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Transcripción
En nuestro estudio de la doctrina bíblica de los ángeles, llegamos ahora al estudio de la criatura más malvada de todas, en verdad la que es la esencia de la maldad, cuyo nombre es Satanás. Debo confesar que tengo cierta inquietud y aprensión a la hora de dar clases sobre Satanás. Recuerdo que cuando C.S. Lewis escribió sus famosas Cartas del diablo a su sobrino, testificó después que tuvo que pasar por un grave período de depresión mientras escribía ese libro, y experimentó una aguda sensación de que estaba siendo atacado por el sujeto sobre el que escribía, es decir, por el propio Satanás. Eso siempre me da un poco de temor y temblor cuando empezamos a hablar de Satanás porque una cosa es considerarlo en abstracto, o verlo desde una posición estrictamente doctrinal, pero cuando nos enfrentamos cara a cara con la enseñanza bíblica de Satanás, que es el archienemigo de los santos, hay razones para proceder con gran cautela.
Permítanme empezar diciendo que recuerdo una ocasión en la que estaba enseñando en un aula universitaria y pregunté a los estudiantes cuántos de ellos creían en la existencia de Dios. Tenía 30 alumnos en la clase, y 30 estudiantes levantaron la mano. Luego dije: «¿Cuántos de ustedes creen en la existencia de Satanás?». Y tres de los estudiantes levantaron la mano; y me sorprendió eso, y pregunté: «¿Por qué creen en Dios y no en Satanás?». Inmediatamente pusieron a Satanás en la categoría de brujas, duendes y cosas que hacen «ruido» en la noche, y lo relegaron al ámbito de la superstición.
Dije: «Un momento. Si definimos a Dios como un ser invisible y espiritual que tiene la capacidad de influir en los seres humanos para el bien, y todos ustedes lo afirman, ¿cuál es el problema de hablar de un ser espiritual que tiene la capacidad de influir en las personas para el mal? Es decir, ambos son invisibles, pero al mismo tiempo, tenemos pruebas manifiestas en la historia de la irrupción de un mal indescriptible». De nuevo, cuando insistí sobre esto con los estudiantes, lo que percibí fue que asociaban a Satanás con la superstición, y uno de los estudiantes incluso dijo: «¿Estás diciendo que crees en aquel tipo pequeño con traje rojo, que lleva un tridente, tiene pezuñas hendidas y cuernos que le salen de la cabeza?». Y yo les dije: «No, no creo en Satanás como un hombre con traje rojo, y cosas así».
Pregunté: «¿Pero de dónde sacamos esa imagen de Satanás que vemos en Halloween y que vemos en estas caricaturas cómicas de él?». Dije: «Ese retrato de Satanás – del hombre con traje rojo y mallas, etc., – data de la Edad Media, en una época en la que los cristianos eran muy conscientes de la realidad del mundo espiritual y, en particular, de la realidad de Satanás». Ellos tomaron medidas para defenderse de las artimañas de Satanás; y en sus estudios, querían ver cuál era el punto débil en el carácter de Satanás, y llegaron a la conclusión de que su mayor vulnerabilidad era su orgullo.
Así que en ese momento le atacaron haciendo caricaturas ridículas para burlarse de él. Nadie en la iglesia de aquella época creía jamás que Satanás fuera realmente un tipo pequeño con un traje rojo, un pequeño tridente, y demás. Esa imagen, como he dicho, fue diseñada para alejarlo atacando su orgullo. Tomémonos un tiempo para ver lo que nos dicen las Escrituras sobre Satanás. El nombre mismo «Satanás» significa «adversario», y creo que es un nombre apropiado para él porque eso es lo que es. No es simplemente un archienemigo dado a la maldad, sino que es el enemigo de todo lo bueno. Es enemigo y adversario de todos los que depositan su confianza en Cristo; y, por supuesto, su enemigo más despreciado es el propio Cristo.
Recordamos que en el momento de la caída, cuando Dios respondió a la caída de Adán y Eva declarando una maldición sobre la tierra, una maldición sobre la mujer, una maldición sobre el hombre, también declaró su maldición sobre la serpiente que sedujo a Adán y a Eva y dijo que desde entonces se arrastraría sobre su vientre. Luego hizo la predicción de que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente, mientras que al mismo tiempo, la serpiente heriría el talón de la simiente de la mujer.
A eso lo llamamos el protevangelium, o la primera promesa del Evangelio que llegó en medio de una maldición. Era la promesa de una redención futura, cuando la cabeza de la serpiente sería aplastada. Pero desde ese momento, a lo largo del resto de la historia de la redención, Satanás se manifiesta en las sagradas Escrituras, como un adversario del pueblo de Dios. Ahora, es importante que entendamos que estamos viendo a Satanás desde la perspectiva de nuestra consideración más amplia en esta serie, de los ángeles. Porque en la historia de la iglesia, como ya he dicho, ha habido dos distorsiones serias sobre la persona y la obra de Satanás.
Una distorsión es minimizar su realidad; de hecho, niega su existencia misma y no lo toma en serio como un verdadero adversario espiritual para nosotros. La otra cara de la distorsión es atribuirle mayor poder y mayor importancia de la que realmente tiene. A menudo la iglesia ha sido influenciada por religiones dualistas que ven las fuerzas del bien y el mal, la luz y la oscuridad, como fuerzas iguales y opuestas, compitiendo entre sí por la supremacía definitiva.
Pero la postura bíblica no conoce tal dualismo porque el enfrentamiento entre Dios y Satanás no llega al nivel de conflicto. Satanás es una criatura; es un ser creado. Él siempre y en todas partes está bajo el poder soberano y la autoridad del Creador. De ninguna manera es un adversario que pueda igualarse con Dios. Como criatura, no posee ninguno de los atributos incomunicables de Dios. Cuando hablamos de los atributos de Dios en teología propia, hacemos esa distinción entre atributos comunicables e incomunicables.
Los atributos comunicables son aquellos que Dios posee, que puede traspasar a nosotros, o a sus criaturas, en menor medida. Podemos manifestar bondad, por ejemplo, no la perfección que se encuentra en Dios, sino que Dios, como un ser bueno, comunica la posibilidad de bondad a Sus criaturas. Así que eso es un atributo comunicable. Pero los atributos incomunicables son aquellos que Dios posee, que no solo no se transfieren a la criatura, sino que, francamente, no pueden transferirse a la criatura.
Una de las cosas que Dios evidentemente no puede hacer es crear otro dios porque tan pronto Dios cree un segundo dios, el segundo dios no sería eterno. Sería una criatura, por definición. Tendría un comienzo en el tiempo desde el momento en que el Creador original lo creó. Así que ni siquiera Dios podría crear otro dios porque cualquier cosa que Dios haga, por definición, sería una criatura. Pero a veces, en nuestra preocupación por Satanás, somos rápidos en asignarle atributos que solo pertenecen a Dios. Martín Lutero advirtió a su gente sobre la cruda realidad de Satanás y dijo: «Satanás está tan cerca como tu propia ropa». Si usas camisa, Lutero te advertiría que Satanás está tan cerca de ti como la camisa está de tu cuerpo.
Ahora, no estoy de acuerdo con Lutero en ese punto. Creo que en ese momento, cuando Lutero hablaba de la cercanía y la proximidad de Satanás a las personas, hablaba más desde su propia experiencia que desde su exégesis, porque ciertamente Martín Lutero entendía que, como criatura, Satanás no tenía el poder de omnipresencia o de ubicuidad – porque Satanás, como criatura, no puede estar en más de un lugar al mismo tiempo. Así que no puede estar tan cerca de ti como tu camisa, y al mismo tiempo estar tan cerca de ti como tu camisa, porque no puede estar en esos dos sitios al mismo tiempo.
Pero, por supuesto, hay alguien que aparece en escena en la historia de la iglesia, que es tan crítico para el avance del reino como lo fue Martín Lutero. Puedo comprender que Martín Lutero viviera cada día de su vida con esa camisa diabólica, que le perseguía por todas partes. La experiencia de Lutero, como dije antes, que denominó la Anfechtung de Satanás – el asalto y ataque descontrolado e implacable que el príncipe de las tinieblas estaba lanzando contra él, podemos entender por qué Lutero estaría en la mira del diablo, es decir de Satanás, porque si lograba que Lutero cayera, también caía la Reforma.
Pero creo que podemos encontrar algo de alivio, y – el consuelo es que es poco probable que en nuestra vida nos encontremos alguna vez con Satanás. Tiene gente más importante que atacar. Si va a ir personalmente a cada persona para atacarla, no vendrá tras nosotros; somos de los pequeños. Sin embargo, tiene un grupo de sus secuaces, sus demonios, para hacer el trabajo por él, y puede ser que los tengamos a ellos tan cerca como nuestra camisa, y podemos tener emisarios satánicos sitiándonos, y debemos estar alertas ante eso; pero el propio príncipe – es poco probable que tú y yo nos encontremos con él.
Lo digo porque él no es omnipresente. Ese es un atributo que solo pertenece a Dios. No es infinito; no es omnisciente. Satanás no lo sabe todo. Satanás es una criatura, y está definido por los límites de la condición de criatura. Ahora, recuerden que los ángeles están por encima de nosotros, así que los ángeles tienen más poder que nosotros, quizás más conocimiento que nosotros, y todo eso, pero siguen estando muy por debajo del nivel de Dios mismo. Así que no seamos culpables de atribuirle a Satanás características divinas. En ese caso, lo estaríamos sobreestimando.
Ahora, ¿cómo es él en realidad? Las Escrituras nos dicen mucho sobre su carácter y su ser – lo primero es que, cuando se le presenta por primera vez en las primeras páginas de la Biblia, se le llama «el astuto», «el que era más sutil» o más astuto que todas las demás bestias del campo. Cuando se acerca a Adán y Eva, cuando están en su paraíso edénico, Satanás vino a seducirlos, y vino con gran astucia; y hemos visto esta seducción en otras series, pero déjenme recordarles cómo la serpiente atacó a nuestros primeros padres. Él se acercó a Eva con una pregunta, y la pregunta es: «¿Conque Dios les ha dicho: «No comerán de ningún árbol del huerto?»».
Ahora, la pregunta en cierto sentido es absurda; es ridícula. Dios no había dicho que no podían comer de ninguno de los árboles del huerto; de hecho, Dios había dicho a sus criaturas: «De todos los árboles del huerto pueden comer libremente, con esta excepción». Pero ahora, Satanás viene y dice: «¿Tú no puedes comer de ninguno de ellos?». ¿Y qué tiene de sutil eso? Jean-Paul Sartre, en el siglo XX, cuando expuso sus argumentos contra la existencia de Dios, uno de los argumentos que presentó se basaba en la suposición de la libertad humana; y dijo que si el hombre es verdaderamente libre, Dios no puede existir porque mientras exista un Dios dictando las reglas, por muy pequeñas que sean, si Dios es soberano, entonces el hombre no puede ser autónomo.
Ser autónomo significa ser una regla para uno mismo, una ley para uno mismo, que no rinde cuentas a nadie; y la visión bíblica es que Dios es libre, y crea a Su criatura, y da libertad a los seres humanos, pero esas libertades están limitadas por los decretos de Dios. Lo que decía Sartre era que, a menos que seas totalmente libre, no eres realmente libre. A menos que seas autónomo, no eres libre en absoluto. Así que, he aquí un filósofo muy sofisticado del siglo XX dando básicamente el mismo argumento que da la serpiente en el huerto, porque la sugerencia – la sutileza de la sugerencia – es: «Eva, si Dios pone una restricción en este árbol aquí, bien podría haber dicho que no puedes comer de ninguno de los árboles del huerto».
Luego pasa de la sutileza al ataque directo. Pero antes Eva dice: «Nos dijo que podíamos comer de todo esto, pero si comemos de este moriremos», y Satanás contesta: «No morirán, pero serán como dioses». Y eso fue lo apetecible que se puso delante de nuestros primeros padres: no solo la idolatría, sino también la deificación. De nuevo, Satanás es descrito característicamente en las Escrituras como un mentiroso, y se nos dice que es mentiroso desde el principio y que es el padre de las mentiras; y de nuevo, su entrada en la historia redentora está anunciada por la gran mentira que se le dice a Adán y Eva, la cual fue la promesa de autonomía.
«Si realmente quieres ser libre, si comes de eso, estás afirmando tu independencia. Te estás liberando del yugo de este Dios restrictivo, y serás como Dios. Serás divino. Ya no estarás subordinado a Él», lo cual es una mentira; y sin embargo, cada vez que pecamos, creemos en la mentira porque cada vez que pecamos, ponemos nuestros propios deseos sobre los de Dios. Estamos negando el derecho de Dios a reinar sobre nosotros. Con el más mínimo pecado, cometemos traición cósmica porque intentamos derrocar el reinado de Dios sobre nuestras vidas. No permitiremos que Dios reine sobre nosotros, y caemos en esta mentira que nos dieron al principio.
Así que, él es inteligente y astuto. No solo eso, las Escrituras describen a Satanás como increíblemente poderoso. No es rival para Dios. No es rival para el Espíritu Santo. No es omnipotente, pero sí es potente, y es más potente que nosotros. De nuevo, recuerden cuando nuestro Señor le predijo a Simón que él le traicionaría y negaría tres veces, y Pedro protestó y dijo que nunca lo haría. ¿Recuerdan lo que dijo Jesús? «Simón, Simón, Satanás te ha reclamado para zarandearte como trigo. Crees que eres fuerte; eres pan comido, eres pieza fácil para el príncipe de las tinieblas». Satanás es mucho más fuerte de lo que Pedro era, y la metáfora con la que se le describe en el Nuevo Testamento es la de un león rugiente que va buscando a quién puede devorar.
Ahora, el león, en las Escrituras, es siempre la imagen de fortaleza. Su aplicación positiva es la del león de Judá, la del Rey que tendrá la fuerza del rey de las bestias; pero aquí, en su aplicación negativa, Satanás es descrito como un león rugiente, para quien nosotros no somos rivales. Sin embargo, como dije, Satanás no posee el atributo divino de omnipotencia. Su poder es limitado, y hay otra imagen en las Escrituras que sugiere que, por poderoso que sea este león, que intenta devorarnos, su poder y sus artimañas son resistibles. Se nos da esta exhortación: resistan al diablo, ¿y qué hará? Huirá de nosotros.
Así que tengo esta imagen en mi cabeza de este león gigantesco, sigiloso y musculoso cazando, que se acerca gruñendo y mostrando los dientes; pero si le resistimos, su cola se mete entre sus patas y sale corriendo cobardemente del lugar. Al mismo tiempo, se nos dice que el cristiano posee un poder que no es inherente a nuestra humanidad, sino un poder más fuerte que el de Satanás, y es el poder del Espíritu Santo; y se nos dice: «…mayor es Aquel que está en ustedes que el que está en el mundo». Así que cuando estamos armados, cuando estamos cubiertos con toda la armadura de Dios y tenemos el Espíritu Santo que habita en nosotros, por tanto, en esa situación, tenemos el poder de resistir a Satanás y vencerlo.
Me parece interesante, si te gusta cantar Castillo fuerte es nuestro Dios, que está basado en el Salmo 46, ver cuánta atención se pone en esa canción al hecho de que Dios es nuestro castillo fuerte, que Él es nuestra gran fuerza y nuestra defensa contra Satanás, contra un mundo lleno de demonios que amenazan con deshacernos; pero Dios nos ha dado el poder de Su Palabra, el poder de la verdad, el poder del Espíritu – «el Espíritu y los dones son nuestros», y así por el estilo – mediante el cual podemos superar estas fuerzas del infierno.
Tras la muerte de Lutero, su principal discípulo, Felipe Melanchton, decía a sus seguidores en tiempos difíciles, siempre que se desanimaban, les decía: «Cantemos el 46. Cantemos Castillo fuerte». Así que, Satanás es resistido. Pero hay más cosas por saber y entender sobre Satanás, que veremos en nuestra próxima sesión.






