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Transcripción
Cuando llegamos al papel que Juan Calvino ha desempeñado histórica y teológicamente, en todo este tema de la libertad humana y el pecado original, llegamos al nombre del teólogo que está más estrechamente asociado, en el pensamiento público, con la negación de la doctrina del libre albedrío a la luz de la postura de Calvino sobre la elección y la predestinación. Permítanme decir un par de cosas al respecto antes de explorar el punto de vista de Calvino. En primer lugar, Calvino, como Lutero, se dedicó al estudio de San Agustín, y si lees las obras de Calvino, verás que la persona que Calvino cita o menciona con más frecuencia que cualquier otro teólogo en la historia es el propio Agustín.
Creo que es correcto y seguro decir que no hay nada en la postura de Calvino sobre la elección o en su postura del libre albedrío y el pecado original que primero no hubiera sido tratado por Agustín, y en segundo lugar por Lutero. Eso puede sorprender a la gente porque la iglesia luterana, por ejemplo, difiere marcadamente de los calvinistas en su postura de la elección, eso se debe principalmente al cambio dentro del luteranismo que se produjo poco después de la muerte de Lutero cuando el lugarteniente principal de Lutero, Philip Melancthon, modificó los puntos de vista de Lutero sobre estos asuntos.
Pero puede sorprenderles que Lutero escribiera más sobre el tema que Calvino, y si dos teólogos alguna vez estuvieron en la misma página sobre un tema, estos dos lo estuvieron. Calvino recibe la crítica, pero Calvino realmente era solo un eco de Lutero cuando se trata de estos temas del libre albedrío y la soberanía divina. Pero sea como fuere, todavía nos quedamos con la impresión de que Calvino es el arquitecto de esta postura, y parte de la razón de eso está en la frase popular que tenemos, el acrónimo en inglés TULIP, que se supone que resume los cinco puntos del calvinismo. No voy a repasarlos todos, pero los dos primeros son aquellos más relevantes para nuestra clase.
La primera, la «T», significa «depravación total». Ahora, lo que quiere decir Calvino y el calvinismo con respecto a la doctrina de la depravación total no es que el hombre, en su caída, sea tan malvado como le es posible. No significa depravación extrema. Si pudieras concebir, por ejemplo, a la persona más malvada que hayas conocido, digamos alguien como Adolfo Hitler, con todo lo malvado que fue Hitler, aún puedes concebir que él hubiera podido ser peor de lo que fue. Puede ser difícil concebir que sea peor de lo que era, pero es posible. Podría haber matado con descaro a más personas de las que realmente mató.
Pero lo que en verdad significa la depravación total, en el esquema calvinista de las cosas, es que la depravación que viene como una caída, como resultado de la caída, infecta la totalidad de la existencia humana, que nuestra caída penetra en toda la persona, en la persona total. Afecta nuestras mentes, afecta nuestros corazones, afecta nuestros cuerpos y afecta nuestra voluntad, de modo que en nuestra depravación estamos tan caídos y propensos al pecado que terminamos en un estado de incapacidad moral, lo cual no significa que seamos incapaces de ser criaturas morales.
Somos criaturas morales porque Calvino insistió en que la voluntad no se perdió con la caída; y siguiendo a Agustín, Calvino incluso argumentó que el hombre caído tiene libre albedrío en la medida en que la persona caída todavía tiene la capacidad de tomar decisiones y todavía tiene la capacidad de elegir lo que quiere. No solo eso, Calvino incluso va un paso más allá y dice que en nuestra corrupción y en nuestra caída todavía somos capaces de lograr lo que Calvino llama «virtud civil o cívica», es decir, que hay todo tipo de cosas en el nivel horizontal de la interacción humana en las que las personas caídas pueden hacer cosas buenas entre sí.
Una persona que no es regenerada, por ejemplo, puede ser muy trabajadora en lugar de perezosa, puede ser valiente en lugar de cobarde, puede ser honesta en lugar de ladrona, puede ser casta en lugar de ser licenciosa en este nivel horizontal de vida. De hecho, Calvino incluso llega a decir que las personas inconversas pueden, en algunos aspectos, ser altruistas en su comportamiento ético a nivel terrenal y en un plano terrenal.
Pero cuando Calvino habla de la corrupción de la voluntad y la corrupción del alma, limita esa corrupción a la dimensión vertical, a si el hombre caído tiene algún deseo o inclinación a hacer las cosas de Dios. Es en cuanto a la dimensión espiritual que el hombre se encuentra moralmente incapaz de tener la motivación y el comportamiento adecuados. Así que eso es lo que Calvino está enfatizando cuando habla de la incapacidad moral: la incapacidad del alma en su condición caída para volverse, cambiar, inclinarse o dirigirse a las cosas de Dios.
Ahora, el segundo punto que está muy en disputa en el sistema calvinista, y que está relacionado con esto, es la doctrina de la elección, que se ha popularizado en este acróstico con el término «elección incondicional», y en términos rápidos y simples, lo que eso significa, o busca comprender, es la idea de que cuando Dios elige a ciertas personas para la salvación, Él no lo hace sobre la base de Su conocimiento previo de aquellos individuos que cumplen con las condiciones, es decir, cuando algunas personas consideran la elección, dicen que Dios mira hacia a través del corredor del tiempo, y Él sabe de antemano quién responderá positivamente a Cristo, y quién rechazará a Cristo, y sobre la base de ese conocimiento previo o presciencia, Dios toma su decisión.
Es decir, Él elige a las personas, pero las elige condicionalmente. Solo elegirá a alguien que sepa que dará la respuesta adecuada, es decir, alguien que cumplirá con las condiciones necesarias para ser incluido. Calvino argumenta a favor de la elección incondicional, lo que significa que la decisión de Dios no se basa en los patrones de comportamiento, acciones o elecciones previstas de los seres humanos porque, como sostiene Calvino, si Dios mirara a través de los pasillos del tiempo para ver quién responderá positivamente al Evangelio, las únicas personas que Dios vería serían personas que no responden positivamente al Evangelio porque Calvino estaba convencido de que, dejados a ellos mismos, nadie responde positivamente al Evangelio porque están esclavizados al pecado.
Ahora, lo que Calvino dice es esto: que la regeneración es un requisito necesario para que una persona se libere de la esclavitud del pecado, y sugiere que la mente no puede discernir las cosas espirituales sin la iluminación del Espíritu Santo, por lo que la carne, o la naturaleza caída del hombre, no se inclina hacia Dios sin recibir primero la gracia de la regeneración. Calvino, como Lutero antes que él, prestó mucha atención a lo que se nos enseña en el Nuevo Testamento, en especial en el Evangelio de Juan y en la carta de Pablo a los Efesios.
Recordemos que Jesús, en su discusión con los fariseos, dijo que «lo que es nacido de la carne, carne es», que nacemos en esta condición «carnal» caída, y a eso agregó más adelante esta observación: «La carne para nada aprovecha». En la carne no mora nada bueno, y aparte de la obra del Espíritu Santo, no tenemos ningún provecho con respecto a las cosas de Dios; y Lutero, en respuesta a Erasmo, expresó que cuando Jesús dice: «La carne para nada aprovecha», con el término «nada» no quiso decir «algo pequeño». Quiso decir que la carne es total y completamente incapaz de moverse o dirigirse hacia Dios, por lo que Calvino también pasa mucho tiempo lidiando con los textos del Nuevo Testamento que tratan con el tema. Y dice que el hombre es incapaz de liberarse de sus cadenas espirituales ejerciendo la voluntad de su carne.
Esto es lo que dice: «Cuando la voluntad está encadenada como esclava del pecado, no puede hacer un movimiento hacia el bien, y mucho menos perseguirla constantemente, porque cada movimiento de este tipo es el primer paso en esa conversión a Dios que en las Escrituras se atribuye completamente a la gracia divina. Sin embargo, queda una voluntad que se inclina y se apresura con el más fuerte afecto hacia el pecado. El hombre, cuando fue puesto bajo esta esclavitud, no fue privado de voluntad sino de la sanidad de la voluntad».
Ahora, observen esta distinción. Calvino está diciendo que en la caída, no perdimos la facultad de elegir, al igual que no perdimos la mente. Todavía tenemos mentes y todavía podemos pensar. No pensamos bien con respecto a las cosas de Dios porque nuestras mentes insensatas están entenebrecidas, entregadas al pecado. Tenemos mentes carnales. Tenemos lo que la Biblia llama mentes reprobadas, y nuestras mentes están en enemistad con Dios, y por naturaleza no queremos tener a Dios en nuestro pensamiento, entonces la mente ha sido seriamente afectada por la caída, pero no ha sido destruida.
Todavía tenemos mentes. Todavía tenemos la facultad de pensar. Todavía podemos sumar dos y dos y llegar a cuatro, y con respecto a este aspecto de la caída, así como Calvino habló sobre la justicia cívica o la virtud cívica que todavía funciona sin la regeneración, también habla sobre los logros intelectuales que podemos tener sin la iluminación divina que viene a través del Espíritu Santo. Dice, por ejemplo, que algunos de los más grandes artesanos, algunos de los más grandes genios literarios, algunas de las personas más talentosas y dotadas de la historia han sido personas no cristianas, no regeneradas, que han sido extraordinariamente brillantes y extraordinariamente capaces, nuevamente, en el plano terrenal.
Pero con respecto a las cosas de Dios, la mente del hombre caído está entenebrecida y no puede comprender la belleza de Dios a menos que el Espíritu Santo abra su mente a esas cosas, como Pablo nos dice en Corintios, que las cosas espirituales de Dios se disciernen espiritualmente y nadie las conoce sino el Espíritu de Dios, quien luego nos los revela. Bueno, de manera similar, Calvino hace la distinción no solo entre tener una mente, en oposición a tener una forma sana de pensar, por lo cual dijo: «Bajo la caída, no fuimos privados de voluntad sino de la sanidad de la voluntad. Además», continúa Calvino, «cuando digo que la voluntad está privada de libertad, es conducida o arrastrada por necesidad hacia el mal, es extraño que alguien considere dura esta expresión, ya que no hay absurdo en ella y no está en desacuerdo con el uso piadoso. Sin embargo, ofende a aquellos que no saben distinguir entre necesidad y compulsión». ¿Te suena familiar?
En primer lugar, dice que nosotros, en nuestra caída, no estamos privados de voluntad sino de libertad. Recuerden la distinción que hizo Agustín entre el libre albedrío y la libertad. El libre albedrío está intacto, pero la libertad se pierde. Y ahora hace una distinción entre necesidad y compulsión. ¿Dónde escuchaste eso por última vez? Una vez más, esa fue la misma distinción que Lutero hizo en su debate con Erasmo.
Entonces, de nuevo, al estudiar las Escrituras, Calvino, al mirar los textos de las Escrituras, particularmente con respecto a Juan capítulo 6 versículo 44, donde Jesús declara que nadie puede venir a Él a menos que sea traído por el Padre, Calvino escribe estas palabras: «Para venir a Cristo, frase usada aquí metafóricamente para “creer”, el evangelista, para explicar la metáfora en la cláusula apropiada dice que aquellas personas son “traídas”; personas cuyo entendimiento Dios ilumina y cuyos corazones inclina y transforma para la obediencia a Cristo. No debemos sorprendernos si muchos se niegan a abrazar el Evangelio porque ningún hombre podrá venir a Cristo por sí mismo». Ahora, ese es el punto cardinal: nadie podrá por sí mismo venir a Cristo.
Ahora, recuerden que en Juan capítulo 6, cuando Jesús está enseñando esto, y que causó una reacción bastante negativa de Sus oyentes hasta el punto que algunos lo dejaron y no regresaron para estar con Él, Jesús hizo la observación: «Nadie puede», hemos visto esto antes, «puede venir a mí si no …», dice esto dos veces. Por un lado, dice: «Si no se lo ha concedido el Padre», o la otra vez dice: «Si no lo trae el Padre». Nuevamente les recuerdo que la palabra «nadie» es lo que llamamos una proposición negativa universal. Incluye a todos dentro de la categoría de humanidad, o en este caso, negativamente. Excluye a todas las personas de algo.
Hay algo en lo que nadie está incluido en el hacer, y Él expresa: Jesús dice: «Nadie puede…» Hay diferencia entre puede «de capacidad» y puede «de permiso». Tuviste la misma maestra de primaria que yo. «¿Puedo ir al baño?». «Estoy segura de que puedes. La pregunta es “¿Tienes permiso?”». Bien, hay un «puede» que tiene que ver con el permiso. Este «puede» tiene que ver con el poder o con la habilidad. Jesús está diciendo: «Nadie puede», lo que significa que ningún hombre tiene la capacidad, ningún hombre tiene el poder para hacer algo.
Ahora, ¿cuál es ese poder que a todos nos falta? ¿Cuál es esta habilidad que nadie tiene? Bueno, según Jesús, nadie tiene el poder o la capacidad de venir a Él. Ciertamente no está hablando de la falta de capacidad para que alguien camine por la calle y se acerque a Jesús mientras Él está predicando, enseñando y sanando a los enfermos. Cualquiera tenía el poder de caminar por la calle para venir a verlo. Cuando habla de venir a Él, obviamente, como Calvino está indicando y como todos los comentaristas están de acuerdo, significa venir a Él para salvación.
Nadie puede abrazarlo como el Hijo de Dios por su capacidad natural a menos que —la frase «si no…» indica la presencia de una condición necesaria, una condición sine qua non – algo tiene que suceder antes de poder obtener el efecto deseado. Y Jesús dijo: «Nadie puede venir a mí si no…» – ¿qué? «si no se lo ha concedido», o en el otro pasaje «si no lo trae el Padre». Así es como Calvino trata con este texto. «Para venir a Cristo», como mencioné, «no debemos sorprendernos si muchos se niegan a abrazar el Evangelio y demás, porque ningún hombre podrá venir a Cristo por sí mismo, sino que Dios debe acercarse primero a él por su Espíritu, y de ahí se deduce que no todos son atraídos, sino que Dios otorga esta gracia a aquellos a quienes ha elegido».
Es cierto que, en cuanto a este tipo de atracción, no es violento como para obligar a los hombres por la fuerza externa, pero sigue siendo el poderoso impulso del Espíritu Santo el que hace que los hombres estén dispuestos a lo que antes estaban indispuestos y reacios. Es una afirmación falsa y profana, por lo tanto, que nadie es atraído excepto aquellos que están dispuestos a ser atraídos, como si el hombre mismo se hiciera obediente a Dios por sus propios esfuerzos, porque la voluntad con la que los hombres siguen a Dios es la que ya tienen de Dios mismo, quien ha formado sus corazones para obedecerle».
Entonces, lo que Calvino está diciendo aquí es que los que son atraídos no son simplemente aquellos que están dispuestos a ser atraídos, sino que nadie vendrá a menos que primero sean atraídos. Ahora, lo que significa la palabra «atraído» en el Nuevo Testamento se convierte en un tema de enorme controversia más adelante con los escritos y la obra de Arminio porque en su enseñanza y en las generaciones posteriores de arminianos, la palabra «atraer» a la gente tiene que ver con invitar, seducir, ofrecer, persuadir, engañar, y por lo tanto la idea es que nadie puede venir a Jesús a menos que Dios primero lo atraiga o lo incite de alguna manera, lo asista de alguna manera.
Mientras que para Calvino, él entiende el significado del verbo «traer», en el Evangelio de Juan, como Dios haciendo algo más que incitar, alentar o invitar externamente, sino más bien que Dios obra internamente en el corazón y el alma de esa persona para hacer que alguien esté dispuesto a venir — algo a lo que, dejado a sí mismo, nunca habría estado dispuesto a hacer. Y cuando Dios hace esta obra, según Calvino, esa persona de hecho se vuelve dispuesta. Donde antes eran reacios y debido a su falta de deseo por Cristo nunca vendrían a Cristo y nunca se volverían a Cristo, ahora Dios cambia sus corazones, cambia su disposición para que vengan voluntariamente.
Ahora, para Arminio, como veremos, él diría: «Sí, Dios tiene que atraer. Dios tiene que ser misericordioso. Dios tiene que hacer algo, y algunos vendrán voluntariamente, pero otros no vendrán voluntariamente». Y luego toda la controversia se reduce a la pregunta, como veremos, de si la gracia de Dios es resistible, la gracia de la regeneración. Todos están de acuerdo en que la gracia es necesaria. No están de acuerdo en cuanto a si tenemos el poder dentro de nosotros mismos para resistirla o para inclinarnos hacia ella, y eso lo veremos en nuestra próxima sesión.






