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Un llamado de Adviento a orar por la Iglesia en China

Hace unos dieciocho meses, un anciano de nuestra iglesia y yo tuvimos el privilegio de viajar desde Atlanta y enseñar en un increíble seminario en China. En las últimas semanas, este seminario ha sido atacado y perseguido. Algunos de esos jóvenes guerreros y valientes que enseñamos han sido arrestados recientemente y de manera regular.  A iglesias, escuelas y seminarios se les ha ordenado cerrar por parte de un gobierno que desea prohibir la adoración a cualquier rey rival. ¿Suena esto como el relato familiar de Adviento en Mateo?

Durante esa visita del 2017, nosotros pudimos movernos libremente en Chengdu, en el suroeste de China, mientras yo enseñaba sobre el tema “Calvino para hoy” y hablaba en la primera graduación de un pequeño seminario allí. Los sesenta estudiantes eran tan sobresalientes como los de cualquier escuela de postgrado en Occidente. La opulencia y la riqueza de la ciudad (dos veces más grande que Nueva York) también eran impresionantes. Las oportunidades para el evangelio son aún mayores. Tuvimos la bendición de comer y tener comunión con algunos de los más altos líderes de las iglesias reformadas en China, que ahora tiene muchos presbiterios.

Posteriormente, en el 2018 nos asociamos con Ligonier para establecer “The R.C. Sproul Lectures in Theology” [Las charlas de R.C. Sproul sobre teología] en aquel seminario, con una excelente serie de disertaciones sobre el culto reformado en agosto del 2018; y habíamos planificado la impartición de conferencias sobre la predicación expositiva y el ministerio pastoral a cargo de destacados expertos en los próximos años.

Y todos reconocemos que las puertas que se abren… también pueden cerrarse rápidamente. A raíz de recientes decretos, las iglesias en China han sido acosadas, amenazadas, oprimidas y perseguidas. Pero como en el primer Adviento, ellos todavía miran atentamente al único Rey. Desde luego, están sujetos a las autoridades gobernantes (ve esta reciente y fenomenal declaración de un pastor en Chengdu), y saben que Dios debe protegerlos cuando se promulgan decretos malvados.

¿Debemos dejar de orar por esta nueva iglesia, que —con sus más de cien millones de creyentes— puede haberse convertido en la comunidad más grande, si no la más comprometida, de nuestro tiempo? ¿Y debería ser una sorpresa que los poderes del mal quieran abortar este movimiento y a sus hijos, para que no rivalicen con un trono terrenal?

Estoy muy agradecido por las respuestas espiritualmente maduras y valientes de los líderes de la Iglesia en China. Sus palabras se remontan a las de los cristianos del primer siglo que enfrentaron con valentía la persecución autorizada por el Estado. Así como los santos del pasado, ellos saben que Jesús reina. Una declaración en particular de agosto de 2015 debe ser tan valorada como las de Barmen o Birmingham:

Ningún gobierno o institución social tiene el poder de manejar o juzgar la conciencia, la fe y la religión de una persona. El poder del mundo se limita a administrar y proteger el cuerpo exterior de una persona, sus propiedades y los bienes y órdenes públicos. En cualquier definición, la fe cristiana no es asunto de ningún gobierno nacional. Ninguna agencia gubernamental o sus asociados tienen el derecho de interferir, monitorear o dirigir las doctrinas de la Iglesia, oficiales o cualquier ministerio relacionado con el Evangelio. Tampoco puede quitar o limitar los derechos de la Iglesia a la predicación y a los sacramentos.

Estas palabras suenan como si hubieran sido tomadas directamente de la Reforma Protestante, y no es de extrañar, ya que estos cristianos están apreciando las contribuciones del cristianismo reformado. Sí, esta es una iglesia valiente que es más adulta, mucho menos narcisista, más realista y más comprometida que muchas de las iglesias cristianas del Occidente.

En el Adviento, recordamos a otro rey malvado que ordenó el asesinato en masa cuando su débil reinado fue amenazado. Otra vez hoy, vemos a la verdadera Iglesia siendo protegida mientras está bajo la cruz. ¿No deberíamos orar por estos amigos y mártires? ¿Por qué no nos unimos en Adviento y usamos uno de los medios de gracia más poderosos que nuestro Señor mismo ordenó para interceder por estas iglesias, pastores y ancianos? Que cada una de nuestras iglesias se una en oración en este Adviento, y que Dios proteja y bendiga a estos santos mientras nos humilla para admirar a muchos que son nuestros superiores.


Este artículo fue publicado originalmente en el Blog de Ligonier Ministries
David Hall
David Hall
El Dr. David W. Hall es pastor principal de la Iglesia Presbiteriana Midway en Powder Springs, Georgia. Es autor de The Genevan Reformation and the American Founding.