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Transcripción
Años atrás, estaba sirviendo en el equipo de una iglesia y recibimos el nuevo currículo para nuestros estudiantes de escuela dominical que la denominación nos había enviado, y el directorio de la iglesia me pidió que leyera el plan de estudios y viera si podíamos usarlo. Mientras leía el plan de estudios, empecé a ver algunas de las cosas que leemos en el Antiguo Testamento donde Dios parece tan fuerte en la manifestación de Su ira, matando a las personas instantáneamente y cosas por el estilo.
El plan de estudios enseñaba esto a los niños. Decía: «Cuando leemos estas historias en el Antiguo Testamento, tenemos que recordar que las cosas realmente no sucedieron así, que estos eran mitos que fueron articulados por los escritores del Antiguo Testamento, porque estos eran judíos que eran guerreros y eran algo tenaces en su belicosidad, etc. Eran primitivos, personas precientíficas que realmente no entendían el amor de Dios. Entonces, debemos entender estos pasajes a la luz de lo que sabemos sobre Dios en el Nuevo Testamento: que Él es un Dios de amor, un Dios de misericordia, un Dios de gracia y un Dios de bondad y nada que ver con este Dios malo del Antiguo Testamento».
Bueno, no hace falta decir que desechamos ese plan de estudios, pero tú oyes este tipo de actitud todo el tiempo, como si hubiera dos dioses diferentes, un Dios del Nuevo Testamento y un Dios del Antiguo Testamento, y simplemente tenemos dificultades para relacionarnos con el Dios del Antiguo Testamento debido a ciertas narrativas que encontramos ahí. Me gustaría llamar la atención a un par de esas historias que leemos en el Antiguo Testamento que hacen que las personas reaccionen tan negativamente al carácter de Dios.
La primera se encuentra en el libro de Levítico en el capítulo 10, y leeré los versículos 1 al 7, esta es la historia de lo que les sucedió a los hijos de Aarón, el sumo sacerdote.
Leemos en el versículo 1 del capítulo 10 de Levítico: «Pero Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus respectivos incensarios, y después de poner fuego en ellos y echar incienso sobre él, ofrecieron delante del Señor fuego extraño, que Él no les había ordenado. Y de la presencia del Señor salió fuego que los consumió, y murieron delante del Señor. Entonces Moisés dijo a Aarón: “Esto es lo que el Señor dijo”».
Ahora, antes de leer lo que Moisés le dijo a Aarón, reconstruyamos la historia. Aquí están los dos hijos de Aarón que han seguido los pasos de su padre. Se han consagrado al sacerdocio y están sirviendo en el altar, y traen este fuego extraño, fuego que no era parte del ritual regular del altar, y como que juegan y experimentan con cosas profanas o seculares, no consagradas, cosas impías.
Y traen estas cosas, y las ponen sobre el altar, y tan pronto como lo hacen, el fuego del altar sale y los consume y los quema hasta morir en el acto.
A veces, cuando la Biblia cuenta historias como esta, la Biblia lo hace de una manera concisa. No completa todos los detalles, pero puedes imaginar cómo se sintió Aarón cuando escuchó que Dios acababa de ejecutar a sus dos hijos por esta broma en el altar.
Entonces, ¿qué hace Aarón? Él va a Moisés, y la Biblia no nos dice qué le dice a Moisés, así que permítanme tener una pequeña licencia aquí, y especular un poco.
Puedo imaginar lo que Aarón le dijo a Moisés. Puedo oír a Aarón entrar en la tienda de Moisés, mirarlo y decir: «¿Qué está pasando? Doy mi vida al servicio de Dios, mis hijos están entregando su vida al servicio de Dios, un pequeño error y Dios los mata en el acto. ¿Qué clase de Dios es este?».
Leamos lo que dijo Moisés: «Moisés dijo a Aarón: “Así habló el Señor, diciendo: Los que se acerquen a mí me tendrán por santo; Y delante de todo el pueblo seré glorificado”». Luego leemos después de esto: «Y Aarón guardó silencio». Es como cuando entró molesto y dijo: «¿Qué está haciendo Dios?». Moisés dijo: «Aarón, ¿no te acuerdas? ¿No recuerdas tu propia ordenación? ¿No recuerdas el elaborado proceso por el que tuvimos que pasar para ser apartados para esta sagrada tarea del sacerdocio? ¿No te acuerdas del mandamiento del Señor cuando dijo: “Seré considerado santo por todos los que vengan a mi presencia, y seré glorificado delante de todo el pueblo”?». Aarón dijo: «Sí», y cerró la boca. Ese fue el final de la protesta. Esa no es la única historia de ese tipo.
No leeré el texto esta vez, pero recuerden que en el segundo libro de Samuel en el capítulo 6, tenemos la historia de Uza. ¿Te acuerdas de él? El arca del pacto estaba siendo llevada a Jerusalén para la celebración. David quería llevarla allá. Entonces, Uza y sus amigos fueron los encargados de transportar el arca del pacto. Recuerden que el arca del pacto era el objeto más sagrado de Israel. Era el trono de Dios, y normalmente el arca se guardaba dentro del tabernáculo en el Lugar Santísimo. Y era allí, en la parte superior del arca del pacto, en el propiciatorio, donde el sumo sacerdote rociaba la sangre en el día de la expiación. ¿Te acuerdas?
También recordemos que el tabernáculo era una gran carpa y cada vez que el tabernáculo se movía de un lugar a otro, había que desmontar la carpa y luego volver a armarla y reconstruirla en su próxima parada. Los coatitas eran ese subgrupo de levitas que eran responsables de mover estos objetos sagrados. Si leen la descripción del arca del pacto en el Antiguo Testamento, cuando se formó por primera vez, el arca del pacto tenía anillos en sus bordes y esos anillos tenían un propósito. Estos postes eran insertados a través de los anillos para que los que llevaban el arca del pacto pudieran ponerse los postes sobre el hombro e ir por el camino, llevando el arca sin tocar nunca el objeto sagrado.
Pero en esta ocasión, tienen prisa por llevar el arca a Jerusalén, por lo que ponen el arca del pacto en una carreta de bueyes. La historia nos dice que mientras la carreta de bueyes avanzaba por el camino hacia Jerusalén, uno de los bueyes tropieza, y la carreta de bueyes empieza a tambalearse, y parece que el arca del pacto se va a caer de la carreta al barro y se iba a dañar, a ensuciar, y eso sería un terrible sacrilegio: permitir que ese objeto sagrado se ensuciara con el barro. Entonces, instintivamente, ¿qué hace Uza? El arca está empezando a caer en el barro, él extiende la mano para estabilizar el arca y tan pronto como la toca, ¿qué dice la Biblia? «Una voz viene del cielo que dice: “¡Gracias, Uza por salvar mi arca!”». No. Eso no pasó. En el momento en que la toca, Dios lo mata en el acto.
Ahora, de nuevo, los críticos vuelven a leer esa historia y dicen: «Bueno, esa es la forma en que la gente primitiva interpretaba los acontecimientos. Lo que realmente pasó fue que Uza, al tocar ese objeto sagrado, estaba tan aterrado que se asustó hasta morir. Tuvo un ataque al corazón y cayó muerto al instante. Porque ciertamente Dios nunca, nunca mataría a alguien solo por estabilizar el arca». Jonathan Edwards predicó sobre este texto hace muchos años, y habló sobre la presunción, el orgullo de Uza, donde Uza asumió que lo que profanaría el arca del pacto sería el polvo en la tierra, olvidando que la tierra está en obediencia a Dios.
No hay nada profano, impío o malvado en el polvo. El polvo hace lo que se supone que debe hacer. Cuando pones agua sobre la tierra, se convierte en barro porque obedece las leyes naturales que Dios ha decretado para la tierra y el agua cuando estas se mezclan. No, aquello que Dios ordenó, tan claramente en Israel, que nunca estuviera en contacto con su trono, con su arca sagrada, no era el barro sino el toque del hombre. Es el toque del hombre lo que afectaría la santidad del trono de Dios. Por eso, Dios había decretado que a ningún ser humano nunca se le permitiría tocar esa arca, y si lo hacían, morirían. Uza la tocó; Uza murió.
De nuevo, todavía luchamos con esto. ¿Por qué Dios hace esto? Un teólogo católico romano, Hans Küng, en uno de sus libros, habla de estos eventos así como de otros, como el diluvio o el herem, que involucró la conquista de Canaán, y lees en el Antiguo Testamento cómo Dios ordenó que los israelitas entraran en Canaán y masacraran a todas las personas que estaban allí, hombres, mujeres y niños, y quemaran sus aldeas, y pusieron un veto sobre estas personas para que no hubiera mezcla entre la cultura pagana de los cananeos con Su pueblo santo. Y si miras las sanciones civiles en el Antiguo Testamento, verás que hay cerca de 35 crímenes en el Israel del Antiguo Testamento que eran delitos capitales que se castigaban con la muerte.
Si ibas a consultar a un adivino, si ibas y te leían la palma de la mano, te mataban. Si blasfemabas el nombre de Dios públicamente, podías ser condenado a muerte. Si eras un niño rebelde, insolente y desobediente a tus padres, podías ser condenado a muerte. Si estabas involucrado en actividades homosexuales, te matarían. Treinta y tantos crímenes fueron delineados como delitos capitales, mientras que en el Nuevo Testamento parece que esa lista se reduce considerablemente y hay una atmósfera completamente diferente en el Nuevo Testamento de tolerancia, paciencia, etc.
Así que, de nuevo, la pregunta con la que Küng estaba luchando, «¿Por qué estos estallidos de furia de Dios en el Antiguo Testamento?». Y no solo en el Antiguo Testamento, sino también en el Nuevo Testamento, recuerden a Ananías y Safira, cuando le mintieron al Espíritu Santo en el libro de Hechos, ¿qué hizo Dios? Los ejecutó en el acto. Hans Küng dijo: «Esto es lo que pasa. Creemos que la lista del Antiguo Testamento de 35 pecados de delitos capitales es cruel, severa, dura y bárbara en contraste con el Nuevo Testamento, donde es tan amoroso y bueno, olvidando que el número de delitos capitales que se encuentran en el Antiguo Testamento ya representa una reducción masiva en el número de delitos capitales».
Hans Küng nos recuerda que al principio, en la creación, cada pecado es una ofensa capital. Dios dijo al principio: «El alma que peque, esa morirá». Si Dios tratara a la raza humana estrictamente según Su justicia, cada uno de nosotros habría sido ejecutado hace mucho tiempo. Pero Küng dice que lo que sucede es que Dios no instituye la pena de muerte por cada pecado que la merece. Realmente no creemos que merezcamos ser asesinados por nuestros pecados, ¿verdad? Hay pocos crímenes que son crímenes capitales en Estados Unidos, el asesinato aun es, pero hay otro, amigos, alta traición, y Dios es el rey del universo. Y cada vez que nos negamos a obedecer su ley, estamos cometiendo traición.
Nos estamos erigiendo en poseedores de más autoridad que Él. Y estamos diciendo: «Tú no tienes derecho a gobernarme, y no solo voy a hacer lo que yo quiero hacer en lugar de lo que Tú quieres, sino que te desafío a hacer algo por mí. ¡No me vas a matar!». Y dice que la forma básica en que Dios se relaciona con Su pueblo después de la caída es con su paciencia, con su misericordia, con su gracia, con su ternura y en lugar de matarlos cada vez que pecan, es misericordioso y muy paciente con ellos. La Biblia dice que esa paciencia que Dios nos da tiene el propósito de darnos tiempo para arrepentirnos, para alejarnos de nuestra rebelión hacia Él. Pero en cambio, lo que sucede es que cuanto más bueno es Dios con las personas, más duros se vuelven nuestros corazones, más insensibles nos volvemos en nuestra pecaminosidad
De hecho, Jeremías dijo esto a los hijos de Israel: «Pero tú tenías frente de ramera». ¿Qué quiso decir? Dijo: «¡Has perdido la capacidad de sonrojarte!». ¿Cómo crees que se sintió esa ramera la primera vez que tuvo relaciones sexuales prohibidas por Dios? Probablemente estaba enferma del estómago, sus manos quizás temblaban porque ahora tenía una crisis de identidad, porque se dio cuenta de que había quebrantado la santidad de Dios. Pero lo hizo de nuevo y no se sintió tan mal la segunda vez, animó a sus amigas a participar, consiguió que su cultura lo aceptara y, tras repetidas infracciones, ahora podía participar en el peor tipo de actividad sexual y ni siquiera sonrojarse por ello.
Eso no sólo es cierto sobre las rameras; eso también es cierto sobre el ser humano que se aprovecha de la misericordia de Dios. Entonces, lo que Küng dice es que debido a que hacemos esto, de vez en cuando en la historia redentora, Dios envía su justicia en lugar de su misericordia para recordar a la gente la diferencia entre justicia y misericordia. Es posible que nunca llegues a ser teólogo profesional, pero si hay dos conceptos en la Biblia que necesitas aclarar en tu mente, son estos dos conceptos, así como la diferencia entre estos conceptos: justicia y misericordia.
Mi ilustración favorita de eso data de cuando enseñaba en una universidad hace cien años. Estaba enseñando a una clase de estudiantes de primer año la introducción al Antiguo Testamento, y tenía en clase 250 estudiantes. La única sala que era lo suficientemente grande en el campus para tener 250 estudiantes en una clase, era la capilla. Entonces, el primer día de clases de los estudiantes tenía que darles las instrucciones y el plan de estudios, y les dije: «Tenemos tres trabajos durante el transcurso del semestre. El primero vence el 30 de septiembre al mediodía, el segundo el 30 de octubre, el tercero el 30 de noviembre». Se los recalqué otra vez: «Lo quiero en mi escritorio a las 12 en punto del día fijado a menos que estés en la enfermería o el hospital, o haya una muerte repentina en tu familia. ¿Todo el mundo claro? Bien. Si no lo entregas en ese día, lo que obtienes es una ‘F’ para esa tarea. ¿Todos lo entienden?». Ellos entendieron.
Llegó el 30 de septiembre, 225 estudiantes vienen con su trabajo final de manera diligente y apropiada. Veinticinco estudiantes temblorosos están en la parte de atrás de la sala, muertos de miedo porque no tienen sus trabajos listos. «¡Ay, profesor Sproul! No calculamos bien el tiempo. No hicimos la transición del colegio a la universidad como se debía. Por favor, no nos suspenda por esto, denos dos días más para terminar el trabajo, y nunca dejaremos que vuelva a suceder». Les dije: «Está bien, lo haré, pero será mejor que tengan su trabajo a tiempo la próxima vez». «Oh, lo haremos».
Llegó el 30 de octubre, 200 estudiantes entraron a clase con sus trabajos finales. Cincuenta de ellos no lo tenían. «¿Dónde están sus trabajos finales?». «Ay, profesor, esta era la semana de regreso a casa y todos estábamos con la emoción de ir allá. Además, teníamos todos estos exámenes parciales y todos los profesores tenían trabajos pendientes, y lo sentimos mucho, pero los tendremos hoy. Por favor, denos una oportunidad más», me rogaron. Dije: «Está bien, pero esta es la última vez. Si no lo recibo el próximo mes a tiempo, es una F de seguro. ¿Entendido?». ¿Sabes lo que hicieron? Comenzaron a cantar espontáneamente: «Lo amamos profesor Sproul, ¡sí, sí, lo amamos!». Yo era el Sr. Popularidad en la facultad porque les di una oportunidad por segunda vez.
Llegó el 30 de noviembre. ¿Qué creen que pasó? Exacto, 150 estudiantes vienen con su trabajo final y 100 de ellos no lo tienen. Y están entrando tranquilos por la puerta de la capilla, con toda la naturalidad del mundo. Yo digo: «¡Ey! ¿Dónde están sus trabajos?». Dicen: «Profe, no se preocupe. ¡Tranquilo! Los tendremos en un par de días. No se preocupe por eso». Y empecé: «Castro, ¿dónde está tu trabajo final?». Él dijo: «No lo tengo». Tomé mi pequeño cuaderno negro, el objeto más temido que tiene el profesor, y lo abrí en la C para Castro. .Castro, F». «Méndez, ¿dónde está tu trabajo?». «No lo tengo, señor». «Dije Méndez, F». «López, ¿dónde está tu trabajo?». «No lo tengo». «F».
Ahora, ¿qué creen que gritaron? «Eso no es…», qué, díganme. «¡Justo!» Dije: «¿Qué dijeron?». «Decimos que eso no es justo». Respondí: «Castro, ¿acabas de decir: “Esto no es justo”?». Dijo: «Sí». Oh, «¿Recuerdo correctamente, Castro, que tú tampoco entregaste tu trabajo a tiempo el mes pasado?». Él dijo: «Así es». Dije: «Está bien, lo último que quiero con ustedes es ser injusto.
Castro, si es justicia lo que quieres, es justicia lo que tendrás». Abrí el cuaderno y dije: «Voy a cambiar la calificación del mes pasado a tu calificación justa, F». Pregunté: «Ahora, ¿quién más aquí quiere justicia?». Nadie levantó la mano.
Lo que sucede es que nos acostumbramos a la gracia de Dios. Al principio, nos sorprende. La segunda vez, no estamos tan sorprendidos. A la tercera o cuarta vez, comenzamos a esperarlo. Luego lo asumimos, y luego lo exigimos y nos enojamos si no lo conseguimos. Porque la mayor distorsión en nuestro pensamiento, queridos amigos, es creer que Dios nos debe misericordia, que Dios está de alguna manera obligado a ser misericordioso con nosotros. Pero piensen esto. En el momento en que se te ocurra la idea de que Dios te debe misericordia o gracia, deja que suene una campana en tu cerebro que diga: «¡Ay, estoy confundiendo estos conceptos!». Porque la gracia, por su propia definición, es voluntaria. No requiere que Dios sea misericordioso. Se reserva el derecho de ser misericordioso con quien Él es misericordioso, y de tener gracia con quien Él quiera tener gracia.
Puedes suplicar por gracia, puedes suplicar por misericordia, pero nunca, nunca puedes exigirla. Puede que se requiera la justicia, pero nunca, nunca la misericordia. Y es así porque Dios es santo y cada vez que retiene la justicia, Él está dando gracia. Si Él no fuera santo, entonces tal vez Su gracia no sería realmente gracia. Pero ese es el punto de las Escrituras. Lo que Moisés le estaba diciendo a Aarón es: «En esta ocasión, Aarón, Dios no tuvo misericordia de Nadab y Abiú. Él fue justo». En esta ocasión, Dios no fue misericordioso con Uza. Fue justo. Y lo único que les advierto, por favor nunca le pidan a Dios justicia. Podría dársela y sería lo más terrible que les pudiera pasar.






