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Transcripción
En el último segmento de nuestro estudio sobre este tema de la autoridad de las Escrituras, analizamos esas afirmaciones que la Biblia hace sobre sí misma. Si recuerdan… Fui rápido en señalar que el simple hecho de que un libro afirme tener su origen en Dios, no significa que tenga ese origen en Dios. Pero el hecho de que se haga la afirmación hace que los riesgos sean extremadamente altos, porque si la afirmación es fraudulenta, entonces la credibilidad de la fuente se pone en duda.
Ahora, mencioné, en la carta de Pablo al segundo Timoteo, o en su segunda carta a Timoteo (solo hubo un Timoteo, no dos), pero en esa ocasión, Pablo dijo que «Toda escritura es inspirada por Dios». Noten que no dijo simplemente: «La Escritura es inspirada por Dios», sino que usó el término toda, como si indicara que habría más de una escritura. Literalmente, en griego, toda la graphe significa todos los escritos, o todos los Escritos Sagrados. Nos da la primera pista de que la Biblia realmente no es una Biblia, en el sentido de que la Biblia no es un biblios o biblion de donde se obtiene la palabra Biblia, que significa libro. No es un libro.
Bueno, es un libro, pero no es un libro. No estoy hablando en contradicciones ni jugando con ustedes. Pero somos conscientes de que la Biblia no es simplemente un libro. Es una colección de libros. Es más una biblioteca que un solo volumen, porque en realidad, la Biblia, como este volumen que sostengo en una mano, está compuesta por un total de sesenta y seis libros individuales. Por eso hablamos del libro de Juan, o del libro de Mateo, o del libro de Romanos, es decir, son entidades individuales que juntas se suman para formar esta vasta colección de sesenta y seis libros que publicamos entre dos tapas.
Por supuesto, los libros de la Biblia fueron escritos por muchísimos autores diferentes, hablando humanamente, y a lo largo de literalmente cientos y cientos de años entre el momento en que se escribió Génesis y el momento en que se completó Apocalipsis, quizás hacia finales del primer siglo. Ahora, ¿cómo es que todos estos libros individuales fueron compilados para formar un único gran libro que llamamos la Santa Biblia? Eso plantea un tema extremadamente importante que hace referencia indirecta a nuestra confianza en la autoridad de la Biblia.
De nuevo, si puedo volver a mi amigo Martín Lutero, en el siglo XVI, cuando insistía en la doctrina de la justificación solo por la fe. Quienes se oponían a Martín Lutero no paraban de citar algunas de las afirmaciones que Santiago hace en su epístola sobre la justificación. Y con el tiempo, Lutero se fue enfadando cada vez más con estas interminables citas de Santiago e hizo la observación que ha sido mencionada diez millones de veces desde que la hizo: que Santiago es una epístola de paja. Otra forma de traducirlo, una epístola muy endeble.
Ahora, desde el conflicto del siglo XX en la iglesia sobre la doctrina de las Escrituras y su autoridad, algunos han argumentado que los reformadores del siglo XVI, por mucha atención que prestaran a la Escritura, realmente no creían que la Biblia estuviera inspirada por Dios. Porque, por ejemplo, si Lutero creía que la Biblia estaba inspirada por Dios, ¿cómo pudo decir que Santiago era una epístola de paja? No diría que algo, donde Dios es el autor, es de paja o una epístola endeble. Allí, cuando la gente hace esa observación, confunde un par de asuntos que hay que distinguir y que hay que distinguir con cuidado.
Debo confesar que a algunas personas les resulta difícil hacer esta distinción, de hecho la confusión sobre este punto es común, incluso entre académicos profesionales, y por eso requiere aún más cautela y cuidado para entenderlo. Lutero, si hubo alguien que creyó en la plena autoridad de las sagradas Escrituras, ese fue Martín Lutero. Martín Lutero comentó que las Escrituras nunca se equivocan. Nunca. Sin embargo, hubo un período en su vida, sobre lo cual cambió de opinión más tarde, en el que tuvo preguntas reales sobre Santiago. Pero la pregunta de Lutero no era sobre si la Biblia era inspirada, sino que la pregunta de Lutero era: «¿Es apropiado que se incluya a Santiago en la Biblia?».
¿Ves la diferencia en esa pregunta? Para Lutero, toda la Biblia es inspirada. Toda la Biblia es cierta, pero ahora él se pregunta: «¿Cuáles son los libros que componen la Biblia?». Esa es una pregunta que trata con lo que llamamos canon. Algunas personas prefieren referirse a la Biblia como la Espada del Señor. Prefiero pensar en ello como el canon: una forma moderna de armamento, por así decirlo. La palabra canon proviene del griego kanón, que significa vara métrica, regla o norma.
¿Recuerdan que antes en nuestra serie mencioné un libro que había leído en la universidad bajo el título ¿Con qué estándar? Bueno, eso es lo que significa la palabra canon — una norma o un estándar con el que se miden o juzgan otras cosas. Pues, históricamente, la colección de libros que juntos conforman la Biblia se llama, o es llamado, el canon de la Sagrada Escritura. Bueno, lo que viene ahora y que quisiera tratar no es algo que vayan a encontrar especialmente emocionante o inspirador, pero espero que sea informativo, porque es algo importante que debemos entender al profundizar en la historia de las Escrituras.
La pregunta del canon es: ¿cómo y por qué proceso, los libros individuales de la Biblia llegaron a ser recopilados y colocados en la Biblia? Escuché a un crítico, o leí a un crítico, que observaba que la Iglesia de Cristo realmente no tuvo una Biblia sino hasta quinientos años después de que Jesús partió. Eso sí es mucho tiempo, ¿no? Así que la Iglesia no tuvo una Biblia hasta quinientos años después de Jesús. Déjenme contarles cómo algunas personas llegan a cifras así. La Iglesia en los primeros cuatro siglos tuvo una serie de sínodos y concilios que se reunían para discutir interrogantes sobre qué documentos debían incluirse en las Sagradas Escrituras. La última reunión de esas discusiones tuvo lugar en el año 397 en el tercer Concilio de Cartago. Es un concilio muy pequeño, pero significativo en la historia de la iglesia. Eso es 397.
Ahora, eso ocurre aproximadamente 370 años, o 365 años después de la muerte de Jesús. Pero, ¿por qué alguien diría 500 años? El asunto funciona así: Estamos a finales del siglo IV, así que alguien pudo haber dicho: «Bueno, la Iglesia no tomó su decisión final sobre qué libros pertenecen al canon hasta principios del siglo V». Ya saben cómo nos enredamos, en el siglo XX o en el siglo XIX, en el XIX o en el siglo XVIII, en el XVIII o en el XVII. El punto es que dices que estamos a principios del siglo V, y lo siguiente que sabes es que son quinientos años. Y no tenemos Biblia. Bueno, eso es una simplificación enorme de lo que realmente ocurrió en la iglesia primitiva.
Como mencioné en nuestra última clase, algunos de los propios escritores bíblicos hacen referencia a otros escritos de los apóstoles, de modo que reconocen incluso en ese momento que pertenecen al estatus o al nivel de las Escrituras. Ahora, otra de las disputas que surgieron de la Reforma fue con respecto a la pregunta: qué pertenece al canon y… y cómo los libros entraron en el canon. Si eres católico romano, o si tienes amigos católicos romanos, y si alguna vez has visto una Biblia católica romana, sabes que hay ciertos libros en esa Biblia que no se encuentran en las Biblias protestantes.
Por ejemplo, la Iglesia católica romana incluye un segmento de literatura que fue escrito en el llamado período intertestamentario entre el cierre del canon del Antiguo Testamento con Malaquías y la apertura del canon del Nuevo Testamento con Mateo. En ese período de cuatrocientos años, hubo algunos libros de gran valor histórico escritos por historiadores judíos y… y gente de sabiduría y demás que se llaman Los Apócrifos. En su mayoría, el cristianismo protestante no ha reconocido los libros Apócrifos como parte de la Biblia, mientras que la Iglesia católica romana sí reconoce a los Apócrifos como parte de la Sagrada Escritura. Tanto así que la Iglesia católica romana puede decir: «La Biblia dice…» y luego dar una cita del libro de Macabeos o de Segundo de Esdras o alguien así, donde el protestante no citaría esas fuentes y diría: «La Biblia dice».
Reconocemos que los Apócrifos son lo que llamamos deuterocanónicos. Eso significa… deutero significa a nivel secundario, no primario. Su canon principal son los libros del Antiguo Testamento y los libros del Nuevo Testamento, los Apócrifos, como mucho son de segundo nivel. Son importantes históricamente hablando, pero nada nos lleva a afirmar que los Apócrifos estén inspirados o sean la Palabra de Dios o algo por el estilo. ¿Pero por qué esta diferencia? ¿Cómo sucedió esto? Bueno, hay una diferencia en la perspectiva de todo el proceso.
Sabemos, como mencioné antes, varias reuniones dentro de la Iglesia se celebraron, en los primeros cuatro siglos, para discutir asuntos relacionados a qué libros deben estar en la Biblia. Y la crisis fue provocada a mediados del segundo siglo por un tal Marción. ¿Cuántos de ustedes han oído hablar de este hombre? Marción. La mayoría no. Ok. En español se pronuncia casi como «marciano», pero él no es de otro planeta. Marción vivió en el siglo II y estuvo fuertemente influenciado por un grupo de pensadores heréticos llamados gnósticos, etc. Pero aquí… está el interesante punto de vista que tenía Marción.
Marción odiaba al Dios del Antiguo Testamento. Creía que el Dios del Antiguo Testamento, el Dios de la ira, de juicio y todo ese tipo de cosas era un Dios que no era digno de la adoración, reverencia y respeto de Marción, y no creía que Jehová en el Antiguo Testamento fuera realmente Dios. Él creía que era el Creador del mundo, pero Marción creía que la deidad del Antiguo Testamento, Jehová, no era el Dios Supremo, el Dios Altísimo, sino una especie de dios de segundo nivel.
Hay que entender algo de la filosofía neoplatónica para entender estos diferentes niveles de deidades, pero en resumidas cuentas, su convicción era que el Dios del Antiguo Testamento era lo que se llamaba un demiurgo, una especie de semidiós, mini dios, una deidad de nivel inferior, no el Dios supremo. Y que Jesús, en el Nuevo Testamento, revela al Dios supremo y rescata la tierra de las garras de esta deidad de segundo grado, este demiurgo, que es tan cruel y desagradable que encontramos en el Antiguo Testamento. Pero el verdadero Dios es un Dios superior a Jehová, y es un Dios de amor, bondad y misericordia, no como el que ahoga a la gente con un diluvio y demás en el Antiguo Testamento.
Así que, para comunicar su teología a las masas, este Marción produjo el primer canon oficial del Nuevo Testamento. Pero era la versión depurada de Marción de la Biblia. Solo incluyó libros en el Nuevo Testamento que fomentaban y defendían su idea de distinguir entre el Dios amoroso del nuevo pacto y el Dios mezquino y desagradable del Antiguo Testamento. Por ejemplo, Mateo no sería incluido porque Mateo siempre citaba del Antiguo Testamento. Y él incluso… incluso cortaba pasajes de Lucas y otros Evangelios donde en cualquier momento el escritor del Evangelio hacía… que Jesús dijera algo halagador sobre Jehová en el Antiguo Testamento.
Bueno, eso tenía que salir, así que Marción nos dio la primera versión de la Biblia con tijeras y pegatina, en la que trató de juguetear con los escritos de los apóstoles y descartar lo que no le gustaba, y mantener lo que sí le gustaba, y manipular las fuentes. Esa es la crisis teológica que obligó a la Iglesia en el siglo II a decir: «Espera un momento. Vamos a elaborar una lista que reconozcamos como la lista completa de los libros inspirados del Nuevo Testamento». Ahora, ni siquiera esto es para sugerirles, damas y caballeros, que la Iglesia no tenía una Biblia sino hasta mediados del segundo siglo. Ya lo he llevado desde el año 500 hasta el 150 … d.C. Pero quiero ir más atrás aún.
No hay duda, históricamente, de que desde el momento, por ejemplo, en que Pablo escribió Romanos y circuló en la Iglesia primitiva, que la Iglesia reconoció Romanos como la Palabra de Dios, como Sagrada Escritura. No hay duda, de que cuando las personas… las personas que vivían y escribían a finales del primer siglo, los llamados padres subapostólicos… cuando citaban los escritos del Nuevo Testamento, de los Evangelios, de los escritos de Pablo, por ejemplo, los citaban como autoridades bíblicas. Así que sabemos, como registro histórico, que la mayor parte de la literatura del Nuevo Testamento que se encuentra en el canon del Nuevo Testamento funcionó como escritura sagrada desde el principio mismo de la vida de la Iglesia. Es muy importante que podamos entenderlo.
Ahora, en cuanto a la gran mayoría de los libros del Nuevo Testamento, nunca hubo duda en la mente de la Iglesia sobre si estos libros pertenecían o no a la sagrada Escritura. Pero, los hechos históricos dejan claro que hubo algunos libros en el Nuevo Testamento, sobre los cuales, en distintos momentos de la historia, la Iglesia tuvo dudas sobre si estos libros realmente deben estar en el canon. Se plantearon preguntas sobre el libro de Judas. Ocupa menos de una página del Nuevo Testamento. Se plantearon preguntas sobre 2 Pedro. Se plantearon preguntas sobre Primera, Segunda y Tercera de Juan. Estas son las partes más pequeñas del Nuevo Testamento.
Se plantearon preguntas sobre el libro de Hebreos. La razón es que el libro de Hebreos, en Hebreos capítulo 6, parece sugerir que las personas pueden perder su salvación, y eso pareció tan extraño, por todo lo demás que la Biblia enseña sobre ello, que la gente empezó a preguntarse, ¿realmente debe estar ese libro? Así que convocaron los concilios y se reunieron los sínodos. Examinaron, investigaron y clasificaron. Escuché a otro académico decir: «¿Cómo sabemos con certeza que los libros correctos entraron en la Biblia, cuando había más de dos mil libros que pretendían ser autoridad bíblica?». Y acabas con, ¿qué?, veintisiete en el Nuevo Testamento. ¿Cómo sabemos que tenemos los veintisiete libros correctos?
Las probabilidades son bastante fuertes en contra, ¿no? Seguro pensarías que si entre nosotros hubo dos mil candidatos y solo 27 entraron, es muy posible que algunos de los que entraron deberían estar fuera, y algunos de los que quedaron fuera deberían estar dentro. Amados, si miran el proceso histórico de estos 2000 libros, hubo 2 o 3 libros que recibieron la más mínima consideración seria para su inclusión en el canon — El pastor de Hermas, Primera de Clemente — libros escritos a finales del primer siglo. Son magníficos como literatura, y básicamente son teológicamente sanos. La razón por la que esos dos libros no se incluyeron en el Nuevo Testamento es porque los propios autores indican una clara diferencia entre la autoridad que ellos tenían y la autoridad de los Apóstoles.
En otras palabras, se descalificaron a sí mismos de ser incluidos. Pero el resto de los 1898 o 1998, damas y caballeros, nunca fueron considerados ni por un momento porque eran puros fraudes gnósticos, y todo el mundo lo sabía. Pero, en todo caso, hubo algunos libros que acabaron en el canon del Nuevo Testamento sobre los que hubo preguntas, así que la pregunta que nos queda ahora es, ¿cómo sabemos que esta es la Biblia correcta? ¿Cómo sabemos que los libros que hay ahí dentro deben estar ahí? La Iglesia católica romana tiene una solución algo sencilla al problema. Como la iglesia es infalible, y la iglesia tomó la decisión de cuáles libros deben estar en el canon, entonces, no tenemos que preocuparnos, sabemos con certeza que los libros adecuados están ahí.
Porque Roma aborda esto diciendo, no quiero confundir a nadie aquí, que el canon… (Este trozo de tiza me está volviendo loco. Me sube y baja por la columna.) El canon es… Esto siempre confunde a la gente cuando hago esto. Así que, este va a ser el primer grupo que no se quedará confundido. Una colección infalible, — bueno, voy a cambiar… Cambiar la colección por la recopilación, para quizá evitar la confusión — de libros infalibles. A ver si puedo explicarlo. Funciona así… la Iglesia dice: «Sabemos que hay 2027, o tantos manuscritos por ahí, y algunos son la Palabra inspirada de Dios, y otros no.
Ahora, tenemos que encontrar cuáles son realmente la Palabra de Dios. Tenemos que recopilar los que son infalibles. Sabemos que Romanos es infalible, porque es la Palabra de Dios, también Mateo es infalible porque es la Palabra, etc., ya ves lo que estamos haciendo. Vamos a encontrar los que son inspirados y vamos a separarlos de los que no son inspirados». Y Roma dice que el proceso por el que hicieron esa evaluación de identificación y clasificación fue una obra infalible de la Iglesia. Así que el proceso de recopilación en sí fue infalible. ¿Lo ven?
El protestantismo clásico diría: «No, la compilación del canon fue una colección falible —haz que se pongan de acuerdo— una colección falible de libros infalibles». La Iglesia… intentaba ser diligente. La Iglesia intentaba ser obediente. La Iglesia oró por ayuda y apoyo providencial. Pero la Iglesia no pretendía ser infalible, simplemente dijimos: «Según nuestro mejor conocimiento, nuestra mejor capacidad, nuestro mejor juicio, estos son los libros que creemos ser, y que recibimos como, las Sagradas Escrituras, pero podríamos estar equivocados». Y esa es la postura que adopto.
Me preguntas: «¿Es posible, R.C. Sproul, que haya un libro en el Nuevo Testamento que no debería estar allí?». Yo diría: «Sí, es posible». Me dices: «R.C. Sproul, ¿crees que es posible que… ¿hay libros que se escribieron como, Primera de Clemente, que no entraron y que deberían estar ahí?» «Es posible». Me pides, entonces, que te dé mi opinión sobre la probabilidad. No te daría ni una entre diez billones de posibilidades. No hay ninguna decisión de la iglesia, en toda su historia, en la que tenga más confianza que en que la Iglesia tomó la decisión correcta al reconocer las Escrituras». Está claro, y realmente no fue una tarea tan difícil.
Es un proceso histórico, un proceso liderado sin duda por la providencia de Dios, y uno por el que no creo que ningún cristiano deba preocuparse ya que tenemos todas las razones para creer, con la mayor confianza posible, que los libros correctos, por la gracia de Dios, han sido entregados de forma sana a través de los siglos a la Iglesia hoy.






