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Transcripción

En esta sesión llegamos al libro de Job y aquí vemos una extraordinaria manifestación de la soberanía de Dios, ¿no es así? Aquí vemos la soberanía de Dios sobre el sufrimiento, pero también vemos que se enseñan algunas de las verdades de las doctrinas de la gracia y eso no debería sorprendernos porque como ya he dicho la luz brilla con el máximo resplandor en las tinieblas, ¿no? 

Mientras más oscura es la noche más brillante es la luz, este es un libro sombrío, aquí hay algunos momentos sombríos y a medida que se expresa la verdad, brillará con gran resplandor y hay algunas verdades en el libro de Job que necesitamos entender, porque en este contexto cuando él pierde sus posesiones, sus riquezas, sus hijos, sus hijas, su salud, hay algunas declaraciones que brillan con gran resplandor y muy intensamente, que necesitamos ver. 

Y quiero comenzar simplemente con la verdad general de la soberanía divina.

Recordemos, como he dicho, que esto es realmente el fundamento del templo de verdad y estos cinco pilares, las cinco doctrinas de la gracia reposan sobre este firme fundamento, todas se sustentan en la soberanía de Dios, providencialmente sobre toda la vida.

Y esto lo vemos en el capítulo 1, cuando se descorre el velo y se nos permite ver dentro del cielo, —es un momento muy raro, es uno de los pocos momentos en que escuchamos hablar a Satanás, se nos permite ir detrás del velo y ver lo que ocurre en el cielo mientras estamos aquí abajo en la tierra—, y cuando los ángeles vienen ante el trono de Dios a presentarse ante el Señor, no entiendo esto, pero allí está Satanás, y él viene ante el trono del Señor.

Y ustedes recordarán cómo Dios comienza esto, Dios le dice a Satanás, bueno, te has fijado en mi siervo Job porque no hay nadie como él en la tierra, es intachable y recto, y me teme; y Satanás contraataca, —bueno, no es de extrañar que te sirva, tú eres muy bueno con él, cualquiera serviría a un Dios que solo bendice, es decir, como recordarán él era el hombre más rico en ese lugar de la tierra, tenía hijos, hijas, posesiones, está caminando en el lado soleado de la avenida, ¡aleluya!, es decir, todo está donde debe estar en su vida.

Eso no estaba en mis notas— ¡ha! 

Y Satanás dice, bueno quita tu mano de bendición y déjamelo a mí, y no te va a alabar, te va a maldecir, así que Dios le dice: muy bien quitaré mi mano de protección y tú puedes ir en su contra, —y recordarán cómo en un día, los sabeos y los caldeos, y todas las invasiones, y pierde todo su ganado y luego de la nada aparece ese tornado que derriba la casa, donde probablemente estaban celebrando algún cumpleaños y estaban todos juntos, y los siete hijos y tres hijas simplemente mueren en un instante.

Y los mensajeros comienzan amontonarse en el frente de esta casa destruida, solo yo escapé para darte la noticia y Job dice: el Señor me dio, el Señor me quitó, bendito sea el nombre del Señor, él confió en la soberanía de Dios, él confío en la obra providencial de Dios sobre su vida.

Y luego Satanás aparece por segunda vez y dice, bueno, si tan solo quitaras tu mano, déjame con él un poco más, —entonces Dios quita el cerco y trae todo tipo de llagas, y enfermedad física sobre Job, y fue Dios quien comenzó todo esto, no porque hubiera algo malo en la vida de Job, porque todo está bien en la vida de Job, él era el hombre más justo sobre la faz de la tierra. ¡Qué extraña y misteriosa es la obra soberana del Dios todopoderoso!

Y conforme avanza el libro vemos más declaraciones de la soberanía de Dios, una a la que quiero traer especialmente a vuestra atención, está en Job 14, versículo 5 donde leemos: ya que sus días están determinados, es decir, cada persona tiene un número predeterminado de días para vivir aquí en la tierra, y a partir de otros pasajes sabemos que Dios designa el día de nuestro nacimiento y Dios designa el día de nuestra muerte, y Él ha contado nuestros días y ha determinado el número de días que tenemos que vivir aquí en la tierra.

Yo creo que eso es bastante soberano en su control de nuestras vidas, y yo creo que esto nos ayuda a aceptar la muerte de un ser querido al saber que fue en el momento preciso, que fue el momento que Dios había determinado para que esa persona estuviera aquí, y fue perfecto y fue sabio.

Pero consideremos el resto de este versículo, ya que sus días están determinados —usted podría decir, pero podría añadir unos cuantos días más, quizás añadir al número de días determinados, el número de sus meses te es conocido, —ese “te es conocido” se refiera a Dios— y has fijado sus límites, el número limitado de tiempo que tenemos aquí en la tierra, y has fijado sus límites para que no pueda el hombre pasarlos.

No podrá vivir un día, ni un mes más, del número de días que Dios ha determinado que tú vivas sobre la tierra, y no es solamente el número de días que está ordenado por Dios, es todo lo que sucede en cada uno de esos días, está ordenado también por Dios.

Efesios 1, versículo 11, continuará diciendo que Dios todo lo hace según el designio de su voluntad, no es el diablo el que está en los detalles, Dios está en los detalles, y luego al final de este libro Job 42, versículo 2, Job dice, yo sé bien que todo lo puedes, que no hay nada que tú no puedas realizar.

Job llega al punto donde se postra humildemente ante el Señor y reconoce, en Job 42, versículo 2, que no hay nada que Dios no pueda hacer, el hombre planifica su andar, pero Dios dirige sus pasos, nosotros debemos planificar nuestro andar, pero la ejecución de sus planes depende del Señor, y el Señor es libre para cambiar nuestros planes porque él no cambiará sus planes para nuestras vidas. 

Bueno, como se podrían imaginar, en este libro de Job las declaraciones que tenemos específicamente sobre las doctrinas de la gracia tienen relación con la doctrina de la corrupción radical y la depravación total porque este es un libro oscuro, y aparecen muchas cosas respecto a la depravación del hombre, pero tenemos que ver esto, porque no ayuda a entender la necesidad de la elección soberana y la necesidad del Llamado Irresistible de Dios, puesto que vemos lo malo que es el hombre, eso nos hace ver lo grande que es Dios y lo glorioso que Dios es.

Así que, es como el fondo de terciopelo negro cuando uno va a la joyería, —recuerdo cuando compré el anillo de compromiso de mi esposa, y yo fui allí y sacaron un diamante, y yo lo miré y se veía bien, y el vendedor me dijo, espere un momento, consiguió una tela de terciopelo negro y lo puso sobre el mostrador, y con las pinzas tomó el diamante y lo colocó sobre el terciopelo negro, fue como si el diamante hubiera estallado ante mis ojos y cada luz del techo de toda la sala fue dirigida hacia el diamante, y se encendió como el sol.

El fondo de terciopelo tiene un gran valor para hacer que el diamante destelle con mayor esplendor, así que necesitamos estos versículos porque ellos hacen que la gracia salvadora de Dios destelle ante nuestros propios ojos, tenemos que ver lo malo que fue antes de que podamos ver lo grandioso que es. Si no vemos esto, entonces no es sublime gracia, es gracia para bostezar, no es algo tan grande, pero cuando vemos esto nos hace ver nuestra salvación y los resultados de la gracia soberana de Dios de una forma que nuestro corazón está a punto de saltar de nuestro pecho por la emoción. 

Así que quiero llevarles algunos de estos pasajes, Job 4, versículo 17, este es el primer discurso de Elifaz, y en Job 4, versículo 17, Elifaz, —ya saben Elifaz el exterminador, con amigos así ¿quién quiere enemigos?, esto es lo que dicen, ¿pero saben qué? Incluso un reloj que no funciona está correcto dos veces al día, e incluso, consejeros como estos expresan cosas verdaderas, el problema es que solo era una carta dirigida a la persona equivocada, ese es el problema.

Pero ¿es el hombre justo delante de Dios? Es una pregunta retórica. La respuesta es que es tan obvia que no necesita ni siquiera darla, y la respuesta claramente implica una negación, ¡no! El hombre en sí mismo es injusto delante de Dios; y la segunda pregunta retórica ¿es el hombre puro delante de su Hacedor? ¡Y por supuesto, la respuesta es no! No podemos purificarnos nosotros mismos, no podemos limpiar nuestro pecado, no podemos restregar la mancha de la culpa contra nuestra alma para quitarla, podemos mancharla, pero no podemos sacar la mancha. 

En Job capítulo 9, versículo 2, esta es la respuesta de Job a Bildad, también conocido Bildad el detonador, —una vez más con amigos así, ¿quién necesita enemigos?—, y en Job 9, versículo 2, esto es verdad y lo sé, es eso algo, como decir, de cierto de cierto les digo, esto es verdad y lo sé.

¿Cómo puede el hombre justificarse ante Dios? Es una pregunta retórica, en realidad es una declaración, es una declaración de que el hombre por sus propias obras y sus propios esfuerzos no puede justificarse delante de Dios porque su propio pecado siempre lleva a cabo su propia condenación.

Ningún hombre puede justificarse a sí mismo ante Dios, tal como no podríamos causar nuestro propio nacimiento físico, tampoco podemos llevar a cabo nuestro nacimiento espiritual, tampoco podemos realizar nuestra propia justificación ante el Dios del cielo, así que si hemos de ser justos delante de Dios —y debemos serlo para entrar en su presencia— entonces alguien más debe hacerlo en nuestro lugar, y la realidad es que Dios lo ha hecho, somos salvados por Dios de parte de Dios para Dios, solo Dios podría salvarnos de sí mismo, y la única forma en que podemos justificarnos ante Dios es que Dios nos justifique ante Él. 

Por favor, vamos a Job 14, versículo 4, esta es la respuesta al tercer amigo Zofar, también conocido como Zofar el Zelote, y en Job 14, versículo 4, leemos otro devastador versículo acerca de la depravación del hombre, ¿y saben qué? Cuando uno se encuentra en una prueba y un tiempo de adversidad, no es momento para un mensaje adulador, no es un momento de una charla ligera, no es momento para concesiones filosóficas.

Cuando uno está lastimado y en el dolor de la vida, es allí donde realmente hay un momento para una conversación directa, es momento para ir al grano, es momento de ir al punto, es el momento para no irse por las ramas.

Así que no nos sorprende encontrar a Job diciendo las cosas como son mientras está sentado en las cenizas, sentado en esta durísima prueba de la vida, él dice ¿quién hará algo limpio de lo inmundo? Y el propio Job responde: ¡nadie! ¿Quién que sea impuro puede purificarse? 

Y la idea no es física, sino espiritual ¿quién es espiritualmente impuro? Todos somos espiritualmente impuros, la mancha del pecado ha contaminado nuestros ojos, nuestros oídos, nuestras manos, nuestros pies, nuestro corazón, nuestra lengua, nuestra boca, todo lo que hacemos. 

Yo escribo con una pluma fuente, algunos de ustedes lo saben, si me cae un poco de tinta en la mano todo lo que toco se mancha de negro, mi esposa se enfurece, cae en mi camisa blanca, en mi nariz, en mi corbata, en una servilleta, todo lo que toco tiene la mancha de tinta porque está en mí —eso es diez mil, diez mil veces más cierto con el pecado, yo soy impuro, tú eres impuro y todo lo que tocamos y hacemos está manchado por el pecado. 

Así que la pregunta en cuestión es ¿quién puede purificar lo impuro? Y la respuesta es nadie, ningún Papa, ni persona, ni evangelista, ni pastor, nadie puede purificarnos salvo el que nos hizo y el que envió a su Hijo a este mundo a morir en la Cruz por nuestros pecados. Estamos tan manchados por el pecado que no podemos limpiarnos a nosotros mismos. 

Miren el capítulo siguiente, Job 15 es el segundo discurso de Elifaz, cada uno de estos tres amigos da tres discursos, cada uno, y esta es la razón por la que Job comenzó también, y luego estaba tan agotado, y al final quiere discutir con Dios argumentando el castigo no cuadra con el delito cometido, y Dios dame un día en el tribunal y déjame disputar contra ti, y verás que se hizo una injusticia en mi contra, etcétera, etcétera. Es porque sus amigos lo hirieron y lo cansaron tanto —estaba bien hasta que aparecieron sus amigos.

Así que revisen bien quienes son sus amigos ¿eh?, la mala compañía corrompe las buenas costumbres y dañan el sano juicio. Este es el segundo discurso de Elifaz: ¿qué es el hombre?, —dice él— para que sea puro o el nacido de mujer para que sea justo —y en este caso él tiene razón, comienza con la premisa correcta, pero hará una mala aplicación y llegará a una conclusión errada.

¿Qué es el hombre para que sea puro o el nacido de mujer para que sea justo? Toda persona nacida de mujer es injusta, no importa si comienza a ir a la iglesia nueve meses ante de nacer, no importa si creció en la iglesia dentro del vientre de su madre, no importa si fue rociada cuando era infante, no importa si creció en una familia cristiana, hemos nacido injustos, y nacimos separados de Dios en una urgente y desesperada condición de necesidad de que nuestro corazón sea circuncidado, y de ser introducido en el Reino de Dios.

Así que véanlo de nuevo, ¿qué es el hombre para que sea puro o el nacido de mujer para que sea justo? Y la respuesta es que ninguno puede hacerlo, he aquí, en otras palabras, deben mirarlo atentamente, esto no se puede pasar por alto, Dios no confía en sus santos —refiriéndose a ángeles—, ahora bien, los ángeles viven en un estado inocente y Dios ni siquiera confía en ángeles inocentes elegidos, ni los cielos son puros ante sus ojos, cuánto menos el hombre, un ser abominable y corrompido que “bebe como agua la iniquidad”. 

El problema moral del hombre va mucho más profundo que sus meras acciones externas, su problema no es lo que hace, su problema es lo que él, lo que hace brota de lo que él es, el motivo por el que peca es porque es pecador y tiene una sed insaciable por el pecado, esa es una potente declaración, leámosla de nuevo “bebe como agua la iniquidad”, es una continua sed por el pecado.

Puede que descansemos por un breve tiempo, pero muy pronto volvemos en busca de agua y eso muestra lo inquieto que está nuestro corazón cuando está en un estado no convertido, con respeto al pecado, Elifaz dice la verdad. 

Vamos a Job 25, Job 25 y este será el último pasaje que veremos al estudiar Job, Job 25, versículos 4 al 6, este es el tercer discurso de Bildad —¿les alegran que esté adelantando rápidamente el texto? Una vez prediqué todo el libro de Job, versículo a versículo, y toda la iglesia pensó que estaba en la Gran Tribulación. 

El tiempo de las dificultades de Job, es un libro increíble, puede ser agotador, recuerden, necesitamos el trasfondo de terciopelo negro para que los diamantes que veremos especialmente en la siguiente sesión brillen con gran esplendor. 

¿Cómo puede un hombre, pues, ser justo con Dios? ¿Cómo puede ser limpio el que nace de mujer? En primer lugar, esto implica fuertemente que el hombre necesita ser limpio y necesita ser justificado ante Dios, que nace impuro y no nace justo delante de Dios, si aún la luna no tiene brillo y las estrellas no son puras a sus ojos ¿cuánto menos el hombre? 

Esa larva —refiriéndose a ese gusano que sale del excremento— y el hijo del hombre, ese gusano, si tan solo entendiéramos lo repugnante que es el pecado dentro del corazón, por fuera nos ponemos ropa limpia, por fuera nos arreglamos el cabello, por fuera nos vemos tan bellos y compuestos, pero el hombre mira la apariencia externa y Dios mira el corazón, y cuando Dios mira el corazón de la persona que está afuera del Reino de Dios, la que nunca ha sido llevado por gracia a una relación con Dios, Él ve gusanos, Dios ve lombrices, Dios ve lo inmundo y lo impuro dentro del corazón y en la vida. 

Cuando vemos lo que hace Dios en su gracia salvadora —tomar aquellos que son gusanos miserables, que tienen lombrices en el interior, y los lava y los limpia con la sangre de Cristo y los hace ser una nueva criatura en Cristo, y las cosas viejas pasaron y han llegados las nuevas, entonces vemos la desbordante grandeza de gracia que nos ha sido concedida, esto no es algo pequeño, mientras más alto ponemos a Dios y más bajo al hombre, más bajo es el abismo que la gracia de Dios debe cruzar.

Y la gracia de Dios es tan extraordinaria, cuando vemos lo Santo que es Dios y lo profano que es el hombre, pero para esas personas que tienen a Dios aquí a baja altura y al hombre allá encumbrado, la gracia de Dios es algo tan pequeño, algo muy diminuto, en realidad es nada, pero aquellos que conocemos las verdades de la Escritura y vemos lo infinitamente Santo que es Dios y lo vilmente depravado que es el hombre, vemos el abismo que ha cruzado la gracia para reconciliar al Dios Santo con el hombre pecador, para llevarnos a una relación salvadora con Dios cuyos ojos son demasiados puros para mirar la iniquidad, para recibirnos en su familia y hacernos hijos e hijas.

Esto es extraordinario, que Dios hiciera esto con rebeldes, que Dios hiciera esto con aquellos que tienen gusanos y lombrices en su corazón, y que nos acogiera en sus brazos de amor.

¡Qué grandiosa es la gracia de Dios!