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Transcripción
Vamos a continuar con nuestro estudio de la doctrina bíblica de los ángeles, y al continuar nuestro estudio, nos centraremos principalmente en su misión como mensajeros en la historia redentora; y si el tiempo lo permite, analizaremos la relación entre los ángeles y Cristo, ya que es un tema importante que surge en las páginas del Nuevo Testamento. Pero volvamos al primer capítulo del Evangelio de Lucas, donde tenemos los relatos de la infancia más completos que se encuentran en los Evangelios, y comenzaremos en el capítulo 1, versículo 5, donde leemos estas palabras:
«Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, cierto sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, que tenía por mujer una de las hijas de Aarón que se llamaba Elisabet. Ambos eran justos delante de Dios, y se conducían intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ambos eran de edad avanzada. Pero aconteció que mientras Zacarías ejercía su ministerio sacerdotal delante de Dios según el orden indicado a su grupo, conforme a la costumbre del sacerdocio, fue escogido por sorteo para entrar al templo del Señor y quemar incienso. Toda la multitud del pueblo estaba afuera orando a la hora de la ofrenda de incienso. Y se le apareció a Zacarías un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se turbó, y el temor se apoderó de él».
Entienden lo que está pasando aquí: que en ese momento de la historia Zacarías era un levita – un sacerdote levítico – y los judíos tenían un santuario central en el templo de Jerusalén; y les tocaba por suertes a los sacerdotes locales de los distintos distritos del país, por sorteo, ser seleccionados para tener un turno, si llegaban a ser tan afortunados, de servir en el templo de Jerusalén. Entonces, la primera oportunidad, por así decirlo, que le pasó a Zacharias fue que dio en el clavo. Ganó la lotería, y para él sería una experiencia inolvidable subir a Jerusalén y participar en el ministerio del templo – en este caso, entrar y ofrecer oración en el altar del incienso en el santuario, en el lugar santo.
Cuando llegaba la ocasión del sacerdote entrar, oraba por la nación, y siempre atraía a un gran grupo de personas que rodeaban el templo y veían al sacerdote entrar y esperaban a que saliera porque – es casi como la gente en Roma, cuando hay una elección para el Papa. Las enormes multitudes de gente se reúnen alrededor del Vaticano, y observan la chimenea para ver el humo que sale de ella: sea blanco o negro. Si es negro, significa que no han logrado elegir a un nuevo Papa, y si es blanco, eso indica que se ha elegido un nuevo Papa; y la gente se vuelve loca al ver esa señal. Era lo mismo cuando estas personas se reunían alrededor del templo y esperaban el regreso del sacerdote, porque si salía rápido, significaba que se habían ofrecido oraciones y Dios había escuchado favorablemente la intercesión del sacerdote.
En este caso, hubo un retraso; y la causa del retraso fue esta intersección radicalmente inesperada en la vida de Zacarías cuando va a ministrar en el templo. De repente se le aparece un ángel, y noten la respuesta que la Escritura registra que él tuvo. Dice: «Al verlo, Zacarías se turbó, y el temor se apoderó de él». Eso es digno de mención por esta razón: hemos dicho que la cosmovisión bíblica es ininteligible aparte de la enseñanza bíblica sobre la realidad del mundo angelical. Pero en nuestra cultura y en nuestra época, existe cierto escepticismo respecto a estas cosas porque la gente dice que la percepción de los ángeles no forma parte de nuestra experiencia común.
Cuando vamos a la Biblia, y echamos un vistazo a estos eventos en la Biblia, asumimos que los ángeles aparecían cada 15 minutos en todo el mundo del Antiguo y Nuevo Testamento. No es así; aunque los ángeles aparecían de vez en cuando, la manifestación visible de uno de estos seres espirituales era extraordinariamente rara, como vimos en la última sesión, que normalmente eran invisibles, como ocurrió con Eliseo y su siervo, donde tuvo que orar para que le fueran abiertos los ojos a su siervo y pudiera ver la realidad que estaba ahí, pero una realidad que normalmente es invisible. Cuando vemos que este sacerdote está devastado por el miedo cuando aparece el ángel, eso debería alertarnos de la rareza de ese tipo de experiencia incluso entonces. Y así, en otras palabras, Zacarías no estaba acostumbrado a encontrarse y hablar con ángeles todos los días.
«Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y lo llamarás Juan. Tendrás gozo y alegría y muchos se regocijarán por su nacimiento, porque él será grande delante del Señor. No beberá vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo, etc… Entonces Zacarías dijo al ángel: «¿Cómo podré saber esto? Porque yo soy anciano y mi mujer es de edad avanzada». El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas. Así que te quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto acontezca, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo»».
Así que el ángel se identifica como el ángel, Gabriel. Solo dos ángeles en toda la Escritura se identifican por su nombre: Miguel, a quien ya habíamos visto, y ahora con la aparición de Gabriel. Se dice tanto de Miguel como de Gabriel que fueron emisarios enviados desde la presencia inmediata de Dios con el rango de arcángeles, o comandantes del ejército celestial. Y fíjense que la función que Gabriel tiene en este entorno es, ante todo, ser un mensajero. Entrega un mensaje. Hace un anuncio. Le cuenta a Zacharias lo que va a suceder. Pero no solo trae un mensaje, sino que también pronuncia el mandato de Dios.
Así que no es un simple mensajero o emisario enviado para comunicar una información; sino que viene de la presencia de Dios con una autoridad divinamente delegada sobre él para ordenar a Zacarías que haga ciertas cosas. Y una de las cosas que él ordena es que este niño que va a nacer siga un cierto orden de comportamiento en su vida, similar a la experiencia nazarea, y que su nombre sea Juan. La importancia de eso es que, en la tradición judía, quien nombra a alguien o algo indica su autoridad sobre esa cosa o sobre esa persona. Recuerden que la primera tarea que Dios dio a los seres humanos en el huerto del Edén fue nombrar a los animales, mostrando el dominio de los humanos sobre el reino animal. Los animales no nombran a Adán y Eva; Adán y Eva nombran a los animales.
Históricamente, a lo largo de la historia bíblica, cuando nacen los niños, son los padres del niño quienes tienen la autoridad para ponerle nombre. Pero en circunstancias raras, esa autoridad se niega al padre, cuando Dios interviene en la situación, como diciendo: «Este niño me servirá de una manera especial, y por eso me reservo el derecho a ponerle nombre». Así que vemos que el ángel viene de la presencia de Dios y dice: «Mira, no vas a llamar a tu hijo Zacarías Jr.; ni vas a ponerle el nombre del tío Abraham. Su nombre será Juan». Por supuesto, esta es una historia maravillosa de lo que ocurre porque Zacarías está aturdido por la incredulidad. No sabe qué hacer, y por eso el ángel dice: «Y permanecerás mudo hasta que esto se cumpla».
Recuerden la historia, que después de que su esposa da a luz al bebé, y todos los miembros de la familia se reúnen para ponerle nombre a este niño, y obviamente hablan de diferentes nombres; y les hablaba por señas. Zacarías les pidió una especie de tablilla, y escribió en ella: «Su nombre será Juan». Así que, se somete a la autoridad del mandato que le fue dado por Gabriel, y cuando manifiesta su obediencia a esto, entonces le fue restaurada su capacidad de hablar. Entonces, de nuevo, lo que quiero que veamos aquí no es tanto sobre Zacarias, sino que el ángel es un mensajero, sí, pero más que un mensajero. Es un portavoz que lleva nada menos que la autoridad de Dios, y este no es el único lugar en las Escrituras donde vemos ángeles actuando de esta manera.
Vamos a ver más adelante – bueno, primero, veamos la reacción de la gente ese día. En el versículo 21: «El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaba de su tardanza en el templo. Pero cuando salió, no podía hablarles, y se dieron cuenta de que había visto una visión en el templo. Él les hablaba por señas y permanecía mudo». Y luego avanzamos hasta el versículo 26, donde leemos: «Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, de los descendientes de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel, le dijo: «¡Salve, muy favorecida! El Señor está contigo; bendita eres tú entre las mujeres».
Esta es la primera expresión de lo que más tarde se conoció como el «Ave María», como parte de la liturgia de la Iglesia católica romana – «Ave María, llena de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén». Eso es una parte integral del rosario en la Iglesia católica romana, y se saca directamente de esta lección aquí, donde el ángel da el Ave María, ¿y qué significa eso? Ave era la versión romana, o latina, del saludo normal – como nuestro «Hola», o como cuando se decía «Salve» a alguien; o como si vivieras en el sur de Estados Unidos, no dices «Hola», no dices «Salve», ¿dices qué? «Hey».
Así que este era el «Hola». Esto fue como, «Hola, María. Esto es – el Ave María se toma de este pasaje de las Escrituras, de la visita del ángel Gabriel a la campesina María, cuando viene de la presencia misma de Dios para anunciar el inminente nacimiento del Mesías. «¡Salve, muy favorecida! El Señor está contigo; bendita eres tú entre las mujeres». Pero cuando lo vio, se preocupó por su palabra y pensó qué tipo de saludo era este». Así que también ella se ve invadida por el miedo en este encuentro.
«No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de Su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin». Entonces María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que soy virgen?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado Hijo de Dios. Tu parienta Elisabet en su vejez también ha concebido un hijo; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril. Porque ninguna cosa será imposible para Dios».
Ahora escucha la respuesta de María en el versículo 38. «Entonces María dijo: «Aquí tienes a la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra». Y el ángel se fue de su presencia. Ahora, ese versículo en particular que acabo de leer es la fuente de una gran controversia en la historia de la iglesia, y es una controversia que continúa incluso en nuestros días; y en la Iglesia católica romana hay dos bandos que están fuertemente divididos teológicamente en cuanto a su comprensión del papel de María en la historia redentora.
A esos dos bandos se les denomina los maximalistas y los minimalistas. Los minimalistas piensan que María tiene un papel importante, pero quieren minimizarlo; los maximalistas – quieren impulsar la co-redentora y todo ese tipo de cosas, y lo que llaman el paralelo Eva/María. En el Nuevo Testamento trazamos un paralelismo entre el impacto destructivo de Adán y el impacto redentor de Cristo como el nuevo Adán; y el paralelo Eva/María va en la misma línea: así como a través de una mujer el mundo cae en ruinas por su desobediencia, y ahora por la obediencia de otra mujer – es decir, María – llega al mundo la redención. Así que quieren maximizar su posición.
En el contexto de todo este debate hay una referencia a lo que se llama «el Fiat de María». Ese no es un auto italiano. Fiat es simplemente el imperativo latino del verbo «ser», y observen que cuando Gabriel anuncia esto a María que el Espíritu Santo la cubriría con Su sombra, y daría a luz a este niño que es el Hijo de Dios y así sucesivamente, su respuesta a Gabriel fue esta: «Así sea conmigo, según Tu palabra». Que sea lo que Dios quiera. Y entonces ella dice: «Adelante; hazlo». La forma en que expresa su respuesta al ángel está en imperativo porque aquí, en latín, tenemos la palabra fiat a la que se refiere aquí. «Que sea según tu voluntad, etc.».
Así, la teoría es que Cristo no pudo haber nacido sin el mandamiento, o el imperativo, de María, donde una comprensión protestante de este texto es que la expresión de María es una aceptación enfática a la autoridad de Dios, cuyo mensaje acaba de llegar a ella; y es una señal, no de su autoridad sobre Gabriel, sino de su disposición, en postura de sierva, a obedecer a este llamado que Dios le ha hecho a ella. Así que, aquí vemos, de nuevo, al ángel desempeñándose tanto como mensajero como comunicador autoritativo de la Palabra de Dios.
Un último pasaje que quiero destacar del Antiguo Testamento sobre la visita de ángeles, uno que además es algo problemático y enigmático, lo encontramos en el capítulo cinco del libro de Josué, cuando Josué prepara su ejército para su asalto contra Jericó; y se dieron cuenta de que Jericó es una fortaleza y que los soldados de Jericó son un oponente formidable; y si Josué y sus tropas van a salir victoriosos en la conquista de Canaán, tendrán que pasar por Jericó.
Así que justo antes de que ocurra la batalla, tenemos este pequeño evento que ocurre en el capítulo 5, versículo 13: «Cuando Josué estaba ya cerca de Jericó, levantó los ojos y vio que un hombre estaba frente a él con una espada desenvainada en la mano, y Josué fue hacia él y le dijo: «¿Es usted de los nuestros o de nuestros enemigos?» Es decir, Josué ve a este hombre, y Josué tiene ojo para el talento militar. Puede ver que este hombre parece un guerrero formidable; nunca lo ha visto antes; no está seguro de si es uno de sus propios soldados que simplemente nunca conoció, o si es un recluta traído para luchar por los habitantes de Jericó. Eso es lo que Josué quiere averiguar. ¿De qué equipo es? ¿Por quién va a luchar? Así que se le acerca y le dice: «¿Estás con nosotros o con nuestros enemigos?» La respuesta es maravillosa. La respuesta es: «No».
El otro día fui a echar gasolina, fui a pagar y tenía mi tarjeta de crédito; y el tipo me dijo: «¿Efectivo o débito?». Nunca había oído eso antes. Le dije: «No sé a qué te refieres». Pregunté: «¿Cuál es la diferencia?». Todavía no sé la diferencia. Me refería a crédito o débito –dijo él. Repitió: «¿Crédito o débito?». «Crédito. ¿Cuál es la diferencia?», dije. Aún no lo sé. Pero bueno, quería decir, cuando él dijo, «Crédito o débito», quise decir: «Sí. Uno de esos dos». Eso es lo que Josué espera escuchar: una respuesta de sí o no de este guerrero. «¿Es usted de los nuestros o de nuestros enemigos? «No», respondió; «más bien yo vengo ahora como capitán del ejército del Señor». Y Josué se postró en tierra, le hizo reverencia, y dijo: «¿Qué tiene que decirle mi señor a su siervo?». Entonces el capitán del ejército del Señor dijo a Josué: «Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar donde estás es santo»».
Ahora, cuando hemos visto a Gabriel, y hemos visto a Miguel, pudimos ver que tienen los títulos de arcángeles o comandantes del ejército celestial. Pero una cosa que veremos, espero, en nuestra próxima sesión es que nunca, nunca, nunca, jamás se debe adorar a los ángeles. Y aquí vemos el registro de Josué postrándose y adorando al comandante del Señor de los Ejércitos, sin que el ángel recibiera reprimenda después.
Cuando los humanos responden adorando a los ángeles, los ángeles siempre los detienen; y dado que este ángel acepta la adoración de Josué, la mayoría de los estudiosos creen que lo que tenemos aquí es una Cristofanía preencarnada – que Cristo era el comandante, y se le aparece a Josué y le dice, cuando Josué preguntó: «¿Eres de los nuestros o de ellos?» Él dijo: «No, yo estoy a cargo. No es que voy a estar contigo, sino que tú vas a estar conmigo» Pero eso plantea de nuevo el tema de la adoración a los ángeles, que trataremos en nuestra próxima sesión.






