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Transcripción
Una de mis historias favoritas de ángeles en toda la Escritura es la que se encuentra en el segundo libro de Reyes, y disfruto esta historia en particular porque revela, directa e indirectamente, muchas cosas que necesitamos entender sobre la naturaleza y función de los ángeles. Así que tomemos unos momentos para analizar esta historia que tiene lugar durante la vida del profeta Eliseo.
En 2 Reyes, comenzando en el capítulo 6, al inicio del versículo 8: «El rey de Aram estaba en guerra con Israel; y consultó con sus siervos, diciéndoles: «En tal y tal lugar estará mi campamento». Y el hombre de Dios envió un mensaje al rey de Israel: «Procura no pasar por tal lugar, porque los arameos van a bajar allí». Entonces el rey de Israel envió gente al lugar que el hombre de Dios le había dicho; así que, al prevenirlo él, se cuidó de ir allí, y esto no una ni dos veces».
Ahora, aquí vemos que lo que el rey de Siria intenta hacer es planear una emboscada contra el rey de Israel, pero de alguna manera todos los planes secretos que el rey de Siria está haciendo —es decir los arameos— son contados al rey de Israel para que evite la trampa. Así que leemos en el versículo 11: «Y se enfureció el corazón del rey de Aram por este hecho; y llamando a sus siervos, les dijo: «¿No me van a revelar quién de los nuestros está a favor del rey de Israel?»».
Automáticamente asume que tiene un espía en el campamento, así que pregunta por eso. Y uno de sus siervos dijo: «No, rey señor mío, sino que Eliseo, el profeta que está en Israel, le dice al rey de Israel las palabras que tú hablas en el interior de tu alcoba». Y él dijo: «Vayan y vean donde está, y enviaré a prenderlo». Y le avisaron: «Él está en Dotán». Ya tienen una idea. El rey de Siria descubre que no es uno de sus hombres quien lo traiciona, sino que sobrenaturalmente sus planes son comunicados por el profeta Eliseo al rey de Israel; y ahora el rey de Siria cambia su plan. «Si alguna vez voy a ser efectivo capturando al rey de Israel, lo primero que tengo que hacer es deshacerme de este Eliseo».
Entonces averigua dónde se aloja Eliseo, y le dicen que Eliseo está en Dotán. Así que se dispone a ejecutar su plan para capturar a Eliseo. Leemos en el versículo 14: «Entonces envió allá caballos, carros y un gran ejército; y llegaron de noche y cercaron la ciudad. Y cuando el que servía al hombre de Dios se levantó temprano y salió, vio que un ejército con caballos y carros rodeaba la ciudad. Y su criado le dijo: «¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?»».
Así que Eliseo se va a dormir a su casa en Dotán. Su sirviente se levanta primero en la mañana, abre las persianas y las cortinas para dejar entrar la luz, y mira afuera hacia un lado, ve todos esos carros y soldados de los sirios; va al otro lado de la casa, no ve más que carros; y va hacia el frente y luego hacia atrás. Me hace recordar la historia de Toro y el Llanero Solitario rodeados de indios por todas partes, y el Llanero Solitario le dice a Toro: «¿Qué hacemos ahora? Y Toro dice: «¿Qué quieres decir con «hacemos», hombre blanco?». Eso es más o menos lo que imagino aquí cuando el sirviente de Eliseo ve a este ejército rodeando esta casita.
Así que corre hacia Eliseo, lo despierta y le cuenta la situación – el dilema. Dice: «Estamos rodeados por todos lados por carros y ejércitos. ¿Qué vamos a hacer?» Escucha la respuesta de Eliseo: «Y él respondió: «No temas, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos». Si podemos leer entre líneas, obviamente el sirviente de Eliseo está completamente atónito por la respuesta de Eliseo: «No lo entiendes, jefe. Te acabo de decir que hay una infinidad de soldados y carros a nuestro alrededor. Mira a tu alrededor, Eliseo. Estás tú y estoy yo. ¿Qué quieres decir con que los que están con nosotros son más que los que están con ellos?».
«Eliseo entonces oró, y dijo: «Oh Señor, te ruego que abras sus ojos para que vea». Y el Señor abrió los ojos del criado, y miró que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo. Cuando descendieron hacia él los arameos, Eliseo oró al Señor, y dijo: «Te ruego que hieras a esta gente con ceguera». Y Él los hirió con ceguera conforme a la palabra de Eliseo». Como dije, hay muchas cosas que aprendemos de este pasaje en particular.
Una tiene que ver con una controversia continua entre teólogos, en la historia de la iglesia, porque cuando Jesús pide a sus discípulos en el Nuevo Testamento que no impidan a los niñitos acercarse –niños, solo niños; no hablamos de niños pequeños – «dejen a los niños… que vengan a Mí», dice, «porque de los que son como estos es el reino de los cielos»; y en otro texto dice que «sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de Mi Padre que está en los cielos». La idea que se extrapoló de esa afirmación de nuestro Señor es que cada persona en el reino – cada cristiano – tiene un ángel guardián asignado a él o a ella para cuidarle.
Porque, de nuevo, como veremos un poco más adelante, el autor de Hebreos nos dice que la función principal de los ángeles, en términos de este mundo, es ministrar al pueblo de Dios. Como digo, hay una fuerte tradición en la historia de la iglesia de que a cada persona se le asigna un ángel en particular – algo así como en «¡Qué bello es vivir!», y cada vez que oyes el tintineo de la campana, un ángel está recibiendo sus alas, y cosas así. Pero aquí, lo que encontramos en esta historia es que no hay ni un solo ángel que vele por Eliseo, sino que todo el ejército celestial ha sido movilizado para defenderlo en este momento crítico.
Ahora, vemos lo mismo en el Nuevo Testamento respecto a las multitudes de ángeles que sirven en el ministerio de Jesús, y lo veremos un poco más adelante. Pero por ahora, veamos que aquí tenemos una multitud de ángeles enviados para interceder en favor de Eliseo. Al principio de esta serie, conté la historia de un rescate de mineros que estuvieron bajo tierra durante varios días y cómo testificaron que habían sido ministrados por ángeles. Y así explicaban su supervivencia.
Recordarán esa historia que les conté, y cómo la prensa automáticamente asumió que estaban alucinando; y la suposición en la cosmovisión secular en la que vivimos es que cualquiera que vea un ángel, por definición, debe estar sujeto a alucinaciones; y una alucinación ocurre cuando alguien ve cosas que en realidad no están ahí. Mencioné que Rudolf Bultmann decía que no puedes vivir en nuestra sofisticada sociedad y seguir creyendo en fantasmas, duendes y cosas que hacen ruido en la noche y en realidades invisibles, como los ángeles.
Pero en el corazón del judeocristianismo hay un sobrenaturalismo firme que dice que hay mucho más en la realidad de lo que se puede ver: que Dios mismo es invisible, y sin embargo no hay nada más central en el cristianismo que la realidad de la existencia de Dios. Y lo que hace que sea tan difícil para nosotros ser fieles a Dios, creo, es porque Él es invisible, y es difícil adorar aquello que no ves y obedecer a alguien con quien nunca has hablado, y así por el estilo. Pero puede que lo mismo ocurra con los ángeles. La mayoría del tiempo son invisibles.
Hay momentos a lo largo de la historia bíblica, como leemos en el caso de los visitantes de Sodoma y otros lugares, en los que los ángeles se manifiestan, generalmente con apariencia humana; pero en circunstancias normales son seres espirituales. Son reales; Son criaturas. Son seres espirituales que son invisibles, y si realmente creemos en el mensaje de la fe cristiana, tenemos que entender esto como parte inseparable de ese mensaje: que la realidad en la que vivimos contiene mucho más de lo que parece.
Eso no debería ser tan descabellado para nosotros, viviendo de este lado de la Ilustración, viviendo de este lado de la invención del telescopio, viviendo de este lado de la invención del microscopio, porque la revolución científica de la era moderna tuvo lugar cuando nuestra percepción de la realidad fue aumentada y potenciada por instrumentos que nos permitían ver cosas que no podían ser vistas a simple vista.
Una de las crisis en la época de Galileo fue que los científicos de su época, así como el obispo de su época, se negaron a poner la vista en el telescopio porque no querían creer las pruebas que el telescopio revelaba sobre cómo están realmente estructurados los cielos y cómo las órbitas de los planetas y demás, en realidad, están formados. Y han descubierto —en toda la revolución que llamamos la revolución copernicana— que hubo una revolución en la ciencia provocada por una repentina capacidad de ver lo que antes era invisible; y si esa revolución se produjo con el telescopio, cuánto más la revolución que ha tenido lugar en nuestras vidas incluso, con el microscopio – la microbiología – que hay en esta sala, mientras hablo, suficientes entidades reales para destruirnos a cada uno de nosotros, y si pudiéramos verlas a simple vista, probablemente nos infundiría terror en el alma.
Pero afortunadamente para nosotros, seguimos nuestro camino alegremente, completamente ajenos a la infinidad de microcuerpos que tienen la capacidad de matarnos. Si pudiéramos verlos a todos, probablemente nos quedaríamos en la cama, escondidos bajo las sábanas por el resto de nuestras vidas. Pero aprendemos por la ciencia moderna que existen realidades allá afuera que superan nuestro alcance para percibirlas.
Ahora, ¿por qué creemos que los gérmenes que no podemos ver pueden estar ahí fuera? Pero tenemos este sesgo que dice que no puedes tener seres sobrenaturales, celestiales – seres espirituales – como los ángeles, cuando los textos bíblicos están llenos de ellos. Esa es una de las cosas que me encantan de esta historia: el siervo no pudo ver lo que realmente había hasta que Eliseo oró y dijo: «Por favor, Señor, abre sus ojos. Déjalo ver» – no dejar que vea una alucinación, no dejar que vea una visión de lo que no es real– «que vea lo que realmente hay ahí fuera». Y cuando abrió los ojos, el ejército de ángeles reunido era muy superior en número y poder a todos esos carros y ejércitos del rey de Siria. Eso es lo que Dios nos dice que es el mundo en el que vivimos.
Un incidente similar que creo que es revelador ocurre en el Nuevo Testamento, y ocurre, irónicamente, durante la tentación de Jesús. Inmediatamente después del bautismo de Jesús, el Espíritu lo lleva al desierto de Judea para ser tentado por Satanás. Y saben cómo viene Satanás, y sugiere que quizá Jesús realmente no es el Hijo de Dios, aunque las últimas palabras que Jesús escuchó en Sus oídos antes de ir al desierto fueron la declaración del cielo: «Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido».
Entonces Satanás viene a Él, igual que vino a Adán, y básicamente, «¿Conque Dios dijo…». ¿Saben? «Si eres el Hijo de Dios, tienes hambre. Convierte estas piedras en pan». Y esa fue la primera tentación, cuando Jesús respondió diciendo: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. He estado ayunando. Estoy en medio de una prueba. Lo siento, señor Satanás, pero no voy a convertir esas piedras en pan. Puedo hacerlo, pero no tengo el permiso de mi Padre para hacerlo; así que aléjate de mí». Y cita las Escrituras a Satanás.
Ahora, Satanás, en medio de esta tentación, empieza a citar las Escrituras a Jesús. Cuando dice: «Déjame llevarte al pináculo del templo y lánzate desde el templo porque las Escrituras dicen que Dios te encomendará a Sus ángeles, no sea que Tu pie tropiece en piedra. Así que veamos si es cierto. Veamos si realmente eres el Hijo de Dios. Vamos a subir al pináculo del templo y darnos un salto al aire, a ver si los ángeles te atrapan». Jesús tuvo que corregir la hermenéutica del diablo y decir: «Sí, la Biblia dice eso, pero tienes que interpretar la Escritura por la Escritura. No puedes enfrentar la Escritura a la Escritura porque la Biblia también dice: «No tentarás al Señor tu Dios. Así que muchas gracias, no voy a hacer eso»».
Cuando las tentaciones terminan, se nos dice, casi como una nota al pie de página no científica y final, que después de que Satanás se apartó de Jesús por un tiempo, ¿qué fue lo siguiente que ocurrió? Los ángeles vinieron y ministraron a Jesús. Estuvieron allí todo el tiempo. Te hace preguntarte si Él podía verlos, como Eliseo. Dios había encargado a Sus ángeles que le cuidaran, y los ángeles vinieron a Él en medio de esa experiencia crítica en Su vida. Inmediatamente después de que el ángel caído se fue, llegó el ejército celestial y ministró a Jesús. Es significativo que este ejército de ángeles acompañe a Jesús una y otra vez a lo largo de Su vida, no solo en el anuncio de Su nacimiento, que veremos por separado, sino también en el momento de Su resurrección.
Cuando vienen los discípulos, cuando llegan las damas, allí están los ángeles en el huerto – uno a la cabecera, otro a los pies diciendo: «Al que buscan no está aquí. Ha resucitado. Ha entrado en Galilea antes que ustedes», y los ángeles de Dios, que cumplen la función de mensajeros, por supuesto, en ese momento, al mismo tiempo son centinelas en la tumba. Están guardando el cuerpo de Cristo, quizás la actividad más tierna en la que los ángeles han participado en toda la historia redentora, porque Dios había ordenado que Su santo no sufriera corrupción; y por eso asigna a los ángeles que estén en la tumba.
Los ángeles son los escoltas de Cristo cuando asciende al cielo, cuando va a su entronización para su coronación como Rey de reyes. Declara que cuando regrese, al final de la era, estará acompañado por el ejército celestial —ese mismo ejército celestial que estuvo en los campos de Belén cuando se anunció… cuando Jesús nació en Belén. De nuevo, tengo que decirles, no sé cómo están, pero cuando pienso en los acontecimientos que ocurrieron durante la vida de Jesús, y cómo los discípulos – al menos algunos de ellos – fueron testigos presenciales de casi todos ellos.
Me pregunto: «Si pudiera haber sido testigo presencial de cualquier evento en la vida de Jesús, ¿cuál elegiría? ¿Cuál me gustaría realmente haber visto con mis propios ojos?» Y eso está difícil. Es decir, obviamente estaría encantado de presenciar la resurrección. ¿Quién no? Eso sería fantástico; pero me cuesta elegir entre la resurrección y la transfiguración – ver ese estallido de la gloria de Cristo a través del velo de Su humanidad, cuando Su semblante cambió. Debió haber sido increíble, y los discípulos nunca lo superaron. No paraban de decir: «Contemplamos su gloria».
Pero uno de los que realmente disfruto – uno de los que – simplemente – mi imaginación vuela, y es porque he estado allí. Recuerdo la vez que fuimos a Belén, y fuimos a la iglesia allí, de la Natividad, y estaban haciendo toda su perorata dentro de la iglesia, y todo eso y la visita guiada; y eso no me atraía mucho. Dejé el grupo de los que hacían el tour y salí solo hasta el borde de la iglesia, y tenían ese muro de piedra primitivo y salí y me senté en ese muro de piedra. Que mira hacia un llano plano y vasto, que fueron los campos de Belén, y dejé volar mi imaginación.
Me senté allí y dije: «Imagina esa noche, completamente oscura, quizá una pequeña hoguera, irrumpiendo en la oscuridad, estos campesinos sentados por ahí, intentando mantenerse calientes, cuidando de sus rebaños; y todo el cielo se desata con la gloria de Dios brillando alrededor mientras el ejército celestial empieza a cantar sobre el nacimiento de Cristo. Oh, ojalá – si hubiera visto eso, habría dicho como Simeón: «Ahora deja que tu siervo se vaya en paz. He visto todo lo que necesitaba ver. Eso es fantástico».
Pero los ángeles están presentes en los momentos, no solo del sufrimiento de Cristo, sino en Su gloria. Lo asisten en la manifestación de Su gloria y de Su exaltación, que son cosas que los grandes santos de los siglos habrían querido contemplar, pero que solo se han dado a unos pocos en la historia de la iglesia. Entonces, dado que los ángeles manifiestan la gloria de Dios – solo cuando la gloria de Dios es eclipsada en una cultura y en la iglesia, los ángeles son descartados como insignificantes; pero donde se honra la gloria de Dios y se sostiene la exaltación de Cristo, vemos cómo están presentes en esos momentos – en el pasado y en el futuro, el ejército celestial, que sirve como escolta del rey.






