatro narrativas que relatan «el evangelio»: la vida, muerte y resurrección de Cristo. Sin embargo, estos libros suelen ser malinterpretados o subestimados. Aquí presentaré cuatro recomendaciones generales pero concretas para leer los evangelios.
1. Lee cada versículo y cada pasaje a la luz de la identidad y el mensaje de Jesús.
A menudo cometemos el error de centrarnos en los personajes secundarios (por ejemplo, los discípulos, Bartimeo, María Magdalena) y no en el propio Jesús. El ministerio de Jesús probablemente duró unos tres años, durante los cuales enseñó, sanó e interactuó con cientos, si no miles, de personas. Juan 21:25 incluso afirma que «hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los libros que se escribirían». Lo que estoy tratando de decir es que cada evangelio solo nos muestra una parte de la vida de Jesús. Es una muestra representativa, por supuesto, pero solo tenemos una porción de lo que Cristo realizó. Lucas, por ejemplo, incluye veintiún milagros y Juan registra ocho. Los cuatro evangelios narran hábilmente la vida de Cristo e incluyen los eventos más críticos. Debemos ver el modo en que los evangelistas cuentan la historia de Jesús con la ayuda de la narrativa, los personajes, la trama, la geografía y las conexiones con el Antiguo Testamento.
2. No solo debemos leer los evangelios en conformidad con Cristo, sino que también debemos leer estas cuatro narrativas según su relación con el Antiguo Testamento.
No hay ni un solo versículo que debamos leer sin considerar el drama de la redención. Mateo comienza su genealogía en Mateo 1:1 con una alusión a Génesis 2:4. Juan 1:1-5 comienza situando a Jesús en la historia de la creación de Génesis 1-2. Además, los cuatro evangelios se refieren al Antiguo Testamento en miles de ocasiones con citas explícitas, alusiones y paralelismos conceptuales. Los evangelios hacen algo increíble: registran la historia del cosmos y la historia de Israel a través del ministerio de Cristo. En términos sencillos, debes leer los evangelios fijándote en las referencias cruzadas del Antiguo Testamento. Enseñar los evangelios sin considerar la relación de Cristo con el Antiguo Testamento es mutilar los relatos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Debemos ver el modo en que los evangelistas cuentan la historia de Jesús con la ayuda de la narrativa, los personajes, la trama, la geografía y las conexiones con el Antiguo Testamento.
3. Lee los evangelios juntos; Dios nos dio cuatro evangelios por un buen motivo.
Los evangelios son retratos de Cristo, y cada retrato es ligeramente diferente. Una forma de dilucidar la singularidad de cada uno de ellos es consultar una sinopsis de los evangelios.1 Las sinopsis nos presentan los mismos eventos en los distintos evangelios, y la mayor parte del material que se superpone abarca Mateo, Marcos y Lucas. Entonces, cuando analices un pasaje en los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), subraya las similitudes y diferencias de cada relato. Al analizar la forma en que cada evangelio presenta el mismo material, es más fácil observar cómo cada evangelista relata la misma historia, pero de una manera ligeramente distinta. Estos énfasis singulares, a su vez, nos dan información sobre el propósito y la teología de cada evangelista. La mayoría de los cristianos nunca han intentado leer los evangelios de esta manera, en conjunto, pero si lo hicieran, tendrían una rica recompensa.
4. Aplica lo que has aprendido.
Lucas le informa a Teófilo, un cristiano, que él escribió su evangelio para que «sepas [tú, Teófilo,] la verdad precisa acerca de las cosas que te han sido enseñadas» (Lc 1:4; ver también Jn 20:31). Las «cosas» que «te han sido enseñadas» probablemente son los aspectos generales de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Por lo tanto, Lucas escribe su relato para aumentar la fe de Teófilo y de la iglesia. Dicho de otro modo, el Evangelio de Lucas aumenta la fe de los creyentes. Saber cómo se desarrolla la narrativa profundiza nuestra confianza en Cristo y aumenta nuestra devoción a Dios. Además, en el siglo veintiuno, los cristianos participamos en una sola comunidad pactual, una comunidad de creyentes que se extiende desde el Edén hasta la Nueva Jerusalén. Debemos leer los evangelios entendiendo que son nuestros. Aunque estamos separados de la audiencia original por dos mil años, Dios sigue hablándonos mediante estos cuatro preciosos documentos.
En resumen, debemos leer todos los evangelios a la luz de Cristo, considerando su relación con el Antiguo Testamento, como una historia cuádruple y aplicando estas verdades a nuestra vida. De esta manera, conoceremos a Cristo de un modo más pleno y viviremos aún más para Él.

