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Transcripción
En el día de hoy vamos a dar inicio a un estudio completamente nuevo. Estaremos viendo los nombres y los títulos que la Biblia atribuye a los miembros de la Deidad: nombres y títulos del Padre, nombres y títulos del Hijo, y nombres y títulos de Dios Espíritu Santo. Hacemos esto por una razón, y es que en las Escrituras a menudo el nombre de una persona o su título dice algo muy importante sobre el carácter de dicha persona.
En la cultura moderna no nombramos a las personas basándonos en características o atributos destacados, pero era común en el mundo antiguo, así como con los indios, que nombran a una persona según un atributo deseado: oso fuerte o ciervo veloz, o algo así… esperando que el joven crezca siendo valiente fuerte y ágil de pies, y cosas así. Pero, sobre todo en Israel, los nombres solían tener un tremendo significado y nos permitían conocer a fondo el carácter de una persona y, a veces, cuando alguien sufría un trauma que cambiaba su vida, se le cambiaba el nombre.
Recordamos, por ejemplo, cómo Jesús asignó un nuevo nombre a Simón en Cesarea Filipo tras la gran confesión, cuando Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy Yo?». Y ellos respondieron con los rumores de la zona: «Algunos dicen que eres un profeta o Elías o lo que sea». Jesús dijo: está bien «y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?». Y ellos respondieron de nuevo de forma algo ambigua, no estamos del todo seguros, pero Simón hizo esa magnífica confesión de fe cuando dijo: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».
Y entonces Jesús se volvió hacia Simón y le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás». Lo llamó por su nombre, ¿cierto? «…esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos». Serás llamado Petros, Pedro, porque sobre este Petros, es decir, sobre esta roca, la roca de la confesión que acabas de hacer, sobre este cimiento, que es el fundamento base de toda Mi vida y de todo Mi ministerio, «sobre esta roca edificaré Mi iglesia». A partir de ese momento, Simón fue llamado Pedro. Probablemente el cambio de nombre más dramático que tuvo lugar en el Antiguo Testamento fue el de Jacob, cuyo nombre fue cambiado a Israel.
Hoy en día hay una nación en Palestina que se llama Israel. No se llama Jacob; se llama Israel porque tiene sus raíces en los 12 hijos o tribus que surgieron de las entrañas de Jacob, cuyo nombre fue cambiado a Israel. Veamos brevemente ese momento de la historia en que se cambió el nombre de Jacob. Lo encontramos en el capítulo 32 del Génesis. Vamos a leer el versículo 23, que dice: «Después que los tomó y los hizo pasar el arroyo, hizo pasar también todo lo que tenía. Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. Cuando vio que no podía prevalecer contra Jacob, lo tocó en la coyuntura del muslo, y se dislocó la coyuntura del muslo de Jacob mientras luchaba con él. Entonces el hombre dijo: «Suéltame porque raya el alba». «No te soltaré si no me bendices», le respondió Jacob. «¿Cómo te llamas?», le preguntó el hombre. «Jacob», le respondió él. Y el hombre dijo: «Tu nombre ya no será Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has prevalecido». Entonces Jacob le dijo: «Dame a conocer ahora tu nombre». «¿Para qué preguntas por mi nombre?», le respondió el hombre. Y lo bendijo allí. Y Jacob le puso a aquel lugar el nombre de Peniel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y ha sido preservada mi vida«».
¿Qué está pasando aquí? Este episodio en Peniel narra una lucha, un conflicto, un combate entre un ser humano, Jacob, y un representante de Dios mismo. El ángel del Señor baja del cielo y se encuentra con Jacob donde está, y los dos se enfrentan en un combate, no es una lucha de boxeo a tres caídas, ni quince rounds, tres minutos por round con un descanso de un minuto, nada de eso, sino un combate de lucha que dura todo el día y toda la noche. En el transcurso de ese combate entre Jacob y el ángel, Jacob suplica que este representante de Dios lo bendiga. Y en respuesta a esto, después de que el ángel derrota a Jacob en el combate, lo lesionó en la cadera de forma permanente, dejándolo con una cojera por el resto de su vida que siempre le recordará este momento en que se enfrentó al representante de Dios mismo en combate. Él dice: «Bendíceme». El ángel dijo: «¿Cómo te llamas?».
¿Cuál es el significado de eso? ¿Por qué el ángel que había luchado con ese hombre toda la noche le preguntó su nombre? ¿Crees por un momento que el ángel de Dios no conocía la identidad de aquel con quien estuvo en combate mortal toda la noche? Sabía su nombre. Pero lo que pedía era que Jacob se rindiera. Porque al revelar su nombre, en cierto sentido, al menos según la lógica hebrea, se está colocando en una posición de subordinación ante aquel a quien revela su nombre. Esa idea se remonta hasta la creación.
Recordamos que cuando Dios creó a la humanidad, Adán y Eva, hombre y mujer, y los puso en el jardín, Dios dio a nuestros padres primordiales el dominio sobre la tierra. Había una responsabilidad asociada a eso—vestir, labrar, cuidar la tierra, etc. —pero en ese acto de dominio se les asignó una tarea a Adán y Eva. Se podría decir que este fue el origen de la iniciativa científica, porque la tarea era ¿cuál? Nombrar a los animales. Podemos leerlo en términos simples y decir: ah, ya veo, se supone que solo tenemos que ir y decir, ese es un gorila, un caballo, ese un orangután y así por el estilo. No, no, no, no. Al nombrar a los animales comenzó toda la tarea de clasificación, que está en el corazón de la ciencia, por la cual distinguimos entre flores y animales. Y luego distinguimos entre los diferentes tipos de flores y entre los diferentes tipos de animales.
¿Te acuerdas cuando estudiabas biología básica en el colegio o la universidad y tenías que aprender las clases, el filo, la especie, el género y todas esas distinciones en las que agrupabas las cosas en un sola categoría y luego veías sus diferencias y las dividías en subcategorías. Eso es lo que hacemos en la ciencia. Cuando vas al médico y dices que te duele el estómago, el médico repasa inmediatamente en su mente una lista de posibles causas y te examina. Primero tiene que llegar a un diagnóstico antes de poder tratarte, y en ese diagnóstico, ese conocimiento a través de la situación empieza a discernir. Veamos; sé que podría tener dolor de estómago por 50 razones diferentes. Podría tener indigestión; podría tener cáncer de estómago. Y sabe que la indigestión y el cáncer de estómago tienen ciertos puntos de similitud, pero son las diferencias las que el médico debe conocer para poder hacer el diagnóstico correcto.
Eso es ciencia, un análisis cuidadoso de la realidad que nos rodea. Todo eso empezó cuando Dios dijo que pusieran nombre a los animales. Y en ese proceso, Dios está demostrando que está dando autoridad sobre la tierra a Adán y Eva. ¿Ahora, quién nombra a Adán? Adán no se nombra a sí mismo, pero Dios sí lo nombra, indicando la autoridad y el dominio de Dios sobre su criatura. Cuando tienen hijos, los padres nombran al niño lo que indica la autoridad que los padres tienen sobre ellos, y esa era la costumbre en Israel salvo en ocasiones muy raras.
Uno de los incidentes más notables del Nuevo Testamento ocurre ¿cuándo? Cuando el ángel se acerca a Zacarías en el templo y le anuncia que su esposa, que era estéril, Elisabet, va a tener un bebé y que este bebé será el heraldo, el precursor, del Mesías. Esta fue la anunciación por parte de Gabriel del inminente nacimiento de Juan el Bautista. Y Zacarías quedó tan abrumado en esa experiencia en el templo que se quedó mudo. No pudo pronunciar ni una palabra durante los nueve meses completos del embarazo de Elizabeth. Y finalmente, cuando terminó su trimestre y trajo al bebé, la familia y los amigos se reunieron y dijeron: ¿Cómo vas a llamar a este bebé? Y todos miraron a Zacarías porque era costumbre que el padre y la madre, y especialmente el padre aquí, pusieran nombre al niño. Pero si recuerdas la experiencia que Zacarías tuvo con el ángel, Gabriel le dijo a Zacarías que el nombre del niño sería Juan.
En el momento del nacimiento de este niño, Dios se reservó el derecho de ponerle nombre al niño, porque ese niño iba a tener una relación especial de obediencia a Dios. Lo mismo ocurrió con el nacimiento de Cristo. El ángel le dice a María cuál será el nombre del bebé, porque este niño es el hijo de Dios. Ahora, cuando la gente de la familia de Zacarías se reunió ese día, hacían todo tipo de sugerencias y especulaciones. Quizá deberíamos llamarle Zacarías Junior o Abidatar, o algún otro nombre de la historia sacerdotal Zadok o como sea, Abimelec. Y mientras elegían sus alternativas, a su manera discreta, Zacarías pidió una tablilla. Y tomó la tablilla y escribió lo siguiente: «Su nombre es Juan». Y en el instante en que lo hizo, se le soltó la lengua y pudo volver a hablar, porque mostró su subordinación, su obediencia a Dios. Eso es lo que está pasando en este combate de lucha entre Jacob y el ángel. Y así, cuando Jacob pide la bendición, el ángel dice: «Dime tu nombre. ¿Cómo te llamas?».
Nosotros tenemos algo parecido. Cuando jugábamos a la lucha libre de niños, una de las formas en que terminábamos el combate era que uno de los contendientes cedía o se rendía. Recuerdo que, de niño, estábamos en un combate de lucha libre y teníamos a alguien agarrado del cuello y decíamos: «¿Te rindes? ¿Ya? ¿Te rindes?». Y no lo dejábamos ir hasta que dijera: «Me rindo, me rindo». Pero teníamos otra forma de hacerlo. ¿Recuerdas qué era? Decíamos: «No doy más». No sé de dónde salió eso. ¿Por qué dices «no doy más»? Pero hacíamos que la otra persona dijera «no doy más», o teníamos que decir «no doy más» para que la lucha terminara. Eso es más o menos lo que el ángel le decía a Jacob cuando le dijo: «Dime tu nombre, Jacob». Él dice: «Dime «no doy más», porque este partido no terminará hasta que te rindas, hasta que cedas y te sometas a mi poder y a mi autoridad, y la forma de demostrarlo es diciéndome tu nombre.
Y Jacob dice: «Me llamo Jacob». El ángel dice: «Gracias», pero ya no. Te voy a poner un nombre nuevo. Porque Dios tiene derecho a dar un nuevo nombre, porque en este combate, en esta lucha, cuerpo a cuerpo que hemos librado aquí, te he tocado y te he transformado. Y te he transformado para siempre. Sí, hay continuidad con quién eras antes de esta reunión y con quién serás para siempre. Pero también hay una discontinuidad radical ahora para el resto de tu vida. Y por eso tu antiguo nombre ya no es apropiado. El antiguo nombre que significaba suplantador, ese nombre que tanto te caracterizaba por las artimañas torcidas, hipócritas y retorcidas que habías hecho con tu propia familia. No más, Jacob. Jacob se acabó. A partir de ahora, tu nombre será Israel, el que lucha con Dios. Qué nombre tan bonito, porque todo el resto del Antiguo Testamento es la historia de una nación que nunca dejó de luchar con Dios, que nunca dejó de luchar y enfrentarse al Señor, no siempre en el sentido positivo en que Jacob lo hace en este contexto.
Y así el ángel de Dios pronuncia la bendición de Dios sobre Su siervo. Y con esa bendición, le da un nuevo nombre. ¿Y ahora qué Jacob es Israel, cuál es la respuesta de Israel a eso? Sigue luchando. Le dice al ángel, dime tu nombre. ¿Y qué hace el ángel? No da su nombre. Jacob busca un empate. Se muestra digno y quiere un empate. Si no puedo ganar esta batalla, al menos quedemos iguales. Te diré mi nombre y tú me darás tu nombre. No. Nada de eso. Bueno, cuando vemos los nombres que Dios quiere dar de sí mismo, vamos a descubrir todo tipo de señalizaciones, de destellos sobre Su carácter. Porque cada título que se usa para Dios, ya sea Dios Padre, Dios Hijo, y incluso se nota esa distinción—Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo—esos diferentes nombres de los miembros de la Deidad ya nos dicen algo sobre el carácter del Padre, cuyo carácter es ser el Padre, y el carácter de la Segunda Persona de la Trinidad, cuyo carácter es ser el Hijo, y el carácter de la Tercera Persona de la Trinidad, cuyo carácter es ser el Espíritu Santo.
Vamos a analizar los nombres y los títulos que la Biblia atribuye a los tres miembros de la Deidad. Y estoy muy ilusionado con esta serie porque se aleja un poco del enfoque habitual de la teología. Es donde vivimos, es concreto, es gráfico y es personal. Y espero que sigan conmigo en las clases venideras.
CORAM DEO
Quiero que pensemos en nuestro propio nombre. Obviamente, cada nombre que tenemos tiene algún significado particular en la historia antigua que puede no tener absolutamente nada que ver con quiénes somos o con lo que representamos. Pero mi pregunta práctica para ti es esta. Si tuvieras que resumir en una sola palabra el rasgo más destacado de tu personalidad y tener que ponerte un nombre, ¿ese nombre sería «Paciencia»? ¿«Valentía»? ¿«Esperanza»? ¿«Amabilidad»? ¿O quizá «Matón»? ¿«Ansioso»?
Puede que sea un buen nombre o que sea un mal nombre. Pero hazte la pregunta. Si pudieras darte un nombre según tu característica personal más destacada, ¿cuál sería tu nombre? Puede ser un buen ejercicio para aprender quién eres.






