La fidelidad en las cosas pequeñas - Ejemplos bíblicos - 5ta parte | Ministerios Ligonier
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La fidelidad en las cosas pequeñas – Ejemplos bíblicos – 5ta parte

Nota del editor: Esta es la quinta parte del tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.

En la primera parte de este artículo, nos enfocamos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era primitiva. En la segunda parte vimos algunos ejemplos bíblicos durante la era patriarcal. En la tercera parte, tratamos algunos ejemplos durante la era del éxodo. En la cuarta parte, nos enfocamos en la era de Josué y los jueces. En esta ocasión, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas desde la era de los reyes y los profetas hasta el retorno del pueblo de Israel del exilio.

La era de los reyes y los profetas

Saúl, el primer rey de Israel, aprendió por las malas la importancia de la fidelidad en las cosas pequeñas. Cuando recibió la orden de destruir por completo a los amalecitas, incluyendo a su rey y su ganado, Saúl prestó atención a las cosas pequeñas, pero de mala manera. Se suponía que debía matar a todos los animales y a todas las personas, pero le perdonó la vida a Agag, el rey de los amalecitas, y se tomó el tiempo para sacar a los mejores animales a fin de preservarlos. Fue necesario prestar atención a los detalles pequeños de los animales para determinar cuáles eran de buena calidad y cuáles no. Al considerar esas cosas pequeñas, Saúl estaba siendo infiel, pues el Señor le había ordenado matar a los animales. Como consecuencia, el Señor rechazó a Saúl como rey de Israel (1 Sam 15).

Esto nos lleva a David, el rey más grande del antiguo Israel, un hombre famoso por su destreza en las batallas y su dedicación al Señor. Sin embargo, ¿qué tan seguido recordamos que David allanó el camino hacia su éxito real siendo fiel en las cosas pequeñas durante su juventud? Antes de ser elegido como rey, durante sus años de formación, David apacentó fielmente el rebaño de su padre Isaí. Al igual que otros buenos pastores, él tuvo que conocer a las ovejas por nombre, estar pendiente a la más mínima señal de enfermedad o lesión, memorizar cuáles eran los senderos seguros, saber cómo reconocer los mejores pastos para alimentarlas, estar alerta a la presencia de depredadores sigilosos y estar atento a una multitud de otras cosas pequeñas. Para ahuyentar a los depredadores, tuvo que hacerse experto lanzando piedras con su honda, practicando constantemente aun cuando no tuviera ganas de desarrollar su puntería. Para llegar al punto de poder aturdir o incluso matar a un depredador que persiguiera a sus ovejas, David tuvo que entrenar para mejorar su precisión, enfocándose en cosas pequeñas como el peso de la piedra, la fuerza del lanzamiento, la distancia adecuada desde la cual lanzarla, etc. Sí, el Señor estuvo con David para darle la victoria sobre Goliat, pero el éxito de David al matar al gigante posiblemente fue el resultado de los años de práctica con su honda (1 Sam 16 – 17). Este cuidado en las cosas pequeñas sin duda alguna fue beneficioso para él, ya que lo entrenó para desarrollar estrategias de batalla. Si uno aprende a engañar y ahuyentar a un lobo astuto, uno está bien preparado para derrotar a un soldado hábil.

Salomón cayó en idolatría casi al final de su vida, pero la fidelidad y el cuidado que mostró previamente en las cosas pequeñas le entregó al pueblo de Dios un tesoro de sabiduría que trasciende las edades. «Dios dio a Salomón sabiduría, gran discernimiento», y Salomón usó fielmente este don prestando atención a los detalles de la creación —a la fortaleza y la majestad de los cedros del Líbano; al comportamiento de las bestias, las aves, los reptiles y los peces (1 Re 4:29-34)—. Él fue fiel en buscar las pequeñas maneras en las que todas estas cosas exhiben sabiduría incluso para los seres humanos, y el fruto de sus labores se encuentra en el libro de Proverbios. Muchos de los proverbios bíblicos están basados en analogías sacadas del mundo natural (p. ej., Pr 6:6-11; 27:18).

Muchos de los ejemplos de fidelidad en las cosas pequeñas que vemos en la Escritura tienen que ver con la hospitalidad.

A propósito del libro de Proverbios, su misma existencia es un testimonio del impacto de la fidelidad en las cosas pequeñas. El libro de Proverbios parece presentarse como una herramienta para enseñar sabiduría y el temor del Señor a los jóvenes (1:7-8). Ya que fue recopilado bajo la inspiración del Espíritu Santo hace muchos siglos, el libro de Proverbios ha sido usado por el pueblo de Dios para equipar a los hijos e incluso a los adultos para servir a nuestro Creador. No tenemos un registro de cada hombre y mujer que en la historia de la comunidad del pacto ha sido fiel en los pequeños detalles descritos en Proverbios. Sin embargo, al igual que los mandamientos dados por medio de Moisés, los proverbios bíblicos han sido inculcados a la gente día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año (ver Dt 6:4-9). El poder que ha surgido gracias a la fidelidad en los pequeños momentos para enseñar estos «pequeños» proverbios es incalculable. No nos atrevemos a perder de vista lo que los padres y los líderes de la Iglesia pueden lograr en cuanto al sustento y la madurez del pueblo de Dios mediante la enseñanza de las perlas de sabiduría que encontramos en la Palabra de Dios, incluyendo el libro de Proverbios.

Muchos de los ejemplos de fidelidad en las cosas pequeñas que vemos en la Escritura tienen que ver con la hospitalidad. En las culturas antiguas que recibieron las Escrituras por primera vez, la hospitalidad era tan natural que podríamos verla como algo pequeño. Dicho de otro modo, se esperaba que las personas fueran hospitalarias incluso con los extraños, pero especialmente con los siervos del Señor. Aunque atender a huéspedes requiere esfuerzo, era algo «pequeño», una expectativa cotidiana enraizada en la sociedad, nada fuera de lo común. Durante el período de los reyes de Israel y de Judá, tenemos dos ejemplos notables de hospitalidad fiel. La viuda de Sarepta le dio al profeta Elías la poca comida que le quedaba, y la mujer sunamita construyó un cuarto donde Elías se podía alojar cuando estuviera en la ciudad (1 Re 17:8-16; 2 Re 4:8-17). Estas mujeres sirvieron fielmente a los profetas de Dios en la «pequeña labor» de la hospitalidad y en todas las cosas ordinarias asociadas a ella (hacer la cama, preparar la comida, etc.). Su fidelidad en las cosas pequeñas sustentó a los profetas mientras ellos hacían sus labores vitales. ¿Quién puede estimar todo el bien que la hospitalidad del pueblo de Dios ha producido a lo largo de la historia de la Iglesia cada vez que los predicadores, los misioneros y otros se han encontrado con santos hospitalarios en momentos de necesidad?

Dios siempre ha esperado que Su pueblo testifique acerca de la obra y la gloria del Señor de Israel. Esto es parte de lo que significa que los hijos de Dios sean un «Reino de sacerdotes» (Ex 19:6; Sal 71:17; Mt 28:18-20; 1 Pe 2:9). Esto también podría considerarse algo pequeño. Muchos misioneros a tiempo completo tienen el llamado específico de convertir este testimonio en la labor de sus vidas y de ir a lugares lejanos para poder cumplirlo. Por otro lado, la mayoría de nosotros debemos testificar en el transcurso de nuestras vidas cotidianas y ordinarias. De forma muy similar a como enseñamos a nuestros hijos los mandamientos de Dios durante los pequeños momentos de la vida diaria, así también debemos dar testimonio del Señor ante el resto de las personas en nuestras vidas. En los días de Eliseo, cuando el general sirio Naamán contrajo lepra, una muchacha israelita que servía en la casa de Naamán dio testimonio del Dios de Israel y de Su palabra mediante Su profeta. Este testimonio en el transcurso de sus deberes cotidianos, su fidelidad al testificar de Dios en las cosas pequeñas, dio el fruto de la conversión de Naamán (2 Re 5:1-19).

Siglos más tarde, el rey Josías de Judá «hizo lo recto ante los ojos del SEÑOR y anduvo en todo el camino de su padre David; no se apartó ni a la derecha ni a la izquierda» (2 Re 22:1-2). Dicho de otro modo, Josías fue fiel a la ley en todos los asuntos, incluso en las cosas pequeñas. Él no pasó por alto los «mandamientos menores». En sus días, Judá experimentó un breve avivamiento y la postergación de la ira de Dios (2 Re 22:3 – 23:25). Luego de la muerte de Josías, los reyes de Judá regresaron a la infidelidad tanto en las cosas grandes como en las pequeñas, y el pueblo de Dios sufrió la maldición del exilio.

Por último, antes de avanzar hacia el exilio, considera a Baruc, el escriba fiel que sirvió al profeta Jeremías. Baruc prestó atención a las cosas pequeñas cuando hizo su trabajo, asegurándose de registrar cada jota y cada tilde dictada por Jeremías. En ocasiones, parecía que trabajaba en vano. Por ejemplo, el malvado rey Joacim quemó el rollo escrito por Baruc cuando escuchó del juicio divino profetizado contra él. ¿Cómo crees que se sintió Baruc al ver su cuidadoso trabajo en llamas? La Biblia no nos dice, pero Baruc era humano igual que el resto de nosotros. Sin duda se sintió desalentado, y quizá hasta se preguntó: «¿Qué sentido tiene todo este esmero si mi trabajo va a terminar quemándose?». Sin embargo, cuando Baruc recibió la orden de producir un nuevo rollo con las mismas palabras y algunas adicionales, hizo el trabajo. Otra vez prestó atención a las cosas pequeñas, escribiendo cada palabra que Dios revelaba por medio de Jeremías sin alzar la pluma hasta completar el rollo. Debido a que Baruc fue fiel en las cosas pequeñas y prestó atención a los detalles en su trabajo, hoy tenemos el libro de Jeremías para nuestra edificación (Jer 36).

La era del exilio y el retorno

Mientras el pueblo de Dios estaba en el exilio babilónico, vemos ejemplos de fidelidad en las cosas pequeñas en la vida del profeta Daniel. Un pequeño asunto en el que Daniel y sus amigos Ananías, Misael y Azarías mostraron fidelidad fue su dieta. Al haber sido llevados a servir en la corte babilónica, estos jóvenes recibían una porción diaria de comida y de vino de parte del rey. Esta comida y esta bebida violaban las reglas dietéticas del antiguo pacto, y quizá también estaban asociadas con la idolatría. A pesar de que eran importantes, las leyes dietéticas ciertamente formaban parte de los asuntos menos trascendentes de la ley en comparación con cosas como la misericordia y la justicia (ver Mt 23:23-24). Sin embargo, Daniel y sus amigos demostraron ser fieles en estas «leyes pequeñas». Se rehusaron a corromperse con la comida del rey, eligiendo volverse vegetarianos antes que comer lo que estaba prohibido. Dios bendijo su fidelidad en las cosas pequeñas, y los hombres recibieron más sabiduría que los demás oficiales babilónicos (Dn 1).

Cuando los judíos volvieron del exilio, se encontraron con la destrucción de los muros de Jerusalén, por lo que el pueblo ya no estaba protegido de ejércitos invasores, ladrones y otros enemigos. Nehemías lideró el esfuerzo por reconstruir el muro, trabajo que requería mucha atención a detallitos como la evaluación del daño, la determinación de qué debía demolerse y qué podía recuperarse, y la designación de las personas adecuadas para reparar las diferentes secciones del muro, etc. El libro de Nehemías da testimonio de la fidelidad de Nehemías en la supervisión de la reconstrucción del muro. Se mantuvo atento a todos los detalles, grandes y pequeños, y su servicio fiel dio como resultado un nuevo muro para proteger la ciudad santa.


Nota del editor: En la sexta parte de este artículo, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas en los albores del nuevo pacto.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Rothwell
Robert Rothwell
Robert Rothwell es editor adjunto de Tabletalk Magazine y profesor adjunto permanente en Reformation Bible College en Sanford, Florida.