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24 septiembre, 2026¿Quiénes son “los hijos de Dios” en Génesis 6?
En el siglo XX, el erudito bíblico alemán Rudolf Bultmann formuló una extensa crítica de las Escrituras, argumentando que la Biblia está repleta de referencias mitológicas que debían eliminarse para que pudiera tener alguna aplicación significativa para nuestros días. Su principal preocupación eran las historias del Nuevo Testamento, en particular aquellas que incluían testimonios de milagros, los cuales consideraba imposibles. Sin embargo, otros estudiosos han afirmado que el Antiguo Testamento también contiene elementos mitológicos. El principal ejemplo que suelen citar es una historia que, según algunos, guarda paralelismos con los antiguos mitos griegos y romanos acerca de dioses y diosas que, en ocasiones, mantenían relaciones con seres humanos.
En Génesis 6, leemos este relato:
Aconteció que cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la superficie de la tierra, y les nacieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban […]. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos. Estos son los héroes de la antigüedad, hombres de renombre (Gn 6:1-4).
Esta historia sirve como introducción a la historia del diluvio que Dios envió para eliminar de la tierra a toda la humanidad, con excepción de la familia de Noé. Por supuesto, la propia historia del diluvio suele considerarse mitológica, pero esta sección preparatoria, en la que leemos acerca del matrimonio mixto entre «los hijos de Dios» y «las hijas de los hombres», es vista como un mito evidente.
Esta interpretación de Génesis 6 parte de la suposición de que «los hijos de Dios» eran seres angelicales. ¿Por qué algunos intérpretes bíblicos hacen esta suposición? La respuesta sencilla es que las Escrituras algunas veces llaman hijos de Dios a los ángeles, por lo que se da por sentado que la expresión tiene el mismo significado en Génesis 6. Sin duda, esta es una inferencia posible, pero ¿es una inferencia necesaria? Yo diría que no. No creo que este texto enseñe necesariamente que hubo relaciones sexuales entre ángeles y seres humanos.
Vemos, entonces, dos linajes: uno obedecía a Dios y el otro lo desobedecía deliberadamente.
Para comprender este difícil pasaje, debemos examinar el uso más amplio de la expresión «hijos de Dios». Ante todo, se aplica a Jesús mismo: Él es el Hijo de Dios. Como ya señalamos, en ocasiones se emplea para referirse a los ángeles (Job 1:6; 2:1; Sal 29:1). También se utiliza algunas veces para hablar de los seguidores de Cristo (Mt 5:9; Ro 8:14; Gá 3:26). Así, el concepto de filiación divina en las Escrituras no siempre se relaciona con un vínculo biológico u ontológico, es decir, con una relación vinculada al ser. Más bien, se utiliza principalmente para describir una relación de obediencia. Esto significa que Génesis 6 podría estar hablando sencillamente de matrimonios entre quienes mostraban en su vida un patrón de obediencia a Dios y quienes vivían conforme a una orientación pagana. En otras palabras, es probable que el texto describa matrimonios entre creyentes e incrédulos.
El contexto inmediato de Génesis 6 respalda esta conclusión. Tras la historia de la caída en Génesis 3, la Biblia sigue la trayectoria de dos familias: los descendientes de Caín y los de Set. El linaje de Caín se relata en Génesis 4 y muestra una maldad cada vez mayor, que culmina en Lamec. Este fue el primer polígamo (Gn 4:19) y se jactó de emplear la espada con una violencia homicida y vengativa (Gn 4:23-24). En contraste, el linaje de Set, presentado en Génesis 5, se caracteriza por la justicia. A este linaje perteneció Enoc, quien «anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó» (Gn 5:24). También de la descendencia de Set nació Noé, quien era «un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos» (Gn 6:9; ver Gn 5:28). Vemos, entonces, dos linajes: uno obedecía a Dios y el otro lo desobedecía deliberadamente.
Por esta razón, muchos estudiosos del hebreo creen que Génesis 6 no describe el matrimonio mixto entre ángeles y mujeres humanas, sino la unión entre los descendientes de Caín y los de Set. Los dos linajes —uno piadoso y otro malvado— se mezclaron y, de pronto, todos quedaron atrapados en la búsqueda del mal, hasta el punto de que «toda intención de los pensamientos [del corazón del hombre] era solo hacer siempre el mal» (Gn 6:5). No necesitamos suponer que los ángeles invadieron la tierra para comprender este capítulo.
Resolver las dificultades interpretativas de Génesis 6 nos recuerda que debemos ser muy cautelosos al extraer de las Escrituras conclusiones que el texto no necesariamente justifica. Las expresiones «hijos de Dios» e «hijas de los hombres» no nos autorizan suponer que hubo una interacción entre seres celestiales y seres terrenales. Ante un texto difícil como este, debemos examinar con sumo cuidado cómo se emplea su lenguaje en el contexto más amplio de las Escrituras. Este es un principio fundamental: la Escritura debe interpretarse a la luz de la Escritura.

