Renovando Tu Mente | Daniel
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Transcripción

Notamos que la pregunta a la que se enfrentaban esos judíos que habían sido deportados a Babilonia era la siguiente: ¿Cómo cantaremos el cántico del Señor en tierras extrañas y lejanas? Ahora, lo que estos judíos estaban experimentando en este punto de la historia había sido experimentado mucho antes en su historia, en el caso de un hombre que había sido exiliado y deportado a otra tierra, pero en su caso, él estaba solo.

Él no tuvo la comunión de los santos para apoyarlo en su cautiverio. Y estoy pensando, por supuesto, en la vida de José, en el Antiguo Testamento, cuando fue enviado a la tierra de Egipto y terminó en la cárcel por muchos, muchos años.

Y lo que fue capaz de lanzarlo desde una posición de impotencia en el exilio y ser elevado a la esfera de Primer Ministro de la tierra de Egipto fue el don que Dios le dio para interpretar los sueños.

Recordemos que lo que liberó a José de su condición fue la ocasión en que faraón tuvo un sueño que lo perturbaba y que él no podía entenderlo y todos sus magos y consejeros no fueron capaces de dar una interpretación, hasta que José fue llamado, y José develó el misterio a faraón.

Ahora, el mismo tipo de evento sucede al principio del libro de Daniel. El rey conquistador de los babilonios era Nabucodonosor, y Nabucodonosor tuvo un sueño que le molestaba y le molestaba, y quería saber lo que significaba, pero él no contó el contenido del sueño a los que eran parte de su corte para que lo interpretaran, y nadie fue capaz de revelar el secreto de este sueño.

Leemos en el libro del profeta Daniel, en el segundo capítulo, sobre el sueño de Nabucodonosor y sobre la explicación que da Daniel sobre esto. En el versículo 24 del capítulo 2 leemos esto, «Después fue Daniel adonde estaba Arioc, a quien el rey había designado para dar muerte a los sabios de Babilonia.

Fue y le habló así: No des muerte a los sabios de Babilonia; llévame ante el rey, y declararé al rey la interpretación. Entonces Arioc se apresuró a llevar a Daniel ante el rey, y le dijo así: He hallado a un hombre entre los deportados de Judá que dará a conocer al rey la interpretación».

El rey respondió, y dijo a Daniel, a quien llamaban Beltsasar: ¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que he visto y su interpretación? Respondió Daniel ante el rey, y dijo: En cuanto al misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, encantadores, magos ni adivinos que puedan declararlo al rey.  Pero hay un Dios en el cielo que revela los misterios, y El ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días».

Y luego él procede a decirle el contenido del sueño. En el versículo 31, él dijo: “Tú, oh rey, tuviste una visión, y he aquí había una gran estatua; esa estatua era enorme y su brillo extraordinario; estaba en pie delante de ti y su aspecto era terrible. La cabeza de esta estatua era de oro puro, su pecho y sus brazos de plata, y su vientre y sus muslos de bronce, sus piernas de hierro, sus pies en parte de hierro y en parte de barro.” (Aquí es de donde obtenemos la imagen de pies de barro).

“Estuviste mirando hasta que una piedra fue cortada sin ayuda de manos, y golpeó la estatua en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados, todos a la vez, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro; quedaron como el tamo de las eras en verano», etcétera.

Ahora, en el verso 36: “Este es el sueño; ahora diremos ante el rey su interpretación. Tú, oh rey, eres rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado el reino, el poder, la fuerza y la gloria; y dondequiera que habiten los hijos de los hombres, las bestias del campo o las aves del cielo, El los ha entregado en tu mano y te ha hecho soberano de todos ellos; tú eres la cabeza de oro. Después de ti se levantará otro reino, inferior a ti, y luego un tercer reino, de bronce, que gobernará sobre toda la tierra.

Y habrá un cuarto reino, tan fuerte como el hierro; y así como el hierro desmenuza y destroza todas las cosas, como el hierro que tritura, así él desmenuzará y triturará a todos éstos”.

Él continúa explicando sobre la venida de cuatro reinos específicos. Ahora, ha habido mucha controversia y debate para determinar exactamente los cuatro reinos que se mencionan aquí. Estoy a favor de la posición que sostienen muchos estudiosos sobre los cuatro reinos: el primero está claro. Es el reino de Babilonia. Segundo, después del reino de Babilonia viene el reino llamado medo-persa, ya que los persas conquistaron a los babilonios. El tercer reino que sigue después del reino medo-persa en la civilización antigua fue la conquista griega, el mundo antiguo, que a su vez fue seguido por el imperio romano.

Como dije, hay algunas variaciones sobre este tema que los demás han inventado, pero en su mayor parte, esto parece ser lo que estos cuatro reinos representan. Así que el rey de Babilonia, Nabucodonosor tiene este sueño en el cual se le reveló que su reino iba a caer, e iba a ser seguido por reinos inferiores que serían controlados por la providencia de Dios para llevar a cabo sus propósitos futuros. Sabemos que poco después de la interpretación de este sueño, Daniel, al igual que José antes que él, fue ascendido a una posición de autoridad en el reino, junto con algunos de sus amigos, Sadrac, Mesac y Abed-nego.

Y todos estamos familiarizados, creo, con esa historia, cómo después de eso Nabucodonosor hizo esta magnífica estatua dorada de sí mismo, y exigió que la gente mostrara su reverencia a él inclinándose ante la estatua del rey.

Sadrac, Mesac y Abed-nego no podían hacer eso. Recordemos que una de las principales razones por las cuales vino el juicio de este exilio sobre el pueblo fue debido a que la gente había caído en la práctica de la idolatría.

Ellos habían dado culto a otros dioses y a las imágenes paganas. A pesar de que están en el exilio y que están rodeados de una cultura que no comparte su fe, Sadrac, Mesac y Abed-nego no se comprometen.

Y si hay un mensaje aquí para nosotros, hoy en día, es sobre la devoción y la lealtad de estos hombres al Dios vivo. Entonces, algunos de los babilonios hicieron acusaciones contra los judíos. Ellos halagaban a Nabucodonosor.

Le dijeron: “¡Oh rey, vive para siempre! Tú, oh rey, has proclamado un decreto de que todo hombre que oiga el sonido del cuerno, la flauta, la lira, el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, se postre y adore la estatua de oro, y el que no se postre y adore, será echado en un horno de fuego ardiente.

Pero hay algunos judíos a quienes has puesto sobre la administración de la provincia de Babilonia, es decir, Sadrac, Mesac y Abed-nego, y estos hombres, oh rey, no te hacen caso».

¿Puedes ver lo que está pasando aquí? Algunos de los babilonios están ferozmente celosos de que estos extranjeros hayan sido exaltados a posiciones de estima y autoridad en el reino, y están tratando de ser rigurosos, así que estas personas envidiosas vienen y dicen: ‘Oye, rey, hiciste un decreto para que cualquier persona que se niegue a inclinarse ante la imagen de oro sea echada en el horno de fuego ardiendo, y hay tres de estos extranjeros que no lo están haciendo.’

«Entonces, Nabucodonosor, enojado y furioso, dio orden de traer a Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos hombres, pues fueron conducidos ante el rey.

Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad Sadrac, Mesac y Abed-nego que no servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he levantado?

¿Estáis dispuestos ahora, para que cuando oigáis el sonido del cuerno, la flauta, la lira» y demás, «os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adoráis, inmediatamente seréis echados en un horno de fuego ardiente; ¿y qué dios será el que los libre de mis manos?”

Quiero que recuerdes eso. En su ira y furia y rabia, Nabucodonosor dijo, ‘Yo voy a ponerlos en ese horno, y ¿quién es el dios que podría librarlos a ustedes de eso?’.

Guarda eso en tu memoria, para lo que le sucederá, un par de capítulos más tarde, con Nabucodonosor mismo.

Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron al rey: «No necesitamos darte una respuesta acerca de este asunto. Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has levantado».

Esta es una de las respuestas más heroicas en toda la historia redentora. Lo primero que estos hombres dicen al rey es: ‘Rey, nuestro Dios nos librará de tu horno de fuego, pero si no lo hace, aún así no vamos a inclinarnos ante tu imagen, o violar los términos de nuestro pacto con Dios.

Si Dios nos rescata, bien. Pero no somos seguidores de Dios solo cuando todo anda bien. Estamos preparados a entregar nuestras vidas para serle fieles a Él’. Bueno, eso no hizo exactamente feliz a Nabucodonosor, pues leemos que, «Entonces Nabucodonosor se llenó de furor, y demudó su semblante contra Sadrac, Mesac y Abed-nego.

Respondió ordenando que se calentara el horno siete veces más de lo que se acostumbraba calentar. Y mandó que algunos valientes guerreros de su ejército ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego, y los echaran en el horno de fuego ardiente.

Entonces estos hombres fueron atados y arrojados con sus mantos, sus túnicas, sus gorros y sus otras ropas en el horno de fuego ardiente. Entonces, debido a que el mandato del rey era urgente y el horno extremadamente caliente, la llama del fuego mató a aquellos hombres que tomaron a Sadrac, Mesac y Abed Nego; y estos tres cayeron atados en medio del horno de fuego ardiendo”.

Así que calentaron el horno tan caliente que el calor que emanaba de él mató a los guardias que ataron y arrojaron a Sadrac, Mesac y Abed-nego y los arrojaron a esta llama devoradora. Versículo 24, «Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantándose apresuradamente preguntó a sus altos oficiales: ¿No eran tres los hombres que echamos atados en medio del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Ciertamente, oh rey.

El rey respondió y dijo: ¡Mirad! Veo a cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin sufrir daño alguno, y el aspecto del cuarto es semejante al de un hijo de los dioses”. Tengo que pensar que esto es una Cristofanía del Antiguo Testamento.

Esta es una aparición pre-encarnada de la segunda persona de la Trinidad, que vino, no a la cruz, sino al horno, y estaba de pie en la prueba junto con su pueblo fiel y los rescató de la ira de este rey.

«Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y los sátrapas, los prefectos, los gobernadores y los altos oficiales del rey se reunieron para ver a estos hombres, cómo el fuego no había tenido efecto alguno sobre sus cuerpos, ni el cabello de sus cabezas se había chamuscado, ni sus mantos habían sufrido daño alguno, ni aun olor del fuego había quedado en ellos.

Habló Nabucodonosor y dijo: Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego que ha enviado a su ángel y ha librado a sus siervos que, confiando en El, desobedecieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes de servir y adorar a ningún otro dios excepto a su Dios.

Por tanto, proclamo un decreto de que todo pueblo, nación o lengua que diga blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego sea descuartizado y sus casas reducidas a escombros, ya que no hay otro dios que pueda librar de esta manera».

¿Recuerdas lo que dijo antes? » ¿Y qué dios será el que os libre de mis manos?”.  Incluso el rey se da cuenta del carácter de Dios. Una vez más, Nabucodonosor tiene un sueño, y de nuevo Daniel es llamado para interpretarlo, y esta interpretación es del juicio sobre Nabucodonosor.

El texto de la interpretación se encuentra en el capítulo 4, verso 31: «Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando una voz vino del cielo: ‘Rey Nabucodonosor, a ti se te declara: El reino te ha sido quitado, y serás echado de entre los hombres, y tu morada estará con las bestias del campo; te darán hierba para comer como al ganado, y siete años pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y que lo da a quien le place».

Esta es una contienda de reyes. Así como lo vimos anteriormente en la contienda entre Moisés y Dios, y el poder de Egipto y faraón; ahora Dios está diciéndole al rey más poderoso de la época: ‘Veamos quién tiene el poder’.

“El Altísimo domina sobre el reino de los hombres y que lo da a quien le place. En aquel mismo instante se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor: fue echado de entre los hombres, comía hierba como el ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo hasta que sus cabellos crecieron como las plumas de las águilas y sus uñas como las de las aves”. ¿Eso te recuerda a alguien?

Howard Hughes en la demencia de sus últimos años, con las uñas de varias pulgadas de largo; uno de los hombres más poderosos del mundo, reducido a vivir como un animal. Y así Nabucodonosor es humillado en extremo: “Pero al fin de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y recobré mi razón, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su dominio es un dominio eterno, y su reino permanece de generación en generación”.

“Nadie puede detener su mano, ni decirle: ‘¿Qué has hecho?” “Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, porque sus obras son todas verdaderas y justos sus caminos: El puede humillar a los que caminan con soberbia”.

Cuando Nabucodonosor murió, el reino fue transferido y pasaron décadas, y los judíos estaban todavía bajo la opresión de los babilonios, y los judíos estaban todavía bajo la opresión de los babilonios; y luego una de las historias más fascinantes se encuentra en el capítulo 5 de Daniel.

La historia de un rey posterior cuyo nombre es Belsasar. Leemos en el capítulo 5: «El rey Belsasar dio un gran banquete a mil de sus nobles, y en presencia de los mil se puso a beber vino.

Mientras saboreaba el vino, Belsasar ordenó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre había sacado del templo que estaba en Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas.

Entonces trajeron los vasos de oro que habían sido sacados del templo, la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas bebieron en ellos. Bebieron vino y alabaron a los dioses de oro y plata, de bronce, hierro, madera y piedra». ¿Ves lo que está pasando aquí?

Belsasar está lleno de arrogancia y orgullo, y decide tener este gran banquete. Él es el rey de Babilonia y tú debes comprender que la ciudad de Babilonia, de todas las ciudades de la antigüedad, era claramente la fortaleza más inexpugnable de la época.

Sus murallas eran tan gruesas y tan altas, que no tenía puntos aparentes de vulnerabilidad. Y, según los historiadores seculares, incluso durante la celebración de esta fiesta los ejércitos de los persas marchaban hacia Babilonia y pensaban en una forma de sitiar a la ciudad. Eso no le molestaba a Belsasar, porque sabía que no había nada que los persas pudieran hacer para derrotarlos. Ellos tenían suficientes provisiones en esta gran ciudad para muchos años, y podían simplemente esperar a los ejércitos persas; y como dije, las paredes eran inexpugnables.

Así que decide tener un banquete y él tiene a todos sus duques y duquesas, señores y príncipes, y consigue miles de personas para este banquete. Y mientras este banquete continúa y están bebiendo el mejor vino, él ordena que, del botín de la destrucción de Jerusalén, las vasijas sagradas de Dios omnipotente sean utilizadas en esta celebración orgiástica.

Y él toma los vasos sagrados de Dios, los llena con el mejor vino para que puedan brindar por los ídolos paganos, los dioses de oro y de plata. Y mientras que él está en medio de esta celebración arrogante, de repente se da vuelta y ve lo que nadie más en la habitación está mirando, ve una mano que parece estar desprendida, una mano que escribe en la pared.

Palabras extrañas aparecen delante de él, y escuchen el relato de lo que sucede. «De pronto aparecieron los dedos de una mano humana y comenzaron a escribir frente al candelabro sobre lo encalado de la pared del palacio del rey, y el rey vio el dorso de la mano que escribía. Entonces el rostro del rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, las coyunturas de sus caderas se le relajaron y sus rodillas comenzaron a chocar una contra otra».

Es decir, aquí está este poderoso rey desmoronándose. Sus rodillas le tiemblan. Él no sabe lo que significa esto, y llama a sus adivinos para que interpreten la inscripción y no pueden. Las palabras dicen, «Mene, mene, tekel, ufarsin. «Una vez más, finalmente es Daniel, quien es traído para que interprete la inscripción. Daniel le dice al rey: «Esta es la interpretación del escrito. Mene: Dios ha contado tu reino y le ha puesto fin. Tekel: has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso. Peres: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y persas».

Y luego leemos al final del capítulo: «Aquella misma noche fue asesinado Belsasar, rey de los caldeos». No sabemos cómo sucedió. No sabemos cómo los persas conquistaron Babilonia, pero los historiadores seculares de la época dicen que había un arroyo subterráneo que corría bajo el muro de Babilonia, que suministraba el agua a la ciudad y que el comandante persa entendió eso y cerró el paso del río aguas arriba para que tan pronto como el agua dejara de fluir, este gran viaducto bajo la muralla se hiciera transitable.

Y mientras la fiesta continuaba esa noche, el ejército persa se dirigió sin obstáculos bajo los muros de Babilonia y sorprendió al rey y a sus nobles, mientras estaban en estado de ebriedad y estupor; y fueron conquistados.

Esta es la historia de la providencia de Dios, que otorga reinos y los hace desaparecer, eleva reyes y los hace caer. Y Daniel dice que el futuro del pueblo de Dios no está en manos de los babilonios, sino en las manos de Dios.