Recibe programas por email
Únete a nuestra lista de correo para recibir notificaciones cada vez que salga un nuevo programa. Al inscribirte, también podrás recibir información sobre eventos, capacitaciones, material de apoyo, noticias, artículos, nuevos libros, etc.
Transcripción
Vamos a continuar con nuestro estudio de los pactos de la Biblia, y el que vamos a ver hoy es sin duda el más complicado de todos los pactos bíblicos, y el que, quizás, provoca la mayor controversia y confusión debido a estas complicaciones de su contenido. Me estoy refiriendo al pacto de Moisés, o lo que llamamos el pacto mosaico. Debido a que los Diez Mandamientos son una parte integral del pacto mosaico, muchos cristianos han visto en este pacto, un camino de salvación que Dios establece en el Antiguo Testamento, por el cual las personas son recompensadas con la salvación si obedecen los términos de la ley del Antiguo Testamento.
Con eso en mente, algunos dirían que este camino de salvación, en cierto sentido, es un retorno al pacto de obras. Bueno, de nuevo, en la teología reformada histórica, de hecho en el cristianismo ortodoxo, generalmente se reconoce que solo hay un camino de salvación a lo largo de toda la historia, y que Pablo elabora ese punto en Romanos 3 y 4, que la salvación ocurrió en el Antiguo Testamento de la misma manera en que ocurre en el Nuevo Testamento: basado en la fe.
En última instancia, la base de esa redención se encuentra en la obra de Cristo. Entonces, si eso es cierto, entonces tenemos que ver el pacto mosaico como una extensión del pacto de gracia, o si se quiere, del pacto abrahámico que fue hecho mucho antes de que Moisés viviera. Pero escuchamos cosas, como el Nuevo Testamento, en el evangelio de Juan, «la ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad por medio de Jesucristo», y vemos este contraste, a menudo afirmado particularmente por el apóstol Pablo, entre la ley del Antiguo Testamento y el evangelio del Nuevo Testamento, lo que plantea toda una lista de preguntas con respecto a ese pacto en términos del significado real, propósito y función de la ley en el Antiguo Testamento, así como su aplicación a los cristianos en el Nuevo Testamento.
Todo el tema de la relación entre la ley y el evangelio sigue dividiendo a los cristianos en puntos significativos. Así que, con estas complicaciones ante nosotros, tratemos, al menos, de obtener una introducción a los términos del pacto de Moisés. Permítanme decir, en primer lugar, que cuando observamos el modelo del Antiguo Testamento, hay ciertos individuos que se elevan de las páginas del Antiguo Testamento a una importancia gigantesca o titánica.
Yo diría que las tres personas en la historia del Antiguo Testamento que gozan del estatus más elevado entre la gente del Antiguo Testamento serían, en primer lugar, Abraham, quien es conocido como el padre de los fieles; y Moisés, por el importante papel que desempeña en el éxodo y en la formación de la nación de Israel; y en tercer lugar, David, que se convierte en el rey modelo para el futuro reino mesiánico que será inaugurado por Jesús. Y así, vemos a Moisés como uno de estos titanes en el Antiguo Testamento y la Biblia presta mucha atención a las circunstancias extraordinarias de su nacimiento y de su juventud, donde los niños estaban bajo el decreto de ser sacrificados, según los egipcios, y cómo la madre de Moisés depositó a Moisés al río en esta canasta de cañas tejidas, y cómo fue encontrado por la hija de Faraón y criado en la casa de Faraón y en la corte de Faraón, siendo educado en todas las artes y ciencias de los egipcios, sólo para ser forzado al exilio después de que golpeó a un guardia hebreo que estaba maltratando —perdón, no a un guardia hebreo, sino un guardia egipcio— que estaba maltratando a uno de los parientes de Moisés según la carne.
Debido a eso, huyó al desierto madianita, donde pasó muchas, muchas décadas en el exilio hasta que llegó a la vejez. Luego, por supuesto, tuvo la extraordinaria experiencia del encuentro con Dios en la zarza ardiente, en el que Dios le habló audiblemente y le reveló a Moisés el nombre divino, el Tetragrámaton, el nombre sagrado de Dios, y Moisés recibió la comisión de regresar a Egipto y declarar al Faraón que Dios quería a su pueblo, los hebreos, para ser liberados de su cautiverio, para que pudieran salir al mundo, al desierto y adorarle a Él.
También, se le comisionó para ir y decirle al pueblo, que eran esclavos del faraón, que abandonaran Egipto bajo la dirección de Moisés. Y así, Moisés se convierte en la figura clave en la actividad histórica redentora más importante de todo el Antiguo Testamento, que, por supuesto, fue el éxodo. Y el éxodo es el contenido histórico en el que el Pacto Mosaico llega a nosotros.
Ahora, les recuerdo, como dijimos al principio, que el plan de redención de Dios se está desarrollando, por su divina revelación, en la historia. En ese desarrollo hay lo que llamamos la revelación progresiva, que mencioné antes, que no corrige lo que había antes, sino que expande el contenido y la información que Dios revela, en términos de Su relación con Su pueblo elegido. Ahora, es importante que entendamos que el papel que tiene Moisés en el Antiguo Testamento, en muchos sentidos, anticipa y se aproxima al ministerio de Jesús mismo de varias maneras.
Moisés es llamado el gran profeta. Él es el profeta de Dios para Israel. A través de Moisés, Dios revela Su Palabra. Y, en ese sentido, Cristo, también, es el Gran Profeta del Nuevo Testamento. Y antes de que Aarón fuera consagrado, a Moisés se le asigna la tarea de hacer el trabajo sacerdotal y, por lo tanto, participa en las ordenanzas sacerdotales, así como Cristo es nuestro Gran Sumo Sacerdote.
Moisés, por supuesto, nunca llega a la posición de rey porque, durante su reinado, o durante su período de vida, Israel no está organizado como un reino. Y así, en ese sentido, no anticipa a Cristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey. Sin embargo, Moisés es el líder clave de la nación, y es el libertador de Israel, así como Cristo es nuestro libertador bajo el nuevo pacto. Pero lo más significativo es el papel de Moisés como mediador. Él es el mediador del antiguo pacto, mientras que Jesús es el mediador del nuevo pacto.
Ahora, por supuesto, cuando lleguemos al nuevo pacto, veremos el análisis comparativo que la Biblia nos da entre los dos pactos y entre los dos mediadores, donde Cristo es superior a Moisés. Sin embargo, Moisés es el mediador en el Antiguo Testamento de toda la estructura del antiguo pacto. Ese es un papel importante, y uno que no se puede tomar a la ligera en la historia de la nación.
Entonces, lo que Moisés hace aquí, como mediador, es que recibe la nueva revelación de Dios que se encuentra en la ley, y así sucesivamente, y él media o intercede, es un intermediario entre Dios y el pueblo, y comunica ese contenido al pueblo. Y no solo eso, sino que él, en su pacto, o en su ministerio, bajo su oficio de mediador, bajo su liderazgo, vemos las promesas que Dios le había hecho a Abraham en el pacto abrahámico, que ya hemos examinado. Esas promesas se cumplieron en la historia.
Ahora, tenemos que detenernos por un momento y recordar el contenido de las promesas que Dios le hizo a Abraham. Prometió que Abraham sería el padre de una gran nación, es decir, que habría un pueblo o una nación; y en segundo lugar, que el pueblo de Abraham poseería la tierra prometida. Recuerden, Abraham nunca vivió para poseer la tierra prometida. Lo vio desde lejos. Y en tercer lugar, que Abraham fue llamado a ser una bendición —fue bendecido para ser una bendición— para todas las naciones. Ahora, cuando leemos la historia de la actividad de Moisés en el Antiguo Testamento, vemos que, bajo el ministerio de mediación de Moisés, el pueblo de Israel es recogido fuera de Egipto y está organizado como una nación.
Aquí vemos a Dios santificando a este grupo de esclavos y reuniéndolos para Él, adoptándolos, por así decirlo, como Su hijo, y estableciéndolos en una estructura política teocrática, bajo la cual Dios es su rey. Y así, Él crea de los hebreos un grupo de personas que no eran pueblo, ahora se convierten en Su pueblo elegido, organizado como una nación particular con sus propias leyes y su propia estructura política, y así sucesivamente. Y es, también, bajo el liderazgo de Moisés, que el pueblo es sacado de Egipto y se mueve en la experiencia del desierto, hasta la frontera de la tierra prometida.
Ahora, Moisés, por sí mismo, no entra en la tierra prometida, sino que es bajo su tutela que la tierra prometida es conquistada a través de su principal lugarteniente, Josué. Por lo tanto, vemos el cumplimiento en la historia del pueblo judío convirtiéndose en una gran nación bajo el liderazgo de Moisés, y llegando realmente a la tierra, preparado para poseer la tierra de Canaán, que es la tierra prometida.
En tercer lugar, está el cumplimiento de la promesa de ser una bendición para las naciones. Ahora, esa es una de las consecuencias, en última instancia, del ministerio de Moisés, durante su vida, y de la ley que fue dada para consolidar a Israel como nación. Se ha dicho, incluso en nuestros días, que las raíces de la civilización contemporánea, particularmente en las estructuras legales de Occidente, se remontan al derecho consuetudinario de Inglaterra, que a su vez, se remonta a la jurisprudencia de Roma y de las estructuras legales de Grecia, pero más allá de esos, se remonta a la estructura política de la ley que se encuentra en el Decálogo del Antiguo Testamento.
Vemos, en nuestros días, la lucha en curso, en Estados Unidos, sobre la visibilidad de los Diez Mandamientos dentro de nuestras comunidades y dentro de nuestros tribunales locales. Pero, no importa cuánta resistencia pueda haber hoy en día a cualquier alusión a la ley del Antiguo Testamento, nadie puede negar la realidad histórica de que todo el mundo ha sido bendecido a través de las consecuencias de la influencia del Decálogo en el mundo occidental, e incluso en nuestra nación hoy, porque ha tenido una influencia formativa incuestionable en nuestras propias estructuras legales. Es por eso que hay ironía en estos intentos de repudiarlo en nuestros días.
Pero, en muchos casos, hay otros elementos que vemos en la vida de Moisés, en los que la experiencia que los patriarcas tuvieron en su pacto se realza durante el mandato mosaico. Por ejemplo, cuando vemos la visita de Dios a Abraham y a Isaac y a Jacob, la aparición o manifestación real, de Dios en su presencia, era algo raro en la vida de los patriarcas. Tenemos la tendencia a pensar que en el pasado Dios se le aparecía a Abraham todas las noches. Que cada vez que tenía un sueño, Dios venía y revelaba nueva información. No, no, no, no, no. Es muy raro, en el período patriarcal, que la gente realmente experimentara la presencia de Dios.
Recordemos el incidente en la vida de Jacob, cuando estaba en sus viajes en busca de una esposa y encontró un lugar para recostar su cabeza en la noche, en Betel, y tuvo este sueño aterrador, donde vio esta escalera que llegaba al cielo, con los ángeles de Dios subiendo y bajando por ella, y despertó en un estado de terror. ¿Y recuerdan lo que dijo? «Cuán imponente es este lugar. El Señor está en este lugar, y yo no lo sabía». Y esta breve manifestación de Dios a Jacob a medianoche fue un momento extremadamente crítico en su vida y en su desarrollo. Y así, tenía estos encuentros periódicos con la presencia de Dios durante el período patriarcal, pero no tenía una manifestación sostenida, consistente y continua de la presencia de Dios en medio de la gente.
No lo ves en los primeros años de la vida de Moisés, pero una vez que Dios se manifiesta en la teofanía de la zarza ardiente, en el desierto madianita, a Moisés, entonces Dios, quien promete Su presencia con el pueblo, manifiesta esa presencia en el desierto, vagando por la columna de nube y la columna de fuego, la columna de humo, de modo que Dios estaba constantemente presente y accesible al pueblo y cuando la estructura religiosa de la nueva nación fue inaugurada por instrucciones divinas y bajo la dirección de Moisés, el tabernáculo se establece según las prescripciones específicas de Dios, hasta el último detalle. ¿Y qué representaba el tabernáculo? La presencia de Dios en medio del pueblo. Y así, esta idea de la presencia divina es muy importante en el desarrollo de este pacto en el que Dios media a través de Moisés.
Ahora, cuando miramos, en realidad, el contenido de ese pacto que llamamos el Pacto Mosaico, hay elementos muy variados que necesitan ser incluidos. Y, en cierto sentido, me estoy viendo obligado a simplificar aquí, porque, como dije al principio, el pacto mosaico es tan completo y rico en detalles, que es muy complejo, y en realidad no puede, en el análisis final, reducirse a solo un puñado de elementos, pero estoy tratando de tocar los aspectos más destacados del contenido de este pacto que Dios hace con Moisés. Estos son, en primer lugar, el éxodo mismo; en segundo lugar, la institución del pacto en sí mismo; en tercer lugar, está el Decálogo, o los Diez Mandamientos; Y en cuarto lugar, está lo que llamamos el ritual o la ley ceremonial.
Ahora, estos cuatro elementos son muy importantes para el desarrollo histórico del contenido de la revelación de Dios a su pueblo, y deberían ser importantes para nosotros. Creo que es importante que tengamos este orden establecido del despliegue de la voluntad de Dios. Noten que no es que Dios primero da la ley y luego, sobre la base de la obediencia del pueblo a la ley, Dios los redime. Noten que su redención y liberación vienen antes del Decálogo, que la redención de Israel, por la mano de Dios, en el éxodo, es el resultado del completo poder soberano de Dios y de la gracia electiva.
Él no redime a la gente de la esclavitud en Israel, en Egipto, por su bondad, por su mérito o por su obediencia; sino más bien, la salvación, aquí, es del Señor, fluyendo puramente de Su gracia y de Su soberanía, donde deja claro que la victoria sobre Faraón, que es el gobernante más poderoso sobre la faz de la tierra, y sobre el ejército de Faraón, no es por el poder y la fuerza de este conglomerado de personas que están huyendo de ese poder, sino que se logra milagrosamente en el mar Rojo por Dios abriendo el mar y permitiendo que su pueblo cruce mientras sus enemigos son engullidos por el regreso de las aguas a su profundidad normal. Y así, el éxodo se convierte en la coyuntura crítica para la redención en el Antiguo Testamento. Y en un sentido, anticipa la venida de Cristo porque la redención de los egipcios es una salvación de la esclavitud, de la servidumbre; pero es una esclavitud externa, una esclavitud visible, una esclavitud política en este mundo. Pero prefigura, por así decirlo, el éxodo final del pueblo de Dios, que es un éxodo de su esclavitud al pecado y de su esclavitud a las artimañas de Satanás, que trasciende las fronteras nacionales humanas. No es solo un evento político, sino que es un evento espiritual.
Ahora, tenemos que decir al mismo tiempo que, para el pueblo de Israel en el éxodo, tampoco fue simplemente una liberación política o una victoria de los trabajadores sobre la administración, o algo por el estilo. No. Eso, también, tenía fuertes matices de redención espiritual porque Dios los saca para que le adoren, para que sean santos, para que Él sea su Dios, y Él, y ellos serían Su pueblo, de modo que todos estos otros elementos se agregan al éxodo histórico; y en estos otros elementos, vemos los aspectos profundamente religiosos y espirituales que están involucrados en este poderoso acto del Éxodo.
En otras palabras, Dios no solo liberó a algunos esclavos del cautiverio y los liberó y luego hizo lo que quisiera. No. Él los trajo a la libertad para cuidarlos y acercarlos a Él, con un pacto, para ser Su pueblo del pacto. Y ser una bendición para el mundo entero. Pero de nuevo, quiero que veamos, que empieza aquí, con la gracia, y luego, llegamos a esta expresión del pacto que es establecido. Y veremos estos elementos en nuestra próxima sesión.






